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martes, 15 de septiembre de 2015

Subgéneros en la fantasía; ¿cuál es el tuyo?


No creo que nadie a estas alturas se sorprenda si digo que me encanta leer (y escribir) fantasía. Como lectora empedernida que soy, no me cierro a ningún género. Por supuesto, hay algunos que me gustan más que otros, pero como todo hijo de vecino tengo algunos que me hacen especial tilín. Es mucho más probable que alguien que quiera regalarme un libro acierte regalándome una novela de terror (como por ejemplo, El Resplandor), de fantasía (como por ejemplo, El Señor de los Anillos) o de drama histórico (como por ejemplo, Memorias de una Geisha) que con un título de novela erótica, por ejemplo.
Pero de todos los géneros literarios, sin lugar a dudas, mi favorito es el fantástico. La fantasía, el terror y la ciencia ficción forman una entente cordiale que en muchos casos se influye entre sí y a veces hasta se entremezcla. La fantasía, como suele ocurrir en estos casos, tiene sus propios subgéneros, y no sé a vosotros pero a mí me ocurre una cosa muy curiosa con ellos: los veo tan diferentes, tienen unos caracteres tan marcados, que puedo llegar a apasionarme por unos y sentir una indiferencia casi absoluta hacia otros. Eso no significa que me guste todo lo que se escribe de unos y que me niegue en redondo a explorar otros, claro... pero las diferencias están ahí, todos las tenemos, y me consta que este fenómeno se repite bastante a menudo entre los lectores del género fantástico.

¿Y cuáles son estos subgéneros? Pues la pregunta es más peliaguda de lo que parece, porque según a quién preguntes te dirá una cosa u otra. La división que he escogido yo no contempla TODAS las opciones existentes, entre otras cosas porque ya nos meteríamos en subgéneros dentro de subgéneros. Después de mucho leer acerca del tema, esta es mi división personal, aquella con la que yo me aclaro como lectora.


Fantasía épica

También llamada "espada y brujería". Es la fantasía basada en un universo inventado poblado por criaturas mágicas o ficticias. El mundo en que suceden los hechos está salido por completo de la imaginación de su autor y cuenta con mitología, dioses, cultura, historia e incluso leyes científicas propias. Por lo general, aunque no siempre, estos mundos tienen un marcado carácter medieval. Aunque en ocasiones las razas y criaturas son inventadas, hay elementos clásicos que siempre suelen aparecer en estas novelas, ya sean todos o algunos de ellos: elfos, enanos, dragones, orcos, brujos, guerreros...
Ejemplos: El Señor de los Anillos, Dragonlance, Elric de Melniboné, Conan el Bárbaro, Memorias de Idhún, Canción de Hielo y Fuego, Crónica del Asesino de Reyes, Terramar, Geralt de Rivia.
Puntos fuertes: Todo vale. El autor se puede inventar el mundo y las reglas que le da la gana, siempre que sean coherentes. Y si crea un universo rico, profundo e interesante, que de verdad valga la pena, puede convertir la historia en algo mítico.
Puntos débiles: Hay autores tan encantados con su mundo particular que se empeñan en mostrárselo al lector hasta en los más mínimos detalles y acaba aburriéndolo. En ocasiones esto sucede cuando el escritor está TAN centrado en la historia y en el mundo donde transcurre que se olvida de crear personajes interesantes, realistas y auténticos. Al final, los lectores pueden acabar dejando la saga sin terminar porque por muy molón que sea el mundo, lo que le suceda a quienes viven en él le importa un comino.


Fantasía mítica

Se trata de la fantasía que está basada o se desarrolla en un mundo ficticio que no es fruto de la imaginación del autor, sino que bebe de la mitología humana del mundo real. Es decir, todas las historias cuyo componente fantástico se basa en la Atlántida, en el ciclo artúrico, en la mitología griega, celta o nórdica...
Ejemplos: Ciclo Pendragon, Percy Jackson, Leyendas de los Otori, Las Nieblas de Avalon, Iron Fey.
Puntos fuertes: Partes de un mundo ya conocido (la Tierra en su pasado mítico) y de una mitología ya conocida y apreciada por el lector. No hay que explicarle a nadie quién es el Rey Arturo, el dios Odín o los Reyes Oberon y Titania.
Puntos débiles: La creatividad tiene un límite. Los amantes de la mitología o las leyendas sobre las que escribes querrán autenticidad y rigor en el trasfondo. Si el autor convierte a la caprichosa Titania en una serena y bondadosa Galadriel, o elimina el adulterio de Ginevra con Lancelot, se ganará el desprecio de los lectores (a no ser que explique y justifique bien los cambios dentro del contexto de la historia).


Fantasía oscura

Aquí entramos casi en el terreno del crossover: se trata de historias fantásticas que tienen un fuerte componente terrorífico. ¿Y por qué no dejarlas como terror directamente, entonces? Porque el lado fantástico es tan marcado que predomina el la historia. El terror es una consecuencia del mundo fantástico en que transcurre la historia o de las criaturas que lo habitan, pero no el motor principal de la novela.
Ejemplos: Los mitos de Lovecraft, Coraline, El Circo de los Extraños, La Torre Oscura, La Dama Número Trece.
Puntos fuertes: El terror provoca fascinación. Un mundo fantástico que además es terrorífico puede atraer a los lectores que adoran las emociones fuertes.
Puntos débiles: El terror provoca pesadillas. Un mundo fantástico que además es terrorífico puede ahuyentar a los lectores que rechazan las emociones fuertes.


Fantasía urbana

En este caso, el mundo de la fantasía se entremezcla con el mundo real. La historia puede suceder en el presente (es lo más común), en el pasado o incluso en el futuro, pero siempre se cumplirán dos caraterísticas: la acción transcurre en el mundo real y el telón de fondo suele ser una ciudad concreta. En estas historias siempre hay criaturas sobrenaturales que pueden operar al margen de la sociedad, ocultarse de ella o incluso invadirla, lo cual suele generar conflictos con los seres humanos normales, que viven en el mundo ordinario. Los protagonistas de estas historias suelen ser de dos tipos: o la criatura sobrenatural que vive camuflada en el mundo ordinario (conociendo o no su verdadera naturaleza), o la persona normal que se ve envuelta en el mundo sobrenatural (por lo general a causa de un interés amoroso).
Ejemplos: Harry Potter, Cazadores de Sombras, Drácula, True Blood, Crónicas Vampíricas (¡¡las de Anne Rice, herejes!!).
Puntos fuertes: Siempre es emocionante imaginar que a la vuelta de la esquina podríamos encontrarnos con un vampiro, un hombre lobo, un cazador de demonios o un mago. El mundo en que transcurre la acción nos es familiar, podemos identificarnos más fácilmente con los protagonistas, y si tenemos la suerte de conocer la ciudad donde transcurre la acción, podemos imaginarlo todo (y meternos en la historia) con mucha más facilidad.
Puntos débiles: En ocasiones, las novelas de este género corren el peligro de caer en el estereotipo (una tiene éxito y salen trescientas iguales). También hace necesario que el autor se curre un buen trasfondo para explicar por qué el mundo ordinario aún no se ha coscado de la existencia de todos los seres sobrenaturales que habitan en las sombras.


Romance paranormal

Hermano del anterior, pero no exactamente lo mismo. De hecho, en muchas ocasiones la gente los confunde. ¿En qué se diferencian? Mi explicación favorita es la de la escritora Jeannie Holmes, que viene a ser la siguiente: La fantasía urbana puede tener trama amorosa o no tenerla, pero incluso si la tiene, ésta no es el motor principal de la historia. En cambio, el romance paranormal siempre tendrá una historia de amor alrededor de la cual gira todo el argumento. La mejor manera de saber si estamos ante un romance paranormal es hacerse la siguiente pregunta: si elimináramos la historia de amor entre los protagonistas, ¿seguiríamos teniendo una trama sólida alrededor de la cual escribir la novela, o ésta perdería su razón de ser? Si la respuesta es que no podemos eliminar el romance porque nos quedaríamos sin argumento, es romance paranormal.
Ejemplos: Crepúsculo, Vampire Academy, El Descubrimiento de las Brujas, Saga Medianoche, Hermosas Criaturas, Cazadores Oscuros, La Hermandad de la Daga Negra.
Puntos fuertes: Fantasía y romance juntos son apuesta segura, sobre todo cuando las lectoras son mujeres (aunque hay muchos hombres que también son fans de esta literatura). ¿A quién no le gustaría ser la amante de un vampiro o perderse en los brazos de una sensual bruja? Además, este tipo de relaciones siempre tienen un componente de amor prohibido o peligroso que aumenta el morbo y el interés de la historia.
Puntos débiles: A menudo los autores de estas historias corren el peligro de centrarse tanto en el romance que descuidan por completo el trasfondo, convirtiéndolo en un simple telón de fondo simplista y hasta absurdo. Los lectores que busquen una buena trama de fondo al margen del amor, la pasión, los monólogos introspectivos y las escenas de sexo picantes, muchas veces acaban huyendo despavoridos para refugiarse en los brazos del urban fantasy.


Realismo mágico

Estas no son novelas fantásticas propiamente dichas. No hay una sociedad mágica paralela o un mundo fantástico; toda la acción transcurre en el mundo ordinario y dentro de un trasfondo aparentemente realista. Sin embargo, a lo largo de toda la narración ocurren eventos extraños, sobrenaturales o inexplicables que los personajes no se cuestionan o racionalizan con una facilidad pasmosa, haciendo que la frontera entre la realidad y la fantasía se desdibuje provocando una especie de neblina que envuelve el relato y la mente del lector.
Ejemplos: La Casa de los Espíritus, Cien Años de Soledad, Pedro Páramo, Como Agua para Chocolate.
Puntos fuertes: Este subgénero, que cobró gran popularidad en la literatura hispanoamericana del siglo XX, ha dado a luz algunos de los mejores clásicos de la narrativa contemporánea. Con él no sólo se puede disfrutar de una historia entretenida, sino de alta literatura (sin ir más lejos, el Premio Nobel Gabriel García Márquez es uno de sus autores).
Puntos débiles: Es un subgénero que no le gusta a todo el mundo. Los amantes empedernidos del realismo pueden verse incomodados o confundidos por el toque mágico de la historia, y los fans acérrimos de la fantasía pueden sentirse decepcionados al ver que la mayor parte de la novela cuenta una historia ordinaria que transcurre en el mundo real.


Bueno, pues esta es mi división. ¿Os parece que están todos los subgéneros? ¿Añadiríais alguno? ¿Cuál es vuestro favorito? ¿Y el que menos os gusta? ;-)


viernes, 10 de enero de 2014

Crítica de "Eternamente tuya", de Álvaro Bermejo


Ando bastante liada estos días en medio de la maravillosa pila de libros que he recibido de manos de Sus Majestades los Reyes Magos de Oriente este año. Como lo que más les pido son libros, y ellos suelen ser muy generosos, tengo bastantes cosillas por leer, que espero poder ir reseñando en el blog cuando me gusten, me parezcan interesantes o simplemente merezcan la pena de comentar.
El primero de los libros que he leído es Eternamente Tuya, de Álvaro Bermejo. La temática me atrajo desde el principio (misterios familiares, vampiros, mitología escocesa, amores prohibidos...), de modo que fue un fijo en mi carta a los Reyes Magos.



¿Y qué tal? Pues la verdad es que me ha gustado, aunque creo que en algunas cosas podría mejorar. El libro nos narra la historia de Stuart Connolly, australiano y encargado de la construcción de una presa en Escocia, que se tropieza en sus andanzas con la rica y excéntrica familia Montrose, cuyas féminas son, por decirlo finamente, un poquillo vampiresas (en más de un sentido). El punto fuerte, sin lugar a dudas, es la ambientación: esa Escocia mágica y rural llena de secretos y leyendas. Los personajes también molan, aunque curiosamente los que más me han gustado han sido los secundarios (Haggis, Mano de santo, el cura del pueblo, lady Agatha...), ya que los protagonistas (Stuart, Valeria y Anna Livia) en ocasiones se comportan de un modo extraño y algo caótico, adoptando actitudes ilógicas no se sabe muy bien por qué (más acerca de esto en los spoilers).
Aviso también de que el libro no es para todos los públicos: hay escenas de sexo de alto voltaje, algunas de las cuales rozan el sadomasoquismo vampírico (de hecho, algunas de ellas, más que excitación, lo que provocan en el lector es una sensación de "¡Auch! Pues a vosotros eso os habrá molado mucho pero a mí me parece que tiene que doler").
El misterio de la novela, plagada de extraños suicidios y seres sobrenaturales como vampiros y banshees, es muy atrayente y consigue lo que pretende: mantener al lector atento a la historia y desean volver la página para saber qué ha sucedido. La cosa va muy bien durante toda la novela... salvo el final. Para mi gusto, el final es muy confuso y caótico, y la verdad es que cerré el libro sin saber por qué los muertos estaban muertos, por qué los desaparecidos estaban desaparecidos, quién estaba bajo el influjo vampírico y quién no lo estaba, o siquiera cuál es el destino final del protagonista. Precisamente esto, la confusión final, es lo que para mí estropea una historia que de otro modo hubiera sido de sobresaliente; ojalá el autor, que tan bien maneja el estilo y la tensión durante toda la novela, se hubiese esforzado un poco más en dejar claro lo que ha pasado realmente, por qué, y lo que ha sido de cada uno.
Respecto al trasfondo en sí de la historia, sólo un apunte: se da mucha relevancia al hecho de que en la novela un adulto tenga relaciones sexuales con una menor de edad, concretamente de 17 años, como si fuera algo delictivo o prohibido. Me gustaría aclarar, ya que al parecer el autor lo ignora, que la edad legal de consentimiento sexual en Inglaterra y Escocia está en los 16 años de edad, por lo cual una chica de 17 años puede consentir relaciones sexuales con un adulto perfectamente, sin que la ley diga nada al respecto (otra cosa es lo que digan los padres de la chica, claro, pero eso ya será una cuestión personal y privada de las familias, no una cuestión legal).



Más detalles acerca de la novela en los SPOILERS:



-Al final, a mí por lo menos no me quedó claro cuáles de las mujeres de la familia estaban controladas mentalmente por la vampiresa.  Y de todos modos, ¿hasta dónde llega ese control? ¿Sólo a hacerlas comportarse como ninfómanas y a hacer que a algunas de ellas les mole el sexo sangriento? Pero si realmente ni Anna Livia y Valeria son vampiresas, ¿por qué Stuart se ve tan afectado por ellas? Parece como si la vampiresa sólo pudiera alimentarse a través de sus acólitas humanas (!), lo cual me dejó bastante desconcertada, porque al final no entendí en absoluto en qué consistía exactamente el influjo de la vampiresa ni por qué debía actuar obligatoriamente a través de las humanas de la familia.

-Pero es que encima no sólo hay una vampiresa, sino también una banshee, de la cual no sabemos ni qué hace ahí, ni de dónde sale, ni cuál es su misión en todo el estofado, porque encima se supone que quien obligaba a los hombres a suicidarse no era ella, sino la vampiresa. Y dado que NO son la misma (como yo creía y suponía) sino que vampiresa y banshee van cada una por su lado y a su rollo, la pregunta del millón es: ¿¿y qué coño pinta la banshee en esta historia??

-Anna Livia y Valeria me parecen absolutamente desconcertantes, no me las creo. Valeria primero es una zorra que se tira a todo el mundo y luego resulta que está enamorada de Stuart. Anna Livia es una romántica con aires decimonónicos que haría palidecer de envidia a Jane Austen y está desesperadamente enamorada de Stuart pero luego resulta que también se folla a su hijo. ¿Alguien las entiende? Porque yo, no.

-Tampoco me creo a Stuart y sus sentimientos. Sobre todo, su enamoramiento de Anna Livia, más que nada porque en el fondo de enamoramiento nada: lo que siente por Anna Livia es lo mismo que siente por Valeria: un calentón y punto. No la conoce, no sabe nada de ella, y encima cuando conversan juntos lo único que dice Anna Livia son incoherencias en plan "Oh, Stuart, cuánto te amo y cuánto miedo tengo por ti, Dios no puede permitir que estemos separados, te amaré el resto de mi vida..." Sinceramente, si esa es toda su conversación, ¿qué le ve Stuart, aparte de lo mismo que le ve a su hermana Valeria, es decir, ser una tía buena que se le abre de piernas? Y mira que me jorobó esta cuestión, porque si algo me gusta leer son esos amores difíciles en los que una chica joven se enamora de un tío maduro y ambos tienen que enfrentarse a los prejuicios contra ellos. Pero el caso es que al final de amor nada, esto acaba siendo una versión vampírico-highlander de Lolita, sin más.

-Millones de misterios quedan sin explicación: ¿Por qué desaparece toda la familia Montrose de la noche a la mañana? ¿Por qué demonios hablan los cuadros del comedor? ¿Y quién y por qué asesina a Anna Livia al final? ¿Qué tiene que ver eso con que Ewan se la haya tirado antes de morir? ¿Y quién escribe el nombre de Ewan y los demás en el libro?

-De hecho, si el libro es el problema, ¿por qué Stuart no lo quema en la chimenea y un problema menos?

-Y la pregunta del millón; ¿al final del libro Stuart muere o no? Parece que sí, pero en ese caso, ¿por qué queda todo tan confuso y la banshee sencillamente no lo decapita o lo obliga a suicidarse, como hace con todos los demás?

lunes, 30 de septiembre de 2013

Chicas que odio


Que nadie se me asuste, que no es mi intención hacer una entrada para rajar de personas reales. Este es un pequeño recopilatorio, un poco al estilo de mi anterior post acerca de personajes detestables con una inexplicable legión de fans, sobre personajes femeninos literarios que, por una razón un otra, estaban ideados por el autor para caer bien o incluso ser protagonistas pero a mí me caen mal. Como muchas de ellas NO tienen precisamente una legión de fans, supongo que este post será menos controvertido que el anterior :-P

Esta es mi selección inicial, pero no descarto ampliar la lista si posteriormente se me ocurre (o leo) a alguna otra personajilla que me caiga mal:


-Bella Swan: Por supuesto, va la primera de la lista. Heroína (nunca mejor dicho, teniendo en cuenta el efecto que causa en los vampiros) de la saga Crepúsculo, es un personaje que en el primer libro aún tiene un pase, pero conforme va transcurriendo la historia degenera hasta un punto casi estrafalario. Tenemos a una chica que se califica a sí misma como una mediocre, que no se considera guapa, que es torpe y tampoco destaca precisamente por ser la más inteligente de la clase. No tiene muchas aficiones (aparte de leer libros clásicos) ni ningún talento (aparte de la cocina). Aún así, resulta que un vampiro de casi un siglo de antigüedad, un hombre lobo cachas y medio instituto (el otro medio son chicas y gayers) babean por ella. Tiene tanta personalidad que cada vez que ve a Edward no para de repetirse mentalmente lo bueno que está y lo poca cosa que es ella comparada con él, de hecho se olvida incluso de respirar (ya me dirán ustedes cómo demonios se puede olvidar alguien de respirar). Según todo el mundo, es el ejemplo de chica madura y sensata por antonomasia, qué raro, porque desde fuera, leyendo el libro, uno juraría que es una niñata egoísta y caprichosa que juega al "de vampiro a hombre lobo y tiro porque me toca". Sí señor, es todo un ejemplo de claridad de ideas: "Oh, estoy tan enamorada de EDWARD que no puedo ni respirar y él es tan perfecto y maravilloso que a su lado me siento como una mierda pinchada en un palo; oh, pero es que JACOB es mi mejor amigo y ojalá pudiéramos ser hermanos al estilo de Jaime y Cersei Lannister, aunque igual que ahora el vampiro se ha largado puedo sacarlo de la friendzone; ah, no, espera, JACOB, vuelve a la friendzone, que EDWARD ha decidido suicidarse un poquito por mí y ahora resulta que le sigo amando; oh, EDWARD, qué bien que volvemos a estar juntos, eres la razón de mi existencia, pero el caso es que no quiero casarme contigo y el lobito me pone cachonda; oh, Dios, he besado a JACOB y me he dado cuenta de que también le amo, pero después de todo mejor lo dejo definitivamente en la friendzone y me caso con EDWARD; oh, EDWARD; esposo mío, te adoro con toda mi alma, este día de nuestra boda es el más feliz de mi vida, aunque para que fuera completo necesitaría al pagafantas de JACOB mirándome con ojos de lobito degollado mientras hace el pardillo... quiero decir, el padrino".
Vamos, que cree que es una mierda al lado de su novio, cree que no se merece a su novio, está dispuesta a fingir su muerte ante su familia y amigos y no volver a verlos jamas por su novio, está dispuesta a casarse a los 18 años sin estar preparada para ello y a renunciar al sexo hasta que a su señor esposo le dé la gana para complacerle... pero, al parecer, no está lo bastante enamorada como para NO morrearse con el hombre lobo. Quien la entienda, que la compre.


-Cersei Lannister: Me es difícil dilucidar qué siento más por Cersei: odio, pena o vergüenza ajena. Fue necesario su punto de vista en Festín de Cuervos para comprenderla, o mejor dicho, para comprender lo pirada que está. Porque a veces costaba entender cómo era posible que fuese capaz de tanta crueldad, imbecilidad, falsedad e insensibilidad juntas. Ahora por fin lo sabemos: en el mundo moderno, se llamaría esquizofrenia paranoide. Cersei es tan mala que no llega ni a villana y se queda simplemente en patética: no ama a nadie más que a sus hijos, y el amor por Joffrey la ciega hasta el punto de ser incapaz de comprender que su hijo es un psicópata mil veces peor que todos esos hombres a los que ella odia, incluido su marido. No tiene compasión, ni empatía, ni siquiera verdadera astucia, porque como magistralmente la definió Meñique; "quiere poder, pero cuando lo consigue no sabe qué hacer con él". Experta en alejar de su lado a las personas que le convienen (Tyrion, Jaime, Kevan, Falyse) y en mantener junto a ella a los que la perjudican (Joffrey, Qyburn, Taena, los Kettleblack), se hace tan odiosa para el lector que ni siquiera conserva el encanto de las malignas carismáticas tipo Melisanfre (que se dedica a quemar viva a la gente y a manipular a todo el mundo, sí, pero con mucho estilo), Asha Greyjoy o Arya Stark (dos asesinas que se te hacen simpáticas porque son listas, justas a su manera, y los tienen más bien puestos que muchos hombres). Todos esperamos con ansia la caída de Cersei. De hecho, con demasiada ansia; ¿o soy la única que piensa que ya ha durado demasiados libros?


-Sansa Stark: También conocida como Sansa la Sonsa o Antes Muerta que Sansilla. Prototipo medieval de la animadora pija, rubia y sin cerebro. En la serie de televisión hacen trampa y la liberan de los trapos más sucios para que le caiga bien al espectador, pero los lectores sabemos la verdad. Sabemos que traicionó a su padre, provocó su muerte, la de todos los guardias Stark, y por consiguiente la guerra que azotó el reino y de paso acabó con toda su familia. Además, es superficial, ingenua hasta la estupidez y tonta del culo. En el segundo y el tercer libro va de amargada, experimentada y madura, pero pica como un salmonete en la farsa de "Ser Florian y Lady Jonquil", cuando para todos los lectores (y cualquiera que hubiera tenido mayor coeficiente intelectual que un hongo) estaba claro que Ser Dontos sólo era un mandado y que no estaba metido ahí por rescatar galantemente a una dama indefensa sino por dinero. Se mantuvo hasta el final ciega a los defectos de Joffrey y Cersei y sin embargo desconfía continuamente de Tyrion y del Perro, sus únicos amigos en la Corte. Y nunca olvidaremos cuando Petyr Baelish le dijo aquello de "Manos limpias, Sansa; hagáis o que hagáis, aseguraos de mantener siempre las manos limpias"... y Sansa, obediente, se pone un poco de zumo de naranja en la cuchara. Como dijo Olenna Tyrell, esta niña es más idiota que el Chico Luna.


-Victoria d'Ascoli: Aunque tal vez podríamos llamarla simplemente Victoria d'Asco. Más que nada, porque ella es PERFECTA: es la reina de las Mary Sues canon. La protagonista de la trilogía Memorias de Idhún es guapa, es lista, es poderosa, es angelicalmente bondadosa, es la única de su especie que hay en el mundo... demasiado buena para ser auténtica, ¿no? Eso es lo que deben pensar Jack y Kirtash, sus DOS novios, porque, oh, ella los ama tanto y no piensa elegir a ninguno de los dos. "Bueno, vale, seremos unos calzonazos y nuestras cabezas no pasarán por debajo de las puertas, pero al menos nos la trincamos", deberán pensar ellos. Y es que, claro, habiendo sólo tres híbridos en el mundo, y siendo dos chicos y una chica, ¡pues toca repartírsela, nenes! Ella por supuesto no puede elegir a ninguno, porque claro, es un unicornio, lo cual la convierte en la chica más perfecta y chupiguay de la muerte y le concede pleno derecho a la bigamia. Eso sí, cuando ellos dos se ponen a retozar con otras chicas (siguiendo el viejo principio de "o follamos todos o la puta al río" "from lost to the river"), ella se pone muy celosa, porque claro, Jack y Kirtash son suyos. Es decir, que si la aman ellos deberían comprender perfectamente que ella quiera estar con los dos, pero menudo berrinche coge ella cuando aparecen por medio Gerde, Kimara, Shizuko... por mucho que después de haga la moderna y diga "bueeeno, vaaale, haré como que no veo naaada, ya sé que la fidelidad es para los tooontos", bien que le pica. Ah, y los chicos al final lo aceptan todo, ella sigue siendo totalmente PERFECTA, y viven felices. ¿Alguien se se cree a este personaje o su rocambolesca historia de bi-amor?


-Lara: El pendón rubio de Doctor Zhivago. Encarna a la típica chica mona que va de inocente pero que en realidad es un zorrón roba-novios, como sus múltiples víctimas pueden atestiguar. A pesar de tener novio (Pasha, el pagafantas bolcehvique), no duda en ponerle los cuernos sin misericordia con el novio de su madre, un viejo verde que la mira con cara de baboso sin disimulo (y aún así ella no pierde un segundo en aceptar su invitación a una cita a solas, llevando el vestidito que más carne enseña de todo su repertorio). Cuando su madre descubre el pastel de que su pareja le pone los cuernos con su propia hija e intenta suicidarse, Lara se da cuenta de que lo mismo se ha pasado un poco y va en busca de su siguiente víctima: Yuri Zhivago, un médico guapo y cachas que está casado con la mujer perfecta (guapa, lista, simpática, amorosa, valiente, tenaz, trabajadora, honesta, leal) y tiene dos churumbeles con ella. A pesar de ello, el doctor Zhivago no tarda ni tres segundos en pasar veinte pueblos de su familia para irse meneando el rabo detrás de Lara en cuanto esta pestañea con sus adorables ojos azules (que, junto con su cabello rubio y su cara de dieciocho años rusa grandes pechos complaciente hago lo que quieras completo 200 rublos bonita, es prácticamente la única virtud que tiene). Para colmo, nuestra querida Lara es más sorda que un ladrillo, porque al final de la película (spoiler, por si alguien no la ha visto y quiere gastar cuatro horas de su vida haciéndolo) Yuri se tira media hora siguiéndola a todo correr sin dejar de llamarla pero ella pasa que se asa (o igual es que ahora estaba con otro, algo más que probable) hasta que acaba teniendo un infarto y muere. Mierda de protagonistas, mierda de final y cuatro horas de película: el que me dijo que era muy bonita, realmente no conocía mis gustos.


-Erika Berger: La porno-periodista de la saga Millennium no va de inocente: directamente es una zorra con todas las letras. En esto por lo menos le gana a Lara: Erika es consecuente consigo misma y va de lo que es, una ninfómana calentorra tan egoísta como superficial. El gran atractivo de Erika es, básicamente, pasarse la saga follándose a todo bicho viviente, por supuesto sin importarle en absoluto los sentimientos de los demás. Le van los tríos, el sadomaso, hacer vídeos porno caseros, y por supuesto para ella la fidelidad es algo que se aplica exclusivamente a los equipos de música. Si lo pensamos bien tampoco es tan grave; al fin y al cabo, tal como lo cuenta Stieg Larsson, se trata de algo completamente normal y natural, algo así como las actividades normales que la mayoría de amas de casa suecas practican los fines de semana. El hecho de que le ponga los cuernos sistemáticamente a su marido tampoco es tan grave; al fin y el cabo, se trata de un marido-fantas dispuesto a aguantar lo que sea con tal de conservar a Erika a su lado y que aparte es un poco gayer reprimido y también le va la marcha. El problema, por ejemplo, es cuando Erika decide que piensa seguir acostándose con Mikael aunque esté casado, y aunque la esposa de él sea una mujer normal (de las poquíiisimas que hay en la saga) y no vea con buenos ojos eso de que su esposo se siga beneficiando a su eterna amiga con derecho a roce. Lo lógico sería, si entre Mikael y Erika hay una conexión tan especial, que se hubieran casado y que hubieran hecho como los conejitos hasta el fin de sus días, montándose tríos y esparciendo feromonas por el mundo, pero NO. Resulta que se casan con otras personas y se dedican a ponerles los cuernos. ¿Lógica? No traten de buscársela, son suecos. Por supuesto, además de un poco guarrilla Erika es totalmente perfecta: progresista, feminista, justa, inteligente, trabajadora, simpática, solidaria, valiente, leal... vamos, la típica mujer real a la que todos podríamos encontrarnos en una esquina. Sí, junto a sus compañeras de trabajo...


-Lisbeth Salander: Igual que la anterior, pero encima loca de atar. Me hace mucha gracia que pretendan venderla en las novelas como una chica completamente normal que es víctima del sistema, porque seamos sinceros, aunque es verdad que no está para que la incapaciten o la encierren, Lisbeth Salander es una chica bastante transtornada con problemas psicológicos gravísimos. Puede que su extraña personalidad la haga parecer de entrada un personaje interesante, pero a poco que reflexionemos nos damos cuenta de que se trata de una contradicción con patas. Carece de empatía (a pesar de que tiene una vena justiciera que la hace querer ir arreglando problemas por el mundo), es muy inteligente (pero increíblemente tonta a la hora de juzgar a las personas), no quiere establecer vínculos emocionales y es desconfiada (pero se fía de buenas a primeras de Mikael y acaba enamorándose de él sin razón aparente), y por no saber, no sabe ni siquiera si es lesbiana o heterosexual, porque cada día se levanta de una manera. Además, es rencorosa, agresiva y socialmente retrasada. Eso sí, es súper inteligente y hackea ordenadores y resuelve teoremas matemáticos con la misma facilidad con la que los demás mortales hacemos la lista de la compra, y eso por supuesto la hace súper guay de la muerte. Si a estas alturas el personaje aún no os parece absolutamente inverosímil, sólo resta por añadir que es tan fría emocionalmente que su más desgarrada reacción a cuatro horas de violación y tortura por parte de su abogado es darse una ducha, tomarse un analgésico, y ponerse a leer muy seria y muy concentrada artículos científicos sobre violaciones sádicas en internet, sin derramar una sola lágrima. Vamos, igual que Erika: la típica chica que podríamos encontrarnos cualquier día por la calle.


-Denna: ...o así pretende hacernos creer que se llama. Porque la chica misteriosa de las Crónicas del Asesino de Reyes (El Nombre del Viento y en adelante) es tan tan tan misteriosa, que no podemos estar seguros ni de cómo se llama. Eso sí, está buenísima (qué raro) y toca muy bien el arpa, suficiente para que Kvothe, el protagonista de la saga, se sume al club de pagafantas literarios y se enamore perdidamente de ella, mientras ella juega con él tomándose confianzas y luego desapareciendo, igual que un gatito jugaría con un ovillo de lana. Y es que el personaje de Denna es un contrasentido de los pies a la cabeza: nos lo intentan vender como una chica fuerte, independiente, sin ataduras, compleja, que no rinde cuentas a nadie y va a donde la lleva el viento... cuando en realidad es una prostituta de lujo que se arrima al primer hombre que pilla para sacarle dinero y regalos a cambio de su compañía y tiene graves problemas de dependencia psicológica hacia un mecenas que la maltrata físicamente. En realidad, es una chica indecisa, que no sabe lo que quiere ni se molesta en averiguarlo, que es incapaz de sobrevivir sin los hombres, tan egoísta que no le importa manipular o hacer daño a los demás, y tan idiota que mantiene condenado a la friendzone al único hombre que la ama de verdad y no la ve como un objeto.


-Junto a Denna, incluir al 90% de los personajes femeninos de las Crónicas del Asesino de Reyes: Felurian (el hada ninfómana), Auri (la niña loca), Vashet (maestra Adem, que como el resto de su pueblo es TAN abierta sexualmente y ve el sexto con TANTA naturalidad y sin ningún tipo de tabú... que no sabe cómo vienen los niños al mundo). Está claro que los personajes femeninos no son el punto fuerte de Patrick Rothfuss, porque sólo sabe crear perturbadas, ninfómanas, o perturbadas ninfómanas.

sábado, 24 de noviembre de 2012

Amanecer (que no es poco) Parte II: Crítica


Ir al cine para poder ver Amanecer Parte II ha sido casi casi una auténtica operación militar. ¿Y eso? Pues porque ver una película de esta saga en una sala de cine tiene más peligro que McGyver en una ferretería, y tiene que ser planeado cuidadosamente. No puedes ir al estreno, ni un viernes o un sábado como todo el mundo, no. Incluso es peligroso ir el día del espectador. Esto es debido a un peligrosísimo fenómeno que en tiempos como estos inunda las salas de cine como las setas venenosas un boque lluvioso: las fangirls.
Sí, me refiero a esos especímenes salvajes, parientes cercanos del babuino salvaje y la hiena aulladora, que hacen imposible el visionado de las películas emitiendo durante todo el metraje (generalmente en los momentos clave, pero también sin motivo aparente), carcajadas, aplausos, silbidos, y chillidos histéricos varios. También tenemos los susurros, e incluso comentarios en voz alta, en plan "Ohh, qué bueno esta Jacob", "¡Suelta a mi Edward, zorra!", "¡Vulturi cabrón!", "¡Edward tío buenooo!" (las chicas) o "Esos vampiros maricones", "Oooh, síii, Edward, soy una paaava", "Ya era hora de que empezasen las ostias, joder" (los chicos).
Y como yo, que he pagado religiosamente mi entrada para poder ver tranquila la película, no tengo por qué soportar ese mar de hormonas rugientes, ni tampoco es cuestión de ponerme a pelear con todos los niñatos que hay en la sala, al final decidí el momento perfecto: un jueves, a primera sesión (cuatro y media de la tarde). Perfecto; los que tuvieran clase estarían en clase, y los que no la tuvieran y quisieran ahorrarse pasta habrían ido el día del espectador. Mis maléficos planes surtieron efecto, e, increíblemente, mi marido, mi amiga y yo PUDIMOS ver la película sin adolescentes histéricas de por medio, eligiendo un buen sitio, y con menos de veinte personas en la sala.

Aquí, por desgracia, acaban casi todas las bondades. No es que la película estuviera mal (entretiene y esas cosas), pero me dio la sensación de que era demasiado corta, estaba desaprovechada e iba demasiado deprisa. Es curioso esto, porque la mayor parte de las películas de la saga Crepúsculo se me han hecho un poco cansinas, un poco lentas. Pero esta no; en esta la trama va a toda leche, cuesta abajo y sin frenos. Entiendo que la película no puede durar mucho, pero hubiera agradecido quince o veinte minutos más para introducir más a personajes como Renesmee, Shiobhan y su aquelarre irlandés, o Zafrina. Nessie no tiene más de cuatro frases en toda la película, y siendo un personaje tan importante creo que deberían haberle dedicado más tiempo (aunque fuera restando metraje poético-erótico de los polvos de Edward y Bella, que les habrá gustado mucho a las fangirls pero realmente no aporta nada a la trama). En cuanto a Shiobhan, que como todos sabemos es la que realmente salva el día gracias a su poder y no tontiBella Swan (joder, esa tía podría convertirse en la nueva Señora de los Vampiros, el dia en que decida visualizar a los humanos esclavizados en granjas de sangre y a ella sentada en un trono de reina con las cabezas de los Vulturi a sus pies nos vamos a cagar todos).... no aparece más de cinco segundos, igual que Liam y Maggie. Claro, es que la actriz estaba demasiado gorda como para ser digna de tener diálogo en una película de adolescentes (¡adelgazadad y consumid, niñas, adelgazad y consumid, muajajajaja!).

Los actores principales siguen siendo inexpresivos, lo cual no debería sorprendernos a estas alturas del curso. Incluso Jacob sale desdibujado y como descafeinado, demasiado embobado mirando a Nessie como para acordarse de que tiene un personaje que interpretar, una manada que liderar... esas naderías. Los únicos personajes decentes son Carlisle y Charlie, porque otra de las que suele hacerlo bien, Alice, casi no sale en la película.

Pero nada de esto tiene importancia cuando nos enfrentamos a la Gran Cagada, así con mayúsculas, de la película, y me refiero al final. Obviamente lo que voy a decir a partir de ahora es un SPOILER, de modo que si tú, desventurado lector, no has visto al película y no quieres que te reviente el final, te aconsejo que no sigas leyendo.

A ver, esto se merece negrita, mayúsculas y subrayado: ALICE NO PUEDE TENER VISIONES DE LOS HOMBRES LOBO NI DE RENESMEE. ¿¿Cómo puñetas ha visto la batalla final?? ¡¡Si es que no podía!!
Que sí, que ya lo sé, que la batalla final mola, que es la única maldita escena práctimente de toda la película que vale la pena, que el gran final de la saga demandaba algo impactante y no un anticlímax como el del libro, que ya era hora de que hubiera acción después de todos esos "Oh, Bella, te amo"... ¡¡pero encontrad una manera coherente de meterlo, leches, o no lo metáis!! Si de algo estoy segura, es que no hay mayor aberración a la hora de contar una historia que sacrificar la coherencia en aras de la sorpresa o la espectacularidad, algo que por desgracia parece muy de moda en los últimos tiempos y que en esta película alcanza su quintaesencia. Pero es que además, aún suponiendo que Alice pudiera tener visiones de los hombres lobo y de los híbridos, que NO puede, hay tres fallos gravísimos en esa escena:

-Teniendo en cuenta lo que sabemos de lo devastados y destrozados que se quedan los vampiros cuando matan a su pareja, las reacciones de Esme y Alice me parecen muy tibias: un gritito y a luchar, cuando les tendría que haber dado un ataque de depresión suicida o de furia homicida. Joder, han perdido al amor de su vida y se ven enfrentadas a siglos y siglos de dolor y soledad insoportables; deberían lanzarse en plan berserker suicida a la batalla para morir matando, o para morir sin más.

-Aún suponiendo que Alice de verdad hubiera podido predecir la batalla, hace dos tonterías que la verdadera Alice jamás haría. Una, llevar a Jasper hasta allí. Alice, si ve en una visión que van a matar a Jasper, no lo llevaría al campo de batalla ni de coña. Recordemos cómo se comporta al final de Luna Nueva, cuando miente a Jasper aún a riesgo de su propia vida, de la de Bella y de la de Edward, cuando van a ir a Volterra, para no poner en peligro a su amor. Alice jamás se hubiera arriesgado a llevar a Jasper al campo de batalla sólo POR SI Aro se lo pensaba mejor y decidía no jugársela (hubiera podido ordenar el ataque y luego huir, para que no se cumpliera la predicción de su muerte, por ejemplo).

-Tampoco tiene ningún sentido en este caso que Alice y Jasper encarguen pasaportes falsos para Renesmee y Jacob. Según la visión, Edward y Bella matan a Aro y sobreviven, aunque la batalla final se hubiese llevado a cabo Renesmee no perdería a sus padres. ¿Por qué, entonces, son necesarios los pasaportes, sólo para Jacob y Nessie? Otro fail. Queda muchísimo mejor en el libro, cuando es algo que Bella decide por su cuenta y riesgo ante la incertidumbre de qué pasará cuando lleguen los Vulturi (y es lógico que Alice le ofrezca a Bella la información sobre J.Jenks para que haga lo que crea conveniente, porque al estar "ciega" ante los resultados de la confrontación no tiene ni idea de lo que puede pasar y ofrece a Bella la posibilidad de cubrirle las espaldas a su hija si algo sale mal). De hecho, me jorobó bastante que se cepillaran la trama de J.Jenks en un par de minutos, así sin más, porque es de las pocas ocasiones en las que Bella demuestra pensar por su cuenta y actuar de forma astuta e independiente. Aquí no; se lo dan todo mascadito, convirtiéndola en el mismo florero inútil que de costumbre. Eso sin entrar en cómo podrían Jasper o Alice haber conseguido una foto de Jacob sin que este se dé cuenta de nada.

 Todo esto, por supuesto, al margen de que los chillidos histriónicos de Aro dan vergüenza ajena (he visto a Malkavians con más dignidad), que la mayoría de los vampiros que estaban con los Vulturi no habían ido allí a luchar (los Vulturi basan su fuerza en el poder de la élite, no en el número, y la mayor parte de los vampiros estaban allí porque a Aro le gustaba tener público cuando impartía justicia), y que el final de "Nos vamos de aquí... muyrápido" da vergüenza ajena por lo ridículo que es.
Lo único que me gustó del combate fue el detalle de Marco, negándose a luchar ya abrazando la muerte con alivio porque por fin va a poder reunirse con su amada Dydime.

Y, por supuesto, Alice TAMPOCO hubiera podido tener una visión de Jacob y Renesmee adultos.

En fin, que gracias por cargaros la saga, señores guionistas. No es que se pudiera estropear mucho más, pero vosotros lo habéis conseguido. Al menos, la historia de los libros podía gustarte más o menos, los personajes podían caerte mejor o peor, pero al menos era COHERENTE. A la versión peliculera no le queda ni eso.

jueves, 8 de septiembre de 2011

El vampiro

Si examinamos la mitología "terrorífica" que nos rodea, nos toparemos con una curiosidad. Existen muchos seres sobrenaturales que tradicionalmente se usan como antagonistas en los cuentos de terror para dar miedo a los niños (y a los ni tan niños, en ocasiones, que una historia bien contada en el ambiente adecuado puede dar escalofríos a todo el mundo): las brujas, los hombres lobo, los fantasmas, el coco, la momia, el hombre del saco, los vampiros...
A simple vista, todos vienen a ser lo mismo: una especie de personificación del mal, aliados de la oscuridad (todos suelen aparecer por la noche), que tienen como objetivo asustar. Sin embargo, a poco que reflexionemos encontramos un personaje que se desmarca por completo de todos los demás.

Atengámonos a lo más evidente: el aspecto físico. Casi todos estos seres son como mínimo feos, cuanto no directamente monstruosos. La bruja es una mujer vieja y fea plagada de verrugas, el hombre del saco es un hombre feo de aspecto malvado, la momia es un cadáver totalmente vendado, y el hombre lobo, el coco y los fantasmas son seres grotescos, horrorosos, claramente inhumanos. Sin embargo, ¿cuál es nuestra imagen mental del vampiro? Un hombre apuesto o una mujer hermosa, de apariencia joven o atemporal, con un aire tan siniestro como seductor.
¿A qué se debe esto? ¿Por qué el vampiro es el único "monstruo" atractivo? Si se diera el caso de que viésemos un fantasma o un hombre lobo, no hay duda; la primera (y única) reacción sería huir. Pero, ¿y si se nos acerca un vampiro, o una vampiresa? Si os ofrezco la imagen de un hombre fornido y apuesto, con ojos penetrantes, cabellos sedosos y piel pálida que se acerca con una mirada seductora y una leve sonrisa cargada de promesas, o la imagen de una bella joven de larga melena rojiza, formas voluptuosas y pechos turgentes que se acerca moviéndose con la sinuosidad de una gata, cuyo único signo sobrenatural en ambos casos son dos relucientes colmillos que se atisban a través de unos labios carnosos entreabiertos, ¿cuál es la primera reacción en la que pensáis ¿Huiríais... o vacilaríais porque una parte de vosotros se siente seducida?

Y no sólo se trata del físico. El vampiro es el más humano de todos los monstruos, porque es el único capaz de emplear la psicología. El único capaz de cazar a su víctima atrapándola a través de sentimientos. La bruja sólo quiere comerte o convertirte en su esclavo, el hombre lobo sólo quiere matarte, el fantasma desea asustarte, pero el vampiro... ¿realmente quiere desangrarte hasta morir, o sólo va a tomar un poco de tu sangre mientras te retribuye a cambio con la mejor noche de tu vida?

¿Y por qué el vampiro tiene esa imagen en la mentalidad popular? Porque, a diferencia de los demás monstruos, no es la personificación del mal, de la muerte o de lo desconocido. No; lo que el vampiro personifica, lo que simboliza tradicionalmente, es el sexo.
No creo estar sorprendiendo a nadie si digo que el sexo se ha demonizado muchísimo hasta tiempos bastante recientes. No hace falta irse a la Edad Media; basta con retroceder a los años 50. O incluso ahora, cuando en lugares tan civilizados como los EEUU la violencia gratuita está a todas horas en la pantalla y nadie dice nada pero como salga una escena de sexo en horario infantil se arma la de Dios. El sexo es algo que nos atrae pero también nos da miedo, es la luz hipnotizante en la que se quema la polilla; hace un siglo, significaba un placer que podía arrastrarte al pecado mortal. Ahora, en tiempos más laicos, también hay que tener cuidado porque te puede arrastrar a sufrir una ETS o un embarazo no deseado. Nos atrae por el placer que nos da, pero nos asusta por los problemas que implica si algo sale mal. Esa sensación, y no otra, es la que personifica la figura del vampiro.

Porque, ¿acaso no es un símbolo fálico el colmillo con el que el vampiro muerte a su víctima? El acto de clavar los colmillos, de hundirlos en la carne de la víctima para chuparle la sangre, es un perfecto símbolo de la penetración. En el caso de la vampiresa, representa a la mujer dominante que toma las riendas de la relación sexual y rinde al hombre a sus pies mediante sus encantos sexuales. En las imágenes donde el vampiro toma a su víctima, ésta siempre está abajo, tumbada o recostada, cuando no directamente caída en brazos del ser, mientras que el vampiro es el que agarra al humano, el que está encima, el que domina la situación. Y, mientras que la imagen de un hombre lobo atacando a un humano o del hombre del saco acechando a un niño son ciertamente terroríficas, sin ambajes, la imagen del vampiro succionando la vida de la víctima que sostiene entre sus brazos emana sensualidad, excita tanto como asusta. O incluso más.
Por eso es por lo que el vampiro revoluciona el imaginario colectivo como ningún otro monstruo. No nos produce un terror visceral ni nos impulsa a escondernos debajo de las sábanas. Nos atrae y nos provoca más curiosidad que miedo, nos empuja a intentar descubrir si ese ser pálido y hermoso tiene sentimientos, si puede amarnos, si puede darlos la inmortalidad en lugar de arrebatarnos la vida, del mismo modo que el sexo puede entregarnos al éxtasis absoluto si conseguimos burlar sus potenciales efectos negativos. Es la personificación del tabú más antiguo y del deseo más poderoso; el único monstruo que nos empuja a acercarnos en lugar de a huir. Y por eso, si uno lo piensa bien, en caso de tener malas intenciones, es el monstruo más peligroso de todos.

martes, 16 de agosto de 2011

¿Por qué la gallina cruzó la carretera? Los personajes de Crepúsculo contestan

Bella Swan: Siento que es culpa mía que la gallina haya cruzado la carretera. Merezco sufrir todo lo posible por ello.

Edward Cullen: Bella, no te sientas culpable por que la gallina haya cruzado la carretera. En realidad ha sido culpa mía. Soy un monstruo.

Jacob Black: Gallina, ¿estás segura de que realmente deseas cruzar la carretera? Recuerda que tienes otras opciones.

Carlisle Cullen: La gallina es libre de cruzar la carretera. Yo jamás le negaría el uso de su libre voluntad.

Esme Cullen: Oh, gallinita, ¿estás segura de que podrás cruzar la carretera?

Alice Cullen: La gallina cruzará la carretera.

Jasper Cullen: ... (hace una tirada de autocontrol a dificultad 9 para no entrar en frenesí de hambre y abalanzarse sobre la gallina)

Emmet Cullen: ¡YO puedo cruzar esa carretera mucho más rápido que esa gallina!

Rosalie Cullen: Porque ha elegido mal. Yo no la cruzaría si estuviese en su lugar.

Billy Black: Gallina, quiero que me prometas que no intentarás cruzar esa carretera. Es peligroso.

Leah Clearwater: ¿A quién le importa que esa maldita gallina cruzase la estúpida carretera?

Seth Clearwater: ¡Gallina, espera! ¡Déjame cruzar contigo la carretera!

Sam Uley: Porque se lo ordenó su gallo Alfa.

Emily Young: Porque se imprimó de ella.

Irina: ¿Que la gallina ha cruzado la carretera? ¡Se lo voy a contar a los Vulturis!

Aro Vulturi: Mi queridísima y apreciada gallina, por supuesto que me parece magnífico que hayas cruzado la carretera y eres libre de hacerlo, sean cuales sean tus motivos. Y te aseguro que nunca, nunca, recibirás represalias por ello.

Cayo Vulturi: ¡Aro, acaba de una vez con esta farsa ¡Eliminemos a esa gallina por haber tenido la osadía de cruzar nuestra carretera!

Marco Vulturi: Me aburro.

Jane: No lo sé, pero tengo maneras muy efectivas de hacer que lo confiese.

James: Para intentar escapar de mí. ¡Que empiece la caza!

Victoria: Para vengar a su amante muerto.

Laurent: Yo no tengo nada que ver con esa gallina ni pienso cruzar la carretera.

Bree Tanner: ¡No lo sé! ¡La gallina nos dijo que cruzáramos la carretera, pero no nos explicó el motivo! ¡Dijo que nuestros pensamientos no eran seguros!

Mike Newton: Gallina, ¿quieres cruzar la carretera conmigo? Ya sé que te lo he pedido 214 veces y me has dicho que no, pero sin cambias de opinión...

Jessica Stanley: Ah, sí, la gallina, muy interesante. Pero déjame que te siga contando, ayer me fui de compras y me encontré con...

Charlie Swan: ¿Que una gallina ha cruzado la carretera? Humm... bueno... está bien. Me voy de pesca con Billy.

IMPORTANTE: Lo que acabáis de leer no lo he copiado de ninguna parte. Es mío. Mío únicamente, salido de mi cabecita en un momento que no sé si fue de inspiración, de aburrimiento o de ambas cosas. Así que, por favor, si os gusta y lo queréis compartir, tenéis vía libre para hacerlo siempre que conste mi autoría y el nombre del blog donde está publicado (es decir, éste mismo).

lunes, 1 de agosto de 2011

Lucianna

Una vez, cuando todavía era humana, le pregunté a Giuliano cómo era ser vampiro y me dijo que se parecía a una ciudad en ruinas. La ciudad estuvo viva una vez; en el pasado, la gente caminó por sus calles, nació y vivió en sus casas, negociaba en sus mercados, rezaba en sus templos y se divertía en sus tabernas. Las puertas y las tejas rotas se reparaban, las casas viejas se reformaban, y si un edificio estaba demasiado ajado, se echaba abajo y otro nuevo y más moderno ocupaba su lugar. Pero la ciudad fue abandonada, sus habitantes murieron o se marcharon, y ahora sus calles están vacías, sus luces apagadas y las voces que antes la llenaban guardan silencio. Sin embargo, la ciudad sigue ahí. Los edificios, aunque abandonados y ruinosos, se mantienen en pie, mostrando una belleza distinta de la que tenían cuando estaban ocupados, pero bellos aún de todas maneras. Por la noche, la luz de la luna se refleja en los vidrios rotos de las ventanas, y entonces parece como si todavía hubiese alguien ocupando las habitaciones, tal vez leyendo a la luz mortecina de una vela. Y, de vez en cuando, llega un viajero o un visitante atraído por la fama de las hermosas ruinas, y pasea por las calles abandonadas, y de repente es capaz de sentir cómo la ciudad suspira y se estremece calladamente a su alrededor. Porque la ciudad no está viva, pero tampoco está del todo muerta, y aún flotan entre sus muros los recuerdos de miles de historias olvidadas por los mortales que la ciudad, a pesar de todo, aún recuerda y añora.

No comprendí entonces sus palabras. Ni siquiera las comprendí del todo después de haberme convertido en lo que ahora soy. Pero las comprendo ahora. Las comprendo cada noche, cuando me asomo al balcón de mi palazzo y observo el Gran Canal, y la ciudad que se extiende alrededor. Porque yo soy como Venecia, y Venecia es como yo. Venecia es una vampira, una no-muerta, una anciana princesa que se viste con los fastuosos ropajes que usaba en su juventud y se mira al espejo tratando de revivir las alegrías de su pasado, intentando ignorar que el reflejo ya no muestra la frescura de la mocedad sino el cansancio de la vejez. Venecia es como yo, porque las dos guardamos inalterada e imperecedera la belleza anacrónica de hace siglos, pero en nuestro interior ya no quedan fuerzas, sólo sombras. Vivimos de recuerdos de pasadas glorias, y los demás vienen a nosotros atraídos por esos recuerdos, sin saber que en el fondo nuestra belleza vampírica es el canto de sirena que usamos para atraerles y bebernos parte de su sangre, de su fuerza vital. Yo me alimento de la sangre de los vivos, y Venecia se alimenta de las visitas de los forasteros. Por las venas de las dos corre una corriente vital que no es ya nuestra, que debe ser entregada por otros para que sigamos existiendo. Nos quedamos atrapadas en el Renacimiento y nos plegamos sobre nosotras mismas hallando refugio en la añoranza de las glorias pasadas, porque el mundo exterior ha cambiado demasiado y ya no podemos reconocerlo. Ya no podemos sentirnos parte de él. Dos damas engalanadas, dos ancianas de piel tersa, dos máscaras de carnaval, dos esfinges de añoranza que se alzan, como la ciudad en ruinas de la que me habló Giuliano, como testigo mudo y trágico superviviente de épocas pasadas que ya no volverán. Venecia y yo somos una.

lunes, 4 de abril de 2011

Giacomo y el ángel


Giacomo
no era nadie. Apenas una sombra, un fantasma furtivo que trataba de sobrevivir en las húmedas calles de Venecia. Quienes lo veían, si es que lo hacían, contemplaban a un muchachito de once años delgado y famélico, de pelo negro, ojos acuosos, piel pálida y expresión triste. Pero la mayoría de la gente se limitaba a pasar ante él mirándole sin verle, como si no existiera, o fuera tan sólo un elemento más del paisaje, como los canales, las góndolas o los puentes de madera y piedra. No tenía padres, ni familia conocida. Había escapado a los ocho años de la casa del curtidor que lo había acogido para tomarlo como aprendiz. Pero aquel sitio nunca fue un hogar; su amo era un hombre brusco que le hacía trabajar desde los cinco años, no le mostraba cariño y le golpeaba si se equivocaba al realizar alguna de sus tareas. La casa del curtidor era oscura, olía mal y sólo había la comida justa, por lo general un mazacote de polenta que siempre estaba fría.

Desde que escapó, malvivía como podía en las calles. No le gustaba pedir limosna porque tenía miedo de que alguien se fijara en él y lo llevara de vuelta a casa del curtidor, o lo encerraran en un monasterio. A Giacomo le gustaba demasiado callejear, jugar con los gatos y nadar en la Laguna como para soportar vivir encerrado entre las paredes de un monasterio. Tampoco quería robar, de modo que se contentaba con escarbar entre la basura que los criados de palazzos y tabernas echaban a la calle, con la esperanza de encontrar algo comestible.

Lo peor era el invierno. Cuando llegaba el frío, las calles se pintaban de blanco y el Gran Canal se congelaba. Giacomo se acurrucaba en los portales de las iglesias junto a otras decenas de mendigos, que dormían juntos para darse calor los unos a los otros. A pesar de ello, algunos amanecían muertos; de frío después de una helada particularmente virulenta, o de enfermedad tras estar varios días acurrucados en un manto raído tosiendo sin parar. A Giacomo le daba mucho miedo ponerse enfermo o que se le congelasen los dedos por la noche. Algunas veces se había despertado con las manos y los pies azules, pero por fortuna cada vez que aquello le había sucedido había seguido siendo capaz moverlos, aunque no los sintiera. Y los ancianos decían que el invierno de 1490 iba a ser especialmente crudo. Ya había comenzado a nevar en Octubre, y para Noviembre las temperaturas eran tan frías como en Enero.

La vida de Giacomo era una vida sin esperanza, como la de tantos otros seres olvidados. Aún así, muchos la mantenían. Se hablaba en susurros entre los desharrapados y los miserables de un ser legendario, un ángel blanco y espectral que caminaba silencioso por Venecia cuando caía la noche. Se decía que sólo delataba su presencia el débil sonido de sus pies caminando y el callado susurro de su blanco manto. Que sólo podías verlo si él quería.

Del ángel se contaban muchas cosas. Algunos decían que era el ángel de la muerte y que aparecía para acompañar a los enfermos y a los cansados al otro mundo, pero pocos creían en esta versión de la historia. La mayor parte de los mendigos decían que era un ser bondadoso, que calmaba el hambre, la sed, el dolor y la angustia de vivir a todos a los que se aparecía. Que era tan hermoso que una vez lo veías jamás podías sacarte su imagen de las retinas. Que su sonrisa no era de este mundo, y que su mirada te hacía pensar que conocía todos tus secretos.
Giacomo soñaba con ver al ángel desde que había oído hablar de él por primera vez, pero nunca lo había visto. Y ya llevaba tres años en la calle.

Una noche de mediados de Noviembre, Giacomo se acurrucaba en un rincón de Santa Croce, temblando de frío. No había espacio para él entre los mendigos de la Chiesa dei Frari, y estaba tan cansado que no podía dar un paso más. Se sentía enfermo. No había parado de toser en dos semanas, y notaba el sabor de la sangre en la garganta cada vez que tosía. Tenía miedo de que ese invierno fuera el que acabase con él.
Hacía mucho frío. No nevaba, pero a medida que las horas se adentraban en la noche la temperatura iba bajando cada vez más. Giacomo podía escuchar el crujido de los cristales de hielo formándose sobre la superficie de los canales. Hacía rato que había dejado de sentir sus extremidades. Se dijo que tal vez moriría de frío aquella noche, y, al contrario que otras veces, la idea no le dio miedo. De pronto pensó que sería agradable conocer a sus padres, que sin duda debían haber muerto tiempo atrás. Y los curas decían que en el Cielo no se podía sufrir. Sin duda sería un lugar calentito, donde ya no pasaría hambre ni se volvería a poner enfermo. Y tal vez pudiera contemplar el rostro de su madre, la madre que nunca había llegado a conocer...
Al pensar en su madre, los ojos se le llenaron de lágrimas. Fue algo repentino, inesperado, pero agradable. Las gotas que resbalaban por su cara se sentían maravillosamente cálidas en su piel helada, y Giacomo pensó que sería bueno morir llevándose el recuerdo de esa calidez al otro mundo.

Entonces, escuchó una voz.

-¿Por qué lloras, pequeño?-.

Giacomo no contestó. Prefería dejarse llevar por el sueño, abandonarse a la parálisis que comenzaba a invadir sus músculos. Sintió el tacto lejano de una mano sobre su frente, una mano tan fría como la escarcha que lo rodeaba.

Y, entonces, el sueño, la rigidez y la fiebre se desvanecieron como la niebla bajo el primer rayo de sol. Una dulce sensación de calidez le removió los huesos y el alma. Por un instante, la loca idea de que su madre había venido a buscarle floreció en la mente de Giacomo. Abrió los ojos.
Frente a él, se encontraba el ángel. El ángel de las leyendas. En cuanto lo vio, estuvo seguro de que así era. Porque frente a él había una dama vestida de blanco de pies a cabeza, encapuchada y envuelta en una capa que haría parecer gris la nieve recién caída. La dama era pálida, y tan hermosa que resultaba sobrehumana. Sin retirar la mano de su frente, volvió a preguntar:

-Niño, dime, ¿por qué lloras?-.

Giacomo sintió un acceso de pánico. ¿Qué debía contestar? ¿Cómo? ¿Cuál era la manera correcta de dirigirse a ella? Confuso y avergonzado, sintió cómo las lágrimas volvían a correrle por la cara. Pero entonces el ángel le sonrió, y todos sus temores y angustias se desvanecieron en el acto. Una grata sensación de tranquilidad y confianza se adueñó de él. Podía fiarse del ángel, estaba seguro. Podía decirle cualquier cosa. Lo entendería.

-Tengo mucho frío y estoy solo- susurró Giacomo- creo que voy a morirme-.

El ángel asintió, comprensivo, y le rozó el cabello con sus dedos de alabastro en una dulce caricia.

-¿No tienes casa? ¿No tienes padres?-.

-No, señora- musitó el niño, temblando.

El ángel le miró con sus ojos insondables. A Giacomo le pareció que reflejaban sabiduría, bondad, y también tristeza. Parecían dos faros de luz en medio de una noche oscura. Comprendió que, aunque el rostro del ángel era joven, sus ojos eran ya viejos. Ojos que han visto correr centurias y las penalidades que los años acarrean.

-Ponte en pie, Giacomo- dijo el ángel- y camina hacia el Gran Canal. Camina y no te pares por nada. Cuando llegues a la orilla, busca a tu alrededor un palazzo que tenga las luces encendidas. Llama a la puerta. Te estarán esperando-.

-¿Cómo van a estar esperándome tan tarde, señora?- se atrevió a preguntar Giacomo- pasan muchas horas de la medianoche-.

El ángel se puso en pie. Su manto blanco se abrió en torno a él envolviendo su figura como si dos alas blancas se tratase.

-Para Dios no hay nada imposible- dijo con aquella voz dulce, que parecía sacada de los tiernos recuerdos de una infancia para él inexistente.

Y desapareció.

Giacomo se quedó inmóvil durante unos minutos que parecieron horas, contemplando atónito la calle vacía que se abría ante él. Luego, se puso en pie, y con paso tambaleante, puesto que sus piernas entumecidas no le respondían bien, echó a andar. Caminó todo lo rápido que pudo, sin pararse a pensar, porque temía que si lo hacía acabaría convenciéndose a sí mismo de que había tenido un sueño, y entonces tal vez no tuviera valor para buscar el palazzo iluminado y llamar a su puerta si lo encontraba.

Cuando llegó al Gran Canal, una oleada de viento helado abofeteó el rostro del niño. Tomó una bocanada de aire, y sintió cómo los pulmones se le congelaban. Un violento acceso de tos volvió a emergerle de las entrañas, aunque esta vez no trajo sangre consigo. Busco a izquierda y derecha, hasta que lo vio. Un palazzo iluminado, resplandeciente como una joya en medio de la negra oscuridad de la noche. Como el náufrago que contempla atónito velas en el horizonte tras años de abandono en una isla desierta, Giacomo echó a correr hacia él. Tropezó en el suelo helado, resbaló, y cayó. Se mordió el labio al notar un dolor punzante recorriéndole el brazo derecho, se levantó y siguió trotando hacia allí, más despacito.

Le pareció que tardaba una eternidad en llegar, como si el viento soplara en su contra, aunque era tanto el miedo como el frío lo que le hacía tiritar. Llegó ante la puerta. Y, antes de darse a sí mismo tiempo para dudar, llamó.

Alguien abrió al cabo de un minuto, pero Giacomo nunca pudo verle la cara. Esbozó una débil sonrisa que murió antes de nacer, y cayó desmayado al suelo.

Cuando despertó, ya no tenía frío. Estaba tumbado en un camastro, cubierto por una manta de lana de oveja. Levantó la vista para encontrarse con una habitación de paredes desnudas, con un arcón y una mesa con cajones junto a la cama donde titilaba un candelabro con tres velas. Una mujer de cabellos negros, joven y guapa, le observaba.

-¿Te sientes mejor, niño?- preguntó con amabilidad- ¿cómo te llamas?-.

-Giacomo-.

La mujer le dijo a Giacomo que no tuviera miedo. Que lo cuidarían hasta que se pusiera bien, siempre y cuando aceptase quedarse en el palazzo como pinche de cocina. Había llegado como caído del cielo, porque la muchacha que tenían de ayudante se había quedado embarazada y había dejado el servicio para casarse con su seductor, el hijo de un próspero panadero de Santa Croce. Tendría derecho a una habitación, que compartiría con el muchacho de las caballerizas, a un sueldo por día, a techo y comida y a un día libre a la semana. ¿Le convenía el trato? Si era así, podía empezar en cuanto se recuperase. Y podía llamarla María.

Giacomo no pudo responder con palabras. Se limitó a asentir, mientras se mordía la lengua para tratar de contener las lágrimas que pugnaban por salir de sus ojos. La mujer le sonrió y le deseó buenas noches. Cuando quedó solo, antes de soplar las velas y recostarse de nuevo en la cama, Giacomo se fijó en un objeto que pendía colgado en la pared, en frente de la cama. Era un crucifijo. Sonrió y se durmió.

Aquella noche, Giacomo durmió más traquilamente de lo que había dormido en muchos años. Más de lo que podía recordar. Durmió un sueño tan profundo, tan sereno y reparador, que no se despertó y ni siquiera se movió cuando la puerta se abrió una hora más tarde y una figura femenina lo observó durante unos minutos desde el quicio de la entrada antes de cerrarla y volver por donde había venido. Si se hubiera despertado, tal vez hubiera distinguido en la penumbra un hermoso rostro de piel pálida y ojos centenarios que contemplaban llenos de ternura su primera noche en paz.



Dedicado a Tindomion, que comprenderá de quién (y de qué) habla este relato así como comprende el corazón de quien lo ha escrito.

sábado, 8 de enero de 2011

Fantasía juvenil y fantasía adulta





Hace unos días, leí un artículo de David Mateo en Fantasymundo, en el que este escritor, que por cierto es conocido mío, habla sobre qué diferencia los libros de fantasía "para adultos" de los libros de fantasía "juveniles". Este artículo, que por cierto es muy interesante, me hizo reflexionar a mí sobre lo que yo entiendo como diferencia entre ambos subgéneros. Y me llevó a escribir esta entrada dando mi propia visión de los hechos. La verdad es que el artículo resume bastante bien lo que yo pienso del tema: que en la fantasía adulta prima la historia, mientras que en la fantasía juvenil lo que prima es contar un culebrón.

Me explico; últimamente ya no compro libros de fantasía juvenil. ¿Por qué? Muy sencillo, por lo mismo por lo que no leo novelas románticas: porque son todos más o menos iguales: ser sobrenatural de apariencia adolescente (tenemos una amplia variedad para elegir: puede ser vampiro, hechicero, hada, hombre lobo, fantasma, ángel, demonio... ¡que me los quitan de las manos, oigaaa!) se enamora de adolescente human@ normal y la historia de amor es complicada porque a) Soy demasiado peligroso para ti, b) Venimos de mundos diferentes, c) Hay un triángulo amoroso de por medio. Al principio, el ser sobrenatural (el 90% de las veces es un chico) se comporta de forma borde, misteriosa o enigmática con la adolescente, a la que o bien quiere matar o bien quiere proteger, pero al final, por muchos peligros o terceras personas que hayan de por medio, el ser sobrenatural y la adolescente acabarán juntos.
La cosa empezó con la saga Crepúsculo, pero cualquiera de los libros de ese estilo que hay ahora en las librerías cumplen estos requisitos y acaban siendo novelas prácticamente clónicas: The Vampire Diaries (me NIEGO a llamarlas "Crónicas Vampíricas" como a las de Anne Rice), Medianoche, Halo, Hush Hush, Rojo feroz, Temblor, Oscuros, The Vampire Academy, Marcada, Dark Divine, Hermosas Criaturas, Sombra Nocturna, Guía de Jessica para ligar con vampiros (sí, ya lo sé, el nombre sólo ya pone los pelos de punta; ¿dónde están los Tzimisce cuando se los necesita?), Retrum, Cuatro almas, Cazadores de sombras, Heraldos de la luz, Poderes oscuros, Eternidad, Rubí, La novia maldita, Night World, Ángeles extraños, Luz de luna...
Son decenas de títulos, y aún podría seguir. Gran parte de ellos, por cierto, con sus respectivas continuaciones. Porque hoy en día está de moda el numero tres: por las trilogías y por los triángulos amorosos, que abundan en este tipo de novelas como los hongos en otoño. Y todos ellos, en sus distintas variantes, vienen a ser lo mismo.

Y uno se pregunta: sí, vale, pero, ¿en qué se diferencian estas novelas de la "fantasía adulta"? O, mejor dicho, ¿qué hace que cierta fantasía sea considerada adulta, mientras que otra es tachada de juvenil? Creo que la respuesta no viene dada por la portada, ni por la editorial, ni siquiera por la cantidad de violencia que hay en la trama o la edad de los protagonistas. Lo que, a mi juicio, diferencia estos dos subgéneros, no es otra cosa que la importancia y extensión del romance en relación a la trama general.
Efectivamente, hay ciertos libros fantásticos que son considerados "fantasía adulta", como por ejemplo El Señor de los Anillos, Entrevista con el Vampiro, Canción de Hielo y Fuego, la trilogía de El Ángel de la Noche, o El Nombre del Viento, por poner ejemplos. Todos ellos tienen algo en común: la trama de la historia no gira alrededor de un romance. Puede haber historia de amor (de hecho, en todos los que he mencionado la hay), pero es un acontecimiento más de la trama, no el hilo principal que mueve la historia. En estas novelas, se nos habla de un personaje o de varios, de una serie de conflictos en los que se ven metidos, y el modo en que los resuelven. Es la trama de misterio, política, bélica... lo que mueve la historia y su pieza central; vamos, que la misma historia se podría contar de forma muy parecida aunque el protagonista no tuviera ninguna historia de amor. Evidentemente, hay novelas de este tipo que sin la historia de amor de su protagonista no serían iguales, pero el caso es que la historia principal está ahí y puede seguir para adelante independientemente de que el protagonista se enamore o no.

Con la fantasía juvenil, esto no sucede. La trama de la historia gira en torno a la protagonista, sus sentimientos, y su historia de amor con el ser sobrenatural. El elemento fantástico no es el eje central de la historia, sino que está ahí como hilo conductor de fondo, como mera excusa para contarnos un culebrón. Sin duda, va a haber un conflicto (guerra de vampiros contra licántropos, guerra de vampiros contra cazadores de vampiros, guerra de vampiros contra otros vampiros, guerra de brujos buenos contra brujos malos, guerra de ángeles contra demonios, o cualquier cosa por el estilo), pero en realidad este conflicto sólo es el telón de fondo, porque lo que realmente importa es si la joven adolescente normal de 16 años, se queda con el dulce ángel o con el seductor vampiro.

Circunstancia, por cierto, que no deja de parecerme harto curiosa. Me refiero a las historias de amor que aparecen en estas novelas. En lo que a coherencia se refiere, algunas claman al cielo. Ya no es la cuestión de que los ángeles y los demonios sean entidades puramente espirituales que por lo tanto no tienen cuerpo ni mucho menos sexo masculino o femenino, al margen de que no sienten las cosas como humanos porque no lo son, de manera que ya me explicarán ustedes cómo van a mantener una relación con una persona, cuando se supone que no las mantienen ni entre ellos. Es el hecho de que no me cabe en la cabeza que un ser centenario o incluso milenario, con todas las vivencias, experiencia y sabiduría que esa edad conlleva, no es que se comporte como un adolescente (vale, podría estar fingiendo para no desentonar), sino que sea capaz de enamorarse de una niña de quince, dieciséis o diecisiete años. ¿Qué puede encontrar un vampiro del renacimiento en una jovencita adolescente que no tiene experiencia en la vida y no ha alcanzado la madurez física ni psicológica? Si un hombre de treinta y cinco o cuarenta años no se interesa románticamente por una chica de dieciséis porque la ve demasiado niña, como no sea para mirarle las tetas a la chavala en cuestión si está buena (respuesta recibida del 100% de los encuestados de esta edad a los que he preguntado), ¿cómo demonios quieren los autores de esa novela que me crea que un ser cien años más viejo va a enamorarse de ella?
Siendo coherente, lo normal es que un hombre centenario se enamore de una mujer igual de centenaria, o como mínimo de una mujer humana adulta y madura piscológicamente, con la personalidad formada. Pero de una adolescente, lo veo imposible. Y que nadie me venga con eso de que hay adolescentes que son muy maduras. Porque, a ver, es cierto que una chica de 16 años puede ser muy madura para su edad, en comparación con el resto de chicas parecidas. Pero nunca va a tener el nivel de madurez, sabiduría y experiencia que tiene una persona adulta. ¿Que hay adultos que son inmaduros toda su vida? De acuerdo, los hay. Pero esto no tiene nada que ver. Obviamente, si un vampiro se enamorase de una mujer de 30 años, no elegiría a una idiota tipo Sexo en Nueva York que sólo pensara en compras, en adelgazar y en ir al club de campo.
Como ejemplo más llamativo a esta aberración, tenemos por ejemplo The Vampire Diaries de L.J.Smith (serie que engloba las novelas Despertar, Conflicto, Furia, Invocación, etc). ¿Dos vampiros renacentistas (y por consiguiente de 500 años de edad) enamorándose de la típica niña pija-guay-popular del instituto, sólo porque se parece a una tipa a la que amaron cuando eran humanos? ¿De verdad alguien se imagina a un anciano de medio milenio de vida y experiencia enamorándose como un adolescente pajero de una chica sólo porque está buena? ¡Venga ya, por favor! Ni es coherente, ni creíble, ni la autora pretende que lo sea, porque en realidad ese tipo de historias están hechas para que las jovencitas se hagan pajas mentales con vampiros piruleta parecidos a los Jonas Brothers. Me pregunto qué dirían esas mismas chicas si el vampiro hubiese sido convertido a los 40 años en lugar de a los 17. Entonces, a nadie le parecería raro que el vampiro en cuestión pasara de las niñatas y se buscara a una mujer adulta. Pero, realmente, ¿qué son treinta años de diferencia para alguien que ya ha vivido 500?
Y que nadie me diga que es porque los vampiros se estancan en el momento en que fueron convertidos y ya no evolucionan. Porque, en ese caso, los vampiros en cuestión deberían seguir teniendo una mentalidad medieval, lo cual implica que las mujeres están más guapas calladitas, son seres débiles y simples, y a la que se ponga tonta dos guantazos y a la cocina. ¿O es que alguien ignora que hasta hace un siglo las mujeres eran un cero a la izquierda? Hasta el siglo XX, las mujeres no podían trabajar en profesiones consideradas "de hombre", no luchaban, no tenían derechos sociales, su opinión no contaba para nada, eran consideradas legalmente menores de edad toda su vida, y no podían ni salir a la calle solas (a no ser que fueran putas). Pero no, resulta que el vampiro adolescente, que supuestamente se comporta como tal porque no puede evolucionar, tiene un comportamiento y una mentalidad totalmente acordes con la actualidad, aparte de ser un poco más educados, caballerosos y protectores que de costumbre. Joder, a ver si nos enteramos, el hecho de que su único anacronismo consista en ser educados, protectores y caballerosos los retrotrae, como mucho, a los años 40. No al puto siglo XVI.

Pero creo que me estoy extendiendo demasiado sobre el tema. El concepto ya ha quedado lo bastante claro, en cuanto a que la fantasía juvenil no viene a ser otra cosa que amor con trama fantástica de fondo para darle sabor, mientras que la adulta es fantasía con trama amorosa de fondo para darle sabor. Por supuesto, esto no tiene que significar necesariamente que un género sea de entrada mejor que el otro (a no ser que se cometan graves errores de base como el que he señalado antes, que no siempre se dan en esas historias). Pero creo que sí puede explicar por qué ya estoy un poco cansada de la saturación de novelas clónicas que invaden las librerías.
Aunque no sé, igual soy yo que peco de exigente. Con la que está cayendo, aún deberíamos darnos con un canto en los dientes porque los chavales compren libros y los lean. Supongo que es demasiado pedir que se olviden un rato de los triángulos amorosos y los guaperas con alas o colmillos para leer Drácula o El Señor de los Anillos.

miércoles, 24 de noviembre de 2010

Maneras de introducir a los PJ's en una aventura rolera

El caso es que andaba yo tan tranquila merendado esta tarde, cuando Tindomion se me ha acercado algo preocupado preguntándome un modo de introducir a los PJ's en la trama de una partida de rol que está preparando (y que, con suerte, estará lista para el 2026, al ritmo al que va ¬¬U). Esa petición ha provocado una reflexión por mi parte que me ha motivado para escribir esta entrada acerca de todas las posibles formas de introducir a los PJ's en una aventura.






Y es que hay que tener en cuenta que, aunque los jugadores estén deseando comenzar la partida, puede que sus personajes no siempre estén tan deseosos de aventuras como ellos. Y no es lo mismo interpretar a un mercenario aventurero en Dungeons & Dragons o El Señor de los Anillos, que interpretar a un inocente estudiante o ama de casa en La Llamada de Cthulhu o en Mundo de Tinieblas. Por ejemplo, un montaraz como Aragorn estará más que dispuesto a perseguir y matar orcos, pero probablemente si el jugador es un hobbit como Frodo Bolsón, costará un poco más sacarle de casa. ¿Significa eso que ningún PJ va a poder llevar a un hobbit? Claro que no, siempre que el máster consiga encontrar un modo convincente de meterlo en la aventura sin que pueda negarse.
Entre las excusas para meter en líos a los PJ's, tenemos las siguientes:


-Técnica del "reclutamiento en la posada": Los PJ's son aventureros o mercenarios a quienes contrata un individuo o una corporación para que hagan algo. Comienzo de partida clásico de Dungeons & Dragons o de Rolemaster, donde un sujeto cubierto por una capa con capucha se acerca a varios personajes y les ofrece una cuantiosa recompensa si hacen un trabajito para él. También es clásica en Vampiro (el Príncipe de la ciudad o el sire de los PJ's, les encarga una misión) Evidentemente, requiere que los PJ's sean proclives a aceptar ese tipo de trabajos, porque si el encapuchado en cuestión se lo pide al posadero, es poco probable que este acceda a cerrar la posada e irse de aventuras. En esta categoría podemos englobar también a los policías, guerreros, detectives, y todos aquellos que estén profesional o moralmente obligados a aceptar la misión o investigar el asunto que el máster proponga.

-Técnica de "la curiosidad mató al gato": Los PJ's no son reclutados por nadie, ni tienen una obligación profesional o moral de hacer nada, pero el máster les pone las pistas delante y ellos pican cual pececillos para ver qué es eso, metiéndose de lleno en la aventura. Ejemplo clásico: tu personaje camina tranquilamente por la calle, y en ese momento oye a una mujer gritar en un callejón. Vencido por la curiosidad, se acerca a ver qué está pasando, y ve a un vampiro alimentándose de la señora. A partir de aquí, ya está el lío montado, porque aunque logre escapar del vampiro, es probable que este le siga la pista para poder silenciarle antes de que se lo cuente a alguien (Vampiro). O puede que oiga murmullos extraños en una casa, ceda a la tentación de espiar por la ventana, y vea a un grupo de encapuchados llevando a cabo un extraño ritual. Vencido por la curiosidad, el personaje se dispone a averiguar cuáles son las actividades de esta extraña secta (La Llamada de Cthulhu). También es muy típico el truco del "manuscrito encontrado", que es cuando el máster se lo deja a huevos a los PJ's para que encuentren un códice esotérico, un libro o un diario con revelaciones misteriosas, una carta pidiendo ayuda, etc, y los personajes deciden investigar el asunto para resolver el misterio que hay detrás (esto tambiés es muy típico de La Llamada de Cthulhu).
Esta opción tiene el inconveniente de que requiere la voluntaria complicidad de los jugadores, claro; uno muy bien podría decir que no le da la gana de ir a ver por qué grita la señora o qué son los murmullos, y en ese caso ya no hay aventura. Para que la curiosidad del PJ sea coherente, es necesario que las circunstancias le acompañen y sean propicias (por ejemplo, es un periodista en busca de una buena historia, es un freak de las historias de misterio que se siente aburrido y deseoso de vivir alguna experiencia emocionante, etc).

-Técnica del "testigo incómodo": Variante o complemento de la anterior. El PJ se encuentra en el lugar equivocado en el momento equivocado, y es testigo de algo que no debería haber visto. Tal vez haya presenciado la comisión de un delito, un fenómeno sobrenatural o una conversación cuya información los interlocutores no quieren que se haga pública bajo ningún concepto. El resultado, sea como sea, siempre es el mismo: los implicados deciden que el PJ ha visto demasiado y harán todo lo posible por quitarlo de en medio. Con lo cual, si quiere sobrevivir y recuperar su vida normal, este no tendrá más remedio que enfrentarse a ellos, lo quiera o no. Esta posibilidad es más versátil que la anterior porque no requiere de la complicidad del jugador ni de que su personaje tenga que ser proclive a curiosear en asuntos ajenos. Eso sí; a partir de aquí es responsabilidad del máster encontrar un modo de hacer avanzar la historia con el PJ como protagonista. Si presencia un asesinato y lo único que hace es denunciar el asunto y acogerse la programa de protección de testigos, o hay mafiosos y/o políticos implicados que puedan meter mano en el asunto, o mucho nos tememos que se acabará la aventura para ese PJ y tendrá que seguir jugando con el nuevo personaje de el policía que lleva el caso.

-Técnica de la "patata caliente": Un PNJ, que puede ser amigo o desconocido, hace entrega de algo al PJ. Esto puede ser una información, una carta, un objeto... lo que sea. Lo importante es que los villanos de la historia están buscando desesperadamente lo que el PNJ entrega al jugador, y aunque aquél hizo la entrega para despistar a sus perseguidores, estos se acaban enterando de que el PJ posee la información o el objeto y deciden hacerse con él a cualquier precio, persiguiendo a su nuevo dueño. Es obvio que en este caso el máster debe dejar clarísimo lo valiosa que es la patata caliente en cuestión, lo malvados que son aquellos que desean obtenerla, y lo importantísimo que es que esta no llegue a sus manos, porque si no lo más probable es que el PJ se asuste y trate de entregarlo a quienes le amenazan o lo tire a la papelera más cercana...
Un ejemplo clásico de esto es Frodo con el Anillo Único.

-Técnica del "aliado en apuros": Una persona muy querida para el PJ está en serios apuros: ha sido secuestrada o necesita ayuda. De este modo, el PJ se introduce en la aventura para ayudar a su aliado, bien porque este se lo pide o bien de motu propio. Ahora bien, esto requiere alta capacidad de meterse en el personaje y bajas dosis de mala leche por parte de los jugadores, porque si no siempre puede venir el listillo a decir que "me la suda que mi mejor amigo haya sido secuestrado por las huestes de Mordor y vaya a ser torturado; yo no me meto en Barad-Dur ni de coña". También requiere habilidad por parte del máster para crear buenos PNJ's a los que los jugadores puedan coger cariño; si conocen a una bella mujer o a un simpático joven al principio de la partida, pero el máster no es capaz de hacer que los jugadores realmente empaticen con él, puede que no estén demasiado dispuestos a sacarle las castañas del fuego cuando descubran que está en apuros...

-Ténica de "esto es personal": Parecida a la anterior, esta vez se trata de que los antagonistas, de forma casual o premeditada, causan un perjuicio grave al PJ. Puede que las huestes de orcos arrasen su aldea, o que un ser sobrenatural intente atacarlos, o que una corporación les arrebate algo valioso por medio de triquiñuelas legales. Puede ser que el personaje sea una víctima al azar, o puede que sin saberlo sea alguien importante (el famoso Elegido), que tenga poderes que ignora o una ascendencia familiar que desconoce, y que no tenga más remedio que meterse en la aventura para salvar su vida o vengarse de sus agresores. El ejemplo más famoso de esto es Luke Skywalker, que en La Guerra de las Galaxias decide convertirse en jedi y enfrentarse al Imperio después de que las tropas imperiales asesinen a sus tíos y quemen su casa.


Y, a bote pronto, estas son todas las técnicas que se me ocurren. Si vosotros tenéis alguna más, será un placer para mí que me habléis de ellas ;-)