domingo, 22 de enero de 2017

¿Quieres conocer al culpable de la corrupción? Mírate al espejo

Hace tiempo me prometí no volver a escribir cabreada, pero es que hay veces que no me puedo contener. Hay temas que suplican que escriba sobre ellos, y éste es uno que me tiene especialmente harta.
La gente en España critica un montón a los políticos. Sobre todo al PP; algunos, más imparciales o más informados, hablan del PPSOE, e incluso de "los políticos" en general, sin distinguir ideologías ni colores, lo cual sin duda está más cerca de la verdad. "El problema de España es que los políticos roban y se tapan unos a otros", dice la gente. "El problema son los puestos a dedo, los amiguismos, los enchufes, la corrupción, los sobres bajo mano y el esto lo hacemos todos y aquí no ha pasado nada".
¿Quieres saber quién es el culpable?
Te sugiero que empieces por ti mismo.

Vale, probablemente ninguno de los que me estén leyendo sean políticos, y pocos tendrán un cargo importante en una empresa. Pero haced introspectiva por un instante, y responded con sinceridad: ¿Alguna vez habéis robado algo, no importa lo nimio que sea? ¿Alguna vez habéis pedido que os pagaran u os cobraran en negro, para ahorrar impuestos? ¿Alguna vez habéis esperado que un familiar, amigo o conocido os diera alguna prebenda (trabajo, nota más alta en un examen, un puesto en el equipo, una plaza en un curso...) sólo porque erais vosotros, aunque hubiese un desconocido que lo mereciera más? ¿Y vosotros, habéis concedido otra prebenda similar a alguien?
Y lo más importante, aunque no hayáis tenido la oportunidad de hacerlo. ¿Lo haríais si pudierais? Si vuestro mejor amigo y un desconocido optaran a la última plaza en un curso que organizáis, ¿se la daríais a vuestro amigo, aunque el desconocido hubiera enviado la solicitud primero? Si pudierais pagar veinte euros menos al fontanero para ahorraros el IVA y nadie se fuera a enterar, ¿querríais pagar el impuesto de todas maneras? Si pudierais hacer valer vuestra influencia para que un amigo o familiar vuestro consiguiera un buen trabajo aunque no fuera el más apto, ¿lo ayudaríais? Si vosotros pidierais ese mismo favor a un amigo o a un familiar y éste se negara, ¿os enfadaríais con él?
Creo que el 99% de la gente contestará al menos a una de estas preguntas con un "sí". Y es ahí a donde quiero llegar, al meollo de la cuestión. La gente se queja de los políticos y los empresarios de este país por hacer esas cosas, pero en el fondo son actitudes que se ven en todas partes. Ellos no son peores que el resto de la sociedad; son el producto y el reflejo de ésta. La única diferencia que hay entre ellos y nosotros es que ellos pueden hacerlo, y nosotros no.

"Pero es que ellos son peores", podríais objetar. "Ellos tienen la responsabilidad y el deber de dar ejemplo, puesto que son cargos públicos, y si cometen una injusticia afectan a millones de españoles".
Evidentemente cuanto más poder tengas, más daño podrás hacer. Pero yo no hablo de quién hace más daño, sino de la mentalidad imperante en este país: es un problema que tenemos todos. Los políticos llegan al poder y lo hacen porque todo el mundo lo hace. No son distintos al resto de la gente. Esta es la diferencia entre Japón, donde un Ministro de Exteriores tuvo que dimitir al descubrirse que había aceptado una donación de 435 euros, y España, donde impera el yo no te he visto si tú no me has visto, que entre bueyes no hay cornadas.
La educación y los principios nacionales empiezan desde abajo, y la mentalidad global que tenemos en este país es cosa de todos. En este país la picaresca se ve como algo de lo que enorgullecerte, no como algo de lo que avergonzarte. Yo he oído a un chico, delante de mí, contar muy orgulloso cómo robó un microondas de una tienda de electrodomésticos sin que el dependiente se coscara de nada, y cuando le reproché que eso no era para enorgullecerse porque había cometido un delito, me miró con una expresión entre la incredulidad y el desprecio, como diciendo "menuda pardilla, ésta no sabe de qué va la vida". Si le dices al fontanero que quieres factura, te mira como si fueras tonto o como si quisiera asesinarte. En los ambientes literarios, donde he empezado a moverme, la gente habla de premios literarios importantes como el Planeta o el Minotauro, comentando que están dados de antemano, con toda la naturalidad del mundo. Es algo que todo el mundo sabe, y es lo que hay: lo aceptas como lo que es, la realidad normal, y punto. A nadie se le ocurre protestar.

Por consiguiente, nadie espera en realidad que los líderes den ejemplo, porque nadie cree de verdad que éstos vayan a ser honestos y a no aprovecharse de su puesto cuando ellos mismos serían los primeros que lo harían de tener oportunidad. Esta es la mentalidad en España. Si puedes evadir impuestos o meter mano en la caja y no lo haces, no eres honrado, eres gilipollas. Si no le das el puesto de responsabilidad o el trabajillo al colega de turno, no eres imparcial, eres un mal amigo. Cuando hasta el escalafón más humilde de la sociedad española todos ven el amiguismo, el nepotismo y el chanchullo como algo normal, esperable e incluso deseable, pretender que un español llegue a un puesto de poder y no haga lo mismo, es señal de una profunda hipocresía.

En definitiva, estoy cansada de oír a la gente decir que los políticos son unos ladrones y que España necesita un cambio. Será verdad, pero España nunca tendrá un cambio si no entendemos que lo que hay que hacer es cambiar de mentalidad antes que de partido. Porque mientras impere esa mentalidad, mande quien mande, sea cual sea su partido, su color o su ideología, va a hacer exactamente lo mismo.

domingo, 8 de enero de 2017

Reseña de "Diabólica", de S.J.Kincaid


Uno de mis regalos navideños de este año ha sido Diabólica, la nueva novela de ciencia ficción de S.J.Kincaid. Admito que no las tenía todas conmigo; aunque había oído comentarios positivos, esa contraportada que la describía como una mezcla de La Reina Roja y Los Juegos del Hambre me echaba para atrás, y el único motivo por el que decidí darle una oportunidad fue porque era una novela autoconclusiva.
Pues bien, la contraportada se equivocó. No tiene nada que ver con Los Juegos del Hambre (más allá de que la protagonista mata gente), y, felizmente, tampoco tiene nada que ver con La Reina Roja.
Justamente La Reina Roja fue uno de los regalos navideños del año pasado, y me pareció tan sumamente decepcionante que no quise leer el siguiente libro; me importaba (y me sigue importando) un bledo lo que ocurriera con la historia y con la protagonista. Es cierto que Diabólica tiene algunos elementos en común con ella (sociedad clasista, chica que tiene que hacerse pasar por aristócrata cuando no lo es, movimiento de descontentos que intenta rebelarse contra el sistema establecido, familia real disfuncional, noble pija y cabrona como antagonista), pero no sólo acaban ahí las coincidencias, sino que, además, todo lo que Victoria Aveyard hacía mal, S.J.Kincaid lo hace bien. De hecho, creo que Diabólica es la novela que Averyard habría querido escribir pero no supo.
El planteamiento es el siguiente: vivimos en una sociedad futurista, no sabemos exactamente el año, pero es de suponer que varios milenios más adelante. La humanidad domina el viaje por el hiperespacio (vendría a ser una mezcla de la tecnología de Star Wars con la de Star Treck) y ha colonizado numerosos planetas. Hay una familia imperial que lo gobierna todo (los Domitrian), una nueva religión panteísta que adora el cosmos y es la predominante entre las clases nobles (el helionismo), y a consecuencia de dicho credo religioso, el estudio de cualquier ciencia o tecnología se considera herético, y la humanidad lleva bastantes siglos sin evolución científica alguna y dependiendo totalmente de los robots, que se reparan unos a otros y se encargan de todas las tareas científicas y tecnológicas. La sociedad está dividida entre la nobleza, que vive en una especie de mundos astronave con todas las comodidades, y el excedente, los humanos normales que viven en planetas, expuestos a peligros como la radiación de las estrellas, los microbios o las inclemencias del tiempo. También existe un tercer grupo de humanos, los servidores, que son diseñados genéticamente para servir a las necesidades de la nobleza.
La protagonista de esta novela es Némesis, una diabólica, o lo que es lo mismo, una criatura diseñada desde su concepción para ser la guardaespaldas perfecta. Es más fuerte, ágil y resistente que cualquier humano, la han entrenado desde que nació para ignorar el miedo, la piedad y la empatía, y la han programado para que ame desesperadamente a una única persona: su dueña, una niña noble llamada Sidonia Impyrean. Las cosas se complican cuando el emperador sospecha que el padre de Sidonia conspira contra él y llama a su hija a la Corte del Crisantemo, lo que hará que los padres de la joven, preocupados por la seguridad de su hija, envíen a Némesis en su lugar.
El universo en que transcurre la historia está bastante bien creado. La sociedad, el trasfondo, la religión... dentro de lo que supone una historia de ciencia ficción, te lo crees y están bien logrados. Se nota que la autora ha puesto esfuerzo e interés en crear un mundo medianamente coherente, y esto, en los tiempos que corremos, me parece un logro. Los personajes también valen la pena, a destacar Tyrus, Sidonia, Cygna y sobre todo Némesis, la protagonista, que tiene un grandísimo mérito por el tipo de personaje que es y el desarrollo que tiene. Soy consciente de que era dificilísimo meterse en la cabeza de alguien como ella, crear su personalidad, sus motivaciones y sus pensamientos, y hacerla evolucionar como lo hace. Mi aplauso y mi admiración para S.J.Kincaid, que ha sabido crear y dotar de vida a un personaje tan difícil de manejar como Némesis dan Impyrean.
¿El único "pero"? La ambigüedad del final, que deja ciertas cuestiones importantes sin aclarar del todo, dando pistas pero dejando que sea el lector quien decida qué cree que ha pasado, y sobre todo la típica doble moral yanqui que vemos por doquier en libros de este tipo: violencia hay a patadas, incluso algunas escenas gore realmente desagradables, pero de sexo ni hablemos. Y el tema de "toda violencia cruel y explícita es aceptable siempre y cuando nadie folle y no se vea ni un pezón" no acabo de entenderlo, la verdad.
Paso a comentar el libro con más profundidad en los SPOILERS. Como siempre, si no quieres que te destripe la trama, no sigas leyendo. Y créeme, a este libro vale la pena darle una oportunidad sin que te lo revienten.



Lo que me ha gustado:

-Como ya he dicho, Némesis. Su personalidad y su forma de ver el mundo está muy bien construida, bien detallada, y sobre todo bien justificada. Para ser alguien que carece de empatía y de cualquier emoción salvo el amor incondicional que siente por su ama, es un personaje mucho más real, mucho más vivo, que todas esas heroínas juveniles de cartón piedra que han proliferado como setas en los últimos años a la sombra de Katniss Everdeen (cofcofMareBarrowcofcof). De hecho, Némesis me parece incluso más humana y emocional que Katniss. Esto, que podría parecer una contradicción (¿no acabamos de decir que Némesis es una criatura diseñada genéticamente para ser una asesina fría y letal?), no lo es, porque la evolución del personaje consiste, precisamente, en darse cuenta de que el condicionamiento genético y mental que tiene no le ha quitado el libre albedrío y que es capaz de tener sentimientos humanos y sentir cosas como el amor y la compasión... si quiere. En este sentido, la imagen de portada del libro es perfecta: una mariposa, que representa la metamorfosis, mostrando ambos lados de la protagonista: la máquina de matar fría y letal, y el ser vivo capaz de sentimientos hermosos y auténticos.

-Como uno de los puntos fuertes de esta novela son los personajes, también quiero destacar a los secundarios, sobre todo a ese duelo de titanes que con Cygna y Tyrus. La forma en que conspiran el uno contra el otro me parece genial; de hecho, es lo que sostiene toda la intriga y la tensión de la novela. En algunos momentos han llegado a recordarme a las intrigas políticas de Canción de Hielo y Fuego, aunque por supuesto simplificadas por asunto de espacio (esto es una novela de cuatrocientas y pico páginas).

-Que sea autoconclusiva: No tengo nada en contra de que una historia de alargue varios volúmenes si es necesario para contarla, pero me daba la sensación, y sé que no soy la única, de que las editoriales juveniles nos están metiendo las trilogías hasta el gaznate. Es reconfortante, por una vez, encontrarse con una escritora que es capaz de contar una historia en UN único volumen.

-"El Imperio tal vez esté dispuesto a poner a niños en puestos de responsabilidad, pero aquí tenemos leyes": DIOS MÍO, POR FIN. Por fin un puñetero universo distópico en el que NO se ve normal que una chica de 16 años sea senadora, o líder de la rebelión, o reina, o LO QUE SEA. Los adolescentes no pueden ni deben estar al mando cuando hay adultos con experiencia que van a manejar mucho mejor la situación. Por fin un autor que se da cuenta de los OBVIO. Sidonia es una cría, Elantra es una cría, Neveni es una cría... incluso Némesis, que con sus modificaciones genéticas y su condicionamiento mental no piensa ni siente como una adolescente, no deja de ser ingenua y hasta crédula en ocasiones, metiendo la pata y siendo tan sólo un peón de los planes de otros personajes más listos y más poderosos durante la mayor parte del libro.

-Tanto el trasfondo (del que ya he hablado) como el estilo (que es notablemente superior al de otros autores del género) me han gustado mucho. A pesar de que la historia contenga muchos elementos de la ciencia ficción juvenil distópica, se nota que no es uno de esos libro-hamburguesa que se han escrito deprisa y corriendo para aprovechar la popularidad del género. Detrás de esta historia hay cariño y trabajo, y creo que se nota.

-Me gusta mucho cómo están llevadas las relaciones sentimentales de Némesis: tanto su inesperado enamoramiento de Tyrus como su fuerte amistad con Sidonia, que en el caso de ésta es un amor platónico no correspondido. El tema de la homosexualidad no suele tratarse en las novelas juveniles, y me gusta que en ésta lo hayan introducido con naturalidad y realismo.



Lo que no me acaba de convencer:

-El rechazo absoluto de la tecnología por parte del helionista me parece un poco inverosímil. Me lo habría creído más si hubieran seguido una variante más lógica, como por ejemplo creando una especie de tecnosacerdocio: un imperio galáctico anquilosado no porque el conocimiento científico esté prohibido, sino porque se considera sagrado y por lo tanto es de acceso restringido: sólo puede acceder a él una casta sacerdotal, cuyo credo, además, ve la innovación como una herejía y se limita a copiar y a perfeccionar los mismos modelos una y otra vez. Si el helionismo hubiera restringido los conocimientos técnicos y científicos a una élite sacerdotal, el resultado habría sido el mismo, porque las reivindicaciones del senador von Impyrean y de los humanos de Lúmina habrían sido igualmente legítimas, y la reticencia de la nobleza y el emperador igual de comprensible (si el conocimiento está restringido, entonces es poder, y ellos no querrían que lo tuviera todo el mundo).

-El personaje de Sidonia me parece un poco desperdiciado. Parecía que podría hacer algo interesante, pero al final sólo sirve como excusa para que Némesis se meta en la aventura y para formar parte de un atípico triángulo amoroso que, aunque está bien llevado y es creíble, convierte a Sidonia en mártir tan pronto como "resucita" (está claro que si el plan de Tyrus tiene éxito, ella sobra).

 

Lo que NO me ha gustado:

-La escena en que la criada Leather se desuella a sí misma, al más puro estilo Ramsay Bolton, es de lo más desagradable, y también innecesario. ¿Para qué le sirve al emperador un acto tan sangriento y cruel? ¿Para amedrentar a su rehén? No lo necesita, está sola y a su merced. ¿Para impresionar a sus cortesanos? Sólo consigue que lo vean como un bruto y un depravado.

-Me fastidia que la culpabilidad o inocencia de Tyrus respecto a la muerte de Sidonia quede tan en el aire. Al final, la propia Némesis reconoce que acepta su juramento de inocencia porque quiere creerlo, porque lo necesita, porque si creyera en las palabras de Cygna, habría perdido a todos los que ama y ya no tendría voluntad de vivir. Eso le da a la historia un final agridulce, porque deja la duda de si Tyrus será el héroe que traerá la justicia y el progreso a la galaxia, o será un monstruo dispuesto a sacrificar cualquier cosa para obtener sus fines. La autora se esfuerza tanto en crear a un personaje masculino inteligente, fuerte, noble y adorable, que al final resulta anticlimático crear esa nube de sospecha sobre él.

jueves, 29 de diciembre de 2016

Crítica de "Rogue One": El Episodio III y 3/4, o cómo Star Wars encontró a Warhammer 40.000


Dedico esta humilde reseña a la memoria de Carrie Fisher y de su madre, la inmortal Debbie Reynolds. Nunca os olvidaremos, maestras. Que la Fuerza os acompañe.


Al final he ido a ver Rogue One. Tras el chasco que me llevé con El Despertar de la Fuerza, en esta ocasión no he ido con el hype tan subido ni con las expectativas tan altas. Tenía miedo de que Disney la cagase (otra vez). A juzgar por el trailer, me temía lo peor: una especie de Katniss Everdeen rebelde luchando por la galaxia, tal vez con el temido triángulo amoroso incluido, sobre todo teniendo en cuenta que, según los rumores, Disney había exigido a los guionistas que rebajaran el tono oscuro de la película. De modo que, en lugar de comprar las entradas dos semanas antes e ir el día del estreno como la vez anterior, esperé a ver qué me contaban mis amigos.
Y resultó que mis amigos la ponían por las nubes.
Reticente, pero esperanza, evité los spoilers todo lo que pude y me encaminé al cine junto a Tindomion, que tampoco iba muy entusiasmado.
Y me gustó.
En serio, me gustó. Salí del cine dando saltitos, entusiasmada, y comenté de inmediato, incluso antes de salir del cine, que Rogue One le pega 40.000 patadas al Despertar de la Fuerza. Y no escogí el número al azar; no, señores. Porque lo que vi en el cine no era Star Wars. Era Warhammer 40.000.
Vale, de acuerdo; el trasfondo era el de Star Wars, y algunos personajes (Mon Mothma, Bail Organa y otros cameos de los que hablaré en los spoilers) eran también de Star Wars. Pero ahí acaban todas las coincidencias. Vamos a ver, a aquellos que seáis conocedores de los dos universos: si os hablo de soldados de a pie desesperados ante un enemigo muy superior que posee poderes oscuros, familias destrozadas, muerte, sufrimiento, extraños métodos de tortura mental para leer mentes, armas descomunales, personajes amorales con una amplia escala de grises, oficiales "del bando de los buenos" que dan órdenes moralmente reprobables en pro de un bien mayor... ¿pensáis en Star Wars o en Warhammer 40.000? Pues por ahí precisamente es donde voy. Con esta película, el space opera se nos va al carajo. Hay héroes, pero no buenos, morales, gloriosos y con inmunidad de guión, sino héroes imperfectos, traumatizados, sombríos, sucios, desesperanzados. El mundo es terrible y violento, no te puedes fiar ni de los que supuestamente son tus amigos. Ah, y el Lado Oscuro de la Fuerza vuelve a dar MIEDO por fin, por el amor de Dios, ya iba siendo hora. Vamos, que para que Rogue One dejara de ser Star Wars y se convirtiera en 40K solamente faltaba esto:




O esto:




Los actores son decentes, aunque no tienen el carisma del clásico trío (o cuarteto, si incluimos a Chewbacca). El guión, la dirección y los diálogos son mil veces mejores que los del Despertar de la Fuerza. Todo lo que en aquella película fallaba, con esta lo aciertan. Comentaba un amigo en Facebook que "con el Episodio VII se pusieron nerviosos y la cagaron, con esta se lo han tomado con tranquilidad y la han bordado". Creo que es muy probable que tenga razón. Aunque las comparaciones sean odiosas, es inevitable comparar El Despertar de la Fuerza a Rogue One, pues hay tan sólo un año entre ambas y las dos suponen el estreno de Disney en la pantalla grande con esta saga. Y la verdad es que el Episodio VII era el ejemplo perfecto de secuela que se va al carajo porque en lugar de estar hecha con el corazón parece salida directamente del departamento de marketing de Disney; tiene punto por punto todo lo que se supone que, según las encuestas y los estudios de mercado, debía estar buscando el público: aire retro, guiños a la saga original, recuperación de viejos personajes... les daba tanto miedo arriesgar, que al final se pasaron de conservadores y rodaron algo que prácticamente era el remake de Una Nueva Esperanza, lo cual fue un grave error, porque el resultado podía resumirse en "más de lo mismo pero mucho peor". Rogue One, en cambio, era una película supuestamente "menor", un one shot que se escinde de la familia Skywalker para explorar ramas secundarias de la historia. Por ello, sus responsables han tenido más libertad para hacerla como les diera la gana, y el resultado está a la vista: una película hecha con el corazón, no con la calculadora, tan superior a su predecesora que para mí, y para muchos fans, ya es la mejor película de Star Wars después de la trilogía original.

Sin revelar nada del argumento, poco puedo decir que no se sepa ya: la película narra la historia de Jyn Erso, hija del ingeniero imperial Galen Erso, que junto a un grupo de rebeldes se embarcará en una peligrosa misión para robar los planos de la Estrella de la Muerte: la única opción que tiene la Alianza para conseguir derrotar al todopoderoso Imperio Galáctico. Sólo un comentario, que me tiene bastante sorprendida: dado que la película termina justo donde empieza Una Nueva Esperanza, me parece increíble y hasta ridículo que haya periodistas que hayan planteado "si va a haber o no una secuela". Pues sí, señores, hay una secuela. Se rodó en 1977. Hace falta ser muy canelo para hacer esa pregunta.


Lo que temía encontrarme en la película. Afortunadamente, no fue así.

A partir de aquí, entramos en la zona SPOILER. Recomiendo no seguir leyendo a no ser que ya hayas visto la película, no tengas interés alguno en verla, o no te importe en absoluto ir al cine con todo el argumento destripado del principio al final.



Lo que me ha gustado:

-Mads Mickelssen como Galen Erso ha sido todo un acierto. Se come la pantalla cada vez que sale. Para mi gusto, el mejor actor de la película.

-Que la película explique (¡por fin!) una de las grandes incógnitas de la trilogía original: cómo era posible que un arma como la Estrella de la Muerte tuviera un fallo tan básico que permitiera a los rebeldes reventar el núcleo, cuando hubieran podido impedirlo mediante el simple procedimiento de poner una rejilla. La respuesta es que FUE INTENCIONADO: el ingeniero jefe del proyecto era contrario al Imperio y creó la vulnerabilidad a propósito para dar a los rebeldes una oportunidad de destruirla. ¡Minipunto para la trilogía clásica, que se libra de ese modo de una de las pocas grandes incoherencias que tenía!

-Jyn también me ha gustado mucho. Tenía miedo de que acabara siendo una especie de Katniss espacial, pero su historia y su carácter me han parecido muy bien hechos. También me gusta cómo evoluciona el personaje, desde una mera superviviente que está sola e intenta arreglárselas como puede hasta una joven cuyo amor por su padre acaba empujándola a hacer una hazaña que salvará la galaxia en el futuro.

-Me sorprendió y me gustó muchísimo que resucitaran digitalmente a Peter Cushing y rejuvenecieran a Carrie Fisher (¡ay!) para la película. Un precioso homenaje a los actores y a la saga original que me encendió el corazón, al igual que a todos los fans de la vieja escuela (creo yo). Fue un gustazo ver al Gran Moff Tarkin aplicando su doctrina de terror.

-Los cameos, que tenemos en abundancia. Los hay más prescindibles (como el de C3PO y R2D2, que mola pero está un poco metido con calzador), hasta geniales, como el famoso proscrito que importunó a Luke y a Obi-Wan en la cantina de Mos Eisley, e incluso emocionantes, como los sempiternos Mon Mothma y Bail Organa hablando entre ellos de Obi-Wan, de Leia y del capitán Antilles. Son cameos hechos para subir el hype de los fans hasta la estratosfera, y en su mayor parte lo han conseguido.

-Y por último, pero no menos importante, DARTH VADER. Vale, no creo ser original cuando digo que los cinco minutos finales son LO MEJOR de la película, pero ¡Diooooos! ¡Es que da auténtico miedo! Ese pasillo oscuro, esa respiración, y de repente ahí aparece con su sable láser rojo, cargándose a los soldados rebeldes casi con desprecio. Los gritos, las caras de terror, la desesperación, contrastadas con la crueldad y frialdad absolutas que vienen a decir "sois escoria, no podéis competir conmigo, no tenéis nada que hacer". ¡ESE es el auténtico Darth vader! ¡ESE, no el adolescente-emo-ojos-de-yonki-mata-padawans! Es imposible no ver la escabechina final sin sentir un escalofrío recorriéndote la espalda, que es a la vez de terror y de emoción. De hecho, vale la pena ver Rogue One sólo por ver esta escena.


Lo que no me acaba de convencer:

-Eso de un planeta sagrado dedicado al culto a la Fuerza me chirría un poco (¿no se supone que el centro de la religión Jedi era el Templo de Coruscant? ¿cómo es que entonces hay un planeta entero consagrado a los Jedi y no era la sede del Consejo?). Resulta que en dicho planeta, aunque obviamente no quedan Jedis, sí quedan una especie de sacerdotes que eran ayudantes de los maestros del pasado y que, a efectos del juego de rol, se diría que tienen el mérito "sensible a la Fuerza". Hasta ahí todo bien, pero, ¿de verdad era necesario meter una especie de terroristas yihadistas a los que sólo les hace falta gritar "Yodahu Akbar" antes de lanzar una bomba?

-El tema de la ambigüedad moral no pega en el universo de Star Wars. El piloto de la Alianza Rebelde que asesina a un informador para que no lo capturen, el encargado de seguridad que ordena matar a Galen Erso a pesar de ser un científico inocente que encima quiere ayudar, los yihadistas de la Fuerza, los líderes rebeldes que se niegan a buscar los planos y se dan por vencidos... esa escala de grises morales es interesante desde el punto de vista argumental, pero es uno de los motivos por el que me daba la sensación de estar viendo el universo de 40K. Star Wars es una space opera, un cuento de hadas galáctico donde en lugar de magos hay jedis y en lugar de dragones hay naves espaciales, y en ese mundo los buenos son buenos y los malos son malos; no hay ambigüedades morales. Como dijo alguien en una crítica que leí, "quien quiera personajes grises que vea Juego de Tronos".

-Matar a todo el comando Rogue One sin excepción me ha parecido un giro excesivo. Muchos llaman a ese final "valiente", pero yo lo llamo "forzado", además de nuevamente contrario al espíritu de Star Wars. Entiendo que pueda morir alguien, pero es que aquí se muere hasta el apuntador. La muerte del piloto renegado completamente arbitraria (se muere porque una granada cae por casualidad en su nave), imposibilitando así la huida de Jyn y Cassian, cuando lo lógico habría sido que el piloto consiguiera pasar desapercibido entre sus ex compañeros y sacara de allí in extremis a Jyn y a Cassian, levantando el vuelo un segundo antes de que el impacto de la Estrella de la Muerte lo devorase todo. ESO habría sido propio de Star Wars, no lo de "nos cargamos a todo el mundo y se acabó".

-La gente también aplaude porque no hubo beso al final, pero francamente, es algo que ni me va ni me viene. No lo considero un acierto ni un fallo; si había romance bien y si no, pues también. Lo cierto es que había poca química entre los actores protagonistas.


Lo que NO me ha gustado:

-El doblaje. Con diferencia, lo PEOR de la película. Algunas voces, como la de Saw Guerrera o la del informador de Cassian al principio de la película, son ridículas. Y las de los personajes de la trilogía original me sacaban totalmente de la historia. De acuerdo, sé que Constantino Romero está muerto, eso no lo podemos cambiar, pero, leches, ¿tanto costaba sintetizar una voz que recordara a la suya? ¿Y tan difícil era encontrar a unos actores de doblaje cuya voz se pareciese MÍNIMAMENTE a la del Moff Tarkin y la Princesa Leia originales. ¡Cada vez que abrían la boca me rechinaban los dientes?

-Algunos personajes toman decisiones absurdas sólo porque el guión requiere que desaparezcan del mapa, y eso se nota mucho. Especialmente chirriante resulta la muerte de Lyra Erso, que decide sacrificarse dejando sola a su hija de una manera completamente estúpida. A ver, está claro que no puede impedir de ninguna manera que el Imperio se lleve a su marido, ni con pistola ni sin ella. ¿Cómo puede ir directa a que la maten dejando sola a su hijita? No me creo que una madre actúe así, sobre todo cuando no tiene posibilidad ninguna de salvar al marido y sabe que apareciendo sólo va a conseguir que la maten o se le lleven, dejando sola a la pequeña si los Imperiales no pueden encontrarla o llevándosela de rehén si lo consiguen. La verdad, si tan necesario era sacar a Lyra de en medio, que hubiera muerto de verdad y punto. Otro que tal es Saw Guerrera, que a pesar de ser un fanático luchador de la causa rebelde, cuando el Imperio revienta su ciudad y su refugio decide quedarse quieto y morir, en lugar de huir con los demás rebeldes para seguir luchando contra los imperiales. Habría entendido que el personaje se inmolara para permitirles escapar a ellos, pero ese sacrificio gratuito, sin más... no me pega nada con el personaje.

domingo, 25 de diciembre de 2016

Este años, como los anteriores...

...La Luz de Valinor os desea una feliz Navidad y un 2017 mágico. ¡Que todos vuestros deseos se cumplan y que este sea un año lleno de salud, felicidad, alegría, y sobre todo, mucho frikismo!
¡Winter is HERE, bitches!
Se os quiere ;-)

¡No os durmáis, que lo mismo hay regalos! ;-)

lunes, 31 de octubre de 2016

Reseña de "Los Límites de su Consentimiento", de Yolanda León



¿Qué serías capaz de hacer para proteger aquello que amas?
¿Hasta dónde llegarías con tal de mantener a salvo a los tuyos?
Junio de 1707. Xàtiva ha pagado cara su lealtad al archiduque Carlos de Austria y arde hasta los cimientos.
Cerca de allí, un escalofrío sacude a la joven Isabel de Corverán mientras contempla la inmensa columna de humo en el horizonte. Desde la muerte de su padre ha tratado de mantener sus tierras y a cuantos viven en ellas a salvo de la cruel guerra que los rodea, pero… ¿qué puede hacer una dama indefensa cuando el más temido de los oficiales borbónicos y sus hombres deciden ocupar su casa? ¿De qué le pueden servir sus modales y su esmerada educación ante un demonio tan despiadado como seductor que no solo exigirá su hospitalidad, sino su entrega total en cuerpo y alma?
Durante siete largos días con sus noches Isabel deberá dejar a un lado su honor, su pudor y sus creencias.  Siete noches en las que despertará su cuerpo y sus sentidos a una sensualidad y un placer prohibidos para una dama. Siete noches en las que aprenderá que, para una mujer sola en un mundo de hombres, el sexo puede convertirse en el arma más poderosa con la que derrotar al peor enemigo.
Siete días que pondrán a prueba los límites de su consentimiento y que la transformarán para siempre.


Como los lectores de este blog sabrán, no leo mucha novela erótica. No porque no me gusten el romance o el erotismo, sino porque me cuesta mucho encontrar novelas que sean diferentes, no una más de las tantas que pueden encontrarse en las librerías. Cierto es que el esquema de toda historia de amor, desde los tiempos antiguos, puede resumirse en "chico conoce chica - chico pierde chica - chico recupera chica", pero la novedad estriba, precisamente, en el modo de contarlo, en el trasfondo que rodea la historia... y también, por qué no, en darle la vuelta a todo y crear algo totalmente diferente.
Leí Los Límites de su Consentimiento porque conozco a su autora y de hecho fui lectora beta de algunos capítulos, hace ya varios años. Y me alegro de que se haya dado la circunstancia, porque si no, tal vez hubiera pasado de largo frente al estante. Y me habría perdido una muy buena novela.
La historia nos habla de Isabel de Corverán, una joven adinerada y huérfana que un buen día se levanta con la noticia de que la Guerra de Sucesión Española ha llegado a las puertas de su casa y las tropas borbónicas han quemado hasta los cimientos la vecina ciudad de Xátiva. Cuando un coronel francés llega a su mansión dispuesto a convertirla por la cara en su cuartel general, Isabel deberá estar dispuesta a todo para impedir que su casa, sus tierras y las gentes a su cargo corran el mismo destino que los desdichados setabenses.

 Bien, para empezar, creo que es necesario puntualizar algo muy importante: esta NO es una novela romántica. A pesar de que el resumen de la contraportada lo deja bastante claro, puede que haya quien la lea esperando encontrar el típico romance histórico de siempre, y en ese caso se verá inevitablemente decepcionado. No, no es un romance. No, no hay damas feministas del siglo XXI vestidas con refajo y miriñaque. Y no, no hay caballeros galantes y románticos de esos que hincan la rodilla en tierra con una rosa entre los dientes y duermen con una espada entre él y la doncella amada para salvaguardar su virtud.


 "Las lágrimas no son la única arma de una mujer. Tienes otra entre las piernas, y más vale que aprendas a usarla".
(Cersei Lannister, resumiendo a la perfección el espíritu de esta novela).


Y, si no es romántica, entonces, ¿qué es? Bien, dado que toca varios géneros, la clasificación es complicada, pero yo definiría Los Límites de su Consentimiento como un thriller erótico histórico. Y en los tres géneros cumple de manera impecable.

Es un thriller porque tenemos a una mujer en peligro, totalmente indefensa, frente a una situación que la supera y en la que podría morir en cualquier momento. Isabel de Corverán y Armand de Sillegue son enemigos naturales: él es un coronel borbónico en plena Guerra de Sucesión, y ella es una mujer del bando contrario, que como es lógico para él no tiene otro estatus que el de botín de guerra. Isabel es huérfana, está sola, tiene familias enteras y todo el patrimonio familiar a su cargo y carece de hombres que puedan defenderla. Sabe que basta un sólo paso en falso, un resbalón, y todo cuando ama y conoce quedará aniquilado. No tiene más remedio que sacar fuerzas de flaqueza y jugar como puede las cartas que el destino le ha repartido... y un sólo fallo puede resultar fatal. Durante toda la novela se puede sentir el peligro, el miedo que Isabel siente a cada instante, hasta que lo haces tuyo y se te ponen los pelos de punta cada vez que temes que haya cometido un error. Tal vez el argumento de esta novela no sea el de un thriller al uso, pero lo cierto es que no sé cómo llamar a un relato que te tiene con los nervios en punta en cada capítulo, que consigue transmitirte el terror de la protagonista a que en cualquier momento al de Sillegue se le crucen los cables y todos sus seres queridos, junto a ella misma, acaben convertidos en cadáveres calcinados.

Es erótica, porque la carga sexual de la novela es potente y está llevada de manera impecable. Aquí viene un tema muy espinoso, que es precisamente el que le da nombre al libro, y es el tema del consentimiento. Hay quienes consideran una violación lo que sucede entre las páginas, y hay quienes no. ¿Qué pienso yo? Pues... no es fácil de discernir. Violación, no. Abuso sexual, en el sentido de sexo conseguido por medio de intimidación o abuso de poder... quizás. Sea como sea, no se puede juzgar por los estándares morales y culturales de hoy en día, porque de hacerlo así no sólo no estás comprendiendo lo que pretende contar la novela, sino que todo disfrute de la misma se hace imposible. El tema es que Armand de Sillegue no tira a la protagonista sobre la mesa y le abre las piernas mientras ésta chilla pidiendo socorro: eso sería una violación sin lugar a dudas, tanto en el siglo XVIII como en el I o en el XXI; no habría más que discutir. Es Isabel quien, imaginando que el coronel podría violarla en cualquier momento si le diese la real gana, y ya de paso entregarla a su compañía, matar a todos sus criados y quemarle los telares y la casa, decide que mejor ponerle buena cara a los invasores y entregar de buena gana todo lo que estos podrían tomar por la fuerza si quisieran. No es una actitud muy diferente a la que tomaron algunas cortesanas profesionales durante el saqueo de Roma, abriendo la puerta de sus mansiones a los soldados españoles (para que estos no entraran a saco y a rapiñar) y poniendo todas sus artes amatorias al servicio del oficial de más alta graduación (para que éste la tomara como amante y al marcarla como suya no permitiera que sus subordinados la tocaran). Para colmo, Armand de la Sillegue es un hombre joven y atractivo (según he leído, su aspecto físico está basado en el de Richard Armitage... ahí es nada). E Isabel, que es una veinteañera virgen que en su santa vida ha conocido varón, digamos que siente cierta atracción física por semejante maromo, aunque el hecho de ser un oficial enemigo que llega por las bravas a su casa también la haga sentir temor y desconfianza. Obviamente, en semejantes circunstancias no es muy lógico que se enamoren, pero sí es lógico que el chico se sienta tentando a pervertir sexualmente a esa chica guapa que tiene tanto miedo de que le hagan daño que se deja hacer de todo, y que la chica se sienta impresionada ante un hombre guapo que, por chungo que parezca, le remueve un poco sus reprimidas hormonas. En el fondo, parece que Isabel consiente en convertirse en amante de Armand tanto por garantizar la seguridad de su gente y sus propiedades como porque eso le da la oportunidad de explorar el tema sexual sin sentir culpa por ello, dando que la búsqueda del placer por el placer estaba vedada y severamente castigada para las mujeres de la época. Me extiendo en esta explicación para que se entienda la ambigüedad moral que impregna la relación entre los protagonistas de la novela, que oscila entre el "me sacrifico para salvar a mi gente" y el "aunque esto sea perturbador en el fondo me gusta". ¿Cuál es el verdadero límite del consentimiento de Isabel? ¿Dónde acaban el miedo y la intimidación y empieza el deseo de experimentar lo prohibido? Pues justo a esto hace referencia el título.
Por lo demás, las escenas de sexo están bien escritas, no son innecesariamente largas pero sí muy intensas y excitantes, y por encima de todo, no son gratuitas, sino que tienen su función en la historia. Con cada una de ellas, conocemos mejor a Armand y a Isabel, y noche a noche nos muestran cómo avanza la historia, dado que lo sucedido durante el día afecta directamente a lo que pasa por las noches, y viceversa. Mediante cada paso más allá en los juegos sexuales, evoluciona también el juego de poder entre los personajes principales, y se va tranzado un esbozo de sus auténticos carácteres.

Por último, es una novela histórica, porque tiene un telón de fondo real y está muy bien documentada. Tan bien, que para determinadas lectoras puede suponer un problema. No por exceso de información, que no lo hay (de hecho, una de las virtudes de Yolanda León es introducirte a la perfección en el siglo XVIII sin estar haciendo continuas descripciones), sino porque los personajes son DE VERDAD mujeres y hombres del siglo XVIII.
Si de algo puede presumir esta novela, es de mostrar la forma de ser y de pensar en aquella época, con el choque cultural que ello implica, sobre todo en el tema sexual, que se trata de una manera muy diferente a como lo trataríamos hoy en día. Las decisiones y los actos de los personajes pueden resultar chocantes, pero es que TIENEN que serlo porque hace 300 años la gente pensaba y sentía de un modo diferente. No están hechos para que te identifiques con ellos o te caigan bien, sino para que cuando leas la novela te preguntes: "¿Y qué habría hecho yo en esa misma situación?". De hecho, soy de la opinión de que si al leer una novela histórica no sentimos el choque cultural con los personajes, ya sea en mayor o en menor medida, es que en algo está fallando el escritor. Por ejemplo, en introducir como protagonistas a dos personas totalmente modernas y actuales que, cuan videntes en el país de los ciegos, son los únicos que se dan cuenta de todo lo que está terriblemente MAL en la sociedad en la que viven. ¿Un ejemplo de esto? El caso más sangrante es el de la infame Caris, una de las protagonistas de Un Mundo sin Fin, indigna secuela de la maravillosa Los Pilares de la Tierra. Caris, como ya comenté en mi reseña de la novela, es una mujer actual metida como un pegote en la Edad Media, que en pleno siglo XIV es feminista, atea, pro abortista y demócrata. Con sus dos redondos ovarios (¡sacad de ellos vuestros rosarios!). No es por nada, pero prefiero mil veces a Isabel de Corverán. Por lo menos, a ella soy capaz de creérmela en su época.

La historia entre Armand e Isabel no es de amor, sino de sexo, supervivencia y psicología. No son Romeo y Julieta, sino más bien como Milady de Winter y D'artagnan, o como Íñigo de Balboa y Angélica de Alquézar: dos personas que parten de un mutuo desencuentro y sienten una fuerte atracción sexual casi a su pesar. Y el modo en que Isabel va espabilando, enfrentándose a la situación que le ha tocado vivir y a sus propios deseos, conociéndose a sí misma y dándose cuenta de lo que tiene que hacer y hasta dónde es capaz de llegar, es admirable. Sólo por contemplar el desarrollo psicológico de este personaje, merece la pena leer la novela. Y encima está realmente bien escrita, con un ritmo y un estilo elegante, ágil y muy bien llevado.
En resumen, recomendable 100%. Bien narrada, bien documentada, valiente en su planteamiento, potente en argumento, en desarrollo y en personajes. Eso sí, más vale que antes de empezarla sepas lo que vas a leer.

martes, 11 de octubre de 2016

Signos que delatan a una editorial estafa


Publicar es el sueño dorado de muchos aspirantes a escritores. Cuando lo consigues, el día que te dicen que SÍ, que quieren contar contigo, que vas a ver tu libro en las librerías, es uno de esos raros momentos en la vida en que sientes que las estrellas se alinean y los sueños se hacen realidad. Yo nunca olvidaré el día en que me lo dijeron a mí. Por fortuna, además, tuve la posibilidad de publicar con una editorial pequeña pero muy activa y trabajadora, con la que he podido asistir a eventos como las Ferias del Libro de Madrid y Valencia, la Semana Literaria del Puig, la Cificom, y algunos otros que se perfilan en el horizonte.

Sin embargo, no todo el mundo tiene la misma suerte. Porque algunas editoriales, en lugar de trabajar codo con codo con sus autores, se dedican a estafarlos. ¿Cómo? Mediante la llamada coedición encubierta. Esta práctica, que por desgracia ha engañado a bastantes autores noveles e ilusionados, consiste básicamente en que una editorial de coedición o autoedición se hace pasar por una editorial normal para captar escritores a los que sacarles el dinero.

Ojo, eso no significa que todas las editoriales que editan libros por encargo sean una estafa. La autoedición es algo muy simple: tú les pagas para que editen un texto, ellos te entregan los ejemplares, tú les pagas la factura y puedes hacer con esos ejemplares lo que te dé la gana, sin más: venderlos, regalarlos, hacer gorros de papel. Si el cliente sabe lo que está comprando, no hay ningún problema. El lío viene cuando esas editoriales no captan a los clientes ofreciendo honestamente el producto, sino que intentan aprovecharse de la inocencia y la ilusión de los autores noveles para hacerles creer que van a publicar al estilo tradicional, cuando en realidad van a tener que pagar sus propios ejemplares y la "editorial" se desentenderá de ellos en cuanto hayan presentado su novela.

¿Cómo evitarlo? ¿Cómo saber cuándo una editorial de autoedición encubierta está intentando engañarnos? Fijándonos en estos signos de alarma:


-Te "animan" a publicar con ellos: Anuncios publicitarios como "¡buscamos escritores noveles!", "¡publica con nosotros!" o "¡cumple tu sueño!" deberían hacerte sospechar de inmediato. Por lo general, las editoriales normales están saturadas de manuscritos originales, y muchas de ellas cierran la recepción y sólo leen lo que les pasan los agentes literarios. Los lectores de la editorial no dan abasto, y tienen que ser muy selectivos con los originales que leen, porque sencillamente no les da el tiempo para todo. ¿Qué significa entonces que una editorial anime alegremente a los noveles a enviarles todo tipo de manuscritos? Que ni siquiera se van a molestar en leerlos.


 -Publican de todo: Y cuando digo de todo, quiero decir de todo. Echas un vistazo a su catálogo y resulta que editan poesía, ensayo, teatro, infantil, juvenil, biografías, acción, terror, fantasía, romántica... vamos, todos los géneros literarios habidos y por haber. De ser así, HUYE. Las editoriales de verdad publican unos géneros muy definidos, lo cual significa que fuera de esos géneros no les interesa nada (por ejemplo, Fantascy no va a publicar una novela erótica por buena que sea, y Harlequin no va a publicar una novela negra aunque sea digna de la mismísima Patricia Highsmith). Si una editorial publica absolutamente de todo, es que el target de lectores no les interesa; lo que les interesa es engañar al máximo número de autores posibles sin importar qué genero escriban.


-Insisten mucho en lo serios que son y lo satisfechos que están sus autores: Si en los anuncios o en la página web la editorial recalca mucho lo serios y profesionales que son, y tiene un catálogo infinito de autores sonrientes que afirman estar muy satisfechos de haber publicado con ellos y haber cumplido su sueño, mucho cuidado. Las editoriales de verdad dedican sus esfuerzos a promocionar las novelas que ya tienen en el mercado, no a promocionarse a sí mismas diciendo lo serias y profesionales que son. Y si buscas en Google a esos autores tan felices, te darás cuenta de que gran parte de lo que dice la web es mentira.


-Compadecen al pobre escritor novel y aseguran que ellos están para ayudarte: Otro de los ganchos de una editorial estafa consiste en empatizar con el escritor, asegurando que comprenden la injusticia de los pobres autores que no venden una escoba con sus magníficas novelas, y explicando lo bien que distribuyen ellos sus obras y el gran público al que llegan. A ver, aquí falla algo. ¿Los clientes de la editorial no deberían ser los lectores? ¿Por qué, entonces, esa editorial parece estar dedicando la mayor parte de sus esfuerzos a animar a los autores a publicar con ellos, en lugar de dedicarlos a convencer al lector de que compre sus libros? Pues porque su negocio no está en los lectores, sino en los autores. Una editorial no se dedica a cumplir sueños ni a recompensar el esfuerzo de los pobrecitos noveles, sino a ganar dinero. Es un negocio, no una ONG.


-También insisten mucho en que ellos NO hacen autoedición: Si un vendedor de seguros llamara a tu puerta y lo primero que te dijera es que su compañía de seguros es muy seria y por supuesto que no se dedican a estafar a nadie, ¿sospecharías? Pues eso mismo. Una editorial de verdad no necesita asegurarte por activa y por pasiva que no te van a cobrar nada ni te van a obligar a vender un número mínimo de ejemplares, y tampoco necesita asegurarte que no debes preocuparte por nada, porque ellos no hacen autoedición y son los más honrados del mundo. En la Edad Media había un refrán que ha sobrevivido hasta nuestros días: Excusatio non petita, accusatio manifesta. La traducción literal es "excusa no pedida, acusación manifiesta", y viene a ser el equivalente al actual "quien se excusa, se acusa". Significa que todo aquel que se disculpa de una falta sin que nadie le haya pedido cuentas, se está señalando como culpable. Si esta refrán tan antiguo está vigente desde hace siglos, por algo será. Da igual lo que afirmen; seguro que en algún momento te terminan colando alguna cláusula o condición que te obligue a soltarles pasta, o a hacer que otros se la suelten, de un modo u otro. No te fíes.


-Si les envías tu manuscrito, te dicen que sí en el acto: Estamos hablando de 48 horas, o incluso menos. Les mandas tu novela con toda la ilusión, y en un plazo de tiempo increíblemente corto, ¡voilà! ¡Te han contestado y han dicho que sí! Un momento, aquí falla algo: ¿de verdad crees que un editor que tiene decenas o incluso cientos de manuscritos en espera se ha leído tu novela de un tirón en menos de dos días? Pues no. No se la ha leído, pero te ha dicho que sí de todas maneras porque aquí el cliente no son los lectores, sino tú.


-Te prometen un porcentaje de venta mayor del 12%: En una editorial de verdad, es la empresa la que arriesga dinero, no el autor. Y el beneficio no sólo redunda en los editores, sino que también se ha de repartir con la librería y la distribuidora. Por eso los autores cobramos un porcentaje tan pequeño por cada libro vendido: por lo general  oscila entre el 8 y el 12%, y sólo los grandes autores consagrados (estamos hablando de un Arturo Pérez-Reverte, un George R.R. Martin o una J.K. Rowling) pueden estar en posición de exigir un porcentaje algo más alto (no mucho más). Si te ofrecen de buenas a primeras un 15%, un 20%, o incluso más, escapa como si no hubiera un mañana. Es demasiado bonito para ser auténtico.


-Te piden dinero, o que compres/vendas un número determinado de ejemplares: Si llegado el momento plantean cualquiera de estas condiciones, y no mencionan en ningún momento las palabras "autoedición" o "coedición" es que intentan engañarte. Grábatelo bien en la cabeza, por favor: una editorial de verdad NUNCA te va a pedir dinero por editar. NUNCA te va a pedir que compres un número determinado de ejemplares. Y NUNCA te van a exigir que vendas una cantidad determinada de ellos. Repito lo dicho antes: cuando se publica un libro a la manera tradicional, es la editorial quien arriesga, no el autor. El único deber del autor es ceder los derechos de edición (ojo, DE EDICIÓN, no DE AUTOR) a la editorial, cumplir ciertos plazos y estar disponible todo lo humanamente posible para los actos de promoción.


Espero que esta guía sirva para ponerte sobre aviso y que no caigas en la trampa de ningún desaprensivo que pretenda aprovecharse de tus sueños. No caigas en la tentación de tomar el camino más fácil y enviar tu manuscrito a una editorial que de entrada prometa nubes rosas y piruletas de azúcar a los escritores noveles, porque puedes salir trasquilado y perder mucho tiempo y dinero para acabar con tus sueños hechos trizas. Y como muestra de lo que puede conllevar publicar con gente así, podéis leer aquí lo que le ocurrió a Laura, una escritora que fue engañada por una de esas editoriales estafa y compartió la experiencia en su blog.