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lunes, 25 de diciembre de 2017

Feliz Navidad


¡Hola, gente!

Sé que el trabajo y la familia me tienen un poco alejada últimamente del blog, que no actualizo con toda la frecuencia que me gustaría, pero no quiero dejar pasar este día sin desearos a todos los que me leéis una feliz Navidad y un maravilloso año 2018.

Este año, además de felicitaros con mi tradicional postal navideña de Los Simpson, me gustaría compartir con vosotros mi escena favorita de una de las películas navideñas que más me ha tocado el alma, Feliz Navidad; concretamente, se trata de la escena en que los ejércitos británico, francés y alemán deciden concertar una tregua en en Frente Occidental la Nochebuena de 1914, suceso que como todos sabréis ocurrió en la vida real, y de forma casi idéntica a como muestra la película. Un precioso recordatorio de que, cuando lo dejamos nacer en nuestro corazón, el Niño Jesús se hace presente incluso en las peores circunstancias, y ésta se convierte, como dice la canción, en una Noche de Paz.



Es imposible ver esta escena sin tener ganas de inmediato de ver la película entera


Y sin más preámbulos, os dejo la postal navideña de Los Simpson, deseándoos UNA FELIZ NAVIDAD Y UN PRÓSPERO AÑO 2018 DESDE LA LUZ DE VALINOR.



¡¡¡FELICES FIESTAS!!!




lunes, 31 de octubre de 2016

Reseña de "Los Límites de su Consentimiento", de Yolanda León



¿Qué serías capaz de hacer para proteger aquello que amas?
¿Hasta dónde llegarías con tal de mantener a salvo a los tuyos?
Junio de 1707. Xàtiva ha pagado cara su lealtad al archiduque Carlos de Austria y arde hasta los cimientos.
Cerca de allí, un escalofrío sacude a la joven Isabel de Corverán mientras contempla la inmensa columna de humo en el horizonte. Desde la muerte de su padre ha tratado de mantener sus tierras y a cuantos viven en ellas a salvo de la cruel guerra que los rodea, pero… ¿qué puede hacer una dama indefensa cuando el más temido de los oficiales borbónicos y sus hombres deciden ocupar su casa? ¿De qué le pueden servir sus modales y su esmerada educación ante un demonio tan despiadado como seductor que no solo exigirá su hospitalidad, sino su entrega total en cuerpo y alma?
Durante siete largos días con sus noches Isabel deberá dejar a un lado su honor, su pudor y sus creencias.  Siete noches en las que despertará su cuerpo y sus sentidos a una sensualidad y un placer prohibidos para una dama. Siete noches en las que aprenderá que, para una mujer sola en un mundo de hombres, el sexo puede convertirse en el arma más poderosa con la que derrotar al peor enemigo.
Siete días que pondrán a prueba los límites de su consentimiento y que la transformarán para siempre.


Como los lectores de este blog sabrán, no leo mucha novela erótica. No porque no me gusten el romance o el erotismo, sino porque me cuesta mucho encontrar novelas que sean diferentes, no una más de las tantas que pueden encontrarse en las librerías. Cierto es que el esquema de toda historia de amor, desde los tiempos antiguos, puede resumirse en "chico conoce chica - chico pierde chica - chico recupera chica", pero la novedad estriba, precisamente, en el modo de contarlo, en el trasfondo que rodea la historia... y también, por qué no, en darle la vuelta a todo y crear algo totalmente diferente.
Leí Los Límites de su Consentimiento porque conozco a su autora y de hecho fui lectora beta de algunos capítulos, hace ya varios años. Y me alegro de que se haya dado la circunstancia, porque si no, tal vez hubiera pasado de largo frente al estante. Y me habría perdido una muy buena novela.
La historia nos habla de Isabel de Corverán, una joven adinerada y huérfana que un buen día se levanta con la noticia de que la Guerra de Sucesión Española ha llegado a las puertas de su casa y las tropas borbónicas han quemado hasta los cimientos la vecina ciudad de Xátiva. Cuando un coronel francés llega a su mansión dispuesto a convertirla por la cara en su cuartel general, Isabel deberá estar dispuesta a todo para impedir que su casa, sus tierras y las gentes a su cargo corran el mismo destino que los desdichados setabenses.

 Bien, para empezar, creo que es necesario puntualizar algo muy importante: esta NO es una novela romántica. A pesar de que el resumen de la contraportada lo deja bastante claro, puede que haya quien la lea esperando encontrar el típico romance histórico de siempre, y en ese caso se verá inevitablemente decepcionado. No, no es un romance. No, no hay damas feministas del siglo XXI vestidas con refajo y miriñaque. Y no, no hay caballeros galantes y románticos de esos que hincan la rodilla en tierra con una rosa entre los dientes y duermen con una espada entre él y la doncella amada para salvaguardar su virtud.


 "Las lágrimas no son la única arma de una mujer. Tienes otra entre las piernas, y más vale que aprendas a usarla".
(Cersei Lannister, resumiendo a la perfección el espíritu de esta novela).


Y, si no es romántica, entonces, ¿qué es? Bien, dado que toca varios géneros, la clasificación es complicada, pero yo definiría Los Límites de su Consentimiento como un thriller erótico histórico. Y en los tres géneros cumple de manera impecable.

Es un thriller porque tenemos a una mujer en peligro, totalmente indefensa, frente a una situación que la supera y en la que podría morir en cualquier momento. Isabel de Corverán y Armand de Sillegue son enemigos naturales: él es un coronel borbónico en plena Guerra de Sucesión, y ella es una mujer del bando contrario, que como es lógico para él no tiene otro estatus que el de botín de guerra. Isabel es huérfana, está sola, tiene familias enteras y todo el patrimonio familiar a su cargo y carece de hombres que puedan defenderla. Sabe que basta un sólo paso en falso, un resbalón, y todo cuando ama y conoce quedará aniquilado. No tiene más remedio que sacar fuerzas de flaqueza y jugar como puede las cartas que el destino le ha repartido... y un sólo fallo puede resultar fatal. Durante toda la novela se puede sentir el peligro, el miedo que Isabel siente a cada instante, hasta que lo haces tuyo y se te ponen los pelos de punta cada vez que temes que haya cometido un error. Tal vez el argumento de esta novela no sea el de un thriller al uso, pero lo cierto es que no sé cómo llamar a un relato que te tiene con los nervios en punta en cada capítulo, que consigue transmitirte el terror de la protagonista a que en cualquier momento al de Sillegue se le crucen los cables y todos sus seres queridos, junto a ella misma, acaben convertidos en cadáveres calcinados.

Es erótica, porque la carga sexual de la novela es potente y está llevada de manera impecable. Aquí viene un tema muy espinoso, que es precisamente el que le da nombre al libro, y es el tema del consentimiento. Hay quienes consideran una violación lo que sucede entre las páginas, y hay quienes no. ¿Qué pienso yo? Pues... no es fácil de discernir. Violación, no. Abuso sexual, en el sentido de sexo conseguido por medio de intimidación o abuso de poder... quizás. Sea como sea, no se puede juzgar por los estándares morales y culturales de hoy en día, porque de hacerlo así no sólo no estás comprendiendo lo que pretende contar la novela, sino que todo disfrute de la misma se hace imposible. El tema es que Armand de Sillegue no tira a la protagonista sobre la mesa y le abre las piernas mientras ésta chilla pidiendo socorro: eso sería una violación sin lugar a dudas, tanto en el siglo XVIII como en el I o en el XXI; no habría más que discutir. Es Isabel quien, imaginando que el coronel podría violarla en cualquier momento si le diese la real gana, y ya de paso entregarla a su compañía, matar a todos sus criados y quemarle los telares y la casa, decide que mejor ponerle buena cara a los invasores y entregar de buena gana todo lo que estos podrían tomar por la fuerza si quisieran. No es una actitud muy diferente a la que tomaron algunas cortesanas profesionales durante el saqueo de Roma, abriendo la puerta de sus mansiones a los soldados españoles (para que estos no entraran a saco y a rapiñar) y poniendo todas sus artes amatorias al servicio del oficial de más alta graduación (para que éste la tomara como amante y al marcarla como suya no permitiera que sus subordinados la tocaran). Para colmo, Armand de la Sillegue es un hombre joven y atractivo (según he leído, su aspecto físico está basado en el de Richard Armitage... ahí es nada). E Isabel, que es una veinteañera virgen que en su santa vida ha conocido varón, digamos que siente cierta atracción física por semejante maromo, aunque el hecho de ser un oficial enemigo que llega por las bravas a su casa también la haga sentir temor y desconfianza. Obviamente, en semejantes circunstancias no es muy lógico que se enamoren, pero sí es lógico que el chico se sienta tentando a pervertir sexualmente a esa chica guapa que tiene tanto miedo de que le hagan daño que se deja hacer de todo, y que la chica se sienta impresionada ante un hombre guapo que, por chungo que parezca, le remueve un poco sus reprimidas hormonas. En el fondo, parece que Isabel consiente en convertirse en amante de Armand tanto por garantizar la seguridad de su gente y sus propiedades como porque eso le da la oportunidad de explorar el tema sexual sin sentir culpa por ello, dando que la búsqueda del placer por el placer estaba vedada y severamente castigada para las mujeres de la época. Me extiendo en esta explicación para que se entienda la ambigüedad moral que impregna la relación entre los protagonistas de la novela, que oscila entre el "me sacrifico para salvar a mi gente" y el "aunque esto sea perturbador en el fondo me gusta". ¿Cuál es el verdadero límite del consentimiento de Isabel? ¿Dónde acaban el miedo y la intimidación y empieza el deseo de experimentar lo prohibido? Pues justo a esto hace referencia el título.
Por lo demás, las escenas de sexo están bien escritas, no son innecesariamente largas pero sí muy intensas y excitantes, y por encima de todo, no son gratuitas, sino que tienen su función en la historia. Con cada una de ellas, conocemos mejor a Armand y a Isabel, y noche a noche nos muestran cómo avanza la historia, dado que lo sucedido durante el día afecta directamente a lo que pasa por las noches, y viceversa. Mediante cada paso más allá en los juegos sexuales, evoluciona también el juego de poder entre los personajes principales, y se va tranzado un esbozo de sus auténticos carácteres.

Por último, es una novela histórica, porque tiene un telón de fondo real y está muy bien documentada. Tan bien, que para determinadas lectoras puede suponer un problema. No por exceso de información, que no lo hay (de hecho, una de las virtudes de Yolanda León es introducirte a la perfección en el siglo XVIII sin estar haciendo continuas descripciones), sino porque los personajes son DE VERDAD mujeres y hombres del siglo XVIII.
Si de algo puede presumir esta novela, es de mostrar la forma de ser y de pensar en aquella época, con el choque cultural que ello implica, sobre todo en el tema sexual, que se trata de una manera muy diferente a como lo trataríamos hoy en día. Las decisiones y los actos de los personajes pueden resultar chocantes, pero es que TIENEN que serlo porque hace 300 años la gente pensaba y sentía de un modo diferente. No están hechos para que te identifiques con ellos o te caigan bien, sino para que cuando leas la novela te preguntes: "¿Y qué habría hecho yo en esa misma situación?". De hecho, soy de la opinión de que si al leer una novela histórica no sentimos el choque cultural con los personajes, ya sea en mayor o en menor medida, es que en algo está fallando el escritor. Por ejemplo, en introducir como protagonistas a dos personas totalmente modernas y actuales que, cuan videntes en el país de los ciegos, son los únicos que se dan cuenta de todo lo que está terriblemente MAL en la sociedad en la que viven. ¿Un ejemplo de esto? El caso más sangrante es el de la infame Caris, una de las protagonistas de Un Mundo sin Fin, indigna secuela de la maravillosa Los Pilares de la Tierra. Caris, como ya comenté en mi reseña de la novela, es una mujer actual metida como un pegote en la Edad Media, que en pleno siglo XIV es feminista, atea, pro abortista y demócrata. Con sus dos redondos ovarios (¡sacad de ellos vuestros rosarios!). No es por nada, pero prefiero mil veces a Isabel de Corverán. Por lo menos, a ella soy capaz de creérmela en su época.

La historia entre Armand e Isabel no es de amor, sino de sexo, supervivencia y psicología. No son Romeo y Julieta, sino más bien como Milady de Winter y D'artagnan, o como Íñigo de Balboa y Angélica de Alquézar: dos personas que parten de un mutuo desencuentro y sienten una fuerte atracción sexual casi a su pesar. Y el modo en que Isabel va espabilando, enfrentándose a la situación que le ha tocado vivir y a sus propios deseos, conociéndose a sí misma y dándose cuenta de lo que tiene que hacer y hasta dónde es capaz de llegar, es admirable. Sólo por contemplar el desarrollo psicológico de este personaje, merece la pena leer la novela. Y encima está realmente bien escrita, con un ritmo y un estilo elegante, ágil y muy bien llevado.
En resumen, recomendable 100%. Bien narrada, bien documentada, valiente en su planteamiento, potente en argumento, en desarrollo y en personajes. Eso sí, más vale que antes de empezarla sepas lo que vas a leer.

jueves, 24 de marzo de 2016

Incesto y realeza: los Targaryen de la vida real


Todo fan de Canción de Hielo y Fuego o de la serie Juego de Tronos sabe lo presente que está el incesto en esta historia. A veces se trata de incesto entre padres e hijos (como es el caso de Craster y sus hijas-esposas), pero el más abundante, con diferencia, es entre hermano y hermana.
El ejemplo de clan incestuoso por antonomasia son los Targaryen. Entre los reyes dragón, era costumbre habitual casarse entre hermanos para mantener la pureza de la sangre real. Tenemos multitud de matrimonios entre hermanos en la familia Targaryen; tantos, que de hecho los enlaces con personas de otras familias era la excepción, no la norma, casi siempre por motivos políticos, como por ejemplo las sucesivas uniones matrimoniales con la Casa Martell de Dorne, para afianzar lazos políticos. Algunos matrimonios fueron por amor, como el de Aegon el Conquistador con Visenya y Rhaenys (triángulo amoroso en el que Rhaneys era clara favorita), Alysanne con el primer Jaehaerys o Shaera con el segundo. Otros fueron obligatorios, sin afecto alguno entre la pareja, como el de Aegon el Indigno y Naerys, o Aerys el Loco y Rhaella.
Sin embargo, aunque los Targaryen sean el clan incestuoso por excelencia, también tenemos a Jaime y Cersei Lannister, los gemelos incestuosos, así como la tensión sexual y los coqueteos entre Theon y Asha Greyjoy cuando él regresa a las Islas del Hierro.


Aegon el Conquistador con Visenya (izquierda) y Rhaenys (derecha), sus hermanas y esposas


Sin embargo, a pesar de la naturalidad con la que los libros (y la serie) tratan este asunto, lo cierto es que hoy en día el incesto es un tabú muy poderoso en todas las sociedades del mundo. No deja de ser lógico, puesto que está demostrado que la consaguinidad puede producir taras genéticas graves en los descendientes (también en Poniente tenemos algo de esto, como la extraña locura que aqueja a la mitad de los Targaryen y de la que también Joffrey Baratheon, el hijo mayor de los gemelos Lannister, muestra síntomas). Pero, ¿alguna vez se han dado este tipo de relaciones en la Historia real? ¿Alguna vez han estado normalizadas e institucionalizadas como fue el caso de los Targaryen?
 Lo cierto es que sí, y aunque no fue algo común, sí ocurrió con más frecuencia de lo que pensaríamos. No me refiero a los matrimonios entre primos hermanos o entre tíos y sobrinos (que, por cierto, hoy en día son perfectamente legales y admitidos tanto por la Iglesia y otras confesiones religiosas como por el ordenamiento jurídico), sino al incesto entre hermanos o entre padres e hijos. Aquí vemos los ejemplos más famosos y llamativos de la Historia:


Antiguo Egipto

En el Antiguo Egipto se dieron reiterados casos de matrimonios incestuosos en la familia real, por motivos similares a los de la Casa Targaryen: se suponía que los faraones eran una estirpe divina, y por lo tanto su sangre debía mantenerse lo más pura posible y no mezclarse con la del resto de los mortales. Así, el matrimonio entre hermanos está presente a lo largo de toda la historia de Egipto, por citar algunos ejemplos: en el Reino Antiguo, con Kawab hijo de Keops (Dinastía IV) que desposó a su hermana Heteferes II, o Pepi II (2272-2179 a.C.), con su hermana Neih; en el Reino Medio, Mentuhotep II (dinastía XI) casó con su hermana Neferú III; en el Reino Nuevo tenemos a Tuthmosis I (dinastía XVIII) quien desposó a su hermanastra Hatshepsut, y cuyos hijos Tuthmosis II y Neferure contrajeron a su vez matrimonio entre ellos. También el famoso faraón Tutankamón casó con su hermana, la princesa Anjesenamón; por último, en la época Ptolemaica, más tardía, tenemos a Cleopatra VII (51-30 a.C.), sí LA famosa Cleopatra, que además de darle duro con Julio César y Marco Antonio también se casó con dos de sus hermanos: Ptolomeo XIII y Ptolomeo XIV. 
Pero no sólo hubo matrimonio entre hermanos en el Antiguo Egipto. También se dio el caso de uniones paterno-filiales, como es el caso de Amenofis III con su hijas Sitamún y Henuttauneb o Ramsés II con su hija Bintanath, e incluso entre abuelo y nieta, con Ay y Ankhesamón, hija de su hija Nefertiti.


Roma

En el Imperio Romano los matrimonios incestuosos no eran legales y no estaban bien vistos. Sin embargo, se ha acusado a varios emperadores, con mayor o menor veracidad, de haber cometido incesto. Es el caso de Nerón, a quien se acusó de fornicar con su madre, Agripina; Calígula, de quien se decía que mantenía relaciones sexuales con sus tres hermanas, Cómodo, a quien también se acusó de violar a sus hermanas, o Caracalla, quien al igual que Nerón fue acusado de tener trato carnal con su madre.


Imperio Persa

Otro de los grandes imperio de la Antigüedad donde el matrimonio incestuoso de sangre real estaba socialmente aceptado, ya que según la ley el rey tenía poder máximo para hacer su voluntad, fuera la que fuese. Las fuentes griegas revelan abundancia de casos, tales como el del rey Cambises, que desposó a su hermana, Jerjes II, casado con su hermana Partisátide), el rey Mausolo (el del famoso mausoleo de Halicarnaso) que se casó con su hermana Artemisia, o el rey Dario III, que contrajo matrimonio con su hermana Estatira.


Imperio Inca

Si cruzamos al otro lado del Atlántico, tenemos a los incas, a cuya familia real también le estaba permitido el incesto. Las razones eran parecidas a las del Antiguo Egipto, esto es, preservar la pureza de sangre, que era de hecho un privilegio exclusivo de la realeza, ya que para el resto del pueblo el incesto estaba prohibido. El caso más famoso es el de Túpac Yupanqui, que desposó a su hermana Mama OclloTúpac Yupanqui, que desposó a su hermana Mama Ocllo, y algunas fuentes apuntan a que después de este monarca fue costumbre que el rey desposara al menos a una hermana carnal (que no tenía por qué ser la única esposa, dado que los incas practicaban la poligamia).


Huelga decir, desde luego, que el incesto es algo que siempre ha existido en todas las sociedades de una forma un otra, aunque en la mayor parte de los casos se trataba de un tabú denostado socialmente que incluso en sociedades muy abiertas al sexo, como la Sumeria, se castigaba con pena de muerte según el código de Hammurabi. E incluso en el caso de los egipcios, los persas y los incas, se trataba de un privilegio permitido tan sólo a la casta real y prohibido al pueblo llano, en cuanto su razón de ser no era normalizar este tipo de relaciones como una opción sexual más sino preservar, por una parte, la pureza de sangre de las dinastías reales, y poner de relieve, por la otra, el poder absoluto del monarca, cuya voluntad era la ley y a quien le estaba permitido pasar por encima de todas las restricciones impuestas a los demás hombres. En este sentido, el incesto los Imperios Egipcio, Persa e Inca se parece mucho al de la dinastía Targaryen, ya que obedece a razones similares. Esta misma circunstancia se pone de relieve en el mundo de Juego de Tronos: lo mismo que les estaba permitido a los Targaryen les está prohibido a los hermanos Lannister, que a pesar de ser nobles deben mantener su amor en secreto, e incluso en la sociedad de los salvajes, un estado cuasi anárquico en el que apenas hay leyes, el incesto se considera una aberración castigada por los dioses (según le cuenta Ygritte a Jon Nieve), siendo Craster, con su harén de hijas-esposas, el único que la practica abiertamente ganando una ostentosa fama de excéntrico.

lunes, 31 de agosto de 2015

De viaje por Navarra


A lo largo de Julio y Agosto he actualizado el blog bastante menos de lo que tengo por costumbre. No ha sido porque me haya olvidado de él o porque me haya quedado sin ideas, sino porque he pasado un verano sumamente interesante (y ocupado).
A la crianza de mi hija (que ya tiene casi quince mesecitos) y a la escritura de mi fanfic "Misterios del Pasado" (que volveré a actualizar esta semana y al que puede accederse pinchando aquí), he añadido un proyecto personal de trabajo que me está teniendo ocupadísima y varios viajes interesantes. Porque tener un bebé no implica que los viajes se acaben, aunque ahora tienen que ser más cerquita porque dependemos de la buena voluntad de los abuelos para quedarse con la niña y hace falta poder regresar rápido si hay algún imprevisto.
Este verano no sólo hemos tenido visitas interesantes (como la de unos amigos que viven en Figueres, otros que viven en Barbastro, y una muy, muy especial: Laura, la autora de La Biblioteca de Laura, un blog estupendo que no puedo dejar de recomendar, a la que hemos tenido la alegría de poder conocer finalmente en persona), sino también un viaje especial a una región que llevaba mucho tiempo queriendo conocer: Navarra.

Hacía muchos años que no nos íbamos de turismo nacional a gran escala. Mientras nuestra hija sea pequeña, preferimos viajar por España, así que de momento hemos dejado aparcados nuestros grandes viajes habituales (Praga, Venecia, Normandía, Londres o la Toscana, por citar los de los últimos años) y nos hemos lanzado a hacer turismo patrio. La primera parada ha sido Navarra y debo decir que me he llevado una muy agradable sorpresa.
Hay dos características que me parecen denominador común de esta región, ya que nos las hemos encontrado en cada sitio al que hemos ido: la inmensa amabilidad de los navarros y las enormes raciones de comida. Lo primero ha sido maravilloso: creo que nunca, en ninguno de mis viajes, he encontrado a gente más simpática, amable y cordial que en estas tierras norteñas. El único lugar comparable que conozco hasta ahora es Galicia, de la cual guardo muy buenos recuerdos desde que hice el Camino de Santiago hace ya bastantes años. Tanto el personal de los hoteles, como de las tiendas, restaurantes, e incluso la gente que nos encontrábamos en la calle, eran todo un dechado de educación y simpatía. Ya podrían ir algunos de vacaciones allí a tomar apuntes, porque si todas las personas fueran tan majas como los navarros que nos hemos encontrado, el mundo sería un lugar más feliz. Lo segundo (el tema de la raciones de comida), a mí, que soy valenciana y en mis tierras servimos raciones más bien escuetas, me dejó anonadada. Mira que caminé todos los días y regresé del viaje con casi tres kilos de más. Y es que entre los pintxos, la carne, las ensaladas (que parecerán comida ligerita pero un plato de ensalada allí es lo que servimos en casa de mi padre para toda la familia), las pochas, la chistorra... pues, la verdad, no es el mejor lugar para hacer régimen.

Ver todas las bellezas paisajísticas y culturales de Navarra era misión imposible (seguro que se nos han quedado montones de lugares pendientes... lo cual, por otra parte, justificará en el futuro una nueva visita). Como el tiempo y el dinero son limitados, hicimos una selección, que fue la siguiente:


PAMPLONA

Ciudad pequeña (bueno, pequeña si la comparamos con Valencia; al lado de Teruel es Gotham City), pero encantadora. Nos alojamos en el hotel Yoldi, que no puedo dejar de recomendar: pegado al centro (estaba a cinco minutos andando de la Plaza del Castillo), cómodo y con un personal encantador, amable y simpático hasta la médula. Pamplona fue nuestra base de operaciones durante tres días para visitar la ciudad y algunos lugares más o menos aledaños que también queríamos ver. Tuvimos el gusto de cenar un par de noches en el que creo que es el mejor bar de pintxos de la ciudad, El Gaucho. Aún se me hace la boca agua al recordar las tostas de foie a la plancha, el huevo trufado y el erizo de mar, entre otras muchas exquisiteces. Nos pateamos entero el recorrido del encierro de San Fermín, paseamos por las calles del casco antiguo (¡preciosas!) y aunque no pudimos visitar al Santo porque la iglesia estaba cerrada, fuimos a la maravillosa catedral de Santa María la Real y la iglesia-fortaleza de San Nicolás. Tampoco nos perdimos el paseo de ronda y el parque en que han convertido el antiguo fortín, cuyo foso estaba lleno de ciervos. Impresionante.
















  

A la izquierda, Tindomion y yo con el Ayuntamiento de Pamplona al fondo. A la derecha, la famosa calle Estafeta. ¡A Pamplona hemos de iiiir!


ZUGARRAMURDI Y ELIZONDO

No podíamos ir a Navarra y no visitar las famosas cuevas de las brujas. Aunque debo admitir que lo único infernal que nos encontramos fue el camino para llegar: una carretera secundaria llena de curvas que consiguió marearme como no me mareaba desde que era una cría. El pueblecito de Zugarramurdi es pequeño y muy pintoresco, y a las cuevas (que hay que pagar para visitar) se accede a través de una agradable ruta de senderismo llena de escaleras y puentes de madera, rodeada de bosque y atravesada por un río. Tras un rato de caminata, se llega al prado donde supuestamente las brujas hacían sus aquelarres y la enorme cueva donde se montaban las orgifiestas.


 La ruta de senderismo y el precioso paraje natural que conducen a las cuevas de Zugarramurdi

Al salir de Zugarramurdi, pasamos por una granja donde nos vendieron quesos que ellos mismos producían con la leche de sus propios rebaños, y cargados con el botín hicimos parada en Elizondo, un pueblo precioso que merece la visita, no sólo por lo bonito que es sino por el delicioso chocolate que venden allí.

En Elizondo se pueden ver casitas tan chulas como las que Tindomion tiene a su espalda


MONASTERIO DE LEYRE Y CASTILLO DE JAVIER

El momento más pío del viaje llegó cuando visitamos estos dos monumentos tan importantes desde el punto de vista religioso como arquitectónico. Leyre está rodeado de bosque, habitado por una comunidad de monjes benedictinos que tuvimos oportunidad de escuchar cantando misa gregoriana. Tras hacer una visita guiada, muy recomendable, nos dirigimos al Castillo de Javier, famoso por haber sido el lugar de nacimiento de San Francisco Javier, fundador de los Jesuitas junto a San Ignacio de Loyola. A pesar de que el castillo fue parcialmente desmochado por el Cardenal Cisneros, está restaurado y vuelve a lucir como en sus mejores tiempos. Si vais a Navarra, no lo dudéis: merece la visita.

El castillo de Javier


SOS DEL REY CATÓLICO Y SANGÜESA

Aquí nos desviamos un tanto, porque aunque Sos está muy cerquita de Javier y pegado a Navarra, pertenece a la provincia de Aragón. El pueblo, que debe su nombre y su fama a que el rey Fernando el Católico nació en él, es maravilloso, pero muy fatigoso de recorrer: es el típico pueblecito afincado en una colina y lleno de calles empinadas. Aquí fue donde comimos ese día, y menos mal que la chica que nos atendió en el restaurante me aconsejó pedir solamente una ensalada, porque eran ENORMES. Ni siquiera me la pude terminar entera, y eso que no comí otra cosa. Si vais a este pueblo cuidado con las raciones que son grandes hasta para los estándares navarros.
Sangüesa fue una pequeña decepción. A pesar de que la iglesia y el castillo eran bonitos, esperábamos un lugar más pintoresco, más al estilo de Sos, pero nos encontramos un pueblo bastante normalita. No está mal para visitar si se está haciendo turismo por la zona, pero yo no iría de propio.

 Una callejuela cualquiera de las que te puedes encontrar en Sos del Rey Católico :-)


OLITE

Otra de las grandes atracciones de viaje junto con Pamplona. Olite no sólo es un pueblo medieval precioso con un palacio real de cuento de hadas, sino que tuvimos el acierto de planificar nuestra llegada para que coincidera con la feria medieval que se celebra allí todos los años, el segundo fin de semana de Agosto. Gracias a Luis, un amigo nuestro que vive muy cerquita de allí (en Estella), pudimos participar en el desfile nocturno y la cena medieval que tuvo lugar después en el patio del castillo. Olite es tan, tan bonito, que merece una visita en cualquier momento del año, pero con la feria medieval fue aún mejor. Tiene un alojamiento de lujo que es el Parador Nacional, pero nosotros nos quedamos en el hotel El Juglar, situado a las afueras del pueblo y realmente bonito.

¿Frikis? ¿Quién dijo frikis? ¡Pues sí, y a mucha honra! :-D


ESTELLA

Nuestra parada final fue Estella, el pueblo de nuestro amigo Luis. Está muy cerca de Olite, así que vale la pena ir a visitar uno de paso que se ve el otro. Ya habíamos estado en Estella en otra ocasión, concretamente en 2009, cuando contrataron a Tindomion para arbitrar un torneo de Warhammer. Sin embargo, en aquella ocasión apenas tuvimos tiempo para hacer turismo, y esta vez lo hemos compensado con creces. Vale la pena ver iglesias como la de San Martín, San Juan Bautista o el Santo Sepulcro, y monumentos como el palacio del Gobernador, donde está el Museo del Carlismo. Por último, Estella también es famosa por una estupendísima chocolatería que pienso volver a visitar cada vez que viaje allí: la bombonería Torres, donde venden todo tipo de dulces y bombones increíblemente buenos. Entre mis favoritos, las Rocas del Puy y la crema de chocolate artesanal, ambos fabricados con avellanas deliciosas y chocolates de todo tipo que ellos mismo fabrican. ¡Para morirse de bueno!

 Estella: para perderte en ella (¡toma eslogan turístico!)


PUENTE LA REINA

Este pueblo se puede ver perfectamente en dos o tres horitas, y eso fue lo que hicimos el día de la vuelta, haciendo un alto en el camino después de comer. No sólo visitamos el famoso puente románico, ruta imprescindible para los millones de peregrinos que hacen el Camino de Santiago, sino la iglesia templaria y unas cuántas callecitas preciosas con sabor medieval. Tras nuestra visita relámpago a Puente la Reina, seguimos nuestro camino de vuelta a Aragón, dando por finalizado nuestro periplo navarro.

El famoso puente románico que le da nombre al pueblo


Y este ha sido nuestro viaje. Nos hemos llevado recuerdos estupendos, una gratísima impresión de la gente, souvenirs muy sabrosos (queso, chocolate, e incluso pochas y chistorra, que mi suegra cocinó días después para deleite de toda la familia), y unas ganas enormes de volver. ¿Alguna nota negativa del viaje? Pues en realidad, sólo dos: una, el pequeño incidente que sufrí en Pamplona (en el paseo de ronda tropecé, me hice un esguince, y tuve que pedir ayuda a los de mi hotel para que me encontraran un fisioterapeuta abierto en Agosto que me arreglara el tobillo. Afortunadamente lo encontraron, y aunque me metió una clavada importante, el tratamiento combinado de masaje y láser que me hizo recompuso las cosas lo suficiente como para quitarme el dolor y permitir que aquella misma tarde hiciera la ruta de las cuevas de Zugarramurdi), y dos, la politización rara que encontré en algunos sitios, sobre todo en Elizondo y en algunas calles de Pamplona. cada cual, por supuesto, tiene sus ideas políticas, pero ver las banderitas pro presos etarras (que aunque estuvieran en Euskera se entendían perfectamente) y las ikurriñas colgadas de balcones, acompañadas casi siempre de esteladas (!!) llegó a ser un poco irritante.
Pero en fin, radicales políticcos hay en todos lados y no es cuestión de que una minoría empañe la buenísima experiencia que tuvimos del viaje, así que, ¡gora Iruña! Jejeje. ¡Volveremos! :-)

viernes, 19 de junio de 2015

Adivina adivinanza... ¿de qué partido es este programa?


Vamos a jugar a un juego (como diría Jigsaw).

Un juego sencillo y fácil.

Yo voy a transcribir una serie de citas literales que el portavoz de un partido político español ha hecho hablando de su proyecto, sus demandas y su programa electoral para sacar adelante el país.

Vosotros las leéis, y tenéis que adivinar de qué partido se trata. La solución está al final de texto. Os invito a que me contéis en los comentarios cuál es vuestra respuesta, y si coincide con la solución.

No hagáis trampa, que si no, el juego no vale.

¿Preparados?

Allá vamos:


"La clase política española está agotada y en gran parte corrompida. Los gobiernos son una coalición de intereses más que gestores de la cosa pública. Y más obedientes a los "trust" y grupos económicos que les han encaramado, que a su deber".

"El capitalismo llega a su fin. Lleva implícitas contradicciones internas que lo harán sucumbir a pesar de que quieran apuntalarlo, porque es injusto que unos pocos ostenten la propiedad de los medios de producción"

"Tenemos una universidad en ruina física y moral que ha quedado reducida a una oficina expendedora de títulos, a la que no tiene acceso los hijos de los trabajadores".

"Tenemos un millón de hombres sin trabajo y tres millones de emigrantes que están dejando su ilusión y su esfuerzo para otras naciones. Mientras, las clases privilegiadas se llevan a los bancos los ahorros del pueblo español ante la cobardía o la connivencia de los políticos. Miles de pisos de lujo cerrados y miles de familias sin casa".

"Proponemos una democracia directa y natural del pueblo, sin intermediarios (...) y sin estar sujeta a los intereses tácticos de tal o cual grupo. Nosotros no buscamos el poder para apropiárnoslo, sino para devolverlo a su único y legítimo dueño: el pueblo español".

"Mucho cuidado con los que invocan el nombre de España para defender unos cuántos negocios, como los intereses de los Bancos o los dividendos de las grandes empresas".

"Esta es la triste realidad de nuestros país: unas pocas clases privilegiadas ostentan el poder político y ponen a su propio servicio todo el aparato del Estado cuando peligran sus privilegios".

"España está necesitada de otro tipo de políticos: elegidos por el pueblo y que vivan la política como una función ética y como un servicio, no como un negocio".

"Creemos que hay que hacer otra España: una España libre, justa y solidaria, que devuelva al pueblo la ilusión".

"Nuestras opciones pueden resultar utópicas comparadas con las de otros grupos políticos, pero la política no puede ser un juego de mercaderes; al menos para nosotros no lo es".


Ya está.

¿Por qué partido apostáis? ¿Creéis que lo habéis adivinado?

Veamos si has acertado. La respuesta es:


...





...





...



Falange Española Auténtica y de las JONS, elecciones de 1977.



¿Cómo?



¿Que no te lo crees?



Pues en este blog podemos demostrártelo. Vé entero este vídeo y saca sus propias conclusiones:


lunes, 2 de junio de 2014

El Rey abdica, ¡viva el Rey!


Como todos los españoles, me he levantado esta mañana con la noticia de que el rey Juan Carlos I ha decidido abdicar en su hijo, el futuro Felipe VI. Y una de las cosas que me ha sorprendido, más aún que el propio anuncio, ha sido la cantidad de gente que en las redes sociales ha comenzado a aullar pidiendo la tercera república como si no hubiera un mañana. Sí, señores; al parecer ahora resulta que, de repente, un hipotético referéndum sobre la continuidad de la monarquía española (que ayer a nadie le importaba un carajo) sería el remedio para todos nuestros males.
Dejando de lado el hecho de que las dos últimas repúblicas que tuvimos no fueron precisamente la panacea, creo que la gente que está pegando saltitos haciendo ondear la tricolor no se ha parado a pensar, ni de coña, en la que se podría organizar en este país si realmente se pusiera en marcha un cambio de monarquía a república. Básicamente, lo que sucedería es que nos echaríamos encima bastantes problemas nuevos sin solucionar absolutamente ninguno de los que tenemos ahora. ¿Que a qué me refiero exactamente? Pues, como muestra, un botón:

-En primer lugar, la paralización y el pequeño caos que obviamente originaría tener que cambiar la Constitución. Existiendo el peligro de que el PPSOE aprovechara para colar otras reformas, sin nada que ver con la monarquía, que caparan más aún los derechos de los ciudadanos.

-El rey es neutro políticamente; el presidente de la república seria de un partido político determinado. Con el sistema de votación actual, mucho me temo que saldría además del PPSOE. ¿Y qué pasaría cuando el presidente y el primer ministro fueran de signo político opuesto? Que se dedicarían a ponerse la zancadilla el uno al otro. Ver la que se montó entre Azaña y Alcalá Zamora en la segunda república como ejemplo gráfico.


-El dinero que se gasta en mantener al rey y a su familia se gastaría igualmente en mantener al presidente de la república y a su familia, es decir, no nos saldría más barato a los españoles. Más bien al contrario, porque rey sólo hay uno hasta que se muere o abdica, en cambio presidentes de la república puede haber decenas en ese mismo período de tiempo... ¿y qué tienen cuando se marchan? ¡Pensiones vitalicias para todos! Fijáos si no en Francia.


-Al Rey por lo menos lo educan desde la infancia para reinar mientras que de presidente de la república tendríamos a otro politicastro más, de esos que tanto abundan en el panorama nacional, y que ni de coña tendría la preparación y los estudios que tiene ahora mismo, por ejemplo, el Príncipe Felipe.

 
-Y, para colmo, el cambio de monarquía a república no solucionaría absolutamente ninguno de los problemas que tenemos ahora: crisis económica, corrupción, paro, privatización de los servicios públicos, bipartidismo, falta de separación efectiva de poderes, ley electoral ineficiente...
De hecho, no hay más que echar un vistazo al resto de monarquías parlamentarias europeas: Reino Unido, Suecia, Dinamarca, Noruega, Bélgica, Luxemburgo... y comprobar su renta per cápita, su índice de paro y su situación económica y social, para darse cuenta de que el problema de España no está en la familia real que reina sino en los políticos plebeyos (y corruptos) que gobiernan.

En resumen, se está hablando aquí de un cambio que ni es urgente, ni necesario ahora mismo, que no solucionaría ninguno de los problemas que estamos sufriendo ahora mismo los españoles, y que en todo caso sería susceptible de provocar otros nuevos que ahora mismo no tenemos. Así que, digo yo, ¿para qué puñetas emplear esfuerzo, tiempo y recursos en un cambio innecesario cuando hay tantos cambios y reformas urgentes que son necesarios para salvar este país de la ruina y que no se están llevando a cabo?

Francamente, cuando veo a la gente hablar de concentraciones y de manifestaciones para exigir la tercera república, no me viene a la cabeza un pueblo sensato, ni una democracia mejorada, ni un futuro más próspero para el país. Lo que me viene a la cabeza es la imagen de un barco a la deriva, con un capitán incompetente en el puente de mando, que se está hundiendo inexorablemente... en el que los marineros, en lugar de ponerse a achicar el agua, reparar la avería del motor y echar al capitán por la borda, se dedican a discutir acaloradamente sobre si la enseña que ondea en el palo mayor debería ser bicolor o tricolor. Así nos va.

martes, 20 de agosto de 2013

Bellezas que matan

Ah, la belleza. ¿Qué mujer no quiere ser bella? ¿Y qué es lo que determina en cada época qué se entiende por "bello"?
Por lo general, la respuesta a la primera pregunta es "todas", y la respuesta a la segunda podría ser "la sociedad", "los hombres" o incluso "las leyendas", dependiendo del color con el que vistamos nuestra opinión. Una cosa es cierta: siempre ha existido una gran presión sobre todas nosotras, en todas las épocas, para que nos ajustemos al canon de belleza determinado.
En teoría, no parece tan malo. Quiero decir, ¿acaso la belleza es algo malo? ¿No es lógico que las mujeres se quieran sentir aceptadas, a gusto consigo mismas, que se cuiden y adecenten todo lo posible?
Pero, ¿qué pasa cuando el cumplimiento de ese canon, esa aceptación social, implica poner en riesgo la salud o hasta la vida? ¿Qué pasa cuando te ves inmersa en una sociedad para la que la inteligencia, la bondad, la sabiduría o la astucia son valores apreciados, pero en la que sólo la belleza es capaz de hacer a una mujer famosa, de hacerla admirada e incluso inmortal?


China: La cortesana que conquisto al príncipe

Cuenta la leyenda que hace mucho, mucho tiempo, allá por el siglo X, el emperador Li Yu tenía cientos de concubinas. Entre todas ellas, adoraba a una en especial por sus pies hermosos y diminutos, que la dama vendaba para empequeñecer más aún y bailar frente a él.
Se desconoce si la leyenda es o no cierta, pero una cosa es verdad: si el famoso emperador y su linda concubina de pies pequeños existieron, miles de generaciones de mujeres chinas harían bien en maldecirlos. Porque a partir de entonces, el vendaje de pies se convirtió en una constante para todas las niñas chinas de clase social acomodada. Los "pies de loto" o "lotos dorados" no sólo eran una muestra de belleza y buen gusto, sino también de riqueza, ya que mostraban que la mujer que los poseía no necesitaba trabajar para ganarse la vida y también que su marido era lo bastante rico como para pagar la cohorte de criados que su esposa necesitaría durante toda su vida para vestirse, lavarse y hasta caminar.
El proceso empezaba cuando las niñas tenían tres o cuatro años de edad. El día que la astrología señalaba como más favorable, se hacía una ofrenda a los dioses para implorar su favor y la madre de la niña, o la mujer de la familia designada para este menester, le cortaba las uñas de los pies hasta dejárselas en carne viva y luego le doblaba los dedos de los pies sobre sí mismos, aplastándolos contra la planta hasta rompérselos. Luego, los pies eran vendados fuertemente con vendajes empapados en una mezcla de hierbas medicinales y sangre animal que tenía la dudosa cualidad de proteger contra las infecciones que se producirían cuando las uñas volviesen a crecer y se clavaran en la carne. El proceso de quitar las vendas, doblar y romper todavía más los dedos y el empeine, y volver a atar el pie con vendas nuevas, se prolongaba durante diez años. Las niñas sufrían diariamente un dolor insoportable durante un período que podía tardar de seis meses a dos años; básicamente, terminaba cuando los huesos rotos y las uñas sesgaban los nervios y estos dejaban de emitir al cerebro las señales de dolor.

¿Quién no querría unos pies tan elegantes y eróticos?


Muchas niñas no sobrevivían a este proceso. No era raro que murieran a causa del intenso dolor o de las infecciones, ya que a menudo las uñas se clavaban en la carne y provocaban heridas que se infectaban. Algunas mujeres intentaban impedirlo arrancando de cuajo, por lo sano, las uñas de los pies de las niñas, pero naturalmente las heridas que tal cosa provocaba también eran susceptibles a las infecciones. Además, los dedos de los pies doblados y rotos podían quedarse sin riego sanguíneo, lo cual provocaba que se necrosaran y la niña acabase muriendo de gangrena, o con las piernas amputadas (por lo general, gangrena; ¿para qué mantener con vida a una boca inútil que ya no serviría para casarse? Además, si la gangrena "salía bien", a la niña sólo se le caerían los dedos de los pies, y de esa manera podría tenerlos aún más pequeños).
Las niñas que sobrevivían, aparte de convertirse en inválidas de por vida que apenas podían andar, conseguirían unos "bonitos" pies deformes de no más de siete centímetros, podrían optar a un matrimonio prestigioso y a ser consideradas seres bellos y delicados, dignos de admiración... siempre que mantuviesen sus pies ocultos dentro de sus bellos zapatos de seda, ya que por pequeños que fueran sus pies los hombres no soportarían bien el repugnante olor que muchos de ellos emitían a causa de los microorganismos y la suciedad, que se quedaba entre los pliegues de pie y a los que muchas veces el agua y el jabón no podían llegar.
Ah, por cierto, puede que esto parezca una aberración (y lo es), pero no creáis que se trata sólo de una manía cultural rara de orientales locos; ahora mismo, en los EEUU, se está poniendo de moda entre algunas mujeres deformarse las plantas de los pies con inyecciones de colágeno o amputarse los dedos meñiques, para poder llevar los stilettos, esos zapatos de punta estrecha y largos y afilados tacones que tan de moda están.


Tailandia: Las mujeres jirafa

No se sabe muy bien si las mujeres de las etnias padaung y kayan empezaron esta costumbre con el ánimo de embellecerse a ojos de los hombres o con el objetivo más practico aunque dudoso, apuntando por ciertos antropólogos, de defender sus cuellos de la mordedura de los tigres. Pero lo cierto es que, cuando fueron entrevistadas, las mujeres de estas etnias siempre defendían que sus largos cuellos eran señal de belleza.
El proceso es simple: siendo aún niñas, se les coloca una serie de anillos de metal alrededor del cuello, cada uno de los cuales pesa alrededor de un kilo. Poco a poco, se van añadiendo más anillos, hasta que las mujeres soportan un peso de entre diez y veinte kilos en torno al cuello, que no sólo provocan lesiones en las vértebras sino que oprimen las clavículas hacia abajo, dando la impresión de un cuello cada vez más largo.


 El "cuello de jirafa", tan bonito como insano

Estos collares tienen además otro efecto secundario: el debilitamiento extremo de los músculos del cuello, que se atrofian al no ejercitarlos, con lo cual la mujer nunca podrá quitarse los anillos por el riesgo de sufrir asfixia o rotura del cuello, ya que éste no podrá sostener jamás el peso de su cabeza.


Edad Media y Renacimiento: Simonetta Cattaneo, la Venus de alabastro

¿Quién no ha oído hablar del famoso cuadro de Botticelli, El nacimiento de Venus? ¿Quién no ha admirado sus Madonnas rubias, su Venus y Marte o su cuadro de La Primavera? Aquellos que los hayan observado con atención, verán que la mujer respresentada por el maestro Botticelli siempre es la misma: se trata de Simonetta Cattaneo Vespucci, la gran belleza del Renacimiento, que cumplía al cien por cien con el canon de belleza medieval y lo afirmó para ese siglo (el XV) y los venideros.
La fama le vino a la bella Simonetta no sólo de su aspecto, sino de la gran gesta que un noble caballero llevó a cabo por ella. La historia, que a los aficionados a Canción de Hielo y Fuego les recordará sin duda a la trágica historia de amor de Rhaegar Targaryen y Lyanna Stark, es como sigue: Simonetta, una hermosa noble genovesa, joven -con apenas veinte años- y casada, se instala en Florencia con su esposo. Allí, llama la atención de Giuliano de Médici, el joven, apuesto y gallardo hermano menor de Lorenzo el Magnífico. Por aquel entonces, Lorenzo, el hermano listo y feo (a lo Tyrion, pero sin ser enano) está agobiado por los asuntos de Estado, mientras que Giuliano, que viene a ser una mezcla entre Jaime Lannister, Rhaegar Targaryen y el Príncipe Aemon el Caballero Dragón, se dedica a ser guapo, cortejar damas, participar en justas, pavonearse por la ciudad y ser adorado e idolatrado por el pueblo en general y por las mujeres en particular. Al ver a la hermosa Simonetta, Giuliano quedó cautivado, y en 1475, cuando la joven contaba con veintiún años de edad, se organizó un fastuoso torneo, La Giostra, en la que el joven caballero Médici participó llevando como prenda un estandarte con la imagen de su amada en el que podía leerse La Sans Parelle ("La Sin Par"). Giuliano ganó el torneo y nombró Reina de la Belleza a Simonetta. La historia no deja claro si los sentimientos de Simonetta hacia Giuliano se quedaron en "amor cortés" o fueron consumados de manera más íntima, pero una cosa es cierta: su reinado en la justa más famosa del siglo, unido a la tragedia de su temprana muerte y de que Sandro Botticelli también se enamoró de ella y la tomó como su musa (de hecho, le fue más fiel que Giuliano, porque mientras que Botticelli nunca se casó y treinta y cinco años más tarde pidió como último deseo ser enterrado a sus pies, el joven caballero Médici tardó bastante poco en encontrarse otra amante y fabricarle un bastardo, que llegaría a ser el Papa Clemente VII), hizo que  la fama de su belleza traspasara las fronteras y llegase a ser nombrada la mujer más bella de Europa.
Pero, ¿a qué se debía esta belleza? ¿Sólo a una afortunada genética? Pues no, se debía a algo más, concretamente a algo que tenía relación directa con su prematura muerte al año siguiente, a los veintidós años de edad: la tuberculosis.


Pálida, ojerosa, exhausta y melancólica, pero bella: la Venus moribunda

La tisis, o tuberculosis, tiene una curiosa característica: cuando no se trata (lo que era el caso en estos tiempos, en los que los antibióticos brillaban por su ausencia) provoca un extraño fenómeno en sus víctimas cuando entra en fase terminal, llamado "belleza alabastrina": las facciones se afinan, las pestañas se alargan, y la piel adopta una palidez y una suavidad espectrales, casi sobrenaturales, haciendo que el aspecto del enfermo asemeje una hermosa estatua de alabastro. Ésto, unido a las facciones naturalmente agraciadas de Simonetta y a su largo y rubio cabello, la hicieron encajar a la perfección con el ideal medieval: una dama rubia, delicada, de piel blanca y luminosa, lánguida y melancólica. Y todo esto, a causa de una enfermedad que ya había entrado en su fase terminal y que acabaría con ella en menos de un año. Simonetta fue declarada la más hermosa entre las hermosas porque se estaba muriendo.
Y dado que fue precisamente el aspecto enfermizo de la joven lo que le dio tanta belleza, en ese siglo y en los posteriores las mujeres decidieron imitarla todo lo posible. No llegaron al extremo de contagiarse voluntariamente de tisis (aunque alguna habría, seguro), pero sí trataron de imitar la languidez terminal de la tuberculosis por otros medios: por ejemplo, comiendo barro, para inflamar los conductos biliares y provocarse una palidez enfermiza, o bebiendo grandes cantidades de agua con vinagre, para auto provocarse anemia hemolítica.
Y, por si a alguien le interesaba saberlo, Giuliano-Rhaegar no tuvo que esperar mucho para reunirse con su Simonetta-Lyanna: dos años más tarde de la muerte de la joven, él mismo murió, asesinado a puñaladas por su enemigo Francesco Pazzi, de un modo bastante menos digno que el que usó Robert Baratheon en el Tridente (a diferencia de Robert, el señor Pazzi no enfrentó a Giuliano en combate singular, en el que habría sido probablemente despedazado por el joven Médici, sino que lo apuñaló a traición el Domingo de Pascua, dentro de la catedral, durante la Misa, concretamente durante la consagración de la Hostia. Se me ocurren pocas formas más sacrílegas y rastreras de matar a alguien).


Siglos XVIII y XIX: Corsés, la cintura de avispa

Lo de marcar cintura empezó a ponerse de moda ya en el siglo XVI, pero no fue hasta mediados del siglo XVIII cuando alcanzó su apogeo, que duró todo el siglo XIX y hasta bien entrada la segunda década del XX. Consistía, como todos sabemos, en una prenda de ropa interior con varillas de barba de ballena o de metal que marcaban las formas femeninas ideales "de reloj de arena", es decir, busto y caderas amplios y cintura finísima. Y cuando digo finísima, quiero decir antinatural; para que nos hagamos una idea, a finales del siglo XIX la medida de cintura ideal de una mujer era de cuarenta y cinco centímetros de diámetro, aunque muchas conseguían ir más allá y apretar hasta llegar a cuarenta.


El corsé te permite tener la figura más bella... siempre que consigas seguir respirando

Esto quedaba muy bien estéticamente... hasta que la señora se quitaba el corsé. Y aún quedaba peor a ojos de los médicos, que la en la década de 1790 comenzaron a hacer proclamas contra los corsés excesivamente ceñidos sin que las damas, celosas de preservar su belleza, les hicieran el menor caso. Además de finas cinturas de avispa, los corsés provocaban los siguientes efectos sobre las mujeres:
-Deformidades óseas, principalmente en las costillas, y debilitamiento de la columna vertebral, que llevaba a muchas damas a la silla de ruedas cuando se hacían mayores.
-Desplazamiento de órganos, entre ellos el hígado, el estómago, los riñones y los intestinos, que podían llegar a provocar serios problemas digestivos y de orina.
-Daños en el útero, que provocaban fuertes dolores menstruales, infertilidad, e incluso abortos, cuando las mujeres se empeñaban en dejarse puesto el corsé a pesar de estar embarazadas.
-Problemas circulatorios (los corsés, tan ceñidos, no dejaban circular correctamente la sangre y podía producir trombosis) y respiratorios (desmayos, desvanecimientos, vahídos y muertes súbitas no eran tan comunes en esa época porque las mujeres fueran seres débiles e inferiores, tal y como pensaban los hombres, sino porque los corsés no las dejaban respirar).


Siglos XX y XXI: La maldición de Twiggy

Y llegamos a nuestro tiempo. ¿Cómo, que sólo los antiguos hacían barbaridades? ¿Que nosotras, las mujeres liberadas e independientes, estamos libres de la tiranía homicida de la belleza? Pues va a ser que no. Las causas son varias, pero es probable que una de las principales pioneras de nuestra situación actual (esa que puede resumirse como "nunca se es demasiado rica ni demasiado delgada, debes adelgazar, no engordes, abajo la grasa, adelgaza y haz dieta, no tengas culo ni tetas ni barriga ni muslos que es muy feo, sé un saco de huesos y ADELGAZA") es la modelo Twiggy.

¿Hasta las narices de la operación bikini y de no poder comer pan ni dulces porque engordan? Dale las gracias a Twiggy


Hasta los años 60, se llevaban las mujeres más o menos esbeltas, pero con curvas, tipo Marilyn Monroe, Ava Gardner o Bette Davis. Sin embargo, en 1966 se hizo famosa una modelo inglesa llamada Twiggy, que tenía una peculiaridad: carecía por completo de formas femeninas, era andrógina y delgada como un palo. Y por algún extraño motivo, su aspecto de muchachito desnutrido desplazó a las voluptuosas divas de Hollywood y se convirtió en el ideal de belleza femenina. Lo que sigue después es por todos conocido: han pasado cincuenta años desde entonces y el ideal de mujer andrógina, huesuda, alta y extremadamente delgada continúa. Las modelos no deben tener apenas pecho, deben ser rectas (sin gran diferencia entre cintura y cadera), sus medidas ideales son 90-60-90, y no se acepta en las pasarelas internacionales a ninguna que mida menos de 1'70 metros y tenga más de una talla 36. Y si es posible que se les marquen los huesos de las caderas, las costillas y los pómulos, mejor que mejor. En cuanto a las actrices de Hollywood, se han alejado bastante de sus hermanas de los años 50: o se mantienen delgadas o no les dan trabajo, y tres cuartas partes de lo mismo ocurre con las cantantes (el caso de Adele es una excepción, no una norma, e incluso ella ha recibido críticas despiadadas de la prensa y presiones para que adelgace). Y ya sabemos lo que el ideal de delgadez extrema como símbolo de belleza ha causado en las mujeres: dietas salvajes, anorexia, bulimia, chicas que se pasan la vida yendo al gimnasio y privándose de alimentos básicos para estar más delgadas, que a veces mueren de inanición porque sencillamente se niegan a comer o vomitan todo lo que comen. Incluso mujeres que se gastan fortunas en acudir a cirujanos estéticos que las remodelen a golpe de bisturí. No hace falta decir que, por mucha que sea la pericia del médico, una operación siempre conlleva un riesgo y no todas salen bien.
El motivo del "ideal Twiggy" no está del todo claro, porque aún no puedo creerme que desplazase al "ideal Marilyn". La única explicación que se me ocurre es muy poco políticamente correcta, pero tal vez sea cierta, a falta de una mejor: la industria de la moda estaba dominada por hombres, los cuales siempre han acabado dictando los cánones de belleza de un modo u otro, y como los diseñadores en cuestión suelen ser homosexuales, eligieron como canon de belleza a las mujeres más parecidas a su propia percepción de belleza ideal: las que no parecen realmente mujeres ni tienen forma de mujer, sino que son altas, delgadas, desgarbadas, planas y andróginas, semejantes a bellos y esbeltos muchachos adolescentes.

martes, 9 de julio de 2013

Comunismo y fascismo: esos monstruosos hermanos gemelos


Os propongo un experimento: intentad pensar en una persona a la que conozcáis, una sola, que se auto denomine "fascista". Tenéis diez segundos.
Venga...
¿Os viene a la memoria alguna?
A mí tampoco.
No es que sea extraño. Desde la Segunda Guerra Mundial, todo el orbe planetario desde Canadá a la Patagonia y desde España hasta Japón está mentalizado y firmemente convencido de que el fascismo es algo monstruoso y tiránico, relacionado con la dictadura, la guerra y los campos de concentración. Es algo tan terrible, que está empezando a perder su significado original para convertirse en una especie de palabra comodín que sirve para desacreditar de inmediato cualquier pensamiento político o filosófico que no nos gusta. Algo así como la palabra "puta" para las mujeres, que sirve como insulto universal para cualquier mujer con la que te enfades por cualquier motivo, aunque no haga la calle ligerita de ropa ni cobre dinero a cambio de mantener relaciones sexuales.
Todo el mundo odia el fascismo, y desde luego teniendo semejantes representantes (Hitler, Franco, Mussoloni, por citar a los tres más conocidos, aunque no fueron los únicos) es totalmente comprensible que la gente lo odie. Por lo tanto, no merece la pena analizar aquí sus crímenes y sus desmanes, ya que son sobradamente conocidos, en mayor o menor medida, por todos mis lectores.
No parece suceder igual, en cambio, con el comunismo. Esto es lo que realmente me intriga. Que la gente odie el fascismo es comprensible, pero, ¿cómo es posible que no odie el comunismo con igual intensidad? ¿Cómo es posible que hasta los que son de extrema derecha tengan pavor a auto denominarse "fascistas", y en cambio haya tanta gente que se proclama comunista, orgullosamente además? ¿Cómo es posible que si un grupo de sujetos levantan la mano derecha con los dedos estirados reciban un torrente de abucheos y en cambio si alzan la izquierda con el puño cerrado nadie diga ni pío?
Si uno lo piensa bien, es de lo más raro, porque el fascismo y el comunismo son dos regímenes que se diferenciaban mucho en la teoría, pero en la práctica eran gemelos. Los dos cargan con un repugnante bagaje de crímenes, guerras y atrocidades a sus espaldas; los dos son regímenes dictatoriales que se basan en el culto a un líder político, los dos se basan en suprimir los derechos y las libertades de sus ciudadanos en aras de la ideología. ¿Se diferencian en algo, entonces, aparte de en la ideología? Sólo en dos cosas: en que el comunismo jamás ha sido elegido libremente por la gente en una votación democrática (el fascismo sí, aunque no en todas las ocasiones: el ejemplo más conocido es el del Partido Nazi), y en que el comunismo arrastra un cómputo de víctimas considerablemente mayor que el fascismo. Aunque en esto último, hay que tener en cuenta que los regímenes comunistas han sido bastante más duraderos que los fascistas, y por consiguiente es lógico que hayan tenido más tiempo para perpetrar sus crímenes.

Como a pesar de todo, parece que ser comunista sigue siendo muy progre y muy guay, voy a poner unos datos sobre la mesa. No llevo idea de ponerme a argumentar, porque teorizando podríamos estar hasta mañana. Me limito a exponer unos datos puramente objetivos: una serie de cifras contrastadas.

Desglosadas por países, esta es la cantidad de personas que murieron bajo los regímenes comunistas, incluyendo ejecuciones, campos de trabajo, hambrunas, limpiezas étnicas y huidas en patera:

China: 40.000.000

Unión Soviética: 20.000.000

Corea del Norte: 3.000.000

Etiopía: 2.000.000

Camboya: 1.700.000

Afganistán: 1.500.000

Mozambique: 800.000

Angola: 600.000

Vietnam: 360.000 (después de 1975)

Yugoslavia: 175.000

Alemania Oriental: 100.000

Rumanía: 100.000

Vietnam del Norte: 50.000 (entre 1954 y 1975, sólo en el interior del país)

Cuba: 50.000

Mongolia: 35.000

Nicaragua: 30.000

Polonia: 30.000

Bulgaria: 20.000

Checoslovaquia: 11.000

Albania: 5.000

Hungría: 5.000

Total aproximado: 75 millones de personas.

Ojo: en este total aproximado NO se incluyen los veinte millones de muertos en las guerras civiles que llevaron a los comunistas al poder, ni tampoco los once millones que murieron en la guerra fría).
Estos datos no me los he inventado yo; se trata de las cifras aproximadas aceptadas por los historiadores independientes, y están extraídos de un libro que recomiendo a todo el mundo (salvo a los que sean muy impresionables o muy sensibles ante las tragedias y las calamidades) llamado El Libro Negro de la Humanidad, de Matthew White. Lo he escogido porque tiene información amplia, extensa, y lo más importante, está muy bien documentado, ya que apoya todos los datos, cifras y conclusiones en una extensa bibliografía que se cita a lo largo de las más de cien páginas finales.
Nótese también que los países arriba citados son todos los que han tenido un régimen comunista. Y cuando digo todos, quiero decir todos. Ni un sólo país comunista en la historia, ni uno solo, tiene las manos limpias de sangre.
Pensadlo la próxima vez que veáis a un grupo de demagogos o de ignorantes alzar el puño y auto proclamarse comunistas. Pensad en lo que están defendiendo. Preguntaos, en definitiva, por qué hay quienes atacan al fascismo calificándolo de régimen criminal y sin embargo defienden el comunismo y cierran los ojos ante sus crímenes.
 

lunes, 25 de marzo de 2013

Desmitificando Robin Hood


Hay un relato que, aunque como historia de ficción no está nada mal (la versión de Disney me gustaba mucho de pequeñita), me fastidia bastante desde el punto de vista histórico. Estoy hablando del mito de Robin Hood.
Como historia ficticia, la verdad es que tiene gancho: bandolero guapo y de noble corazón roba a los ricos esbirros de un malvado rey usurpador que ahoga a impuestos al pueblo para dárselo a los pobres, por supuesto todo en nombre del legítimo monarca, un valiente y justo rey guerrero que cuando vuelva sabrá recompensar al bandolero, y por supuesto le concederá la mano de la hermosa princesa.
¿Problema? Que esta historia se ha tratado de vender como histórica, o al menos basada en hechos reales... y de real tiene más bien poco. Sobre todo cuando rascas un poco en la historia y te das cuenta no sólo de que el papel rey justo-rey villano está invertido, sino de que el bandolero en que se basa (vagamente) Robin Hood, vivió siglo y medio antes del reinado de John Plantagenet (el famoso Príncipe Juan).

¿Qué hay de verdad y qué de mentira en esta historia? Para averiguarlo, lo mejor es analizar a sus protagonistas:


Ricardo I de Inglaterra:





También conocido como Ricardo Corazón de León. Menudo elemento. Tercer hijo varón de Enrique II, adoraba a su madre hasta extremos obsesivos (hay quien dice que tenía complejo de Edipo), y con sólo 16 añitos conspiró contra su padre y su hermano Enrique, el príncipe heredero, para arrebatarles el trono. La verdad es que Enrique II era un poco gafe, porque su mujer lo odiaba y sus hijos eran una especie de mezcla entre los Lannister y los Frey que desayunaban, almorzaban y cenaban conspirando, generalmente contra él (a excepción del menor, Juan, que fue el único que le salió buenecito). La conspiración fracasó, entre otras cosas porque Ricardo cambió de bando en el último momento traicionando a sus otros hermanos, y Enrique II lo perdonó y le ordenó ir a sofocar las rebeliones de algunos nobles de Aquitania. En Angulema, los cronistas cuentan que Ricardo tomó crueles represalias contra el vizconde Aimar V de Limoges y el conde Elie de Périgord, violando a sus esposas e hijas y ordenando a sus soldados que continuaran con las violaciones cuando él terminó con ellas. Después, como se aburría, volvió a conspirar contra su padre, y tras muchas intrigas consiguió que le concediera el trono de Inglaterra.
En su coronación, lo primero que hizo fue echar de su presencia a los judíos y a las mujeres. No contento con ello, ordenó un pógromo que se extendió por todo Londres, durante el cual miles de ellos fueron golpeados hasta la muerte y quemados vivos mientras sus casas eran saqueadas. La violencia fue tal que llegó a asquear al mismísimo Arzobispo de Canterbury. Al darse cuenta de que el pógromo estaba siendo contraproducente, mandó ejecutar a parte de los que habían participado en él.
Como Ricardo, si no derramaba sangre, se aburría, no se molestó en aprender inglés, pasó sólo seis meses en Londres, y acto seguido dejó el trono en mano de funcionarios y se largó a la Tercera Cruzada. Su crueldad a la hora de violar mujeres y asesinar prisioneros indiscriminadamente (después de tomar Acre, por ejemplo, mandó degollar a 3.000 prisioneros de guerra musulmanes, a pesar de que el sultán Saladino ofreció un rescate por ellos) hizo que el propio rey de Francia, Felipe II, le diera la espalda y se negara a combatir junto a él, regresando a su país y abandonando la Cruzada. Ricardo no sólo siguió adelante, sino que conspiró para asesinar a Conrado de Montferrat, al que habían coronado rey de Jerusalén, y casar a su viuda embarazada con un primo suyo.
Finalmente, en 1192, fue capturado cuando regresaba a Inglaterra por Leopoldo V de Austria, primo de Conrado de Montferrat, que no estaba muy contento con Ricardo a causa del asesinato de su primo. Aunque Ricardo viajaba disfrazado de peregrino por temor a la represalia, fue descubierto porque a todo el mundo le llamó la atención que un humilde peregrino llevara un anillo de oro y se empeñara en comer pollo asado (una delicatessen de la época) en las posadas. Chico listo. Se pasó bastante tiempo prisionero porque era tan bestia que a nadie le interesaba liberarlo; Felipe II seguía espantado por su comportamiento en la Tercera Cruzada, e incluso el papa Celestino III lo rechazaba. Al final fue su madre, Leonor de Aquitania, la que movió cielo y tierra y consiguió el dinero para liberarle.
Cuando regresó a Inglaterra, nombró a su hermano Juan, cuya administración había salvado al país de caer en la ruina mientras él jugaba a los soldaditos, su heredero, y él fue quien reinó en Inglaterra a su muerte, en 1199. Sir Steven Runciman, autor de la Historia de las Cruzadas, lo describe como un hombre violento y pendenciero, avaricioso, desleal, aficionado a los excesos y las violaciones, irresponsable, egoísta y mal administrador. Al parecer, lo único que había bien era pelear, y fue tan buen guerrero como mal rey, un poco al estilo de Rober Baratheon de Juego de Tronos.


Juan I de Inglaterra:



También conocido como John Plantagenet, el Príncipe Juan, o Juan Sin Tierra (los que querían cabrearle, además, lo llamaban Espada Suave, mote humillante que venía de sus pocas habilidades militares). Cuarto hijo, el menor, de Leonor de Aquitania y Enrique II. La leyenda negra le acusa de estar obsesionado con su madre, pero lo cierto es que era Ricardo, no él, quien tenía una relación enfermiza con Leonor de Aquitania. Juan, en realidad, fue el preferido de su padre, aunque al ser el menor no esperaba heredar.
Juan era un hombre inteligente y un buen administrador, pero su ineptitud en combate era notoria. Cuando su hermano Ricardo, rey de Inglaterra, partió para luchar en la Tercera Cruzada, estuvo cerca de arruinar el país a base de impuestos para conseguir financiarla (sí, en efecto, el que frió a impuestos a los pobres ingleses fue Ricardo, no Juan), y nombró como administrador en su ausencia a Guillermo de Longchamp, obispo de Ely, un hombre altivo y orgulloso que dilapidó en diversiones el poco dinero que aún quedaba de financiar la Cruzada de Ricardo. Juan, dándose cuenta de que entre Longchamp y su hermano iban a llevar el país a la bancarrota, conspiró para sacar de en medio al obispo y gobernar en su lugar. Para ello, contó con el apoyo de Felipe II, rey de Francia, que como ya sabemos no se llevaba muy bien con Ricardo. La conversación fue un poco así:
Juan: "Joder, estoy desesperado, el milhombres de mi hermano ha jodido el reino a impuestos y ahora el imbécil del obispo de Ely está gastándose en putas y en torneos el poco dinero que queda en las arcas reales..."
Felipe: "Hombre, Juan, no te preocupes. Mira, tu hermano Ricardo me cae gordo porque es un puto psicópata y me dijo que sólo me quería como amigo y encima se ha dejado capturar por Leopoldo de Austria; yo ya no creo que vuelva. Te voy a ayudar a hacerte con el trono y así salvas el país y me debes un favor".
Juan: "Muchas gracias, Felipe. ¡Eres un amigo!"
Esto, por supuesto, hizo ponerse de morros a bastantes eclesiarcas, lo cual, junto a su negativa de participar en la Cuarta Cruzada (recordémoslo, la que acabó destruyendo y saqueando Constantinopla) y su mala relación con el papa Inocencio III, hizo que muchos monjes cronistas se pusieran en su contra y acabasen creando la leyenda negra que gira en torno a él.
Cuando Ricardo volvió de la Tercera Cruzada, lógicamente se cabreó al enterarse de los tejemanejes que Juan había hecho en su ausencia, pero también supo apreciar que su administración había evitado la bancarrota de Inglaterra, de modo que lo perdonó y lo nombró su heredero.
Al morir Ricardo en 1199, Juan tuvo que vérselas con su sobrino Arturo, hijo de su hermano Godofredo, que intentó arrebatarle el trono. Y Felipe II de Francia, que era un poco felón y se había aprendido eso de que a río revuelto ganancia de pescadores, le dio la espalda a Juan. La cosa fue como sigue:
Juan: "¡Pero Felipe! ¿Qué coño es eso que me han contado de que apoyas a Arturo para que me derribe del trono? ¡Si éramos amigos!"
Felipe: "Ya, pero es que he pensado que si te declaro la guerra con la excusa de apoyar a tu sobrino, te quito todas tu posesiones en Francia y me las quedo para mí!"
Juan: "¡¡Serás hijo de puta!! ¡¡No sé cómo me he podido fiar de ti!!"
Felipe: "Pues con la familia que tienes no sé cómo te sigues fiando de alguien..."
Juan, lógicamente, fue a la guerra para intentar recuperar sus territorios en Francia, para lo cual contó con la ayuda del emperador alemán Otón IV, pero aunque consiguió capturar a Arturo y hacerlo matar, acabando así con la amenaza a su trono, perdió la guerra y no pudo evitar que su antiguo amigo Felipe le arrebatara sus posesiones francesas, lo cual le valió el sobrenombre de Juan Sin Tierra.
Tras regresar a Inglaterra, Juan se dedicó a reinar. Además de hacerle niños a su esposa y tener numerosas amantes -se dice que era muy bien parecido, y de hecho tuvo doce bastardos reconocidos-, se dedicó a gobernar, y la verdad es que lo hizo bien. Aparte de modernizar la flota inglesa y crear la Armada Real, impulsó el comercio y la burguesía librando de impuestos sobre las exportaciones a los mercaderes, otorgó a Inglaterra la famosa Carta Magna, precursora del constitucionalismo, y concedió a Londres el privilegio de ciudad autónoma, haciéndola vasalla directa del rey. Gobernó de un modo casi renacentista, de manera avanzada a su época, disminuyendo la potestad impositiva y punitiva que tenían los nobles sobre sus vasallos y fomentando el crecimiento de la burguesía, lo cual le hizo capear varias rebeliones de nobles descontentos. Gracias a su apoyo al comercio y a su buena capacidad administrativa (era tan buen gobernante como mal general) sacó al país de la bancarrota y le devolvió la prosperidad que el reinado de Ricardo le había hecho perder. Murió en 1216.


Robin Hood:

Como tal, este personaje nunca existió. Los historiadores han tratado de dar con personajes que pudieran haber servido de inspiración para crearlo y algunos encontraron, aunque ninguno de ellos fue contemporáneo de Juan I de Inglaterra. Se ha especulado que pudo ser un herrero, apellidado Hood, que estaba al servicio del conde de Lancaster, el cual se rebeló contra Eduardo II de Inglaterra en el siglo XIV y se refugió en los bosques de Sherwood cuando le rebelión fue aplastada, dedicándose para sobrevivir a asaltar y saquear todas las caravanas que podía... por supuesto, quedándose el botín para él. En el siglo XVIII, el doctor William Stuckeley atribuyó la personalidad de Robin Hood al noble caído en desgracia Robert de Kyme, que se convirtió en fugitivo. No obstante, dado que este personaje nació en 1210, sólo tenía 6 años cuando Juan Plantagenet murió.
Por último, existen también un documento legal fechado en 1226 (diez años después de la muerte de Juan) donde se habla de un bandolero fugitivo llamado Robert Hood.
También se especula con la identidad de un bandolero, llamado también Hood, de quien se dice que tenía una numerosa banda y actuó como salteador de caminos en el siglo XI, cien años antes de que Juan reinara.
Sea como sea, lo que está claro es que ninguno de estos personajes robaba a los ricos para dárselo a los pobres, sino que sencillamente eran como cualquier otro salteador de caminos: atacaban a los viajeros, los desvalijaban y se quedaban con el botín. Ninguno de ellos tuvo enemistad con Juan I, se enfrentó a él, o fue siquiera contemporáneo suyo, y se cree que las primeras versiones de esta historia aparecieron en el siglo XIV y fueron fruto de la campaña de desprestigio que ciertos monjes y cronistas de Ricardo I llevaron a cabo para desprestigiar la imagen de Juan Sin Tierra. De hecho, teniendo en cuenta lo común que era el apellido Hood y la inmensa cantidad de forajidos y salteadores que parecían llevarlo, algunos historiadores especulan que "Robin Hood" podría haber sido una suerte de mote o nombre genérico con el que la gente se refería a los bandidos, ya que hay al menos evidencias de que a ocho personas distintas se les aplicó dicho seudónimo en documentos judiciales.

Sheriff de Nottingham y la Princesa Marian: De estos nada he podido encontrar; son personajes totalmente ficticios. De hecho, Marian no aparece en las primeras versiones de la leyenda de Robin Hood, y no es hasta finales del siglo XV cuando las baladas y leyendas crean este papel de protagonista femenina.


En definitiva, que no sólo Robin y sus amigos son una pura invención, sino que el rey egoísta y avaricioso que esquilmó a su pueblo a impuestos y estaba obsesionado con su madre era Ricardo Corazón de León, no su hermano Juan. Es una lástima que las leyendas populares y los cronistas y biógrafos malintencionados empañaran de modo semejante la historia y la reputación de Juan I Plantagenet, uno de los reyes más modernos y avanzados de su época: buen gobernante, autor del primer documento precursor del constitucionalismo, y con el espíritu y la forma de gobernar de un príncipe renacentista a finales del siglo XII.