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domingo, 28 de agosto de 2016

Nuevo diseño del blog

Ya sé lo que estará pensando todo el mundo... "desde que esta chica publicó la novela, está casi desaparecida".
Pues desaparecida no, pero lo que sí he estado, debo admitirlo, es muy ocupada. Sigo escribiendo (todo lo que puedo), sigo con la promoción del libro (a un nivel más relajado), y sigo con la vida muggle, que me absorbe la mayor parte de las energías.
Sé que prometí postear entradas acerca de las presentaciones de La Senda Oscura, pero juro que no he tenido tiempo para ponerme a ello. No descarto publicar próximamente un artículo-resumen con las fotos y las experiencias más destacadas, ya que de momento hemos ido a bastantes sitios: las Ferias del Libro de Madrid y de Valencia (con sus correspondientes presentaciones), la Setmana de les Lletres del Puig, el Palo Alto Market... ¡y próximamente asistiremos a más eventos!
Mientras tanto, lo que sí he hecho ha sido lavarle un poco la cara al blog, que es algo que llevaba planeando hacer desde hace tiempo. Espero que me digáis vuestra opinión, porque me lo he currado bastante, sobre todo la cabecera: quería que incluyera la imagen clásica de La Luz de Valinor, que es ya icónica a estas alturas, pero dándole un toque nuevo y añadiendo a Dana, la protagonista de La Senda Oscura: un dibujo de Carolina Bensler del cual me siento muy, muy orgullosa.
Asimismo, veréis que bajo la portada del blog hay ahora varias pestañas. Las he creado para facilitar lo más posible el acceso a mis artículos más populares: las reseñas literarias, las de cine, y todo lo que tiene que ver con Juego de Tronos y Canción y Hielo y Fuego. También hay un apartado con los enlaces a todas las reseñas que se han publicado hasta ahora de La Senda Oscura, para que les echéis un vistazo y os animéis a leerla si todavía no lo habéis hecho. Y si ya la habéis leído, sed majos y escribid una reseña en vuestro propio blog, porque de ese modo se cumplen dos objetivos: más gente tiene la oportunidad de conocer la novela y leerla (lo cual es estupendo) y yo tengo la oportunidad de conocer vuestra opinión para seguir mejorando en mi oficio de escritora (lo cual es aún mejor).
Me despido rapidito que estoy intentando sacar tiempo de donde pueda para actualizar mi fanfiction de Warhammer 40.000 (os recuerdo que lo podéis leer aquí) antes de que termine Agosto. ¡Nos leemos muy pronto! ;-)

domingo, 29 de mayo de 2016

Escritores y reseñas: la paradoja nacional


"Con lo bueno que es este libro, y nunca he leído nada de él en la sección literaria de El Profeta"
 

Mes y medio después de la publicación de mi novela, hay algo de lo que estoy segura: se aprende más durante un mes entre bambalinas que en todo un año fuera. Estas semanas he aprendido un montón, y sólo es una mínima parte de lo que me queda por aprender: cómo funciona el mundillo editorial, las relaciones entre escritores, entre editores, las firmas, la promoción, las presentaciones... Tengo crónica que hacer, porque hemos hecho bastantes cosillas ya: la presentación en Shalakabula, las firmas en la Feria del Libro de Valencia, la Setmana de les Lletres del Puig, este fin de semana en el Palo Alto Market... y dentro de poco (en cuanto tenga todos los eventos cerrados, compartiré en el blog la información) la Feria del Libro de Madrid. También me he dado cuenta de algunas cosas en las que no me había parado a pensar. Cosas importantes que quisiera compartir con los lectores de este blog, porque perpetúan un problema muy grande que entre todos podríamos solucionar.
De momento, La Senda Oscura ha agotado ya su primera impresión, lleva un buen camino con la segunda y se está vendiendo bien... bien para lo que es un libro de sus características, claro: una novela de fantasía escrita por autores españoles, noveles para más señas, y publicada por una editorial modesta. Para autores como nosotros, que no somos anglosajones, que estamos empezando y que no tenemos detrás una maquinaria titánica de distribución y promoción como las de las grandes editoriales, sólo hay algo que nos ayude a triunfar: el boca-oreja. Que la gente lea el libro, lo recomiende, lo reseñe, y el título empiece a sonar.
Y ahí está el gran problema con el que nos estamos topando: lo difícil que es conseguir reseñas.

Me hace mucha gracia este asunto. Yo reseño libros de vez en cuando, tanto extranjeros como patrios, pero este blog no va exclusivamente de eso; aquí hablo un poco de todo, tanto de mis cosas personales como de frikismo en general. Sin embargo, hay muchos, muchísimos blogs dedicados exclusivamente a las reseñas, y con la mayoría de ellos pasa igual: reseñas de libros conocidísimos, de editoriales grandes y autores anglosajones, los hay a mansalva. A la primera semana de que hayan salido publicados (a veces incluso antes), ya tienes reseñas para dar y tomar. Naturalmente, esto sucede no sólo porque esos libros están expuestos en TODAS las librerías el mismo día en que salen a la venta, sino porque dichas editoriales se pueden permitir el lujo de reservar bastantes ejemplares para promoción, que se envían gratuitamente a los blogueros para que estos puedan reseñar. Una estrategia de marketing excelente, por cierto, sólo que con un problema: una editorial modesta, con un presupuesto justito y con ediciones que oscilan entre los 500 y los 1000 ejemplares, no se pueden permitir el lujo de desprenderse gratuitamente de tanto ejemplar. Ofrecen copias digitales, pero la mayoría de los blogueros no quieren leer en digital. Que conste que les comprendo; a mí me pasa lo mismo; tampoco me gusta mucho leer en pantalla, y por lo general prefiero el papel.
Sin embargo, aquí estamos tratando un problema de fondo muy importante:

-Por falta de presupuesto, no se pueden repartir copias en formato físico para reseñar.

-La mayoría de las librerías no piden libros de editoriales pequeñas porque prefieren reservar su limitado espacio para ofrecer superventas y novedades de grandes editoriales. 

-Por ello, los blogueros sólo reseñan las obras en papel que reciben de las editoriales grandes, que les llegan a casa gratuitamente o que ven en primera fila en las librerías cuando van a mirar.

-La editoriales grandes suelen publicar a autores anglosajones traducidos o a autores nacionales que ya son conocidos y van a vender con seguridad.

-¿Resultado? La pescadilla que se muerde la cola. Los blogueros sólo reseñan ese tipo de obras, con lo cual la gente sólo conoce esas obras, con lo cual la gente sólo compra esas obras, con lo cual las librerías siguen pidiendo sólo esas obras, que saben que venderán.

Inquietante perspectiva, ¿verdad? La Senda Oscura es una novela fantástica autoconclusiva que me consta que está gustando bastante: las (pocas) reseñas que hay hasta ahora han sido positivas, tiene buenas puntuaciones en Goodreads, quienes la ven en los stands de las firmas suelen pararse a mirarla, y cuando leen la sinopsis y echan una ojeada al interior, muchos se sienten interesados y acaban llevándosela a casa. El problema es que eso donde ocurre es ahí, en los stands de las firmas, cuando los lectores pueden tener la novela delante y te oyen hablar de ella. Como tenemos distribución nacional, puede llegar a todos los rincones de España, en cualquier librería donde la pidan (salvo en grandes superficies, que es harina de otro costal; en la Casa del Libro me consta que la tienen, pero El Corte Inglés, por ejemplo, pasa diez mil pueblos de mi editorial). Pero ahí está el punto: en la mayoría de ellas, los lectores tienen que pedirla, porque las librerías no la exponen: a no ser que vayas a la Librería París de Zaragoza, a Estudio en Escarlata o el Mono Araña en Madrid, a Gigamesh en Barcelona, a Alcazar Comics en Cartagena, a París-Valencia, a Soriano, a Shalakabula o a Manhattan Comics en Valencia, en definitiva, a esas librerías especiales que ofrecen buenos títulos de editoriales pequeñas... no te la vas a encontrar por casualidad.

¿Y cómo conseguir que la gente la pida en su librería? Sabiendo que existe, sabiendo que es buena, sabiendo que aunque no sea de Planeta, de Montena o de Random House, merece la pena leerla. Aquí es donde deberían entrar los blogs de reseñas. La gente los sigue esperando buenas recomendaciones, pero irónicamente la actividad de la mayoría de ellos es similar a la de los dueños de restaurante que cuando entra un político o un famoso le regalan la cena y dejan que pida los platos más caros de la carta sin cobrar, mientras que a las familias normales que van allí a comer les cobran hasta el último céntimo de euro y no les regalan ni los cafés. No es que me parezca mal el segundo punto (evidentemente, un restaurante no está para regalar la comida, sino para ofrecerla a quienes la puedan pagar), pero no deja de ser irónico el primero: que quienes menos lo necesitan sean justamente aquellos que siempre se libran de pagar.
Con los libros pasa exactamente lo mismo. Siempre reseñan aquellos que menos necesitan darse a conocer. Aquellos que cuentan con una editorial fuerte detrás, con una excelente distribución, que se encuentran en todas las librerías y grandes superficies y que todos los lectores van a hojear... esos están todos reseñados masivamente, y por lo general al poco de salir. En cambio, los autores que realmente necesitamos una reseña, los que estamos empezando, tenemos pocos medios de promoción y necesitamos una oportunidad... da igual lo buenos que seamos, da igual que la editorial ofrezca ejemplares en digital para que los reseñadores puedan al menos echarle al material un vistazo y saber si les va a valer la pena continuar. La mayoría de ellos ni siquiera se molesta en pedir el material, y si lo pide, no lo reseña. Se ponen con la siguiente novedad famosa del momento, esa que va a tener TODAS las reseñas del mundo y alguna más de regalo, y a volar.

Habrá quien me diga que esto es lo que hay, claro. Que cada cual en su blog reseña lo que le da la gana, que bastantes ejemplares en papel les llegan ya de las editoriales grandes y que es totalmente legítimo tirar a lo seguro y a lo fácil si tienes que priorizar. Que no se puede pedir que en espacio privado, donde inviertes tu tiempo sin cobrar, te dediques a reseñar libros de autores poco conocidos, publicados por editoriales modestas, cuando puedes reseñar esos estupendos ejemplares gratuitos que Planeta y Montena te acaban de mandar.
Muy bien, es cierto. Todo esto es verdad. Pero en ese caso, tengo que decir una cosa: que no se quejen más. Que todos esos blogueros, todos esos reseñadores, dejen de quejarse de que el mundo editorial está muy mal, de que hay cada vez menos oportunidades de publicar para los autores noveles, de que se maltrata a los autores nacionales, que las editoriales pequeñas cierran, de que parece mentira que la fantasía anglosajona tenga tanto éxito a la vez que se margina la fantasía nacional. Porque también son ellos, no sólo las editoriales o las librerías, los que niegan la oportunidad. Una librería o una ediorial al fin y al cabo son un negocio, una empresa que busca la venta segura, el beneficio rápido. Los blogs literarios, sin embargo, siendo un espacio creado por puro amor a la literatura y una ventana al mundo para dar a conocer los libros, muestran exclusivamente lo que todos ya conocen en lugar de dar a los desconocidos, si son buenos, una oportunidad. No se dan cuenta, o tal vez sí pero les da igual, de que ninguna librería va a vender libros de autores nacionales poco conocidos si los clientes no se los piden, y que mientras esos clientes no conozcan de la existencia de tales libros, por mucho que quisieran pedirlos no podrán. De que esos clientes de dichas librerías, con sus bolsillos aún afectados por la crisis, tal vez no se atrevan a pagar de 15 a 20 euros por un libro del que no han leído reseñas, no tienen referencias, y no han oído a nadie hablar.
Me da que también serán ellos (o ellas, ya que la mayoría de personas que trabajan en este tipo de blogs son mujeres) quienes algún día se quejarán de que deseaban con todas sus fuerzas ser escritores pero nunca encontraron a nadie dispuesto a darles una oportunidad.

viernes, 18 de marzo de 2016

Es un honor... anunciar por fin... ¡MI NOVELA!


Estimados lectores: os debo una disculpa. Habréis visto que de un tiempo a esta parte La Luz de Valinor se actualizaba con menos frecuencia que de costumbre. No es que haya perdido fuelle ni me haya quedado sin ideas, no.
Es que he estado ocupada. Sumamente ocupada con un proyecto que lleva madurando mucho tiempo, y que ahora, por fin, está a punto de ver la luz.
Hablo nada más y nada menos que de MI NOVELA :-D


¡Pues sí, amigos! Después de muchos años soñando y de muchas horas escribiendo, mi primera novela, creada mano a mano con mi esposo y coautor Juan José Peired, se publicará esta primavera. Se trata de un urban fantasy llamado La Senda Oscura que verá la luz esta primavera de la mano de la Editorial Kelonia, en su colección Kelonia Ficción.


Por supuesto, mi reacción al enterarme fue de lo más comedida y controlada, como esta....


Como comprenderéis, estoy ilusionadísima, y me muero de ganas de enseñaros la portada, el texto de contraportada, el adelanto que publicará la editorial, ¡¡todo!! Pero por ahora toca ir poco a poco; en cuanto pueda ir desvelando estos secretillos, vosotros seréis los primeros en saberlo. De momento, podemos adelantar que se trata de una novela autoconclusiva donde podréis encontrar fantasía, misterio, amor, y mucha, mucha magia.


... O bueno, vale, puede que en realidad fuera más parecida a algo así


Si queréis estar al tanto de las novedades que vayan surgiendo, así como de los eventos, presentaciones, firmas y otras actividades que estamos preparando para el gran lanzamiento,  os aconsejo estar pendientes de nuestra página de Facebook donde podréis estar al día de todas las novedades que vayamos compartiendo. La podéis encontrar en este enlace.


Gracias a todos por vuestro apoyo y vuestra lectura. ¡Recordad, #lasendaoscuraiscoming! ;-)

lunes, 31 de agosto de 2015

De viaje por Navarra


A lo largo de Julio y Agosto he actualizado el blog bastante menos de lo que tengo por costumbre. No ha sido porque me haya olvidado de él o porque me haya quedado sin ideas, sino porque he pasado un verano sumamente interesante (y ocupado).
A la crianza de mi hija (que ya tiene casi quince mesecitos) y a la escritura de mi fanfic "Misterios del Pasado" (que volveré a actualizar esta semana y al que puede accederse pinchando aquí), he añadido un proyecto personal de trabajo que me está teniendo ocupadísima y varios viajes interesantes. Porque tener un bebé no implica que los viajes se acaben, aunque ahora tienen que ser más cerquita porque dependemos de la buena voluntad de los abuelos para quedarse con la niña y hace falta poder regresar rápido si hay algún imprevisto.
Este verano no sólo hemos tenido visitas interesantes (como la de unos amigos que viven en Figueres, otros que viven en Barbastro, y una muy, muy especial: Laura, la autora de La Biblioteca de Laura, un blog estupendo que no puedo dejar de recomendar, a la que hemos tenido la alegría de poder conocer finalmente en persona), sino también un viaje especial a una región que llevaba mucho tiempo queriendo conocer: Navarra.

Hacía muchos años que no nos íbamos de turismo nacional a gran escala. Mientras nuestra hija sea pequeña, preferimos viajar por España, así que de momento hemos dejado aparcados nuestros grandes viajes habituales (Praga, Venecia, Normandía, Londres o la Toscana, por citar los de los últimos años) y nos hemos lanzado a hacer turismo patrio. La primera parada ha sido Navarra y debo decir que me he llevado una muy agradable sorpresa.
Hay dos características que me parecen denominador común de esta región, ya que nos las hemos encontrado en cada sitio al que hemos ido: la inmensa amabilidad de los navarros y las enormes raciones de comida. Lo primero ha sido maravilloso: creo que nunca, en ninguno de mis viajes, he encontrado a gente más simpática, amable y cordial que en estas tierras norteñas. El único lugar comparable que conozco hasta ahora es Galicia, de la cual guardo muy buenos recuerdos desde que hice el Camino de Santiago hace ya bastantes años. Tanto el personal de los hoteles, como de las tiendas, restaurantes, e incluso la gente que nos encontrábamos en la calle, eran todo un dechado de educación y simpatía. Ya podrían ir algunos de vacaciones allí a tomar apuntes, porque si todas las personas fueran tan majas como los navarros que nos hemos encontrado, el mundo sería un lugar más feliz. Lo segundo (el tema de la raciones de comida), a mí, que soy valenciana y en mis tierras servimos raciones más bien escuetas, me dejó anonadada. Mira que caminé todos los días y regresé del viaje con casi tres kilos de más. Y es que entre los pintxos, la carne, las ensaladas (que parecerán comida ligerita pero un plato de ensalada allí es lo que servimos en casa de mi padre para toda la familia), las pochas, la chistorra... pues, la verdad, no es el mejor lugar para hacer régimen.

Ver todas las bellezas paisajísticas y culturales de Navarra era misión imposible (seguro que se nos han quedado montones de lugares pendientes... lo cual, por otra parte, justificará en el futuro una nueva visita). Como el tiempo y el dinero son limitados, hicimos una selección, que fue la siguiente:


PAMPLONA

Ciudad pequeña (bueno, pequeña si la comparamos con Valencia; al lado de Teruel es Gotham City), pero encantadora. Nos alojamos en el hotel Yoldi, que no puedo dejar de recomendar: pegado al centro (estaba a cinco minutos andando de la Plaza del Castillo), cómodo y con un personal encantador, amable y simpático hasta la médula. Pamplona fue nuestra base de operaciones durante tres días para visitar la ciudad y algunos lugares más o menos aledaños que también queríamos ver. Tuvimos el gusto de cenar un par de noches en el que creo que es el mejor bar de pintxos de la ciudad, El Gaucho. Aún se me hace la boca agua al recordar las tostas de foie a la plancha, el huevo trufado y el erizo de mar, entre otras muchas exquisiteces. Nos pateamos entero el recorrido del encierro de San Fermín, paseamos por las calles del casco antiguo (¡preciosas!) y aunque no pudimos visitar al Santo porque la iglesia estaba cerrada, fuimos a la maravillosa catedral de Santa María la Real y la iglesia-fortaleza de San Nicolás. Tampoco nos perdimos el paseo de ronda y el parque en que han convertido el antiguo fortín, cuyo foso estaba lleno de ciervos. Impresionante.
















  

A la izquierda, Tindomion y yo con el Ayuntamiento de Pamplona al fondo. A la derecha, la famosa calle Estafeta. ¡A Pamplona hemos de iiiir!


ZUGARRAMURDI Y ELIZONDO

No podíamos ir a Navarra y no visitar las famosas cuevas de las brujas. Aunque debo admitir que lo único infernal que nos encontramos fue el camino para llegar: una carretera secundaria llena de curvas que consiguió marearme como no me mareaba desde que era una cría. El pueblecito de Zugarramurdi es pequeño y muy pintoresco, y a las cuevas (que hay que pagar para visitar) se accede a través de una agradable ruta de senderismo llena de escaleras y puentes de madera, rodeada de bosque y atravesada por un río. Tras un rato de caminata, se llega al prado donde supuestamente las brujas hacían sus aquelarres y la enorme cueva donde se montaban las orgifiestas.


 La ruta de senderismo y el precioso paraje natural que conducen a las cuevas de Zugarramurdi

Al salir de Zugarramurdi, pasamos por una granja donde nos vendieron quesos que ellos mismos producían con la leche de sus propios rebaños, y cargados con el botín hicimos parada en Elizondo, un pueblo precioso que merece la visita, no sólo por lo bonito que es sino por el delicioso chocolate que venden allí.

En Elizondo se pueden ver casitas tan chulas como las que Tindomion tiene a su espalda


MONASTERIO DE LEYRE Y CASTILLO DE JAVIER

El momento más pío del viaje llegó cuando visitamos estos dos monumentos tan importantes desde el punto de vista religioso como arquitectónico. Leyre está rodeado de bosque, habitado por una comunidad de monjes benedictinos que tuvimos oportunidad de escuchar cantando misa gregoriana. Tras hacer una visita guiada, muy recomendable, nos dirigimos al Castillo de Javier, famoso por haber sido el lugar de nacimiento de San Francisco Javier, fundador de los Jesuitas junto a San Ignacio de Loyola. A pesar de que el castillo fue parcialmente desmochado por el Cardenal Cisneros, está restaurado y vuelve a lucir como en sus mejores tiempos. Si vais a Navarra, no lo dudéis: merece la visita.

El castillo de Javier


SOS DEL REY CATÓLICO Y SANGÜESA

Aquí nos desviamos un tanto, porque aunque Sos está muy cerquita de Javier y pegado a Navarra, pertenece a la provincia de Aragón. El pueblo, que debe su nombre y su fama a que el rey Fernando el Católico nació en él, es maravilloso, pero muy fatigoso de recorrer: es el típico pueblecito afincado en una colina y lleno de calles empinadas. Aquí fue donde comimos ese día, y menos mal que la chica que nos atendió en el restaurante me aconsejó pedir solamente una ensalada, porque eran ENORMES. Ni siquiera me la pude terminar entera, y eso que no comí otra cosa. Si vais a este pueblo cuidado con las raciones que son grandes hasta para los estándares navarros.
Sangüesa fue una pequeña decepción. A pesar de que la iglesia y el castillo eran bonitos, esperábamos un lugar más pintoresco, más al estilo de Sos, pero nos encontramos un pueblo bastante normalita. No está mal para visitar si se está haciendo turismo por la zona, pero yo no iría de propio.

 Una callejuela cualquiera de las que te puedes encontrar en Sos del Rey Católico :-)


OLITE

Otra de las grandes atracciones de viaje junto con Pamplona. Olite no sólo es un pueblo medieval precioso con un palacio real de cuento de hadas, sino que tuvimos el acierto de planificar nuestra llegada para que coincidera con la feria medieval que se celebra allí todos los años, el segundo fin de semana de Agosto. Gracias a Luis, un amigo nuestro que vive muy cerquita de allí (en Estella), pudimos participar en el desfile nocturno y la cena medieval que tuvo lugar después en el patio del castillo. Olite es tan, tan bonito, que merece una visita en cualquier momento del año, pero con la feria medieval fue aún mejor. Tiene un alojamiento de lujo que es el Parador Nacional, pero nosotros nos quedamos en el hotel El Juglar, situado a las afueras del pueblo y realmente bonito.

¿Frikis? ¿Quién dijo frikis? ¡Pues sí, y a mucha honra! :-D


ESTELLA

Nuestra parada final fue Estella, el pueblo de nuestro amigo Luis. Está muy cerca de Olite, así que vale la pena ir a visitar uno de paso que se ve el otro. Ya habíamos estado en Estella en otra ocasión, concretamente en 2009, cuando contrataron a Tindomion para arbitrar un torneo de Warhammer. Sin embargo, en aquella ocasión apenas tuvimos tiempo para hacer turismo, y esta vez lo hemos compensado con creces. Vale la pena ver iglesias como la de San Martín, San Juan Bautista o el Santo Sepulcro, y monumentos como el palacio del Gobernador, donde está el Museo del Carlismo. Por último, Estella también es famosa por una estupendísima chocolatería que pienso volver a visitar cada vez que viaje allí: la bombonería Torres, donde venden todo tipo de dulces y bombones increíblemente buenos. Entre mis favoritos, las Rocas del Puy y la crema de chocolate artesanal, ambos fabricados con avellanas deliciosas y chocolates de todo tipo que ellos mismo fabrican. ¡Para morirse de bueno!

 Estella: para perderte en ella (¡toma eslogan turístico!)


PUENTE LA REINA

Este pueblo se puede ver perfectamente en dos o tres horitas, y eso fue lo que hicimos el día de la vuelta, haciendo un alto en el camino después de comer. No sólo visitamos el famoso puente románico, ruta imprescindible para los millones de peregrinos que hacen el Camino de Santiago, sino la iglesia templaria y unas cuántas callecitas preciosas con sabor medieval. Tras nuestra visita relámpago a Puente la Reina, seguimos nuestro camino de vuelta a Aragón, dando por finalizado nuestro periplo navarro.

El famoso puente románico que le da nombre al pueblo


Y este ha sido nuestro viaje. Nos hemos llevado recuerdos estupendos, una gratísima impresión de la gente, souvenirs muy sabrosos (queso, chocolate, e incluso pochas y chistorra, que mi suegra cocinó días después para deleite de toda la familia), y unas ganas enormes de volver. ¿Alguna nota negativa del viaje? Pues en realidad, sólo dos: una, el pequeño incidente que sufrí en Pamplona (en el paseo de ronda tropecé, me hice un esguince, y tuve que pedir ayuda a los de mi hotel para que me encontraran un fisioterapeuta abierto en Agosto que me arreglara el tobillo. Afortunadamente lo encontraron, y aunque me metió una clavada importante, el tratamiento combinado de masaje y láser que me hizo recompuso las cosas lo suficiente como para quitarme el dolor y permitir que aquella misma tarde hiciera la ruta de las cuevas de Zugarramurdi), y dos, la politización rara que encontré en algunos sitios, sobre todo en Elizondo y en algunas calles de Pamplona. cada cual, por supuesto, tiene sus ideas políticas, pero ver las banderitas pro presos etarras (que aunque estuvieran en Euskera se entendían perfectamente) y las ikurriñas colgadas de balcones, acompañadas casi siempre de esteladas (!!) llegó a ser un poco irritante.
Pero en fin, radicales políticcos hay en todos lados y no es cuestión de que una minoría empañe la buenísima experiencia que tuvimos del viaje, así que, ¡gora Iruña! Jejeje. ¡Volveremos! :-)

viernes, 12 de diciembre de 2014

Pan, gracia de Dios


El título de esta entrada, que no es precisamente original (lo utiliza Isabel Allende en su afamado libro sobre afrodisíacos llamado Afrodita, que recomiendo sin reservas porque además de tener recetas estupendas es interesantísimo y tronchante), me ha venido a la cabeza después de repasar algunos artículos sobre el pan de uno de mis blogs gastronómicos favoritos, Webos Fritos. Su autora, Su, habla del pan con auténtica pasión, posteando recetas para hacerlo casero y haciendo catas en las tiendas (cada vez menos) en los que aún se fabrica artesanal y en horno de leña.
Y es que hoy en día se tiende a ver el pan como un producto muy básico, una especie de "fondo de despensa" que se compra en hornos y supermercados donde lo fabrican en serie y con masa congelada, un mero recipiente para colocar el relleno de los bocadillos o un simple instrumento para rebañar la salsa. Tengo que decir que para mí nunca ha sido así. Siendo pequeña, pasando mis vacaciones en un pueblo limítrofe entre las provincias de Teruel y Guadalajara llamado Alustante, no había comida que me gustara más que le pan casero horneado a leña que servían en la panadería. Parece que me estoy viendo a mí misma con nueve o diez años: me mandaban temprano a comprarlo; yo iba con la bolsa del pan y hacía cola con todas las señoras del pueblo -y algún que otro chaval al que habían mandado a comprar, igual que a mí). Todo el horno (que era muy pequeño y estrechito) olía a pan recién hecho, y la espera hasta que llegaba el turno de conseguir las barras crujientes, doraditas y aún calientes, se hacía interminable. Lo que creo que mis familiares nunca supieron es que yo, a veces, guardaba un poco del dinero que me daban para tebeos o chucherías y me lo gastaba en una barra de pan adicional que era sólo para mí. No la compartía con nadie; lo habitual era que media barra cayera ya de camino, antes de llegar a casa, y que el resto me lo fuera comiendo a lo largo del día. Nunca sobraba nada. A veces lo rellenaba con jamón serrano, queso o atún en aceite, pero en muchas ocasiones me lo comía solo, sin más, a bocados. "Pan con pan, comida de tontos", me solía decir mi madre cada vez que me veía comiendo pan sin relleno.
No puedo estar más en desacuerdo con esa afirmación. Tal vez sea cierto con los panes mediocres que venden hoy en día en casi todas partes (incluyendo, según me han dicho, el propio Alustante, a donde ya hace muchos años que no voy pero cuyas horneras, según me han contado, ya no venden pan de fabricación casera sino que lo traen en furgoneta muy temprano, venido de una fábrica donde lo preparan masivamente para repartirlo entre varios prueblos. Mierda). Sin embargo, una de las mejores y más satisfactorias comidas que recuerdo de mi infancia tiene como protagonista a ese pan.
Habíamos ido de excursión a un merendero en medio de un rinconcito de los Montes Universales llamado la Fuente del Endrino. Allí había barbacoas y mesas en medio de un claro, un enorme bosque de endrinos y abetos rodeando la extensión, de esos llenos de musgo y liquen donde el sol no llega a tocar el suelo y que parecen de cuento de hadas, y un arroyuelo que nacía de la famosa fuente, una cañería excavada en la roca viva que traía agua directamente del manantial de las montañas. Eran las dos de la tarde, hora de comer, cuando, ya con las brasas en su punto, los adultos cayeron en la cuenta de que se habían olvidado la carne y el pan en el pueblo. Tuvieron que volver a por ello, pero tardaron tanto por culpa del tráfico -media comarca parecía haber tenido una idea similar a la nuestra- que les costó más de hora y media regresar y entre una cosa y la otra acabamos sentándonos a comer casi a las cinco de la tarde. Cuando nos sentamos a las mesas de madera vieja del merendero, empezó a caer un chaparrón descomunal, una de esas tormentas de verano que descargan como trombas. Pero para ese momento todos estábamos tan muertos de hambre que no se levantó nadie. Mayores, abuelos y niños seguimos comiendo a dos carrillos, sin inmutarnos, mientras el cabello y la ropa se nos iba mojando a causa de la lluvia (que afortunadamante no duró mucho).
Pan de leña recién horneado, chuletas de cordero local recién matado a las brasa, moras recogidas por nosotros mismos y agua de manantial: ese fue el menú de aquella comida. Tal vez no parezca gran cosa. Pero sólo al recordar el sabor de esa comida tan especial, tan maravillosa y auténtica, consigue que se me encoja el corazón de anhelo y añoraza. Sobre todo porque, como diría Bárbol (lo de Galadriel sólo es en las pelis) el mundo ha cambiado, y aunque regresara allí, ya no tendría la posibilidad de volver a probarla.

domingo, 26 de enero de 2014

¡Estoy embarazada!


Pues eso, que para qué escribir un título misterioso si lo voy a decir de todas maneras; al grano y listos :-P
No, no es ninguna broma; voy a ser mamá. Aún no me lo creo ni yo, pero si todo va como es debido, a finales de Mayo o principios de Junio Tindomion y yo seremos padres de una niña.

Probable futuro de Tindomion, dentro de un año o así

Como hasta ahora no he hablado demasiado de mi vida privada en este blog, y es mi deseo que siga siendo una ventana de opinión, frikismo y algo e cachondeo más que una especie de diario personal, he creado otro blog dedicado exclusivamente a mi embarazo y posterior maternidad. Os invito, si lo deseáis, a pasaros por el nuevo blog Mi princesa y yo, donde podréis leer las aventuras, desventuras, experiencias y comentarios de la nueva Estelwen mamá.
Para todo lo demás, seguiré usando este blog, que continuará siendo lo que ha sido siempre.
¡Pues nada, me voy a seguir flipándolo un rato, que después de cinco meses de embarazo aún no me lo acabo de creer del todo! :-D

lunes, 19 de agosto de 2013

Grandes descubrimientos del verano


Como muchos de los lectores que siguen este blog habrán deducido, estoy de vacaciones. Razón principal por la cual en las últimas semanas no he publicado mucho (bueno, vale, no he publicado nada en absoluto). La verdad es que tengo montones de entradas que quiero escribir, pero por culpa de (o debería decir gracias a) mis vacaciones -¡weee!- no tengo tiempo material para escribirlas. Prometo ponerme las pilas en Septiembre (odiado, odiado Septiembre).
No quiero, sin embargo, dejar de hacer un pequeño recopilatorio de las cosas que más me están gustando de mis vacaciones, por si acaso alguna persona de las que me lee está de vacaciones también, o las va a coger en breve, y quiere alguna idea.
¡Allá vamos con mi top veraniego!


Helado de nubes con nubecitas, de Hacendado:

Mi nueva tentación dulce. Yo en esto de las golosinas soy bastante clásica: por regla general, detesto el exceso de azúcar, no me gusta la bollería, odio la nata, me empalagan las chuches, y no suelo salirme del chocolate negro y sus derivados (mousse, helado, bavaresa, flan, etc). El chocolate con leche y el blanco tampoco me hacen especial gracia; los encuentro demasiado empalagosos. Por lo general, fuera del helado de chocolate, mis sabores favoritos son los de fruta (mora, cereza, higos, manzana verde) o frutos secos (pistacho, almendra, avellanas).
Compré el helado de nubes por pura curiosidad (en plan "lalala, no sé qué comprar... uy, mira, un helado azul con nubecitas rosas, a ver a qué sabe"), y en cuanto me lo metí en la boca, tuve una especie de epifanía: un sabor cremoso, dulce pero no en exceso, refrescante, mezcla de chicle y malvavisco, con esos deliciosos cachitos de nube que se deshacen en la boca... y me acabé la tarrina en tres días, yo sola.
Desde entonces, sólo lo he comprado una vez más, pero no porque no me guste, sino por todo lo contrario: no puedo contenerme cuando lo tengo delante, y por eso precisamente tengo que comprarlo con mesura. A mi índice de masa corporal no le vendría nada bien eso de hincarme dos tarrinas de un litro por semana.
Ah, y el muy cabrito te deja la lengua azul, pero con lo bueno que está no se lo vamos a echar en cara...


Orvieto:

Pueblo medieval de la Toscana. Sí, he estado en la Toscana. No, no lo pongo para darle envidia a nadie (juasjuasjuas). Y prometo entrada más detallada acerca de mi viaje con sugerencias, restaurantes, hoteles, rutas, observaciones, fotos... porque hemos estado en muchos sitios (no sólo de Florencia vive la Toscana). Sin embargo, quiero reseñar ya este lugar como uno de mis grandes descubrimientos porque, a diferencia de destinos más clásicos, Orvieto no suele estar en las rutas turísticas. De hecho, para ser exactos, Orvieto ni siquiera está en la Toscana, sino en una región vecina llamada Umbría, menos turística pero igual o más hermosa que su vecina famosa, según mi opinión.
Sea como sea, si vais al centro de Italia estas vacaciones, os aconsejo que no dejéis pasar Orvieto. Está muy accesible en coche, autobús y tren tanto desde Roma como desde Florencia, y la verdad es que vale mucho, mucho la pena visitarlo. El trazado de las calles y las casas son completamente medievales, la catedral es espectacular, y las vistas de la región desde lo alto del pueblo sencillamente magníficas. Pero además, existe la posibilidad de hacer una visita guiada por las grutas subterráneas (toda la parte alta del pueblo está llena de grutas artificiales y pasadizos secretos, como si fuera un queso gruyere) y descender al espectral Pozo de San Patricio, que parece una mezcla rara entre las escaleras de Lothlórien y las Minas de Moria y es ni más ni menos que un pozo renacentista con doble escalera helicoidal y ventanales, perfectamente conservado, de más 60 metros de profundidad. Además, durante este año y parte del que viene hay un Jubileo conmemorativo del Milagro de Bolsena y la institución de la festividad del Corpus Christi, que permite a los creyentes no sólo entrar por la Puerta Santa de la catedral, sino hacerlo como peregrinos, sin que te cobren nada por la visita (y esto, teniendo en cuenta las mega clavadas que te pegan en Italia en general y en la Toscana en particular, no es ninguna tontería).
En definitiva, gente, que Roma, Florencia, Pisa y San Gimignano son muy chulas, pero si podéis, ¡id a Orvieto! Si no os gusta, pizza gratis ;-)


Expediente Warren (The Conjuring):

Supongamos que el presupuesto no da para irse a Italia, y toca quedarse en la ciudad. Una buena ocasión para ir al cine. Y si dudáis qué película ir a ver, y no os espanta mucho el terror, os aconsejo que veáis esta mientras aún podáis. No, en serio, vedla ya. No es otra de esas típicas películas de posesión/casa encantada/chica estúpida que baja las escaleras en ropa interior preguntando "¿quién está ahí?".
Esta es, sencillamente, la mejor película de terror que he visto en años. No recuerdo ninguna película con guión, dirección e interpretaciones tan excelentes desde que se estrenó Los Otros, y con eso creo que ya está dicho todo. Me encantó además que la película no tire de efectos facilones para dar miedo (como el viejo truco de bajar el sonido durante varios segundos y luego subirlo de repente con un grito o con un "'¡tachán!", que puede que asuste, pero le resta todo el mérito a la película, porque eso te lo hacen viendo Heidi y te asustas igual), sino que tire de sustos chungos, bien elaborados, de terror psicológico puro y duro. Que sin gore alguno, ni trucos de sonido, consiga ponerte los pelos de punta, con algo tan sencillo como por ejemplo... un par de palmadas.
Para colmo, resulta que la película está basada en hechos reales. Sí, reales y documentados. Por ejemplo, la puñetera muñeca existe, y está de verdad encerrada en una vitrina. Aunque me resisto a poner una imagen en mi blog porque me da mal rollo, hay que decir que la muñeca real no tiene ni de coña la pinta chunga que tiene la versión peliculera. De hecho, es de lo más inofensiva, y eso hace que la versión real (documental disponible en inglés, animáos a verlo si sois valientes) sea aún más aterradora. Sobre todo porque es una muñeca muy común, que aún hoy se comercializa. De hecho, creo recordar que mi hermana tenía una igualita de pequeña (honestamente, no sé dónde la dejó, pero espero no encontrármela jamás o mi grito se oirá en Pernambuco).
Ah, otra cosa, si vais a ver la película, abstenéos de ver el trailer: te revienta los mejores sustos.


Libros varios:

Si no hay pasta para irse de viaje, y tampoco hay redaños para ver una película de terror, paso a comentar los libros que me he leído este verano.


Las Horas Oscuras, de Juan Francisco Ferrándiz:

Este fue el típico libro que me llamó la atención cuando salió, pero era tan caro que preferí esperar a leerlo de bolsillo. Me alegro de haber esperado. La historia es entretenida, se lee rápido, y se nota que el autor se ha esforzado en documentarse acerca de la mitología irlandesa. Sin embargo, a pesar de haberme gustado, no está entre mis favoritos veraniegos por dos motivos: el primero, que a pesar de que la redacción y el estilo son muy correctos a veces el autor peca de novato al repetir varias veces las mismas cosas, como si tuviera miedo de que el lector no se acordase. El segundo, que a veces se ven fallos gordos de documentación histórica (por ejemplo, que estando en el siglo X se presente a Dana, la protagonista, como "una joven muchacha de 25 años", cuando en la Edad Media (donde la esperanza de vida, sobre todo si eras un plebeyo, no superaba los 40 años) a las 25 años Dana sería ya una mujer madura. A esa edad se podría haber dicho que "era todavía bella y de aspecto juvenil", pero, ¿llamarla "muchacha"? Ni de coña. También el hecho de que se hable del matrimonio eclesiástico como un tabú, cuando hasta el siglo XI no se instituyó el celibato sacerdotal. Por último, algunos avatares de la historia se resuelven de un modo algo simplón (SPOILER, aunque no revelo nada demasiado importante: Me cuesta creer que unas imágenes religiosas sean taaaan bonitas que su mera visión baste para redimir a alguien malvado, así por las buenas FIN SPOILER).
Eso sí, a los amantes de las tradiciones celtas y druídicas, les recomiendo la novela: creo que les encantará.
Aunque las tramas principales del libro se cierran, da la impresión de que tiene continuación. Me gustaría leerla, pero pienso esperar a que salga en bolsillo.


La Huida, de Emma Pass:

Novela juvenil distópica. Como la mayor parte de novelas juveniles del momento, no se puede esperar un estilo refinado ni una pluma muy cuidada: la redacción es correcta, ágil, y la novela está hecha para ser devorada. Aún así, La Huida está por encima de la media de las novelas distópicas del momento; no llega al nivel de la mítica Los Juegos del Hambre, pero tampoco es tan simplona como otras sagas menos afortunadas como Juntos o Traición, donde el universo distópico no te lo crees ni borracho (vaya, nota mental: esto me recuerda que tengo pendiente hacer un ranking de sagas distópicas). Cuenta la historia de Jenna Strong, una adolescente presa en una cárcel de alta seguridad que consigue huir durante un motín y vive un sinfín de aventuras.
Sin ser una obra maestra (tampoco pretende serlo), La Huida es un buen bocado para todos los amantes de las distopías, que deja un buen sabor de boca. En teoría en una novela autonconclusiva, pero en el último capítulo deja abierta una cuestión que me hace preguntarme si la autora no estará pensando en escribir una continuación. Yo preferiría que no, pero si el libro se vende, lo más probable es que quieran exprimir el filón.


Un Palazzo en la Umbría, de Marlena de Blasi:

Con Marlena de Blasi me pasa como con el helado de nubes de Hacendado: no es un bocado gourmet, y a diario empalaga, pero de vez en cuando te entra un antojo lujurioso y te das un atracón. Marlena de Blasi es una mujer estadounidense que se enamoró ya madura de un veneciano de su edad y lo dejó todo para irse a vivir con él a su tierra. De aquella experiencia, además de un exitoso matrimonio que ya dura quince años, sacó tres libros autobiográficos que la han hecho de oro: Mil Días en Venecia (mola mucho), Mil Días en la Toscana (no está mal), y Un Palazzo en la Umbría (mola bastante). Ha sido este último el que me ha acompañado en mis vacaciones, porque da la casualidad de que está ambientado en Orvieto, donde está afincada actualmente la escritora con su esposo. Estas novelitas, escritas con un estilo sencillo, entrañable y algo (pero muy poco) pedante en ocasiones, no sólo te presenta sus experiencias y a la gente real que ella conoce, sino también deliciosas recetas de la región y anécdotas gastronómicas, que a mí con mi notoria debilidad por la cocina me parecen irresistibles. Si os gustan Italia, la cocina y las novelas autobiográficas de crecimiento y reflexiones personales, no os la podéis perder. Aconsejo seguir el orden cronológico de los libros (Venecia-Toscana-Umbría), pero si no lo queréis seguir tampoco pasa nada.


Las Horas Distantes, de Kate Morton:

Kate Morton ha sido, sin dudas, mi gran descubrimiento de este año. Me leí El Jardín Olvidado igual que hice con Las Horas Oscuras (esperando a que saliera en bolsillo porque mi economía no está para gastarme veintipico euros en una novela que no sé si me va a gustar). Y debo decir que fue un pleno al quince. Tras El Jardín Olvidado (buena), me leí La Casa de Riverton (que no está mal), y por último Las Horas Distantes, que amenizó la última parte de mi viaje por la Toscana y que es el que más me ha gustado de los tres. Hasta ahora, todas las novelas de Kate Morton van más o menos de lo mismo (misterios e intrigas familiares del pasado que una persona del presente debe resolver), pero los argumentos no se copian unos a otros. Todo lo contrario: cada novela es original, única y muy hermosa, a pesar de compartir la misma autora y el mismo género. Y lo considero muy meritorio, porque en estos casos es muy fácil que la autora caiga en la tentación de copiarse a sí misma, pero de momento no ha sido así y lo celebro. Si os gustan este tipo de historias y queréis una sugerencia de lectura, Kate Morton es vuestra nueva mujer de año, sin dudarlo.


El verano no ha terminado, y aún me quedan libros pendientes de leer. Ya lo comentaré cuando los haya terminado, si considero que merece el esfuerzo. Son los siguientes:


Shirley, de Charlotte Brontë: De lo poco que me queda por leer de las hermanas Brönte. No creo (es más, sé que es imposible) que sea tan bueno como mi adorado Jane Eyre, pero siendo de la misma autora, espero que no me decepcione.

Prometidos, de Caragh M. O'Brien: Última entrega de la trilogía juvenil distópica Marca de Nacimiento. Estoy esperando a terminarme la trilogía para hacer la reseña.

El Pozo de la Ascensión, de Brandon Sanderson: Otra última entrega de una trilogía, esta vez fantástica, llamada Nacidos de la Bruma. No está mal, pero de momento es lo menos bueno (que no malo) que he leído de Sanderson.

Las Chicas de Septiembre, de Maureen Lee: Me lo dejó una amiga hace ya tiempo, y tiene muy buena pinta, pero por una u otra razón lo he ido dejando aparcado en pro de otras lecturas. A ver si lo termino ya y se lo puedo devolver.

lunes, 25 de febrero de 2013

Jamones nostálgicos


Mis suegros suelen tener siempre en casa unos jamones excelentes. Guijuelos, jabugos, y toda clase de exquisiteces de pata negra, que hacen las delicias de todos los desayunos y meriendas. Y claro, como nos ven a Tindomion y a mí (sobre todo a mí) devorándolo con tanta alegría, siempre nos dan un poco para que nos lo llevemos a Valencia, bien envuelto en papel de plata.
Pero, ¿qué pasa cuando llegamos a Valencia? Pues que el muy maldito, al cabo de veinticuatro horas, está reblandecido, con un gusto raro, y ya no tiene casi nada que ver, ni por textura ni por sabor, con ese magnífico jamón que nos comíamos en Barbastro.
habrá quien diga que es cosa del clima, más húmedo en la costa que en el interior, o de la diferencia de presión atmosférica. Yo también lo creía, por eso me compré una nevera no-frost, de las que eliminan la humedad, para proteger el jamón de los excesos mediterráneos. Ni con esas.
Luego, pensé que tal vez las capas de papel de plata o de plástico lo asfixiaban, y me aprendí bien cómo lo guardaba mi suegra en su propia nevera. Intenté guardarlo igual. Ni con esas tampoco.
Así que he llegado a la conclusión de que en realidad no es culpa del contraste entre la humedad y sequedad del clima, o la diferencia de altitud (300 metros, que tampoco es tanto), ni de los rigores del viaje. Lo que sucede es que los jamones son unos nostálgicos. Le cogen cariño a la primera tierra en la que ven la luz, y una vez allí, cualquier viaje o desplazamiento los llena de tanta melancolía que se les reblandece el alma y se les trastoca el sabor para siempre. Es la única explicación que se me ocurre, además, porque los jamones que mi padre compra enteros y corta en su jamonero en Valencia están sabrosísimos y por mucho tiempo que pasa mantienen una textura tan impecable como los aragoneses.
Supongo que eso significa que estoy condenada a gastarme fortunas que no me puedo permitir en hacerme con un jamonero, una cuchillo decente, un cursillo de corte y el jamón en cuestión, o seguir resignándome a probar tales delicias sólo cuando voy a casa de mi padre o de mis suegros y estos tienen un ejemplar listo para ser consumido.
Ay de mí.

PD: Con el ternasco de Aragón pasa exactamente lo mismo. Jamás en mi vida he conseguido probar un cordero como el que sirve mi suegra en su casa. Ya puedo gastare dinero en los puestos de carnes de los mercados valencianos, ya. Naranjas.

sábado, 9 de febrero de 2013

Tentaciones dulces


Ocurrió que la señorita Estelwen, en sus afanes culinarios y reposteros, tuvo la brillante idea de pedir una amasadora Kenwood para Reyes. Al principio iba a ser una Kitchen Aid, pero al final cambié a la Kenwood porque esta tenía complementos que me permitían hacer algo que la Kitchen Aid no podía: elaborar pasta fresca casera.
Así que la Noche de Reyes, entre otros muchos agradables presentes, recibí mi amasadora Kenwood. Y he aquí a la vez mi (deliciosa) dicha y mi (sabroso) problema. Porque me volví loca de alegría con ella y desde que la tengo de ahí han salido:

-Una tanda de 12 cupcakes de chocolate con su buttercream chocolateado.

-Dos hornadas de chapatitas.

-Cuatro raciones de tagilatelle caseros (que fueron acompañados con salsa de gorgonzola)

-Dos raciones de tortelloni caseros de calabaza.

-Dos raciones de maltagliati para sopa.

-Más de sesenta bolitas de galleta de mantequilla y chocolate (en tres tandas).

Y claro, resulta que queda poco más de un mes para Fallas y yo ya vivo con el miedo de no poder abrocharme mi flamante corpiño de mi flamante traje plateado. Y estoy intentando dejar un poco apartada la Kenwood. Bueno, de hecho, me he obligado a mí misma a NO comprar mantequilla porque de lo contrario la tentación de seguir haciendo bolitas de galleta es irresistible. Pero claro, sigo teniendo la harina 00 de Barilla que me compré en mi último viaje a Venecia. Y la harina de fuerza para hacer pan. Y las harinas me miran fijamente cada vez que abro la nevera y me dicen "amásanoooos... y compra anchoas para hacer en aceite y más gorgonzola en el mercado para acompañar las delicias que harás con nosotraaaas... vámos, Estelwen, amásanos o nos echaremos a perder, ¿de verdad no te impoooorta?".
Y a mí cada vez me cuesta más trabajo resistirme T__T

Tampoco me facilita las cosas la depresión que me ha causado ver las maravillosas imágenes de los Carnavales de Venecia de este año y saber que me los estoy perdiendo. Me MUERO de ganas de ir a los Carnavales de Venecia. Claro que es lo de siempre: si no conoces a nadie, con tanta aglomeración, no sabes ni lo que ves y además te pierdes las fiestas privadas que son las más divertidas.
Aprovecho para comentar, así como quien no quiere la cosa, que si me lee algún veneciano (o alguien que tenga familia/amigos en Venecia) que sea amante de la repostería, aprovechando que ahora tengo mi querida amasadora Kenwood igual podríamos llegar a un interesante acuerdo...

domingo, 28 de octubre de 2012

El libro de un día de verano

Hoy me ha ocurrido algo extraño. Me he puesto a releer un libro, uno de mis favoritos de la infancia. Ha llegado un extraño, de Mollie Hunter, colección El Barco de Vapor. De esos que tan de moda estaban en los 80 y los 90. No se trataba del libro original, que en algún momento de mi adolescencia (para mi infinito fastidio) se traspapeló y desapareció en el portal dimensional oculto que hay en mi vieja estantería de los libros infantiles (única explicación lógica a por qué me ha desaparecido tantos a lo largo de estos años sin razón aparente), sino de una nueva edición, con ilustraciones infinitamente peores, que compré hará un par de años en la Feria del Libro Antiguo y de Ocasión.
Y, al volverlo a leer, ha pasado algo extraño. Me he sentido, por un momento, transportada al lugar y al momento en que lo leí, un mes de Julio a principios de los años 90. En Puerto de Sagunto, donde pasaba quince días de vacaciones todos los años con mis abuelos antes de que estos se hicieran demasiado mayores y prefirieran ir a un hotel donde les hacían las camas y no tenían que cocinar.
El apartamento estaba situado en primera línea de playa, justo al extremo norte de ella, donde terminaba el paseo marítimo. Nada más entrar, después de subir al quinto piso en un ascensor diminuto que siempre olía a bañadores húmedos y a cloro de piscina, se abría un largo pasillo que tenía a la derecha la cocina y a la izquierda el cuarto de baño. Más adelante, se abrían tres dormitorios; dos a la izquierda y uno a la derecha. El segundo de la izquierda, justo antes del final del pasillo, era el mío; he podido verme a mí misma, sentirme dentro de mi propia piel, a mis nueve o diez años, leyendo tendida sobre la cama. En mi piel podía sentir la suave aspereza del ligero cobertor, color blanco con dibujos de flores azules. Junto a la cama, una mesilla de noche y un armario empotrado donde guardaba mi ropa; al otro lado, una ventana que se abría al Norte y desde la que se veían los chalets lejanos de la población vecina de Canet. A los pies de la cama, como un testigo silencioso, una silla de madera sobre la que reposaba mi pequeña (y también desparecida) maletita rosa, que llenaba sólo de libros al viajar allá. Algunos eran nuevos, el resto eran mis libros favoritos de casa, los que no me cansaba de releer una vez más. Uno sobre pesca, Matilda de Roal Dahl, El león, la bruja y el armario de C.S.Lewis, Manolito Gafotas de Elvira Lindo, El verano de la sirena de Mollie Hunter, La señora Frisby y las ratas de Nimh, de Rober C. O'Brien, algunos libros de Los Cinco de Enid Blyton...
Entonces, la niña que era yo ha sentido hambre. La hora de merendar. Me he levantado y, con la grácil agilidad del cuerpecito de niña que hace años que dejé de tener, me he dirigido al salón. Descalza y sin hacer ruido, porque mi abuelo dormía la siesta en la cama de matrimonio del dormitorio grande.
Nada más entrar, a la izquierda, un último dormitorio, tan pequeño como los otros, y frente a mí, la mesa redonda donde desayunábamos, comíamos y cenábamos, siempre con mantel y servilletas de tela, que mi abuela era muy cumplida para esas cosas. La mesa se podía abrir y hacer el doble de grande cuando venían mi madre, su esposo, y mis tíos abuelos. Al otro extremo del salón, el sofá donde yo siempre leía tendida cada vez que me cansaba de hacerlo en mi cama, y en la pared del fondo, frente a mí, una cristalera completa del suelo al techo a través de la cual se vislumbraba el mar. Se podía salir al balcón; un balcón lo bastante grande como para poner allí el tendedero y una mesa pequeña con varias sillas de plástico blanco. Frente a él se abría toda la amplia panorámica de la playa, desde las dunas semisalvajes al lado de nuestro bloque de apartamentos hasta el lejano rompeolas del otro extremo de la playa, con las grúas del puerto todavía más allá, y la arena dorada que en las horas puntas de los días soleados parecía por obra y gracia de las sombrillas un inmenso campo de apiñadas setas multicolores. En el extremo norte del balcón, al lado de una columna, había pegado al techo un nido de golondrinas hecho de pegotitos de arena y barro. He sentido el calor, la suave caricia del viento, el sonido de los coches y de las olas, el olor de la sal. Por mi cabeza ha pasado la fugaz idea de hacerme un bocadillo de atún, pero en seguida he sucumbido al capricho de pedírselo a la mejor cocinera que he conocido en mi vida.
-¡Abuelita! ¿Me haces un bocadillo de atún?-.
Y mi abuela me ha respondido llamándome para que le diga cuánto pan quiero. Ella nunca quiso que yo abriera las latas, por temor a que me cortara. Además, yo no tenía fuerza ni destreza suficientes como para manejar el abrelatas de metal ennegrecido, de esos semejantes a cuervos cuyos picotazos van horadando poro a poco la tapa de la lata de conservas, haciendo que el aceite brote de las hendiduras como la sangre de una herida. Yo sabía que dentro de poco podría regresar de vuelta al salón comedor, con mi bocadillo en un platito sujeto en una mano y el libro y una servilleta en la otra. Mi abuela me seguiría, sonriente, con un vaso de agua entre las manos, arrastrando sus zapatillas azules y vestida con uno de esos vestidos de tirantes floreados que siempre llevaba en verano y que a mí tanto me gustaba verle puestos. A ella y a mi abuelo todavía les quedaban casi veinte años de vida sana y feliz, y yo también era feliz, porque sólo estábamos en Julio y el verano era largo, y hacía sol y calor, y estaba de vacaciones, y tenían mis libros, y mis padres y todos mis seres queridos estaban bien, y en ese momento mi vida era todo lo que podía desear una niña como yo.

Pero entonces he cerrado el libro, tras terminarlo, y la visión se ha desvanecido. He vuelto al momento, al lugar y a la persona que soy: una mujer de casi treinta años en su casa, apurando las pocas horas de asueto que le quedan antes de que vuelva a ser lunes y empiece otra fastidiosa semana de trabajo, casada pero todavía sin hijos, y con algunos sueños todavía por cumplir. Y que a más de año y medio de la muerte de su abuela, y a menos de dos semanas el primer aniversario de la muerte de su abuelo, sigue amándolos a los dos con tanta fuerza como aquella niña de antaño, y los echa de menos más aún que a aquellos días de luminosa infancia, y siente en el pecho el agujero doloroso y sangrante que sigue dejando, y siempre dejará, su ausencia.
Ese dolor, más que cualquier otra cosa, es lo que me hace estar segura, más allá de toda certeza, de que jamás volveré a ser esa niña, del mismo modo que aquellos días de verano no regresarán jamás. Supongo que eso es lo que los hace tan valiosos.

martes, 31 de julio de 2012

El verano ya llegó, ya llegó, ya llegó...

En el despacho, hoy tarde, cerrando el ordenador...

Yo (feliz): ¡Por fin he acabado! ¡Vacaciones! Esta tarde a celebrar mi aniversario de boda, y mañana a disfrutar de mi mes de asueto. Me haré una pedicura ahora que tengo tiempo, me iré a la playa...

¡Riiing!

Yo: ¿Sí?

Abogado cabrón: Hola, te he mandado un escrito de defensa, para que lo presentes mañana.

Yo: ¿¿Mañana?? ¡Pero mañana en 1 de Agosto, es inhábil! Me voy de vacaciones.

Abogado cabrón: Bueno, y yo también me voy, pero es que es tu obligación presentarlo. Agosto es hábil para lo penal.

Yo: Lo penal de Agosto lo hacen los abogados; de hecho, los Juzgados durante este mes os notifican directamente a VOSOTROS, no a nosotros. ¿O tengo yo que quedarme todo el maldito verano en casa por si a alguno de vosotros le da por pedirme que presente algo? Y además sólo notifican las causas con preso.

Abogado cabrón: Ya, pero es que me has mandado esta mañana el escrito de acusación, no me ha dado tiempo a hacer mi escrito de defensa antes.

Yo (cabreándome cada vez más): ¡¡Pero si me pediste ese escrito de acusación mediante un e-mail ayer por la tarde!! ¡¡Y te lo he fotocopiado y mandado esta mañana!!

Abogado cabrón: ¡Pues haber ido a fotocopiarlo tú cuando te llegó el plazo para presentar escrito de defensa el viernes! Que los procuradores sois todos iguales, no os leéis nada, sois unos...

Yo: A ver, en primer lugar, en un turno de oficio YO no tengo obligación de hacer copias. En segundo lugar, si tenías tanta prisa por hacer el escrito de defensa porque esta noche te vas, ¿¿NO PODÍAS HABER IDO TÚ A HACER ESAS FOTOCOPIAS AYER DÍA 30, O HABERME LLAMADO AL MÓVIL PARA QUE LAS HICIERA YO ESA MAÑANA, EN LUGAR DE MANDARME UN E-MAIL POR LA TARDE??

Abogado cabrón (tras una pausa): Eh... adiós, y presenta ese escrito (cuelga).

Yo:
Y por esto, queridos niños, es por lo que he decidido que a partir de septiembre voy a darme de baja del turno de oficio (bueno, por eso y porque me pagan poco y tarde, con decir que te todos los asuntos de oficio cuyas facturas he presentado en 2012 aún no he visto un duro...)

viernes, 15 de junio de 2012

Historias de (des)amor

Yo juro que no lo entiendo. Cuando le preguntas a la gente por una gran historia de amor, ¿de quiénes hablan? Tristán e Isolda, Tirante y Carmesina, Lanzarote y Ginebra, los amantes de Teruel, y cómo no, los imprescindibles Romeo y Julieta. Si preguntas por una película, por supuesto nadie dejará de mencionar Titanic, Mouline Rouge o Love Story.

Y yo me pregunto: ¿¿pero de verdad alguien en su sano juicio considera todo eso "bellas historias de amor"?? Historias de desamor, las llamaría más bien. Todas tienen algo en común: ni una sola de ellas acaba bien. O muere ella (Mouline Rouge, Love Story), o muere él (más común, como en Titanic o Tirante el Blanco), o mueren los dos (muchísimo más común, como en Romeo y Julieta, Los amantes de Teruel, Tristán e Isolda), o bien los amantes sobreviven pero quedan separados por las circunstancias y no pueden estar juntos (Lanzarote y Ginebra).

No deja de parecerme curioso que la gente tenga tanta adoración por historias de amor que acaban con muerte o separación; en definitiva, como el rosario de la aurora. Estas muertes y separaciones, además, nunca se dan al final de la vida (no recuerdo ahora mismo ninguna historia de amor clásica en la que los enamorados se casen, sean felices, y mueran viejecitos y rodeados de nietos, exceptuando los cuentos de hadas... y algunas veces ni eso, que la historia de desamor de La Sirenita es para echarse a llorar).

¿Y a qué nos lleva esto? Pues que los escritores y los guionistas que escriben ese tipo de historias (y los que gustan de ellas y las ven como el summun del amor verdadero), en el fondo no son otra cosa que pesimistas. Porque la moraleja subyacente de todas estas historias, si uno lo piensa bien, viene a ser: La única manera de que una historia de amor sea romántica y mítica es separar a los protagonistas en el momento álgido de su amor, antes de que se les pase el calentón y empiecen a discutir por la tapa abierta de wáter y el colegio de los niños.
Así de claro. Estas historias no son de romanticismo y amor, sino de desamor y pesimismo. Todo acaba trágicamente, porque el autor o el guionista deduce que entre la tragedia de la separación por el infortunio o la muerte, o la monotonía y la mala leche que de seguro se instalará en la pareja tras unos añitos de convivencia, es preferible la primera. Vaya perspectiva, digo yo. A ver cuándo puedo leer la historia de amor de dos abuelitos que, tras pasar toda su vida juntos y ayudarse y apoyarse en los buenos y los malos momentos, aún se aman como cuando eran jóvenes. Ah, pero es que eso no vende, ¿no? La fidelidad, la lealtad, la felicidad, el cariño y la constancia no venden. Lo que venden son las lágrimas, la tragedia, la muerte, el dolor, la separación y los triángulos amorosos.

Que conste que yo soy la primera que disfruta con una historia dramática y emocionante en la que los protagonistas deben superar obstáculos o sufrir antes de estar juntos. Pero lo que a mí me gusta de esas historias es que acaben bien. Que la parte "dura" sea el camino, no el final. Sufrir por los protagonistas para que acaben muertos o separados para siempre es muy poco satisfactorio, al menos desde mi punto de vista. Y me molesta que me vendan como amor lo que no es otra cosa que tragedia. Hace algunos años, se pusieron de moda las finales tristes porque eran "inesperados" y "sorprendían al lector/espectador". Pero lo inesperado y lo sorprendente no tiene por qué ser agradable o satisfactorio. ¿No se puede acaso sorprender al lector con otra cosa que no sea un final amargo, o un triángulo amoroso? Que, la verdad, a estas alturas cada vez son menos sorprendentes, porque se han convertido en el recurso fácil y cada vez que alguien me habla de "una maravillosa e impactante historia de amor", ya voy al cine o abro el libro mentalizada a que el final de la historia probablemente no va a ser feliz.

miércoles, 13 de junio de 2012

Tres escenas que marcaron mi infancia

Todos recordamos películas que, por una un otra razón, se nos quedaron grabadas de pequeños. Y no hablo de las que nos impactan por el miedo que nos dan (de esas yo tengo muchas, dado que en la familia de mi padre siempre han sido muy dados a tener todo el día la tele encendida, aunque no la estén viendo, con el lógico descontrol que eso supone sobre las imágenes que ven los niños, que pueden toparse con alguna escena violenta o terrorífica), sino de las escenas que, de alguna manera, nos llenan de maravilla y nos tocan el corazón. Que nos hacen experimentar lo que se conoce como "la fuerza de la imaginación" o "la magia del cine".

Las mías, son estas. Cada vez que veo estas películas, y muy especialmente estas escenas, me veo transportada a los momentos más felices de mi niñez. Si hay una musa en mi interior que inspire a la escritora que pretendo ser, nació con ellas.





La Bruja Novata: Armaduras fantasma contra los nazis





Encuentros en la Tercera Fase: Esa musiquilla...





1, 2, 3, Splash: Ese primer encuentro con el mundo mágico...


No sé si habréis visto alguna vez estas películas. Si no lo habéis hecho, conseguidlas a cualquier precios (junto con Willow y Dentro del Laberinto) y vedlas. Sin tardanza. Os van a gustar; garantía de La Luz de Valor. Si no os gustan, pizza gratis.


PD: No vale mentir diciendo que no nos gustan sólo para conseguir la pizza :-P

domingo, 8 de abril de 2012

Pascua de Resurreción

Simplemente, gracias.
Gracias por dar tu vida por nosotros.
Gracias por vencer a la muerte, y darnos el regalo de la vida eterna.
Gracias por traerme luz donde sólo veía tinieblas, gracias por darme esperanza cuando la estaba perdiendo.
Gracias por todo, Señor.
¡Alegrémonos, pues Cristo ha resucitado!




¿Un post más beato de lo habitual? Puede, no digo que no. Pero lo necesitaba. Porque estas Pascuas han sido muy importantes para mí. He pasado momentos muy duros este último año y necesitaba fortalecer mi fe, necesitaba que la esperanza regresara a mi corazón. Afortunadamente, el Señor me ha tendido la mano y lo he conseguido. Hoy soy más fuerte que antes, hoy mi tristeza se ha convertido en esperanza. Hoy, Cristo ha resucitado en mi corazón. Por eso esta entrada es para él: para darle las gracias :-)

jueves, 8 de marzo de 2012

Libros y más libros

A día de hoy, ya he terminado con la remesa de libros que me regalaron por Navidad. El Temor de un Hombre Sabio y El País de la Nube Blanca me encantaron, El Prisionero del Cielo y la Summa Demoniaca me parecieron aceptables, y El Bebedor de Lágrimas fue la única decepción: simplón, absurdo y más malo que la carne de perro (si alguien está dudando si comprarlo o no, ¡ni se le ocurra! Es un timo). Me ha acabado también un libro maravilloso, El Camino de los Reyes, de Brandon Sanderson. Tengo que hacerles una reseña un día de estos.
Aparte, en este momento estoy sumergida en la lectura simultánea del primero de los libros de Terramar, de Ursula K. Leguin, y de Caminos Cruzados, la segunda parte de la distopía Juntos.

Para cuando me acabe esos dos, ya tengo lista de espera. Después de un 2011 de sequía literaria (como de casi todo lo demás), ha llegado un 2012 cargado de novedades literarias estupendas y fantabulosas. Esta es mi lista actual; si alguien quiere animarme ("¡cómprate ese, que es mejor!"), desanimarme ("¡ese otro es un truño, ni se te ocurra!"), o recomendarme alguno más ("¿Cómo es posible que no tengas X en tu lista?"), es bienvenido en los comentarios. Pero, por favor, nada de spoilers.
Hay uno que me llamaba pero que me niego a comprar por principio que es La Maga, de Trudi Canavan. Después de cómo acabó su trilogía de Las Crónicas del Mago Negro, van a tener que hablarme muymuymuymuy bien de su precuela para que me decida a leerla.

En fin, aquí va mi lista de pendientes:

-Un Destino por Descubrir, de Clare Vanderpool (al principio no me llamaba pero todo el mundo dice que está muy bien).

-Delirium, de Lauren Oliver (me pasa lo mismo que con el anterior; al principio no me llamaba pero he leído tantas maravillas de él que me ha picado la curiosidad).

-El País de los Maoríes, de Sarah Lark (segunda parte de El País de la Nube Blanca, este ya lo tengo reservado porque Tindomion me lo regalará dentro de un mes, cuando sea mi cumpleaños).

-El Circo de la Noche, de Erin Morgenstern (otro del cual se hablan maravillas).

-The Iron King, de Julie Kagawa.

-Olvidados, de Michael Grant.

-El Cantar, de Alison Croggon (con este voy sobre seguro porque es la cuarta y última parte de una tetralogía a la que estoy enganchada: Los Libros de Pellinor. También está reservado como futuro regalo de cumpleaños para mí, en este caso de mi madre).

-Cuentos de Bereth: Los Versos del destino, de Javier Ruescas (otro final de trilogía que quiero terminar).

-El Jardín Olvidado, de Kate Morton.


Editando: No me he podido resistir y ya me he hecho con El Circo de la Noche. A ver si me lo empiezo a leer en cuanto acabe Caminos Cruzados y Terramar ^^

miércoles, 22 de febrero de 2012

Las madres hacen milagros

Hace ya bastantes meses, asistí a una misa oficiada por un cura que al salir se acercó a hablar conmigo y con mi familia política (la misa era en honor de una familiar, fallecida ya hacía un tiempo). El cura era uno de esos sacerdotes entrometidos (no me meto si en bienintencionados o no, aunque prefiero suponer que lo son) que se creen con derecho a preguntarte intimidades o a darte consejos sin que se los hayas pedido, sólo porque llevan puesta una sotana (y este en concreto, además, era del Opus Dei, así que ya ni les cuento). Nos preguntó a mi esposo y a mí, sin conocernos de nada, insisto, si estábamos casados y si teníamos hijos. Le contesté que estábamos casados desde el año anterior, y que no teníamos hijos. Me pregunto por qué no los teníamos. "Porque aún no consideramos que sea el momento, ni enconómica ni personalmente", respondí. Igual tendría que haber puesto sonrisa de tonta y decir que lo estábamos intentando, pero lo de mentir por quedar bien con la gente nunca se me ha dado demasiado bien. El caso es que el cura, por supuesto, puso cara de reprobación y empezó a soltarme una monserga diciendo que "el matrimonio debe estar abierto a la vida, tenéis que animaros, no se puede coartar la vida, las madres sois capaces de cualquier cosa para sacar a los hijos adelante aunque falte el dinero...".
Ahí fue cuando sí que tuve que poner la sonrisa de tonta y callarme, porque si no, le habría tenido que decir lo que estaba pensando, y no era cuestión de pegarle un corte semejante al cura al que mis suegros habían pagado para que oficiara esa misa en el pueblo de la fallecida. Aunque a veces pienso que ojalá lo hubiera hecho; me hubiera gustado decirle que nadie le había solicitado su opinión, que no me conocía, que no sabía nada de mí y de mi vida y que por lo tanto era una impertinencia propia de un prepotente maleducado emitir juicios acerca de ella. Podría haberle dicho que si no soy perteneciente a la secta del Opus será porque no estoy de acuerdo con las cosas con las que ellos comulgan, y por último podría haberle preguntado si iba a ser él, ferviente defensor de los matrimonios abiertos a la vida, el que me iba a pagar el colegio, la ropa, los pañales y los juguetes del niño cuando mi cuenta corriente se quedara a cero ante semejante avalancha de gastos. Incluso podría haberle comentado, así como de pasada, lo hipócrita que resulta que se ponga a lanzar alegatos en favor de tener hijos una persona que ha hecho un voto de celibato de por vida.

Como digo, al final no le solté nada de eso, pero la verdad es que lo pensé. Y lo sigo pensando; me revienta la gente que hace juicios de valor sobre la vida de los demás sin que se lo pidan. Me casé hace dos años, mi marido está en el paro (¡viva la crisis!) y yo tengo un trabajo como autónoma en el cual mis ganancias son completamente variables y no tengo nómina. No voy a ponerme a quejarme de mi vida, ya que en líneas generales me va bastante bien, y mucho mejor que a la mayoría de españoles: tengo una casa de la cual no tengo que pagar alquiler ni hipoteca, gozo de buena salud, estoy casada con un hombre al que quiero y que me quiere, y tengo un trabajo sin horarios fijos que me permite organizarme el día como mejor crea conveniente (a no ser me señalen un juicio, obviamente, al que tengo que asistir sea a la hora que sea). Pero no estoy, realmente, en situación económica ni personal de tener hijos ahora mismo; bastante tengo con mantener mi cuenta corriente como está con todos los gastos que tengo. Y me revienta que un sujeto, que no me conoce de nada, me diga que debería tenerlos "porque las madres hacen milagros a la hora de mantener a la familia".
Me gustaría saber lo que ese sacerdote entendía por milagros. Como no creo que pensara que yo soy capaz de multiplicar los panes y los peces (o los pañales), supongo que se referiría a que sacrificara mi vida por completo: buscando un segundo trabajo, quizás, sacando tiempo hasta de las piedras, perdiendo horas de sueño y renunciando a mi tiempo libre, mis vacaciones y mi vida de pareja para poder "hacer el milagro de sacar adelante a la familia sin tener un duro para ello".
Pues bien, resulta que tengo una vida. Trabajo, preparo la comida, hago la colada, visito a los familiares mayores que tengo, planifico las compras de la semana, limpio (tarea compartida con mi marido, que afortunadamente es el siglo XXI en estr aspecto), y cuando termino de todo eso, me gustaría disponer de un poco de tranquilidad. Tranquilidad que no sólo implica ausencia de berridos de niño, sino que también implica saber que no tengo en el banco menos dinero del que tengo que gastar. Cuando tenga recursos para vestir, limpiar, alimentar y llevar al colegio y a la guardería a mi hijo, estaré encantada de tenerlo, pero ahora sencillamente no puedo. Ni me siento preparada psicológicamente ahora mismo para ser madre, aunque me gustaría serlo en un futuro. Y encima de todo mi esfuerzo, pocas veces tengo una palabra de reconocimiento o de agradecimiento, como si las mujeres fuésemos súper-womans per sé que sacamos la energía de debajo de las piedras y encima llevamos adelante la familia y el hogar encantadas de la vida, como si fuera nuestra vocación natural. Eso sí, si cometes un error o se te olvida algo, ya está ahí la vocecita acusadora diciendo "esto no está bien". La misma que cuando se encuentra las facturas pagadas o la comida en el plato deduce que todo eso está ahí por generación espontánea.
La cuestión de cómo va a entender eso un hombre de mediana edad, célibe, que tiene la vida solucionada económicamente porque tiene tras él una organización que se ocupa de todo, que jamás va a tener que preocuparse por una esposa o por unos hijos, y que encima vive rodeado de gente que le ríe las gracias y le da la razón continuamente, es un misterio.

jueves, 5 de enero de 2012

Cosas buenas que espero con ganas del 2012

Estoy muy contenta de haber cambiado por fin de año. El año que acaba de terminar ha sido muy duro, para mí y para muchos de mis allegados y conocidos, y miro al 2012 con esperanza, confiando en que durante este año la rueda de la fortuna haga un giro favorable para mi, que ya voy surtidita de malos momentos para una buena temporada.
Entre las cosas que espero que me traiga el 2012 (sobre todo le pido mucha salud para mí y para mis seres queridos, que no falte el trabajo y felicidad y armonía para todos), hay algunas que espero con especial ilusión, tanto proyectos como películas, libros y otros divertimentos. He aquí la lista de lo que espero con más ilusión del 2012:


Proyectos personales:

-Acabar mi novela conjunta con Tindomion, La Senda Oscura, que está casi terminada, y comenzar a moverla para ver si conseguimos su publicación.

-Aunque no es un proyecto personal mío, me hace ilusión que Tindomion haya creado su propio blog. Es bastante diferente al mío (el de él va a estar centrado casi exclusivamente en historia militar y recursos para juegos de rol y wargames), pero invito a todo el mundo que le interesen esos temas a echarle una ojeada. Las entradas que ha publicado están bastante curradas. Se llama A Sangre y Fuego.


Viajes:

-Viajar en coche por Francia con mi marido y dos buenos amigos. El plan es visitar las playas de Normandía donde tuvo lugar el desembarco del Día D, los castillos del Loira, y Carcassone, entre otros lugares.

-Viajar a Egipto, si la enconomía y la situación política del país lo permiten.

-La Mereth de Annatar, organizada por el smial de Lorien.


Series:

-La segunda temporada de Juego de Tronos.


Libros:

-Danza de Dragones, el quinto libro de Canción de Hielo y Fuego, que tego entendido que va a salir este año (aunque ahora mismo aún no hay fecha oficial).


Películas:

-El Hobbit.

-Blancanieves y el cazador.

-Silencio en la nieve (por fin una película sobre la División Azul... ¡cuánto siento que mi abuelo no haya vivido para verla!).

-Los Juegos del Hambre.

-Brave.

-Amanecer Parte 2.


Y hay otra cosa que aún no es segura, pero que tambien espero con mucha ilusión. ¡A ver qué smial se anima y organiza la EstelCon 2012!

viernes, 23 de diciembre de 2011

Un deseo de Navidad

Me disculparán mis lectores habituales, pero estas Navidades no va a haber postal navideña de Los Simpson, ni Premios Daeva, ni ninguna de esas chorraditas que tradicionalmente suelo postear todos los años por estas fechas. Lo siento, pero no puedo. Este año estoy demasiado triste, no tengo ánimos para hacer nada así. Siento un agujero en el pecho que ni siquiera los recuerdos pueden llenar y que me llena de dolor el corazón.
Y es que estas son las primeras Navidades de mi vida que voy a pasar sin mis abuelos maternos. Como seguro que comprenderéis, habiendo perdido a mi abuela en Marzo y a mi abuelo hace poco más de un mes, mis ganas de celebración son bastante escasas, aunque intento buscar todo el consuelo posible en Cristo, que al fin y al cabo es el homenajeado en estas fiestas y con quien mis abuelos van a celebrarlas, en vivo y en directo. Algo bueno para ellos, pero están demasiado lejos para mí, que les echo tanto de menos.

Sólo me gustaría, a través de este blog, enviar un deseo navideño que, a la manera de un mensaje en una botella, espero que muchos lectores encuentren y cumplan. Leedlo, por favor, os lo pido de corazón. Es esto:

A todos los que aún tenéis abuelos. Tal vez sean viejecitos gruñones o adorables, tal vez sean taciturnos o charlatanes. Tal vez estén bien de salud, o no paren de quejarse de sus achaques, o peor aún, sufran alguna enfermedad como la demencia senil o el Alzheimer, en cuyo caso ya es demasiado tarde. ¿Los véis? Volvedlos a mirar. Aunque ahora parezca imposible, algún día fueron bebés. Bebés regordetes, sonrientes y sonrosados, como los que se ven todos los días por la calle, paseados por sus familiares en el carrito. Algún día, fueron niños que se aburrían en clase, pedían regalos a los Reyes Magos con toda su ilusión, se imaginaban que serían futbolistas, actores, actrices o cantantes famosos de mayores, y esperaban con toda su ilusión la llegada de las vacaciones. Algún día, fueron adolescentes que sintieron una mezcla de orgullo e incertidumbre cuando comenzó a salirles el pecho o la barba. Se sintieron inseguros, perdidos, fuertes y débiles, quisieron divertirse y conocerse a sí mismos, quisieron ser aceptados y quisieron saber qué sabor tendría ese primer beso del que tanto oían hablar. Rieron con sus amigos, lloraron a escondidas y se preguntaron si realmente conocerían alguna vez el amor verdadero Se emocionaron oyendo su canción favorita, guerreraron con sus padres para que les dejaran ir a bailar, se enamoraron y sintieron esas mariposas en el estómago que todos sentimos cuando tu nuevo novio, o novia, te coge por primera vez de la mano. Algún día, estos abuelos fueron un matrimonio joven, llenos de ilusión, alegría y un poco de celos, que se esforzaban día tras día por construir un futuro juntos y se preguntaban con una sonrisita cómo serían sus hijos y de qué color tendrían el pelo. Estos abuelos tuvieron sus hijos, los educaron, los vieron crecer... y de repente un día se miraron al espejo y se dieron cuenta de que el cuerpo les había crecido solo y que su alma, eternamente joven, estaba encerrada en un cuerpo cada vez más viejo. Y sus hijos tuvieron hijos y se convirtieron en abuelos: cada vez más mayores, añorando el pasado y atados por las cadenas de carne del presente, pero con muchos recuerdos e historias que contar.
Vuestros abuelos son personas que os quieren muchísimo, llenas de sabiduría y amor, que os miran cada día y ven reflejados en vosotros lo que ellos una vez fueron. Recuerdan los errores que cometieron en su vida, y desean poderos transmitir su experiencia para que no sufráis como ellos sufrieron al vivirla. Se sienten los únicos testigos de una época que ya no existe y que sólo les tiene a ellos para ser revivida y recordada, y ese sentimiento les pesa en el corazón.

Este es mi deseo, el deseo de Navidad que os pido: escuchadlos. Aunque penséis que es un coñazo, o que se repiten, escuchadlos. Pedidles que os cuenten cómo ven el mundo, cómo eran las cosas en su época, cómo fue su infancia, sus hermanos, sus padres y abuelos, qué les gustaba, cuáles eran sus juguetes, cómo se divertían, en qué pensaban. Pedidles que os hablen de la guerra si la vivieron, de sus viajes, de sus logros laborales, de su primer amor y del día de su boda. De vuestros padres cuando eran niños. De las películas que veían en el cine y de las canciones que bailaban en las verbenas. Pedidles que os transmitan sus recuerdos, dulces y amargos, y que os den consejos sobre la vida. Pedidle a la abuela que os enseñe a cocinar y a tejer y al abuelo que os enseñe a hacer el lazo de la corbata o a pescar o a cultivar verduras en la huerta. Y visitadlos. Todas las semanas, a ser posible. Aunque vivan en la otra punta de la ciduad y haya mala combinación de autobuses, aunque llueva o haga mal tiempo, aunque estéis cansados, aunque creáis que tenéis otra cosa mejor que hacer. Creedme, no la tenéis. Porque el tiempo corre, y nadie sabe cuánto queda y qué beso, qué abrazo o qué palabras van a ser las últimas. Porque un día, espero que aún lejano, recibiréis una llamada que os desgarrará el alma y os hundirá el pecho como un puñetazo, y ese día sabréis que no volveréis a ver a vuestro amado abuelo o a vuestra querida abuela dentro de los confines de este mundo. Y ese día, por mucho que hayáis estado con ellos y mucho que los hayáis amado, las preguntas que jamás les hicisteis os quemarán en los labios y se quedarán, como una semilla espinosa, clavadas en el corazón. Recordaréis todos los momentos en que pudisteis estar con ellos y no lo hicisteis, y os arrepentiréis, y será demasiado tarde.
Estas Navidades, y el resto de vuestra vida y de la suya, dedicadles tiempo, saboread cada segundo que estéis con ellos, y recordad. Recordad, porque seréis su voz y su memoria.

A todos los que tienen la suerte de contar con la familia al completo, y a aquellos que han aprendido a vivir sin dolor con sus pérdidas, Feliz Navidad.




Este vídeo va dedicado a mis abuelos. Me es imposible escuchar esta canción sin pensar en ellos.