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viernes, 13 de septiembre de 2019

Probando el natto

Como no todo va a ser reseñar series y libros, reaparezco por el blog para compartir con vosotros algo que llevaba mucho tiempo llenándome de curiosidad.
Es el natto.
Para todos los que somos amantes de la cultura o la gastronomía japonesa, el natto no nos es desconocido. Se trata de unas habas de soja fermentadas que tienen unas excelentes propiedades nutricionales, pero que también tienen -se dice- un aspecto, un olor y un sabor repugnantes, lo cual tira atrás a algunos japoneses, y a la inmensa mayoría de los extranjeros, a la hora de tomarlas.
Por Youtube rondan multitud de vídeos de personas no japonesas probando el natto. Las caras de asco al abrirlo, al olerlo y al metérselo en la boca son de foto: hacen muecas, lo escupen e incluso les dan arcadas.
No obstante, también hay muchos vídeos de japoneses encantados con el natto y explicando cómo hay que comerlo correctamente. Y dado que a mí me encantan la nuevas experiencias gastronómicas -creo que lo único que soy incapaz de probar, sea cual sea su sabor, son los bichos-, me decidí a probarlo.
Os recuerdo que no es la primera vez que pruebo productos japoneses en el blog; si queréis ver mi cata de Kit-kat nipones, la tenéis aquí.

La primera dificultad con la que me topé fue encontrar el natto. Al ser un producto japonés, con poca aceptación entre los extranjeros, no es algo que sirvan en restaurantes ni que puedas encontrar en la sección de comida exótica de los supermercados españoles. Afortunadamente, en mi ciudad, Valencia, hay una tienda llamada Japon.es donde, ¡sí! vendían natto.

Y allá que me fui. El natto es muy barato en Japón, pero al ser de importación la cosa cambia aquí en España: se vende en packs indivisibles de cuatro cajitas de ración, y cada pack costaba unos cinco euros. Aún así, me compré uno y me fui de vuelta a casa. Como el natto es un producto fermentado -la bacteria se llama bacillus natto-, se vende y se conserva congelado para que no se eche a perder, de modo que guardé tres de las cajas y dejé la cuarta fuera de la nevera para que se descongelase.

Finalmente estuvo lista. Y muerta de curiosidad por conocer ese olor que muchos tildan de "indescriptible", "repugnante" o "a calcetines sucios", abrí la caja y apliqué la nariz.

Esta pinta tiene nada más abrir la caja y quitarle el plástico protector

Señores, ni indescriptible, ni repugnante, ni a calcetines.
Huele bien.
No sé si mi paladar y mi nariz funcionarán a una frecuencia distinta a la del resto de la humanidad, pero a mí el natto huele bien.
De hecho, puedo describir perfectamente su olor, porque para mí está clarísimo: huele a café. A café fuerte, mezclado quizás con un cierto olor a levadura fresca de panadero, pero el café es sin duda el olor dominante. Si coges una taza de café ya frío, que lleve hecho varias horas, y la hueles, el aroma que te vendrá a la nariz será muy, muy similar al del natto.
Lo cual me hace preguntarme por qué a tanta gente le cuesta describir el olor (¿no han probado el café en su vida?) o les parece tan repugnante (¿vomitan cada vez que huelen a café o que intentan tomarse uno?).

Pero bueno, el aroma es una cosa... ¿y el sabor? Comprobémoslo. Cuando abres el paquete de natto, lo acompañan dos sobrecitos: uno de karashi (un tipo de mostaza picante) y otro de salsa de soja con caldo dashi. Luego, cuando quitamos la película de plástico que recubre las habas de soja, vemos unos hilillos blancuzos pegados, que emanan de las legumbres. ¿Extraño? Sí, sin duda. ¿Asqueroso? Pues, para mí, no. No tienen un aspecto tan malo que me haga echarme atrás ante la idea de probarlas. Máxime cuando el olor a café es cada vez más intenso y sugerente.

Pero claro, por los vídeos de japoneses que he visto, sé que hay algo fundamental a la hora de probar el natto, y es removerlo antes de comerlo. Removerlo mucho. Eso hace que la sustancia mulcilaginosa que provoca los hilillos se multiplique y recubra las habas de soja de una especie de pasta cremosa y viscosa. Y ahí me pongo, a remover, hasta que me duele el brazo.

 Empezando a remover...


Y al terminar. ¡Ya está!


Una vez removido el natto, sólo queda echarle las salsas. Aquí tenéis la foto después de echarle la salsa de soja:

¡Listo para comer!


Y en este momento ya estaría listo para tomar, aunque los japoneses, que suelen comerlo como parte del desayuno, gustan de mezclarlo con una yema de huevo cruda y echarlo sobre un bol de arroz. He de decir que lo he probado de las dos formas, solo y con la mezcla de huevo y arroz (sí, ya me he comido dos tarrinas, una ayer y otra hoy), y debo decir que el sabor perdía bastante con el arroz y con el huevo, por dos motivos: el primero es que la yema no le aporta demasiado sabor pero sí un plus de viscosidad que, teniendo en cuenta cómo es el natto, no le hace ninguna falta. El segundo es que, como ya he dicho, el natto tiene un penetrante sabor a café, lo cual hace que la combinación de café+huevo+arroz sea un poco extraña. Tuve que añadir al final un chorro adicional de salsa de soja y el sobre de mostaza karashi, con lo cual maté casi por completo el sabor del natto.

Así que decidí que al día siguiente me lo tomaría solo, y así he hecho hoy, con el resultado que podéis ver en las fotos: lo he dejado descongelar, lo he abierto, lo he mezclado sólo con la salsa de soja y dashi y me lo he comido. El sabor es igual que el olor, pero más intenso: café, con un punto salado/dulce y el amargor de fondo propio de esa infusión. Era como estar comiendo granos de café blanditos y cremosos, porque realmente la capa mulcilaginosa de la bacteria, que tanto grima da a algunos cuando la ven, no es en absoluto desagradable en boca: es más untuosa que viscosa, y realmente si te gustan alimentos como las natillas, el flan o la tortilla poco hecha, no vas a tener ningún problema en saborear la textura del natto.

Esta es mi conclusión, gente: el natto huele bien, sabe bien, voy a terminarme los dos paquetes que me quedan en los próximos días y cuando se termine lo volveré a comprar. Todas esas caras de asco y aspavientos que hace la gente me parece que son exageraciones o una conspiración secreta del gobierno japonés para que los extranjeros no nos aficionemos a sus adoradas habas de soja y se las acabemos arrebatando XD
Así que ya sabéis, no tengáis miedo de vivir experiencias nuevas, y si tenéis ocasión de probar el natto, ¡no lo dudéis y hacedlo! Digan lo que digan por ahí, tita Estelwen os garantiza que no es para tanto.

miércoles, 31 de enero de 2018

Ley de Violencia de Género y transexualidad, o la cuadratura del círculo

Mucho se ha hablado y escrito sobre la LO 1/2004, más conocida como Ley de Violencia de Género. No es mi intención analizarla al detalle o señalar sus ventajas e inconvenientes, las contradicciones que existen acerca de ella (como esas estadísticas que hablan a la vez de un 0,01% de denuncias falsas y al mismo tiempo de un 87% de denunciados no culpables) o la cuestión de su constitucionalidad. Para eso haría falta un libro entero, que francamente no tengo tiempo ni ganas de redactar.
Sobre lo que sí quería llamar la atención es sobre una cuestión que trae de cabeza cada vez más tanto a los juzgados como a las asociaciones feministas y pro LGTB: cómo entronca la Ley de Violencia de Género (la llamaremos LVG, para abreviar) con los transexuales y sus derechos. Os aviso que el asunto se las trae, de modo que agarraos fuerte al sillón, que vienen curvas.

Para empezar, es necesario hacer hincapié en algo que (en teoría) todo el mundo sabe pero no está de más resaltar: el ámbito de aplicación de la LVG, que podemos encontrar en su artículo 1:

"La presente Ley tiene por objeto actuar contra la violencia que, como manifestación de la discriminación, la situación de desigualdad y las relaciones de poder de los hombres sobre las mujeres, se ejerce sobre éstas por parte de quienes sean o hayan sido sus cónyuges o de quienes estén o hayan estado ligados a ellas por relaciones similares de afectividad, aun sin convivencia."

Es decir, que esta ley no protege a todo el mundo contra la violencia doméstica, sino única y exclusivamente a las mujeres que son agredidas por un hombre el cual es su pareja o ex pareja. En principio el concepto es muy sencillo; el problema viene cuando la condición de hombre y mujer deja de ser constante para convertirse en variable.

En este punto tenemos que acudir a otra ley, la 3/2007, popularmente conocida como Ley de Identidad de Género (abreviando, LIG). Es la ley que regula los requisitos y el procedimiento para que un transexual pueda hacer efectivo un cambio de sexo. Según esta ley establece en su artículo 5, el cambio de sexo a todos los efectos tiene lugar en cuanto éste se inscribe en el Registro Civil, al mismo tiempo que se cambia el nombre. De momento, los requisitos (establecidos en el artículo 4) son contar con un certificado médico que acredite la disforia de género, así como un mínimo de 2 años de tratamiento médico para acomodar las características físicas al sexo reclamado (aunque la cirugía de reasignación no es imprescindible), a no ser que por problemas de salud (también debidamente acreditados) haya sido imposible administrar dicho tratamiento. Esto al menos da ciertas garantías de que, salvo contadas excepciones, el transexual en cuestión debe al menos parecer formar parte del sexo que quiere que le asignen. Sin embargo, el precedimiento podría simplificarse más, porque en Noviembre del pasado año 2017 el PSOE presentó en el Congreso una proposición para modificar la ley 3/2007, que de salir adelante supondría, entre otras cosas, que para inscribir el cambio de sexo en el Registro Civil baste con "la declaración expresa de la persona interesada del nombre propio y sexo registral con el que se sienta identificada", ojo, y todo eso sin que sea necesaria, en ningún caso, "la acerditación de haberse sometido a ningún tipo de cirugías, a terapias hormonales o a tratamientos psicológicos, psiquiátricos o médicos de cualquier tipo". Es decir, que si por algún casual llegara a aprobarse esa ley, Manolo Pérez, un hombre barbudo con aspecto de leñador, podría ir mañana al Registro Civil, inscribirse como Pepita Pérez, mujer, y seguir con su vida exactamente igual sin cambiar en nada salvo en el nombre. Todo eso por supuesto sin que su familia (ni siquiera su cónyuge, en caso de estar casado) se entere, dado que ni la ley actual ni la reforma propuesta por el PSOE contemplan la obligación de informar a la familia.

Y aquí, amables lectores, llegamos al punto donde la LIG se da de bruces con la LVG. Porque, ¿qué pasa cuando el agresor o la víctima son transexuales. Pues que la cosa se pone fina, porque aquí pueden darse ocho paradojas posibles:

1) Mujer trans (hombre de nacimiento) que maltrata a su pareja hombre.

2) Mujer trans (hombre de nacimiento) que maltrata a su pareja mujer.

3) Mujer trans (hombre de nacimiento) que maltrata a su pareja hombre trans (mujer de nacimiento).

4) Mujer trans (hombre de nacimiento) que maltrata a su pareja mujer trans (hombre de nacimiento).

5) Hombre trans (mujer de nacimiento) que maltrata a su pareja hombre.

6) Hombre trans (mujer de nacimiento) que maltrata a su pareja mujer.

7) Hombre trans (mujer de nacimiento) que maltrata a su pareja hombre trans (mujer de nacimiento).

8) Hombre trans (mujer de nacimiento) que maltrata a su pareja mujer trans (hombre de nacimiento).

Ya veis qué paraeta más divertida se nos acaba de montar en esta feria. ¿El agresor es mujer? ¿Hombre? ¿La víctima es hombre? ¿Mujer? ¿Qué sonido hace un árbol al caer si no hay nadie para escucharlo? ¿A qué huelen las nubes?
Me dirá alguien que estos son supuestos improbables, teóricos, como quien dice, pero lo cierto es que ya ha sucedido, y más de una vez. Sobre este tema se ha pronunciado en parte la Fiscalía General en circulares como la 6/2011, donde se cita un auto de la Sección Octava de la Audiencia Provincial de Málaga, en el que se resuelve una cuestión de competencia planteada por el Juzgado de Violencia Sobre la Mujer respecto a una denuncia por malos tratos interpuesta por una mujer trans. El auto dictaminó que la denuncia debía ser tramitada por dichos juzgados aunque el denunciante fuera legalmente varón, ya que se había sometido a una cirugía de cambio de sexo (lo cual fue certificado por informe médico forense) y por consiguiente su aspecto y comportamiento eran los de una mujer. Los magistrados, para dictar este auto, se ampararon en la Disposición Transitoria Única de la LIG (para los legos en derecho: un añadido especial a la ley que se pone ya casi al final), que dice que las personas que acrediten haberse sometido a cirugía de cambio de sexo antes de que la LIG entrara en vigor no necesitaban el diagnóstico de disforia ni los dos años de tratamiento, sino que podían inscribirse directamente como del sexo que les habían reasignado. Sin embargo, este auto puede ser discutible, ya que no hay jurisprudencia del Tribunal Supremo al respecto, y además podría entenderse que ese tipo de interpretaciones se dan de narices con tres principios generales del Derecho Penal: el de irretroactividad, el de aplicación de la norma más favorable al reo y la prohibición de la analogía.

Para que se entienda mejor, pongamos un ejemplo práctico: Manolo y Pedro son pareja. Pedro no quiere seguir siendo Pedro; es transexual y decide que en realidad es una mujer y se llamará Puri. El día 5 de Mayo, Pedro se va al Registro Civil con la documenación legal pertinente y se inscribe como persona de sexo femenino, cuyo nuevo nombre es Purificación.
Ahora supongamos que Manolo le pega un tortazo. Si la agresión tuvo lugar el día 6 o más adelante, la cosa está bastante clara: Puri ya está inscrita legalmente como mujer en el RC, así que se trata de violencia de género. Ahora bien, ¿y si le pegó antes del día 5, cuando Puri, mujer, aún era legalmente Pedro, hombre?
Si se aplicara la directriz de la Circular 6/11 de Fiscalía General, podría entenderse que es violencia sobre la mujer de todas maneras. Sin embargo, ninguna circular está por encima de una ley. Y para más abundamiento, ninguna ley ordinaria está por encima de una ley orgánica. La LIG es una ley normal; la LVG y el Código Penal son leyes orgánicas, y por lo tanto, su contenido prima sobre la LIG y la circular. Y resulta que el Código Penal dice lo siguiente:

Artículo 2:
"1. No será castigado ningún delito con pena que no se halle prevista por ley anterior a su perpetración.
 2. No obstante, tendrán efecto retroactivo aquellas leyes penales que favorezcan al reo, aunque al entrar en vigor ya hubiera recaído sentencia firme y el sujeto estuviese cumpliendo condena". 

Artículo 4:

"1. Las leyes penales no se aplicarán a casos distintos de los comprendidos expresamente en ellas".

En este caso, nos encontramos que, al aplicar estos dos artículos del Código Penal, deberíamos considerar que Manolo no ha cometido violencia de género, dado que si se aplica la LVG sus actos merecen la calificación de delito, y si no se aplica, son en cambio una falta. Como la pena por la falta siempre va a ser más leve que por el delito, y como hay que aplicar la norma más favorable al reo sin que quepa la analogía, tendría que interpretarse que Manolo abofeteó a un hombre.

Aquí tenemos la primera paradoja: la misma bofetada, propinada por la misma persona a la misma persona en las mismas circunstancias, pasa de ser falta a ser delito de un día para otro a causa de una inscripción registral. Y eso que la Circular de Fiscalía se basaba en el aspecto femenino del (aún) legalmente hombre denunciante para que prevaleciera la jurisdicción de Violencia de Género. Imaginad la situación con la nueva ley que propone el PSOE, con la cual no sólo sería innecesario que Pedro intentara mínimamente parecerse a una mujer, sino que encima ni siquiera tendría que haberle notificado a Manolo que había dejado de ser un hombre. ¿Os imagináis la situación? "¡Te voy a partir la boca!", grita Manolo, y le sacude una bofetada. "¡Cabrón, voy a denunciarte por violencia de género!", grita Pedro. "¿Por violencia de género? ¡Si eres un tío!". "¡Ja, eso fue hasta ayer! ¡Ayer me inscribí como mujer en el Registro Civil y ahora soy Puri! ¡Aaah, te jodes!".

¿Qué, todavía no habéis empezado a perder puntos de cordura? Pues no hemos hecho más que empezar. Ahora imaginemos que las protagonistas de nuestro caso práctico son Manolo y Pili, pareja estable. Manolo sigue siendo un tipo violento y en medio de una discusión le da una bofetada a Pili. Violencia de género, sin duda... a no ser que Manolo sea transexual y se inscriba en el Registro Civil como una mujer llamada Susana, en cuyo caso a partir de entonces la bofetada ya no se consideraría violencia de género. De hecho, si recordamos el artículo 2 del Código Penal (efecto retroactivo de las leyes penales que favorezcan al reo) un abogado avispado podría conseguir que Manolo dejara de cumplir pena por su delito en el momento en que se convirtiera en Susana, incluso aunque hubiera golpeado a Pili antes de inscribirse como mujer. Lo cual sería muy peligroso para Pili, porque Susana seguiría siendo exactamente la misma persona que cuando todavía era Manolo y podría salir de la cárcel para buscarla, pegarle otras dos bofetadas y decirle: "Denúnciame por violencia de género ahora, so zorra". ¿Y qué pasa en el contrario, si Pili es en realidad un hombre transexual y decide inscribirse con el nombre de Paco? Pues que la pobre criatura, en el momento en que comenzara a ser Paco, dejaría de estar protegida por la LVG (recordemos: si prospera la reforma propuesta por el PSOE, Pili/Paco dejaría de estar bajo la protección de la LVG incluso aunque conservara el aspecto y el físico de una mujer. No os voy a pedir que imaginéis que Manolo, un tipo sádico donde los haya, le pone un cuchillo de carnicero al bebé que ambos tienen en común en la garganta y le dice a Pili: "Ahora vete al Registro Civil e inscríbete como Paco o degüello al nene", porque lo mismo os explota el cerebro).

¿Seguís ahí? ¿Vuestra cabeza sigue en su sitio? Venga, un último ejemplo más. Pareja formada por Susi y Pili. Si Susi abofetea a Pili, es una falta, no un delito; las relaciones homosexuales no están contempladas dentro de la LVG. Pero... ¿y si Susi es en realidad un hombre transgénero que decide convertirse en Pepe? Pues más vale que le pegue todas las hostias que pueda a Pili antes de la reasginación, porque en cuanto tal cosa ocurra sus actos se convertirán en un delito, tal y como preve la LVG. Eso sí, hasta el día de antes serían una falta, y de violencia de género nada. Da igual que Susi siempre se haya sentido hombre y que durante años haya tenido aterrorizada a Pili.

En definitiva, supongo que captáis la problemática. Más allá del absurdo jurídico que supone que la misma bofetada sea falta o sea delito dependiendo de cuándo inscriban el agresor o la víctima su reasignación en el RC, está el choque frontal entre garantías penales y derechos trans. A la mujer transexual que antes de la reasignación maltrata a su pareja femenina, ¿se le aplica la LVG, en defensa de los derechos de la mujer maltratada, o  no se le aplica la LVG, en defensa de sus derechos como trans? ¿Qué pasa cuando los principios de irretroactividad, norma más favorable y prohibición de analogía se topan con el cambio de sexo, en el marco de una ley en que el sexo de agresor y víctima son determinantes para saber si existe o no delito? ¿Qué pasa, en definitiva, cuando los derechos del agresor topan con los derechos de la víctima? Y, ¿qué pasa cuando la víctima pierde sus derechos en el momento en que se le reasigna el sexo masculino?

Como ya he dicho, la problemática ya existe y va a ir a más. Y esto con las leyes que tenemos ahora; como aprueben la reforma del PSOE, el cachondeo va a ser tal que ni te cuento. ¿Ampliar el ámbito de protección de la LVG para que proteja a todas las personas de las agresiones de su pareja, con independencia del sexo de agresor y víctima? Parece la solución ideal, pero en tal caso, ¿por qué no se ha hecho ya? ¿Acaso ha llegado un momento en que el activismo feminista y el activismo LGTB entren en colisión?

jueves, 24 de marzo de 2016

Incesto y realeza: los Targaryen de la vida real


Todo fan de Canción de Hielo y Fuego o de la serie Juego de Tronos sabe lo presente que está el incesto en esta historia. A veces se trata de incesto entre padres e hijos (como es el caso de Craster y sus hijas-esposas), pero el más abundante, con diferencia, es entre hermano y hermana.
El ejemplo de clan incestuoso por antonomasia son los Targaryen. Entre los reyes dragón, era costumbre habitual casarse entre hermanos para mantener la pureza de la sangre real. Tenemos multitud de matrimonios entre hermanos en la familia Targaryen; tantos, que de hecho los enlaces con personas de otras familias era la excepción, no la norma, casi siempre por motivos políticos, como por ejemplo las sucesivas uniones matrimoniales con la Casa Martell de Dorne, para afianzar lazos políticos. Algunos matrimonios fueron por amor, como el de Aegon el Conquistador con Visenya y Rhaenys (triángulo amoroso en el que Rhaneys era clara favorita), Alysanne con el primer Jaehaerys o Shaera con el segundo. Otros fueron obligatorios, sin afecto alguno entre la pareja, como el de Aegon el Indigno y Naerys, o Aerys el Loco y Rhaella.
Sin embargo, aunque los Targaryen sean el clan incestuoso por excelencia, también tenemos a Jaime y Cersei Lannister, los gemelos incestuosos, así como la tensión sexual y los coqueteos entre Theon y Asha Greyjoy cuando él regresa a las Islas del Hierro.


Aegon el Conquistador con Visenya (izquierda) y Rhaenys (derecha), sus hermanas y esposas


Sin embargo, a pesar de la naturalidad con la que los libros (y la serie) tratan este asunto, lo cierto es que hoy en día el incesto es un tabú muy poderoso en todas las sociedades del mundo. No deja de ser lógico, puesto que está demostrado que la consaguinidad puede producir taras genéticas graves en los descendientes (también en Poniente tenemos algo de esto, como la extraña locura que aqueja a la mitad de los Targaryen y de la que también Joffrey Baratheon, el hijo mayor de los gemelos Lannister, muestra síntomas). Pero, ¿alguna vez se han dado este tipo de relaciones en la Historia real? ¿Alguna vez han estado normalizadas e institucionalizadas como fue el caso de los Targaryen?
 Lo cierto es que sí, y aunque no fue algo común, sí ocurrió con más frecuencia de lo que pensaríamos. No me refiero a los matrimonios entre primos hermanos o entre tíos y sobrinos (que, por cierto, hoy en día son perfectamente legales y admitidos tanto por la Iglesia y otras confesiones religiosas como por el ordenamiento jurídico), sino al incesto entre hermanos o entre padres e hijos. Aquí vemos los ejemplos más famosos y llamativos de la Historia:


Antiguo Egipto

En el Antiguo Egipto se dieron reiterados casos de matrimonios incestuosos en la familia real, por motivos similares a los de la Casa Targaryen: se suponía que los faraones eran una estirpe divina, y por lo tanto su sangre debía mantenerse lo más pura posible y no mezclarse con la del resto de los mortales. Así, el matrimonio entre hermanos está presente a lo largo de toda la historia de Egipto, por citar algunos ejemplos: en el Reino Antiguo, con Kawab hijo de Keops (Dinastía IV) que desposó a su hermana Heteferes II, o Pepi II (2272-2179 a.C.), con su hermana Neih; en el Reino Medio, Mentuhotep II (dinastía XI) casó con su hermana Neferú III; en el Reino Nuevo tenemos a Tuthmosis I (dinastía XVIII) quien desposó a su hermanastra Hatshepsut, y cuyos hijos Tuthmosis II y Neferure contrajeron a su vez matrimonio entre ellos. También el famoso faraón Tutankamón casó con su hermana, la princesa Anjesenamón; por último, en la época Ptolemaica, más tardía, tenemos a Cleopatra VII (51-30 a.C.), sí LA famosa Cleopatra, que además de darle duro con Julio César y Marco Antonio también se casó con dos de sus hermanos: Ptolomeo XIII y Ptolomeo XIV. 
Pero no sólo hubo matrimonio entre hermanos en el Antiguo Egipto. También se dio el caso de uniones paterno-filiales, como es el caso de Amenofis III con su hijas Sitamún y Henuttauneb o Ramsés II con su hija Bintanath, e incluso entre abuelo y nieta, con Ay y Ankhesamón, hija de su hija Nefertiti.


Roma

En el Imperio Romano los matrimonios incestuosos no eran legales y no estaban bien vistos. Sin embargo, se ha acusado a varios emperadores, con mayor o menor veracidad, de haber cometido incesto. Es el caso de Nerón, a quien se acusó de fornicar con su madre, Agripina; Calígula, de quien se decía que mantenía relaciones sexuales con sus tres hermanas, Cómodo, a quien también se acusó de violar a sus hermanas, o Caracalla, quien al igual que Nerón fue acusado de tener trato carnal con su madre.


Imperio Persa

Otro de los grandes imperio de la Antigüedad donde el matrimonio incestuoso de sangre real estaba socialmente aceptado, ya que según la ley el rey tenía poder máximo para hacer su voluntad, fuera la que fuese. Las fuentes griegas revelan abundancia de casos, tales como el del rey Cambises, que desposó a su hermana, Jerjes II, casado con su hermana Partisátide), el rey Mausolo (el del famoso mausoleo de Halicarnaso) que se casó con su hermana Artemisia, o el rey Dario III, que contrajo matrimonio con su hermana Estatira.


Imperio Inca

Si cruzamos al otro lado del Atlántico, tenemos a los incas, a cuya familia real también le estaba permitido el incesto. Las razones eran parecidas a las del Antiguo Egipto, esto es, preservar la pureza de sangre, que era de hecho un privilegio exclusivo de la realeza, ya que para el resto del pueblo el incesto estaba prohibido. El caso más famoso es el de Túpac Yupanqui, que desposó a su hermana Mama OclloTúpac Yupanqui, que desposó a su hermana Mama Ocllo, y algunas fuentes apuntan a que después de este monarca fue costumbre que el rey desposara al menos a una hermana carnal (que no tenía por qué ser la única esposa, dado que los incas practicaban la poligamia).


Huelga decir, desde luego, que el incesto es algo que siempre ha existido en todas las sociedades de una forma un otra, aunque en la mayor parte de los casos se trataba de un tabú denostado socialmente que incluso en sociedades muy abiertas al sexo, como la Sumeria, se castigaba con pena de muerte según el código de Hammurabi. E incluso en el caso de los egipcios, los persas y los incas, se trataba de un privilegio permitido tan sólo a la casta real y prohibido al pueblo llano, en cuanto su razón de ser no era normalizar este tipo de relaciones como una opción sexual más sino preservar, por una parte, la pureza de sangre de las dinastías reales, y poner de relieve, por la otra, el poder absoluto del monarca, cuya voluntad era la ley y a quien le estaba permitido pasar por encima de todas las restricciones impuestas a los demás hombres. En este sentido, el incesto los Imperios Egipcio, Persa e Inca se parece mucho al de la dinastía Targaryen, ya que obedece a razones similares. Esta misma circunstancia se pone de relieve en el mundo de Juego de Tronos: lo mismo que les estaba permitido a los Targaryen les está prohibido a los hermanos Lannister, que a pesar de ser nobles deben mantener su amor en secreto, e incluso en la sociedad de los salvajes, un estado cuasi anárquico en el que apenas hay leyes, el incesto se considera una aberración castigada por los dioses (según le cuenta Ygritte a Jon Nieve), siendo Craster, con su harén de hijas-esposas, el único que la practica abiertamente ganando una ostentosa fama de excéntrico.

viernes, 20 de marzo de 2015

Cata de Kit-Kat japoneses


Gracias a mi prima, que es azafata y tiene la oportunidad de viajar a lo largo y ancho del mundo, he podido ponerle las manos encima a algo que llevaba muuucho tiempo querido probar: los famosos Kit-Kat japoneses de sabores raros. Como tampoco era cuestión de arruinar a mi prima con el regalito (ya que hay decenas de variedades de Kit-Kat en Japón), me ha traído cuatro: sabor fresa, tarta de queso, té verde y té negro.


Hola, somos los adorablérrimos Kit-Kat de sabores raros, y vamos a ser comidos por Estelwen


Resulta que en Japón, a diferencia del resto del mundo, la oferta de Kit-Kat no se limita a chocolate blanco, con leche y negro. No; allí es un dulce tan tremendamente popular que existen docenas de variedades de sabores. Algunas se venden sólo en una región concreta, otras se sacan sólo como ediciones limitadas... hasta el punto que se han convertido en auténticos souvenirs y piezas de coleccionista.
¿Y a qué es debido tanto éxito? Pues a que por aquellas casualidades de la vida el nombre Kit-Kat suena en japonés muy parecido a kitto katsu, que significa "ganar seguro". Por ello, es costumbre regalarlo para desearle buena suerte a las personas que se enfrentan a una prueba difícil: estudiantes que van a hacer un examen, opositores que optan a una plaza o personas que se enfrentan a una entrevista de trabajo. La costumbre está tan extendida, que en la parte trasera de las cajas de Kit-Kat hay un espacio para escribir tu mensaje de buena suerte a la persona a quien se lo regalas. Incluso se pueden enviar por correo como si fueran postales, poniendo la dirección del destinatario justo antes del mensaje.


Ejemplo de nota: Querida Midori: Te regalo esta caja de Kit-Kat del color de tu nombre para que saques un sobresaliente.


¿Y qué hay de los cuatro Kit-Kat que he probado yo? Bien, en primer lugar, veamos el exterior. Las cajas son muy monas, totalmente en japonés, por supuesto (no he entendido un pimiento, menos mal que han tenido la cortesía de dibujar la fresa, la tarta y las tazas de té para saber qué me estaba comiendo). Lo primero que llama la atención al abrir el paquete es que no hay cuatro barras grandes como en España, sino cuatro paquetitos con dos mini-barritas cada uno. Muy kawaii, como todo lo japo (parece mentira que esta gente que hace cosas tan adorables y monérrimas sea la misma que montó lo de Nanking y la 731 hace unos añetes, hay que ver cómo cambian los tiempos) :-P


 La calidad de las fotos no es muy buena (están hechas con el móvil), pero aquí se ve bien lo que dije del tamaño: las barritas son diminutas, y eso que mi mano es más bien pequeñaja.


Terminados los preliminares, procedamos con la cata. Básicamente todos los Kit-Kat están hechos de la misma forma: la galleta de siempre por dentro, rellena y cubierta por una crema de chocolate blanco a la que se le añaden los aromas y colorantes del sabor característico. de mejor a peor sabor.

El puesto nº 1 es para el Kit-Kat de Té Verde. Mi prima me dijo que era el mejor de los cuatro, y estoy de acuerdo con ella. Cuando lo abres, ya notas la diferencia: no sólo lleva aromas artificiales, sino polvillo de té matcha de verdad: se ven los trocitos de té más oscuros entre el chocolate blanco teñido de verde. El aroma a matcha es tan intenso que la barrita huele bastante a té. Y cuando lo muerdes, el sabor es MUCHO más intenso: el té verde y la dulzura del chocolate blanco armonizan a la perfección y el resultado es tan delicioso y cremoso que se deshace en la boca, dejándote con ganas de más. Nota: 10.

El puesto nº 2 es para el Kit-Kat de Cheesecake. Está muy bueno, dulce sin ser empalagoso y casi tan cremoso como el de matcha, pero lo he dejado en segunda posición porque más que saber a tarta de queso, sabe a natillas. Eso sí, está muy bueno. Por fuera también tiene el color de las natillas. Nota: 8.

El puesto nº 3 es para el Kit-Kat de Té Negro. No sé si lleva té de verdad como el de matcha o sólo el aroma; no se veía ningún trocito de té en la crema de chocolate de fuera, que es del color de un café con leche clarito. El sabor es menos intenso que el del té verde, pero más profundo; aunque el sabor original sea a té negro, te deja un regusto como a café al final del paladar. Está bueno, pero no te deja con la irresistible necesidad de comerte otro como en el caso de los dos anteriores. Nota: 7.

El punto nº 4 es para el Kit-Kat de Fresa. La gran decepción del grupo, sin duda. Está teñido de rosa chicle, y sabe exactamente a eso: a chicle de fresa. Ni rastro de aroma o sabor a fruta. Además de ser artificial, es un sabor que ni siquiera persiste hasta el final: unas chispitas de chicle en la lengua que al cabo de unos segundos ceden paso a un chocolate blanco empalagoso y dulzón. Se puede comer, y para probarlo no está mal, pero yo no me lo compraría otra vez. Nota: 4,5.


Bueno, pues esta ha sido la cata de hoy. Espero que en próximos viajes a Japón mi prima encuentre alguno de los otros sabores tradicionales de aquellas tierras que también quiero probar: cereza, wasabi, azuki y batata son los que me hacen más ilusión.
Recordad: si viajáis a Japón, ¡no perdáis la oportunidad de probar los Kit-Kat!

lunes, 25 de febrero de 2013

Jamones nostálgicos


Mis suegros suelen tener siempre en casa unos jamones excelentes. Guijuelos, jabugos, y toda clase de exquisiteces de pata negra, que hacen las delicias de todos los desayunos y meriendas. Y claro, como nos ven a Tindomion y a mí (sobre todo a mí) devorándolo con tanta alegría, siempre nos dan un poco para que nos lo llevemos a Valencia, bien envuelto en papel de plata.
Pero, ¿qué pasa cuando llegamos a Valencia? Pues que el muy maldito, al cabo de veinticuatro horas, está reblandecido, con un gusto raro, y ya no tiene casi nada que ver, ni por textura ni por sabor, con ese magnífico jamón que nos comíamos en Barbastro.
habrá quien diga que es cosa del clima, más húmedo en la costa que en el interior, o de la diferencia de presión atmosférica. Yo también lo creía, por eso me compré una nevera no-frost, de las que eliminan la humedad, para proteger el jamón de los excesos mediterráneos. Ni con esas.
Luego, pensé que tal vez las capas de papel de plata o de plástico lo asfixiaban, y me aprendí bien cómo lo guardaba mi suegra en su propia nevera. Intenté guardarlo igual. Ni con esas tampoco.
Así que he llegado a la conclusión de que en realidad no es culpa del contraste entre la humedad y sequedad del clima, o la diferencia de altitud (300 metros, que tampoco es tanto), ni de los rigores del viaje. Lo que sucede es que los jamones son unos nostálgicos. Le cogen cariño a la primera tierra en la que ven la luz, y una vez allí, cualquier viaje o desplazamiento los llena de tanta melancolía que se les reblandece el alma y se les trastoca el sabor para siempre. Es la única explicación que se me ocurre, además, porque los jamones que mi padre compra enteros y corta en su jamonero en Valencia están sabrosísimos y por mucho tiempo que pasa mantienen una textura tan impecable como los aragoneses.
Supongo que eso significa que estoy condenada a gastarme fortunas que no me puedo permitir en hacerme con un jamonero, una cuchillo decente, un cursillo de corte y el jamón en cuestión, o seguir resignándome a probar tales delicias sólo cuando voy a casa de mi padre o de mis suegros y estos tienen un ejemplar listo para ser consumido.
Ay de mí.

PD: Con el ternasco de Aragón pasa exactamente lo mismo. Jamás en mi vida he conseguido probar un cordero como el que sirve mi suegra en su casa. Ya puedo gastare dinero en los puestos de carnes de los mercados valencianos, ya. Naranjas.

sábado, 16 de febrero de 2013

Los cátaros: ¿santos o chiflados?


De un tiempo a esta parte, no dejan de aparecer en las librerías novelas de "intriga histórica", como las llaman en los catálogos, o novelas "Jesucristo era masón" como las llamo yo, todas ellas nacidas a la estela de El Código DaVinci, y que tienen como factores comunes el protagonismo (con tensión sexual resuelta o no) de una (joven y atractiva) arqueóloga y un (joven y atractivo) policía, o viceversa, los cuales investigan un misterio histórico del pasado que afecta al presente ya que de descubrirse afectaría terriblemente a la (malvada) Iglesia Católica, que por supuesto hará lo que sea para impedir que la verdad salga a la luz. Esto suele significar, además, que tales novelas suelen combinar la historia del presente con una historia paralela del pasado, y que "los buenos" suelen ser una organización clandestina o tachada de herética (El Priorato de Sión, Los Rosacruces, los Masones, la Hermandad de la Santa Calabaza... tienen ustedes para elegir) que por supuesto eran los que protegían y custodiaban la auténtica verdad.
Entre todos estos pobres héroes, no deja de asombrarme la cantidad de novelas que tienen a los Cátaros (también llamados Albigenses) como la quintaesencia de la santidad y la bondad frente a la malvaaaada Iglesia Católica, que por supuesto los exterminó en una Cruzada porque no soportaba tanta bondad y tanto auténtico culto a Cristo.

Nada más lejos de mi intención que ponerme a justificar o defender esa burrada sangrienta y bárbara que fueron las Cruzadas (odio en especial la cuarta, con todas mis fuerzas, porque al final se desvió contra mi adorada Constantinopla, pero eso ya es otra cuestión). Sin embargo, no puedo cuanto menos asombrarme de que haya tantas novelas supuestamente históricas que pongan la herejía cátara por las nubes y a sus miembros como ejemplo de santidad. Esta desviación del cristianismo era, en el mejor de los casos, una ida de olla de las gordas al estilos de las sectas actuales más bizarras, y en el peor de los casos una doctrina pseudo-satanista sumamente peligrosa que, desde luego, era conveniente erradicar. ¿Mediante una cruzada? Desde luego, los métodos empleados en la represión fueron brutales (es tristemente famosa la frase con la que el legado papal Arnaud Almaric condenó a muerte a la mayoría de los habitantes de Béziers, muchos de los cuales no eran cátaros sino católicos: "Matadlos a todos, y Dios distinguirá"), aunque también es de justicia decir que antes de llegar a ese punto la Iglesia hizo bastantes esfuerzos pacíficos y diplomáticos por desmantelar la herejía cátara, y que al final la violencia con la que se resolvió el conflicto tuvo una razón política y no religiosa: muchos nobles del Languedoc protegieron y apoyaron a los herejes albigenses porque ese era un modo de intentar quedarse con las tierras y posesiones que tenía la Iglesia en sus tierras, y obviamente el Papa dijo que por los cojones. Como siempre, la razón última de la guerra siempre es el dinero.

Pero volvamos a los cátaros. ¿En que consistía exactamente la herejía albigense? Veamos los puntos más llamativos y estrambóticos de esta creencia:

-Elevaban a Satán a la categoría de dios creador, creando una especie de dualidad dios bueno/dios malo. Yahvé era el dios bueno que había creado el mundo espiritual, es decir, el Cielo y las almas. Mientras que Satán era el creador del mundo físico. Esto de por sí ya es una burrada de proporciones épicas, de ahí que antes me haya referido a esta doctrina como pseudo-satánica: porque, aunque consideren que el demonio es un dios malo, lo elevan a categoría de dios.

-Por consiguiente, todo el mundo físico era malo, con lo cual había que vivir en el ascetismo más riguroso y la castidad más absoluta. Muchos ignorantes han llegado a tomar a los cátaros como ejemplo de ecologismo porque muchos rechazaban el consumo de carne. Pero no lo hacían por respeto o amor hacia los animales, sino porque consideraban la vida física, la propia naturaleza, como creación del diablo, y por lo tanto algo a rechazar. Obviamente el sexo era lo peor de lo peor porque reproducirse implicaba condenar a nuevas almas inocentes al castigo de encarnarse en la creación diabólica, de modo que el sexo era abominable. Esto en concreto me hace mucha gracia: tanto criticar a la Iglesia Católica por demonizar el sexo, y resulta que los cátaros, que no es que lo vieran como algo pecaminoso sino como un acto intrínsecamente satánico, son angelitos ideales. Creo que este es un buen ejemplo de por qué esta herejía era tan peligrosa: ¿cuánto hubiera tardado en quedarse despoblada Europa si las creencias cátaras se hubieran extendido y todo el mundo hubiese aspirado a la perfección según la doctrina albigense?

-Por supuesto, Dios no iba a encarnarse en la obra del demonio, así que creía que Jesús era una especie de espectro happy del buenrollismo y rechazaban la idea de que hubiese sido hombre.

-Como todo lo terrenal era malo, rechazaban todos los placeres de la vida en una suerte de puritanismo extremo. La vida de un cátaro estaba regida por el ascetismo absoluto, la castidad extrema y el vegetarianismo estricto. De hecho, muchos cátaros eran reconocidos por su aspecto pálido y enfermizo, ya que comían lo mínimo y se exponían lo menos posible a la luz de sol. (joder, qué idea se me saba de ocurrir para una partida de Vampiro...)

-Negaban la mayoría de los sacramentos: el bautismo, el matrimonio, la eucaristía...

-Creían que los juramentos eran pecado, porque constituían una ligazón con el mundo material. Teniendo en cuenta que la inmesa mayoría de las relaciones contractuales y de vasallaje en aquella época dependían de juramentos formales y el honor que ataba a las personas para cumplirlos, imaginémonos el caos social que esta creencia podía generar.


Realmente, con estos datos en la mano, el catarismo es una ida de olla como una catedral. No deja de resultarme increíble que ciertas personas que se consideran críticas con el puritanismo protestante y el ascetismo católico por negar los placeres como algo malo per sé, en plan "sufrir es bueno, si algo es agradable a los sentidos significa que es malo", y por ver la vida mundana como una suerte de estado transitorio por el que había que pasar lo antes posible, contemplen con buenos ojos (o al menos con benevolencia tolerante) el catarismo. De hecho, con la ola antieclesiástica que azota Occidente hoy en día, se está llegando al extremo de identificar automáticamente toda secta, herejía o creencia perseguida por la Iglesia como algo bueno, verdadero y mejor, porque la Iglesia es corrupta. Desde luego que ha habido y hay mucha corruptela en la Iglesia que debe ser erradicada, y desde luego que Cristo exaltó valores como la pobreza de espíritu y la humildad y condenó la avaricia. Pero de ahí a torcer la doctrina hasta el punto de elevar al demonio a la categoría e dios creador y llegar a la conclusión de que todo lo que tenga que ver con el mundo físico es malo por naturaleza, creo yo que hay un mundo. Cuanto menos, me parece suficiente como para dejar de ver a los famosos cátaros como una suerte de santos iluminados y comenzar a verlos como lo que realmente eran: personas transtornadas que profesaban una doctrina peligrosa.

viernes, 25 de enero de 2013

Buenas noticias


A raíz del revuelo mediático que ha causado la heroica actuación de un policía nacional aquí en España, que salvó la vida en el Metro de Madrid a una mujer que cayó desmayada sobre las vías cuando faltaba poco para la llegada de uno de los trenes, me ha dado por hacerme una pregunta: ¿existe algún diario online, o alguna página web, que sólo dé buenas noticias?

Pues sí, existen, y además hay uno en castellano. Se trata del diario digital "Son Buenas Noticias", cuyo enlace tenéis aquí. Creo que es importante, y más aún en estos tiempos, leer información positiva de vez en cuando, para saber que no sólo pasan desgracias en el mundo y que igual que las personas pueden hacer cosas horribles también son capaces de actos maravillosos. Recomiendo a todo el mundo pasarse por este diario de vez en cuando y entrar en contacto con la otra cara de las noticias, la cara más amable, la que no suele salir en los telediarios ni en los periódicos normales pero también existe.

Así que ya sabéis, gente, la próxima vez que os vengan con eso de que "el hombre es un lobo para el hombre", recordad que también existen lobos como este, y que entre todos, un mundo de lobitos así también es posible ^^


domingo, 20 de enero de 2013

¿Santos o pecadores?


Hay muchas figuras del cristianismo que son considerados santos. Ojo, digo del cristianismo porque hay algunas figuras del protestantismo y del anglicanismo que, aunque no son considerados santos al estilo católico u ortodoxo, sí que han sido elevados a los altares como una suerte de ejemplo e inspiración a seguir.
Y de todos estos santos, de todos estos inspiradores, hay unos cuántos que, válgame Dios, a poco que se conoce un poco sobre su vida y sus actos, una no puede dejar de preguntarse cómo es posible que semejantes individuos pudieran ser considerados santos.

Antes de nada,. supongo que tendré que dejar claro lo que yo considero (y se considera en general) que es un santo. Un santo no se convierte en tal porque haya sido muy docto, muy poderoso, muy influyente o muy conocido, o porque le dé la gana a la Iglesia cristiana de turno que no canonice. Un santo (definición de la Delegación Episcopal para las causas de los santos) es "aquel cristiano que ha imitado a Nuestro Señor Jesucristo a través de una vida que se caracteriza por el cumplimiento en su vida del amor a Dios, que se concreta en la práctica de las virtudes o del acto supremo del martirio".
Lo cual viene a decir que hay dos formas de alcanzar la santidad: vivir imitando el ejemplo de Cristo, o morir por la fe cristiana. Sobre lo del martirio, poco más que añadir, aunque personalmente no estoy de acuerdo en eso de atribuir la santidad por el simple hecho del martirio (en todo caso, ser un mártir de la fe te concedería la salvación, el Cielo inmediato, pero no la santidad). Pero, ¿qué pasa con los que no murieron mártires? Se supone que deberían haber alcanzado la santidad por haber imitado a Jesucristo durante sus vidas. ¿Y qué significa imitar a Cristo? Yo creo que eso poca discusión tiene; los valores básicos que nos enseñó Jesús fue el amor a los enemigos, la paz, el perdón, la caridad, la misericordia, la humildad...

Pues bien, hay una serie de santos, venerados por distintas Iglesias cristianas (no me refiero sólo a la católica) de los que se podría decir que estas virtudes escaseaban, cuando no brillaban por su ausencia. Y no estamos hablando de pecadores que luego se arrepintieran (tipo Saulo de Tarso o San Juan de la Cruz), sino de personas que, aún siendo santos, demostraron ser crueles, vengativas, misóginas, prejuiciosas o egoístas. ¿Ejemplos? Seguro que me dejo muchos, pero he aquí unos cuántos:

-San Pedro Damián:

Cardenal católico del siglo XI, muy amiguito del Papa Gregorio VII (supongo que eso sienta ya un precedente, ya que este Papa fue el que tuvo la brillante idea de decretar el celibato obligatorio de todos los sacerdotes y anular por las buenas todos los matrimonios de los que ya estaban casados, pasándose un poco por el forro la indisolubilidad del matrimonio y destrozando miles de familias en el proceso). Este hombre de misericordioso tenía más bien poco, a juzgar por los durísimos juicios de valor a los que sometía a los demás, llegando a alegrarse de las desgracias ajenas cuando el ajeno en cuestión no era de su gusto. Como muestra, la malsana satisfacción que destilaban sus palabras al comentar la muerte de la princesa bizantina María Argyra a causa de la peste, enfermedad que también se llevó a su esposo, hijo del Dogo de Venecia, y al único hijo de ambos. Según Pedro Damián, el trágico destino de la princesa era un merecidísimo castigo por sus horribles pecados... consistentes en ser una mujer limpia y aseada. He aquí sus palabras:

(La princesa) se negaba incluso a lavarse con agua normal, y obligaba a sus sirvientes a recoger el rocío que caía el cielo para bañarse en él. Tampoco se dignaba a tocar los alimentos con las manos, sino que ordenaba a sus eunucos que se los cortaran en pequeño trozos que luego ensartaba con cierto instrumento dorando dotado de dos púas mediante el que se los llevaba a la boca. Sus estancias, asimismo, se hallaban tan impregnadas de incienso y perfumes diversos que me resulta nauseabundo referirme a ellos, y pienso que a mis lectores les costará trabajo creer mis palabras. La vanidad de esta mujer, sin embargo, resultaba odiosa a los ojos de Dios Todopoderoso, e Él, sin duda, ha descargado Su venganza. Alzó sobre ella la espada de Su justicia divina corrompiendo su cuerpo, marchitando sus extremidades y llenando su alcoba de un hedor insoportable (...) Así, tras un lento declinar y unos atroces sufrimientos, exhaló su último suspiro para gozoso alivio de sus amigos.

Lo cual más o menos viene a significa: "¡Es una mujer, y encima osa lavarse con agua limpia, perfumar su habitación y comer con tenedor en lugar de meter los dedos en el plato! ¡Pecado mortal! ¡Merecía morir entre atroces sufrimientos! No como yo, por supuesto, que soy un dechado de virtudes.
Esta evidente falta de compasión, de caridad y de misericordia, muy poco cristiana, demuestra además la nula higiene que se traían los medievales en general, y este señor en particular.

-Santa Helena:

Emperatriz romana, madre el emperador Constantino, su principal gracia consiste en haber convencido a su hijo de convertirse al cristianismo (y hacerla religión oficial del Imperio Romano). Muy buena obra, de no ser porque algunos de los métodos que usó para encontrar la Vera Cruz no fueron, cómo decirlo finalmente, piadosos.
O si alguien que me lea considera que es digno de un santo y una imitación de las virtudes de Cristo irse a Jerusalén, preguntar a los sabios judíos dónde estaba la Vera Cruz (ya me diréis qué iban a saber los pobres hombres, si la crucifixión de Cristo pasó desapercibida en su momento y a los judíos en particular, al no convertirse al cristianismo, la cruz donde fue crucificado se la traía bastante al fresco), y como lógicamente los pobres hombres no supieron qué contestarle, santa Helena no tuvo otra feliz idea que mandarlos torturar a todos hasta que alguno de ellos confesara. Al final se supone que la tortura dio resultado y encontró la Vera Cruz, aunque creo que con todos los fragmentos que hay repartidos por el mundo se podrían recomponer seis leños...

-Martín Lutero:

Ya oigo a quien me acuse de ir en contra de Lutero porque era protestante. Pues no, es más, debo admitir que siento simpatía por muchos de los preceptos de protestantismo, aparte de que en el contexto histórico en que surgió estaba totalmente justificado y era hasta necesario. No; la cuestión por la que Lutero entra en mi lista es , entre otras cosas, por su furibunda misoginia y su desprecio hacia las mujeres, manifestado en perlas como estas:

"Las mujeres estériles son débiles y poco saludables; aquellas bendecidas con muchos hijos son más saludables, limpias y alegres. Pero si eventualmente se agotan y mueren, no importa. Que mueran dando a luz, que para eso están".
Vamos, que las mujeres no son seres humanos, son fábricas de niños. Y si se rompe una, compre usted otra.

"Las niñas empiezan a andar y a hablar antes que los niños porque las malas hierbas crecen siempre más rápido que las buenas semillas".
Para que no parezcan superiores, las compara con un vegetal y se queda más ancho que alto.

-San Agustín de Hipona:

Volvemos al catolicismo, pero seguimos en la misoginia. San Agustín debería ser el santo más odiado por todas las mujeres cristianas del mundo, ya que fue él quien sentó las bases de la feroz misoginia eclesiástica que aún se sigue arrastrando hoy en día en el catolicismo (por ejemplo, en el hecho de que las mujeres tengan prohibido ser sacerdotisas, como si ser mujer nos hiciera indignas de ese sacramento). Este hombre, que sería muy leído pero que tenía de humilde, misericordioso y caritativo lo que yo de portera de fútbol, dejó para la posteridad frases como estas, que encima mucha gente creyó como si hubieran sido predicadas por Cristo en persona (sí, el mismo Cristo que tomaba por discípulas a las mujeres y las consideraba iguales en dignidad a los varones):

"Ya sea esposa o madre, es Eva, la tentadora, de quien debemos cuidarnos en toda mujer. No alcanzo a ver qué de utilidad puede servir la mujer para el hombre, si se excluye la función de concebir niños".
Otro como Lutero, que cree que las mujeres son máquinas de hacer niños. Curioso que a pesar de ello insista en Eva y se olvide de María, por la cual vino la salvación al mundo al dar a luz a Jesús.

"Las mujeres no deben ser iluminadas ni educadas de forma alguna. De hecho, deberían ser segregadas, ya que son causa de involuntarias e insidiosas erecciones en los santos varones".
Y se quedó tan pancho. Me sorprende que no inventara el burka.

"Nada rebaja tanto la mente varonil de su altura como acariciar mujeres".
Este hombre tenía algún tipo de trauma, ¿no?

"La mujer es un ser inferior y no está hecha a imagen y semejanza de Dios".
Y encima, ahora, suelta una herejía en contradicción directa con el Génesis.

"El padre tiene que ser más amado que la madre y merece mayor respeto porque su participación en la concepción es activa y la de la madre simplemente pasiva y material".
Ahora demuestra, además, que desconoce cómo nacen los niños, porque parece no tener ni idea de que era la mujer quien llevaba al niño en la barriga y quien se jugaba la vida dándolo a luz, mientras que el padre se limitaba a meterla cinco minutos y a olvidarse del tema.

Si a estas alturas aún os estáis preguntando cómo es posible que este hombre fuera canonizado, y en qué criterios se basaron para subirlo a los altares, no os preocupéis; no sois los únicos.

Aparte de Lutero y Agustín, en el club de la misoginia también tenemos a muchos otros muchachos, demasiado numerosos para enumerarlos a todos, entre los cuales se cuentan:

-San Pablo: "Las mujeres callen en las iglesias, que no les está permitido hablar durante la reunión. Deben quedarse en silencio, como manda la Ley. Si quieren saber más información, que se la pidan a sus maridos en casa, pues no está bien visto que una mujer hable en una asamblea". "La mujer aprenda en silencio con toda sumisión, pues no permito a la mujer que enseñe, ni que domine al hombre, sino que esté en silencio".
Las palabras de San Pablo son especialmente graves en cuanto se redactaron cuando los cristianos eran mucho más fieles al mensaje de Cristo y las mujeres actuaban en igualdad con los hombres en las iglesias, ocupando algunas de ellas cargos de importancia e incluso de sacerdocio, algo que San Pablo no aprobaba en absoluto. No deja de ser irónico que este hombre haya sido la figura más escuchada e imitada por generaciones sucesivas, cuando a diferencia de los apóstoles NO conoció a Cristo en persona. Entre él y Tertuliano, otro misógino de mierda considerado doctor de la Iglesia, consiguieron cargarse por completo lo que en el paleocristianismo era una realidad: la igualdad entre mujeres y varones a todos los efectos, sacerdocio incluido.

-San Juan Crisóstomo: Otro que odiaba furibundamente a las mujeres, atribuyéndoles con toda tranquilidad la culpabilidad colectiva del pecado en el mundo y de todos los males de la humanidad: "¿No sabéis que cada una de vosotras es una Eva? (...) Vosotras sois la puerta del infierno.Tú eres la que empezaste el árbol prohibido.Tú eres la primera que desertaste de la ley divina.Tú eres la que le corrompió a él, a quien el diablo no se atrevió a atacar. Por causa de tu mérito, que es la muerte, incluso el Hijo de Dios tuvo que morir".
Vale, podríamos decir, este tío odia a Eva porque le echa la culpa de todo (lo de que la serpiente y no ella fuera la primera tentadora, o lo de que Adán también se comiera alegremente la manzana cuando habría podido negarse, parece que se la trae al fresco). Pero, ¿qué tienen que ver en esto la restantes mujeres de la Humanidad? Nuestro simpático amigo nos lo aclara en un instante:
"No sólo Eva sufrió el engaño, sino que "la Mujer" fue engañada. La palabra "Mujer" no debe aplicarse a una, sino a todas las mujeres. Por tanto toda la naturaleza femenina ha caído en el error".
Tócate los huevos con la conclusión a la que llega este hombre. Seguro que me puede explicar cómo todas esas mujeres fueron engañadas si aún no habían nacido. ¿Alguien más piensa que este tío era un gayer reprimido o que la niña mona de su pueblo le dio calabazas cuando intentó sacarla a bailar en las fiestas del pueblo?

-Santo Tomás de Aquino: "La mujer es defectuosa y mal parida, desde el momento en que la fuerza activa de la semilla masculina tiende a la producción de la similitud perfecta en el sexo masculino; mientras que la producción de una mujer deriva de un defecto en la fuerza activa o de alguna indisposición material, o de alguna influencia externa".
Nuestro amigo Tomás me recuerda a una cosa que le dijo mi tío el anestesista a una monja que le puso exceso de anestesia a un paciente por error: "Usted sabrá mucho de Dios, pero de medicina no tiene ni puta idea". Me pregunto si alguien le propuso a Santo Tomás que contara cuánto creía que iba a tardar la humanidad en extinguirse si las semillas dejaban de ser defectuosas y el mundo se llenaba exclusivamente de varones.

Habrá quien me diga que estos señores no hacían más que expresar lo que era una opinión más o menos generalizada en sus tiempos, y que hay que leerles en su contexto. Esto sólo es verdad hasta cierto punto. En primer lugar, tengamos en cuenta que estos señores son los llamados Padres de la Iglesia. Es decir, los que sentaron la doctrina que imperó en los siglos sucesivos. En segundo lugar, recordemos que la santidad viene de seguir a Jesucristo, no las modas o las opiniones imperantes. Jesús no seguía las modas, Jesús fue un innovador, un rabino que escandalizaba por tomar a mujeres como discípulas y tratarlas como iguales. El que dijo "no juzguéis si no queréis ser juzgados". Era el Hijo de Dios, el Mesías, y eligió a tres mujeres para que fueran las primeras que lo vieron resucitado y llevaran la noticia a los demás, las mismas tres mujeres que permanecieron a su lado hasta el final cuando los hombres lo negaban o huían. Que Agustín, Pablo, Tomás de Aquino y Juan Crisóstomo odiaran y despreciaran a las mujeres de ese modo no los hace distintos a la mayoría de hombres de su época, pero por eso precisamente, tampoco los hace santos. Porque su forma de sentir, de hablar y de pensar en este sentido era radicalmente contraria a la forma en que sentía, hablaba y pensaba Cristo.

-San Cirilo de Alejandría:

Este es conocido a raíz de la (lamentable y poco fiel a la Historia) película sobre Hypatia de Alejandría. Sin embargo, películas aparte, es cierto que este hombre tenía poco de santo. Para empezar, era un hombre bastante fanático, que odiaba a los judíos, a los paganos y a las mujeres (no necesariamente en ese orden).
Además de instigar varios pógromos contra judíos que se saldaron con bastantes víctimas, les expropió las sinagogas, las propiedades, y finalmente los expulsó por las buenas de Alejandría, al más puro estilo Adolf Hitler, lo cual cabreó bastante al emperador Teodosio II de Constantinopla porque encima Cirilo ni siquiera tenía derecho legal a tomar semejantes medidas.
También instigó ataques y agresiones contra los paganos. Una de sus víctimas más famosas en este sentido fue la pobre Hypatia, una pagana neoplatónica muy bien relacionada entre las familias pudientes cristianas porque era una famosa preceptora y educadora que tenía amistad incluso con Orestes, el prefecto bizantino en Alejandría. Como además de ser pagana era mujer, inteligente y bien relacionada política y socialmente, Cirilo le tenía un odio que no te cuento, de modo que fue el instigador de un grupo de fanáticos que la asaltaron cuando regresaba a su casa tras una jornada de enseñanza y la violaron en grupo para luego descuartizarla viva. La pobre señora tenía unos 60 años en el momento de su muerte.
Nuevamente, no sé quién tuvo la idea de canonizar a un fanático violento, lleno de odio, que instigó más de un asesinato.


De momento, estos son bastante ejemplos para ilustrar lo que quería decir en esta entrada. Y dicho todo esto, quiero dejar clara otra cuestión: estas personas no eran Dios. No eran un ejemplo. Ni siquiera eran cristianos ejemplares, y nunca debieron ser canonizados. Sus palabras ni son reflejo ni tienen nada que ver con el mensaje de Jesús, por eso me duele tanto que se empleen como supuesta prueba de que el cristianismo es misógino, intolerante o absurdo.
Los que sí eran misóginos, intolerantes y absurdos, fueron los que tuvieron la brillante idea de elevar a los altares a este tipo de gentuza.

miércoles, 18 de abril de 2012

Los Juegos del Hambre: ¿realidad o ficción?

Este viernes se estrena en España la película Los Juegos del Hambre, basada en la ya famosa trilogía distópica. La historia es conocida: un país, Panem, que se divide en un Capitolio y doce distritos (antes trece), los cuales tras perder la guerra civil deben entregar cada año dos adolescentes, chico y chica, llamados "tributos", para que participen en un concurso de televisión que consiste en que deben matarse entre ellos hasta que sólo quede uno, que será el ganador.
El tráiler, para los que aún no lo hayan visto:




Por supuesto, después de leer el libro (o de ver la película) lo que sentimos es alivio: ¡menos mal que sólo se trata de una ficción!

¿O no?

Bueno, me podréis decir que no es exactamente ficticio porque está basado en los juegos de gladiadores de los circos romanos, donde los ciudadanos del Imperio disfrutaban viendo luchar a seres humanos hasta la muerte. Pero eso es algo que ocurrió hace mucho tiempo, una barbarie que no podría repetirse.
Pero, ¿y si pudiera repetirse? ¿Y si fuese posible que hoy mismo se repitiera? ¿Y si se estuviese repitiendo ya? ¿Y si hoy fuese el día en que la muerte y el dolor pudieran convertirse en un entretenimiento televisivo?

Tal vez no lo sepáis (si lo sabéis, aprovecho para refrescaros la memoria), pero en la década de los 60 se llevó a cabo un experimento llamado Experimento de Milgram, llamado así por su director, el psicólogo Stanley Milgram de la Universidad de Yale (EEUU). Este experimento se realizó para tratar de comprender cómo era posible que tantos agentes y soldados hubieran podido ser cómplices de crímenes como los del nazismo y el comunismo. Al fin y al cabo, puede que Hitler y Stalin fuesen locos peligrosos, pero sus locuras nunca se hubiesen llevado a cabo sin la complicidad de miles de agentes, policías y soldados. ¿De verdad todos ellos estaban locos también? ¿Tantos locos hay en el mundo?
Milgram decidió experimentar qué pasaría si una persona normal, escogida al azar, recibía órdenes de hacer daño a alguien por parte de una autoridad que considerara legítima. Seleccionó a varias personas de ambos sexos y diferentes razas y les hizo creer que iban a participar en un experimento sobre la memoria. Otro supuesto candidato (en realidad, un actor) estaba al lado de una máquina, conectado a unos electrodos, y cada vez que fallase el test de memoria el examinador (auténtico sujeto del experimento) tendría que darle una descarga eléctrica que iría aumentando en intensidad según el otro fuese fallando.
Seguro que todos los sujetos del experimento hubiesen jurado a quien les hubiese preguntado que eran personas normales, incapaces de hacer daño a nadie. Pero lo cierto es que el 65% de los sujetos continuaron administrando descargas cada vez más altas, a pesar de los gritos de dolor del actor y a pesar de que ellos mismos no se sentían cómodos haciéndole daño, porque el científico que estaba en la sala (la autoridad) les exigía que continuasen. Sólo el 35% se detuvieron. La obediencia y el respeto a la autoridad estaba tan arraigado en la psique de las personas, que les llevó a hacer cosas que jamás hubieran hecho por sí mismos. Igual que los comunistas y los nazis.

A principios del año pasado, un productor de televisión francés, Christophe Nick, decidió repetir el experimento con una variante: se trataba de comprobar si un programa de televisión sería capaz de hacer presión suficiente para que unos concursantes hiciesen daño a otros y el público lo tolerase.
He aquí el resultado, en forma de documental. está doblado al castellano, y aunque es largo, os recomiendo que lo veáis. No tiene desperdicio.




He aquí el resultado. No el 65% de Milgram, sino el 81% de los concursantes siguieron adelante. El porcentaje de "obedientes" no sólo no ha disminuido, sino que ha aumentado significativamente. Pero el documental no se detiene demasiado en algo que para mí es fundamental, y es el público del programa.
No eran actores. No sabían que el programa era falso. Era gente tan normal como los concursantes, contratados mediante una empresa común de las que buscan extras y público para los programas. Creían igual que los concursantes que el actor estaba siendo torturado, que había perdido el conocimiento y que puede que incluso estuviera muerto dentro de la cámara cerrada. Pero, aunque se llevaban la mano a la boca o se cubrían la cara con gestos de tensión, ninguno protestó no hizo nada para impedir el daño. NINGUNO. No sólo eso, sino que cuando la presentadora preguntaba al público como medio de presión al concursante, todos jaleaban: "¡Castigo, castigo!", "¡Sigue adelante, sigue adelante!", "¡A por el millón, a por el millón!". Creían que el actor estaba sufriendo de verdad, pero pidieron que el espectáculo continuase.

¿Acaso son muy diferentes a los espectadores del Capitolio? ¿Acaso son los concursantes diferentes a los tributos, que no quieren matarse pero lo hacen? ¿Acaso no es verdad que, si ese programa hubiese sido real, el actor hubiese sufrido, acabado inconsciente o incluso muerto, víctima de las descargas eléctricas, gritando y suplicando, sin que nadie del público le ayudase (y sin que el otro concursante parase tampoco en el 81% de los casos)? Y no es una distopía. No es algo que ocurrió en el pasado, ni algo que podría suceder en el futuro. Está sucediendo ahora.

Que la suerte esté siempre, siempre de vuestra parte. Tal y como están las cosas, vamos a necesitarla.

viernes, 23 de marzo de 2012

La falla de los Borgia

Roma, 2 de Febrero del año 1502. En la ciudad se celebra, con gran pompa y esplendor, la boda de Lucrecia Borgia con Alfonso d'Este. Para la novia es su tercer enlace y ni ella ni el novio van muy convencidos; ella, porque aún está enamorada de su anterior esposo, Alfonso de Aragón, mandado asesinar por orden de la familia Borgia a causa de una intriga política. Él, porque apenas la conoce y ni a él ni a su familia les hace la más mínima gracia el berenjenal que supone emparentar con los Borgia mediante matrimonio (sobre todo teniendo en cuenta lo que pasó con los últimos dos maridos en cuanto los matrimonios se volvieron políticamente adversos).
Sin embargo, el aire de fiesta es general. Una boda siempre es un gran acontecimiento, la familia Borgia está contentísima de emparentar con los d'Este (sobre todo porque cuando el padre de Alfonso muera Lucrecia se convertirá en la duquesa de Ferrara, hecho que sucederá cuatro años después de la boda). La boda tiene lugar, cómo no, en la mismísima Basílica de San Pedro del Vaticano.
Los Borgia, apellido italianizado, son en realidad los Borja, una familia noble valenciana oriunda de Játiva. Lógicamente, en el séquito del poderoso César Borgia hay muchísimos valencianos. Y a los valencianos, alegres tanto por el acontecimiento como por el vino que corre, se les ocurre una feliz idea:

Ie, xicons! Açí fa un fred dels collons. ¿Qué vos pareix si le fem una falla a la xiqueta? ¡Aixina entrarém en calor!"*
*"¡Eh, chicos! Aquí hace un frío de cojones. ¿Qué os parece si le hacemos una falla a la niña? ¡Así entraremos en calor!"

Y dicho y hecho. Los valencianos deciden animar la boda con un toque de lo más fallero, y ni cortos ni perezosos plantan la primera falla documentada de la Historia: un monumental castillo de madera en la mismísima plaza de San Pedro del Vaticano. Y, como no puede ser menos, hacen también la Cremà y le prenden fuego.

Hay que tener en cuenta que las fallas (hogueras), tanto para San Donís como para San José, eran una costumbre valenciana arraigada ya desde el siglo XIV, pero se trataba sencillamente de hogueras; pilas de madera que se colocaban en lo alto de las torres y campanarios, o en las plazas más amplias, para divertir a la gente, que cantaba y bailaba alrededor. Fallas tal y como las conocemos hoy, es decir, monumentos de madera con una forma determinada, tal vez las hubiese habido ya en Valencia, pero la primera que aparece documentada es la falla que los valencianos del séquito de los Borgia, para celebrar la boda de la joven Lucrecia, plantaron y quemaron en la Roma renacentista.


Lucrecia Borgia: "¡Este año tampoco pienso perderme la Cremà!"

viernes, 10 de febrero de 2012

Jaulas de oro

Oí hablar hace algún tiempo, por una familiar mía que trabaja en Madrid, acerca de las llamadas urbanizaciones cerradas. Nunca había oído de la existencia de sitios así, y tengo que decir que me sorprendió muchísimo: urbanizaciones para gente de clase muy alta, llenas de casas tan grandes y modernas que parecen futuristas. Están rodeadas por un vallado que las oculta del resto del mundo, están controladas por seguridad privada (que sólo deja entrar a los residentes y a los que tienen cita previa, es decir, que los propietarios han avisado que van a venir a visitarles), y dentro tienen todo lo necesario para que sus habitantes no tengan que salir al exterior si no quieren: gimnasio, spa, centro comercial, supermercado, iglesia, farmacia... hasta helipuerto. Son como pequeñas ciudades cerradas en miniatura, donde la élite que vive allí no sale para mezclarse con la plebe más que lo estrictamente necesario. Y, por supuesto, los dueños de las casas compiten entre ellos para ser el más extravagante y lujoso de sus vecinos. Entre los casos (absolutamente verídicos) que me contaron, estaba el de un propietario que se empeñó en tener un televisor de pantalla gigante que saliera del suelo al tocar un botón, y una propietaria que exigía que las luces se encendieran solas en cuanto ella entraba en una habitación y se apagaran en cuanto saliera, porque no le apetecía tener que estar tocando constantemente interruptores. Las parcelas más grandes tienen jardines, piscinas gigantescas y "casitas para huéspédes de sólo veinte habitaciones". Las casas cuentan con piscina cubierta, sauna, sala de cine (sí, sala de cine de verdad, con su pantalla y su suelo inclinado y sus butacas), y una planta sótano entera para "las dependencias del servicio".

No sé a mis lectores, pero a mí la descripción de un lugar así me produce agobio. No niego que, después de ver las fotos de una de esas urbanizaciones, sentí curiosidad por saber cómo sería estar en una de esas casas y verla por dentro. Pero, la verdad, es algo que sólo me gustaría hacer por un fin de semana. Después de un par de días, estoy segura de que más que "guau, quiero quedarme a vivir aquí", mi reacción sería "¡Socorro! ¡Quiero volver a la Tierra!".
Y es que, si uno lo piensa bien, un lugar así no se diferencia mucho de una cárcel. De lujo, sí, pero una cárcel. Un pequeño mundo en miniatura al margen del resto de la humanidad, donde todos se conocen, nadie puede entrar sin autorización, y sus habitantes, por una razón u otra, no pueden abandonar.
Me dirán que no es así, que se pueden marchar cuando quieran. Yo matizaría una cosa: se marcharían si pudieran, pero no pueden. Y es que urbanizaciones de lujo hay muchas, donde las casas son enormes y sus habitantes lucen ropa de buenos diseñadores, se hospedan en hoteles de 5 estrellas, viajan en avión o yate privado y tienen chófer para conducir el BMW, el Porsche o el Ferrari de turno. Pero esos mismos ricachones también se toman un café en el bar, compran en tiendas normales, van al supermercado, pasean por la calle, saben pedir un taxi o coger el metro, van al cine de su ciudad en lugar de tener su sala privada en casa... vamos, que saben desenvolverse en el mundo real y lo hacen, aunque a menudo escojan los mejores productos y los de más calidad, en todos los sentidos. Sin embargo, me da la sensación de que la mayoría de la gente que vive en urbanizaciones cerradas vive de espaldas al mundo, no se mezcla con él. Y eso sólo puede pasar por tres razones:

a) Por narcisismo: Son tan patológicamente creídos y esnobs que se niegan a mezclarse con el populacho y creen que el único lugar digno de ellos es una urbanización súper-ultra-mega exclusiva donde es más difícil entrar que en el Pentágono.

b) Por agobio: Son personas tan famosas que la única forma que tienen de vivir en paz es viviendo recluidas, porque no pueden salir a la calle para comprarse un jersey o ver una película porque todo el mundo se les tiraría encima (como tengo entendido que le pasó hace poco a Justin Bieber, que se metió el chaval en un centro comercial a comprarse una camiseta con un amigo, y las adolescentes comenzaron a llegar en una riada de tal magnitud que la Policía tuvo que acordonar la zona y sacarle escoltado para que no le aplastaran).

c) Por miedo: Son mafiosos o empresarios que no pueden vivir sin protección permanente porque se arriesgan a ser tiroteados (en el primer caso) o secuestrados (en el segundo) en cuanto bajen la guardia, de ahí que deban vivir aislados, desplazarse con discreción y no salir sin su guardaespaldas.

Vamos, que quienes viven allí es o porque están perturbados mentalmente, o porque se sienten acosados, o porque tienen miedo. Y eso, en el fondo, no es otra cosa que ser un prisionero, bien de los demás o bien de la propia mente, por muchas casas futuristas que tengan y muchos spas privados de los que disfruten. Como dijo Stephen King en su novela Ojos de Fuego, un excremento de perro glaseado no es un pastel de bodas, sino un excremento de perro glaseado. Y, si se trata de elegir entre libertad y lujo, tengo muy claro lo que elegiría yo.

viernes, 3 de febrero de 2012

¿Estamos gilipollas, o qué?

Me he encontrado hoy con la noticia (un tanto atrasada) de que a finales de Enero murió Caroline Lovell, ferviente defensora del "parto natural en casa", precisamente a causa de complicaciones en su segundo parto... que, por supuesto, tuvo lugar en su casa. Cuando la llevaron al hospital, ya era tarde. Esta noticia me hace pensar en otra, leída recientemente, por la cual me enteré del alarmante rebrote de casos de sarampión, una enfermedad que en España estaba prácticamente erradicada desde la implantación de la vacuna triple vírica. Y el rebrote se ha dado, cómo no, en comunidades donde los padres han dejado de vacunar a los niños por esa estúpida moda de "no vacunar a los niños porque no es natural y además mi portera Paqui me ha dicho que el hijo de la prima de la cuñada de su tía segunda por parte de madre, que sabe mucho, le ha dicho que ha oído que las vacunas provocan autismo".

Me van a perdonar, pero MANDA HUEVOS. Hasta que Jenner descubrió la vacuna, niños y adultos morían como moscas a causa de las enfermedades víricas. Muerte y más muertes, enfermedades que rebrotaban una y otra vez. Casi las mismas muertes, por cierto, que ocurrían en los hogares donde las mujeres se jugaban la vida pariendo sin asepsia, sin instrumental adecuado y sin médico, únicamente con una comadrona que carecía de medios para actuar en caso de que se diese una complicación o una situación de emergencia.
Estamos hablando de tasas de mortalidad altísimas, tasas que no se pueden tomar a broma. Antes de que existieran las vacunas y antibióticos, la tasa de mortalidad infantil estaba en torno al 50% (en el mejor de los casos). Respecto a las mujeres en edad de dar a luz, su tasa de mortalidad durante el parto o en los días inmediatamente posteriores (por fiebres puerperales) estaba en torno al 60%, y su esperanza de vida era de 30 a 40 años. Vamos, que cuando una mujer se quedaba embarazada se le daban todos los caprichos y se la llenaba de amueltos y postales de santos, porque era más bien dudoso que sobreviviera a la experiencia.

Y resulta que hoy en día, que disponemos (al menos el el Primer Mundo) de antibióticos, vacunas, hospitales desinfectados con salas de parto que cumplen los requisitos de asepsia, ginecólogos, anestesia epidural, transfusiones de sangre, cesárea segura, monitorización de la madre y del feto, y todo tipo de instrumental médico y tecnología para hacer frente a cualquier imprevisto o complicación que ponga en peligro la vida de los pacientes... resulta que hay niños gravemente enfermos de sarampión PORQUE A SUS PADRES NO LES DA LA REAL GANA VACUNARLOS y señoras que se mueren en su casa dando a luz PORQUE NO LES DA LA GANA PARIR EN UN HOSPITAL.
¿Estamos gilipollas, o qué pasa? ¿Nos hemos vuelto todos locos? Con lo que hubieran dado las mujeres del pasado por poder vacunar a sus hijos contra las enfermedades que se los llevaban, y por poder parir de forma segura y vivir para criar a su familia, ¿y ahora que contamos con estos medios, hay quien los rechaza y se pone en peligro a sí misma y a sus hijos voluntariamente?
Que nadie me venga con "es una opción más" o "es que yo quiero vivir una experiencia natural". Eso no son más que gilipolleces. Si quieres vivir una experiencia natural vete a vivir a una granja en el campo y cría patatas ecológicas, pero no te arriesgues a parir en casa o a no vacunar a tus hijos. Que con la salud no se juega. Que sólo tenemos una vida. Imbécil.