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lunes, 27 de abril de 2015

Nos están exterminando. Vosotros sois los siguientes.


Primero fueron a por los socialistas
pero como yo no era socialista
no protesté

Después fueron a por los sindicalistas
pero como yo no era sindicalista
no protesté

Después fueron a por los judíos
pero como yo no era judío
no protesté

Ahora han venido a por mí
pero no queda nadie para protestar por ello

Martin Niemöller, pastor protestante alemán, 1946



Egipto. Miles de muchachas cristianas coptas son secuestradas, obligadas a convertirse al islam, y forzadas a casarse con musulmanes. Sus familias no vuelven a verlas. En Libia, 21 egipcios coptos son degollados por miembros del Estado Islámico.

Nigeria. Boko Haram ha secuestrado en los últimos años a miles de cristianos. A los niños los alistan forzosamente en sus ejércitos, a las niñas las violan y si se quedan embarazadas las obligan a cocinar a sus propios hijos. Los extremistas musulmanes incendian iglesias, negocios y hogares de cristianos.

Siria. Miles de hombres, mujeres y niños cristianos asesinados por causa de su fe. A las mujeres y a los hombres los decapitan o crucifican, a los niños los degüellan o los entierran vivos.

Irak. Miles e cristianos perseguidos, violados y asesinados por causa de su fe. La última víctima ha sido un niño de cinco años, hijo de un militar cristiano. El Estado Islámico lo ha ejecutado públicamente cortándolo por la mitad. Sin embargo, no ha sido el único: esclavizar a las mujeres cristianas tras asesinar a sus hijos ante ellas se ha convertido en una práctica habitual.

Kenia. 148 estudiantes cristianos asesinados por extremistas musulmanes mientras asistían a sus clases en la Universidad.

India. Los sacerdotes cristianos denuncian la pasividad del gobierno ante actos vandálicos e incendios provocados contra iglesias y hogares cristianos. Muchos son obligados a convertirse al hinduísmo en ceremonias multitudinarias. Algunos cristianos son linchados y quemados vivos.

Pakistán. Situación análoga a la de la india.

República Centroafricana. Más de mil cristianos asesinados por razón de su fe, sólo en el último año.

Corea del Norte: Entre 50.000 y 70.000 cristianos están recluidos en campos de concentración. Durante los últimos 50 años, más de 300.000 han desaparecido sin dejar rastro.

Esta es la tendencia mundial, y va en alza. En 2014, 4.344 católicos fueron asesinados a causa de su fe, más del doble que en 2013, con 2.123 víctimas, y más del triple que en 2012, con 1.201 asesinatos. Si sumamos a todos los cristianos (católicos, protestantes, coptos, ortodoxos, etc), la media en los últimos años se calcula en un mínimo de 9.000 asesinatos la año, según las estimaciones más prudentes. Si tenemos en cuenta no sólo a las víctimas de asesinatos, sino también a las de secuestros, conversiones forzosas, matrimonios forzados, esclavitud, violaciones, negación de derechos civiles y actos vandálicos contra sus templos, hogares o negocios, el número asciende a cien millones en todo el mundo. Cien millones de personas. Y no es un hecho aislado en unos pocos países; actualmente la lista de naciones donde los cristianos son amenazados, perseguidos, hostigados, atacados o asesinados por razón de su fe, incluye más de 50. El top 25 es el que sigue:

 1. Corea del Norte
2. Somalia
3. Irak
4. Siria
5. Afganistán
6. Sudán
7. Irán
8. Pakistán
9. Eritrea
10. Nigeria
11. Islas Maldivas
12. Arabia Saudí
13. Libia
14. Yemen
15. Uzbekistán
16. Vietnam
17. República Centroafricana
18. Qatar
19. Kenia
20. Turkmenistán
21. India
22. Etiopía
23. Egipto
24. Djibuti
25. Myanmar

La inmensa mayoría de estos ataques son llevados a cabo por musulmanes. No sólo el Estado Islámico, Boko Haram o los Hermanos Musulmanes cometen este tipo de atrocidades, sino ejércitos regulares, policía estatal e incluso ciudadanos que se vuelven contra sus vecinos de credo diferente.

¿Habéis leído esto en las noticias? ¿Sale en los periódicos? ¿Es portada en los telediarios? Pues no. Al fin y al cabo los cristianos sólo somos una minoría disidente que no tiene derechos en el tercer mundo, y una pandilla de crédulos adoradores de un judío zombie en el primer mundo. En Occidente está bien visto ridiculizar, despreciar y burlarse de los cristianos, y en los países más pobres y conflictivos de África y Asia está bien visto exterminarlos, matar a los niños y a los hombres y violar y esclavizar a las mujeres y a las niñas.

¿Hasta cuándo, gente? Queridos progresistas defensores de los derechos humanos que tanto nos odiáis por oponernos al aborto, ¿hasta cuándo vais a cerrar los ojos a la verdad, a que nos están masacrando, a que nos están exterminando? ¿Hasta cuándo dejaréis de ser tan políticamente correctos y asumiréis que lo que aquí se denuncia no es síntoma de islamofobia, sino de la cristianofobia más atroz que ha existido desde los tiempos en que Roma perseguía a los cristianos lanzándolos a los leones del circo?

Tal vez creáis que lo tenemos merecido. Que hace siglos estuvimos detrás de las Cruzadas y de las Inquisición, que intentamos decirle a los demás cómo vivir su vida, que si estamos muriendo peor para nosotros. Que la cosa no va con vosotros, los progresistas y racionales ateos.

Pero, ¿sabéis una cosa? Sí que va con vosotros. Porque los radicales musulmanes, que cada vez son más y están mejor organizados, no van sólo contra nosotros, sino contra Occidente entero. Contra esa democracia y esa libertad que tanto amáis. Que tanto amamos. Porque nosotros también formamos parte de ella. Que si el mundo sigue cerrando los ojos ante los crímenes y los abusos, sus autores se crecerán pensando que pueden hacer lo que quieran, porque el decadente y cobarde Occidente no va a mover un dedo al respecto.
Sólo quiero recordaros que esto mismo es lo que pasó con los judíos en la Alemania del gobierno nazi. La gente creía que eran culpables. Se lo merecían. Se enriquecían injustamente, la derrota de la Primera Guerra Mundial había sido por su culpa. Su religión eran estúpida, eran el cáncer de Alemania, estaban mejor sin ellos.

Así que tened cuidado. Porque si ahora van a por nosotros, vosotros nos seguiréis. Sois los siguientes. Estáis en la lista. Estamos todos los que no somos como ellos. No tendrán más piedad con los judíos, los ateos y los propios musulmanes moderados de la que están teniendo por los cristianos. Se ríen de la racionalidad, se burlan del pacifismo, desprecian la libertad y escupen sobre la democracia. Cuando se crezcan todavía más, se hagan fuertes y vengan aquí, os daréis cuenta de que sois los protagonistas de poema de Niemöller (pues ese es un autor, aunque tradicionalmente se haya atribuído su autoría a Bertolt Brecht). Ese será el momento en que ya no servirán para nada el ateísmo racionalista, el buenrrollismo liberal, la tolerancia democrática y la alianza de civilizaciones, porque habrán venido a por vosotros, y el mundo tal y como lo conocíais habrá terminado.
Pero ya no quedará nadie para protestar por ello.

viernes, 15 de marzo de 2013

Francisco I, ¿una nueva esperanza?


Como cristiana que sabéis que soy (o al menos, los lectores habituales de este blog lo saben), he seguido con sumo interés la elección del nuevo Papa tras la renuncia de Benedicto XVI. Es ya sabido por todo el mundo que el nombramiento ha recaído en Jorge Mario Bergoglio, cardenal de Buenos Aires, y que ha sido una gran sorpresa para casi todo el mundo, pues no se encontraba entre los favoritos y las encuestas ni lo mencionaban.

Franciso I, en su primera aparición pública como Papa. Muchos lo comparan ya, tanto por su aspecto físico como por su carácter, con Juan XXIII


¿Y qué tal, este nuevo Papa? ¿Mejor que la media? ¿Peor? ¿Como siempre? Por supuesto, en menos de una semana de pontificado es imposible hacer análisis demasiado profundos o preveer el futuro con detalle, pero sí hay una serie de pros y de contras que me han permitido llevar a cabo un análisis de Francisco I, que quiero compartir con vosotros:


PROS:

1) Su humildad y austeridad son reconocidas: Estamos frente a un señor que, de primeras, apareció en el balcón de la plaza de San Pedro sin ninguno de los ornamentos lujosos que son habituales en los Papas (vestía de blanco y con una sencilla cruz al pecho), y pidió la bendición del pueblo antes de dar él la suya. Y poco a poco, se han ido conociendo detalles de su vida: por ejemplo, que cuando eran cardenal vivía en un piso normal en lugar de en un palacio, que se preparaba él mismo la comida, viajaba en transporte público y usaba ropa de segunda mano. Una vez nombrado Papa, se negó a coger el Mercedes oficial de lujo y prefirió ir en minibus, después de pagar la cuenta de su estancia en la residencia de Santa Marta ante el estupor del personal que allí se encontraba. También es sabido que critica duramente a su gobierno por el aumento de la pobreza y la desprotección de la infancia, y que frecuentemente organizaba charlas y prédicas en la calle, hablando enérgicamente en favor de los derechos de los más pobres.

2) Su nombre: El hecho de que haya elegido el nombre de Francisco como Papa es muy significativo. Hay quien piensa (opinión más extendida) que se lo ha puesto en honor a San Francisco de Asís, el santo bueno, pobre y piadoso por excelencia. Otros creen que es en honor a San Francisco Javier, jesuita que evangelizó China y Japón y se opuso duramente al tráfico de esclavos. Sea como sea, está claro que su nombre es toda una declaración de intenciones... y un desafío para todos esos cardenales y altos prelados que son más trepas que devotos y que se aprovechan de la Iglesia para sacar dinero y vivir como príncipes.

3) Es jesuita: ¿Y qué?, podrían decir algunos. Pues resulta que los jesuita se llevan a matar con el Opus Dei. No es que tenga nada personal contra el Opus (de hecho he conocido a muchos simpatizantes laicos que eran bellísimas personas; por desgracia, no puedo decir lo mismo de sus sacerdotes), pero es bien sabido que se trata de una organización ultraortodoxa, muy conservadora, y que utiliza el dinero y el alto estatus social como uan forma de captación y de exclusivismo, algo que, admitámoslo, se pega de leches con en mensaje de Jesús. El Opus Dei fue alzado a las cúspides del poder en el Vaticano gracias a Juan Pablo II, el mismo tío simpático que paralizó en seco la aplicación del progresista Concilio Vaticano II. Un Papa jesuita, pues, puede suponer el fin de la hegemonía del Opus Dei en la Iglesia y la apertura a ideas nuevas y progresistas, que tanto se necesitan.

4) Es un científico: De hecho, es licenciado en Ciencias Químicas. Creo que s importante y muy positivo tener un Papa versado en ciencias, más que nada para callarle la boca a todos los que opinan que los creyentes somos una banda de supersticiosos ignorantes que vamos en contra de la ciencia o la ignoramos en absoluto. Francisco I es un ejemplo más de que la ciencia y la religión no son incompatibles, porque de hecho la ciencia no son más que las reglas por la que se rige el Universo creado por Dios.

5) Va a saco en contra de los pederastas: Si con los dos anteriores Papas parecía que el encubrimiento y la ocultación estaban a la orden del día (aunque Benedicto XVI en los últimos años intentó cambiar esa tendencia), las cosas han dado un grito radical. En un par de días de pontificado, Francisco I ya le ha dado un buen rapapolvo al sinvergüenza del cardenal Bernard Law, encubridor de bastantes casos de abusos sexuales en Boston a lo largo de casi 30 años, que antes de sentarse en el banquillo huyó como una cucaracha a Roma para pedir asilo y fue protegido por Juan Pablo II (sí, el mismo amiguito del Opus que comentábamos antes), el cual encima lo nombró arcipreste de la Basílica de Santa María la Mayor. El señor Law que se las prometía muy felices yendo a hacerle la pelota al nuevo Papa, recibió un furibundo "¡No quiero que vuelva a frecuentar esta basílica!" como respuesta, y al parecer va a acabar sus días de un modo muy parecido a como si hubiera sido condenado en verdad por los tribunales: apartado de toda dignidad, lujo y boato y encerrado a la fuerza y de por vida en un convento de clausura.


CONTRAS:

1) Es poco tolerante con la homosexualidad: Triste, y no me gusta nada, pero desgraciadamente lo veo comprensible. pero creo que tampoco podemos pedir peras al olmo. La verdad es que no piensa diferente del resto de personas de su generación. Porque, seamos sinceros, ¿qué diría cualquier octogenario si supiera que un nieto suyo es homosexual? ¿Recibiría la noticia con alegría? ¿De veras pretendemos que un hombre de 77 años y de ambiente conservador (recordemos que es argentino) piense de modo distinto? Los cambios de mentalidad llevan tiempo, hará falta que nuestra generación se haga vieja para que los ancianos acepten la homosexualidad.

2) Se le acusa de no enfrentarse a la dictadura militar argentina: Efectivamente, pero esta cuestión tiene tres atenuantes: uno, que jamás ha sido encausado por colaborar con ella, dos, que pidió perdón públicamente por no haberse opuesto lo suficiente, y tres, que muchos testimonios afirman que actuó a la manera del Papa Pío XII, que de cara a la galería no se opuso al nazismo para que la Iglesia no sufriera represalias, pero de tapadillo estuvo ayudando a mucha gente en apuros.

3) Tendrá que guardarse las espaldas: Esto me parece muy grave, aunque supongo que ya le habrán hecho llegar la advertencia. Todos sabemos lo que le pasó al pobre Juan Pablo I por ser demasiado progresista, y Francisco I además de tener el mismo espíritu de humildad y renovación va dispuesto a repartir caña a los cardenales y obispos corruptos y pertenece a una orden religiosa que es rival de Opus Dei. Por decirlo finalmente, si yo fuera él, haría análisis químicos de mi comida y me rodearía de un servicio de seguridad privada de mi entera confianza. Y, desde luego, si a este señor le ocurre algo, lo que sea, en sus primeros meses o años de Pontificado, creo que tendremos bastante claro a quién acusar. Ojalá no sea así, y que Dios lo proteja.

Por lo pronto, ya debe tener según qué personas bastante asustadas, ya que se ha tardado poquísimo en difundir masivamente, por parte de una asociación atea mexicana, una noticia sobre supuestos comentarios misóginos acaecidos hace algunos años, que ha resultado ser un descarado fake dirigido a desprestigiar a cualquier precio la imagen del Pontífice, y que algunos periodistas con nula ética y profesionalidad se ha dedicado a propagar sin molestarse en verificar las fuentes. Por lo menos, este incidente señala algo positivo: primero, que los malvados empiezan a tenerle miedo, y segundo, que si todo lo que han podido usar para desacreditarle son noticias falsas y manipulaciones, es posible que Francisco I sea, por fin, el Papa que estábamos esperando. Tal vez podamos atrevernos a tener esperanza, esperanza en una Iglesia mejor y fiel por fin al mensaje de Cristo.

sábado, 16 de febrero de 2013

Los cátaros: ¿santos o chiflados?


De un tiempo a esta parte, no dejan de aparecer en las librerías novelas de "intriga histórica", como las llaman en los catálogos, o novelas "Jesucristo era masón" como las llamo yo, todas ellas nacidas a la estela de El Código DaVinci, y que tienen como factores comunes el protagonismo (con tensión sexual resuelta o no) de una (joven y atractiva) arqueóloga y un (joven y atractivo) policía, o viceversa, los cuales investigan un misterio histórico del pasado que afecta al presente ya que de descubrirse afectaría terriblemente a la (malvada) Iglesia Católica, que por supuesto hará lo que sea para impedir que la verdad salga a la luz. Esto suele significar, además, que tales novelas suelen combinar la historia del presente con una historia paralela del pasado, y que "los buenos" suelen ser una organización clandestina o tachada de herética (El Priorato de Sión, Los Rosacruces, los Masones, la Hermandad de la Santa Calabaza... tienen ustedes para elegir) que por supuesto eran los que protegían y custodiaban la auténtica verdad.
Entre todos estos pobres héroes, no deja de asombrarme la cantidad de novelas que tienen a los Cátaros (también llamados Albigenses) como la quintaesencia de la santidad y la bondad frente a la malvaaaada Iglesia Católica, que por supuesto los exterminó en una Cruzada porque no soportaba tanta bondad y tanto auténtico culto a Cristo.

Nada más lejos de mi intención que ponerme a justificar o defender esa burrada sangrienta y bárbara que fueron las Cruzadas (odio en especial la cuarta, con todas mis fuerzas, porque al final se desvió contra mi adorada Constantinopla, pero eso ya es otra cuestión). Sin embargo, no puedo cuanto menos asombrarme de que haya tantas novelas supuestamente históricas que pongan la herejía cátara por las nubes y a sus miembros como ejemplo de santidad. Esta desviación del cristianismo era, en el mejor de los casos, una ida de olla de las gordas al estilos de las sectas actuales más bizarras, y en el peor de los casos una doctrina pseudo-satanista sumamente peligrosa que, desde luego, era conveniente erradicar. ¿Mediante una cruzada? Desde luego, los métodos empleados en la represión fueron brutales (es tristemente famosa la frase con la que el legado papal Arnaud Almaric condenó a muerte a la mayoría de los habitantes de Béziers, muchos de los cuales no eran cátaros sino católicos: "Matadlos a todos, y Dios distinguirá"), aunque también es de justicia decir que antes de llegar a ese punto la Iglesia hizo bastantes esfuerzos pacíficos y diplomáticos por desmantelar la herejía cátara, y que al final la violencia con la que se resolvió el conflicto tuvo una razón política y no religiosa: muchos nobles del Languedoc protegieron y apoyaron a los herejes albigenses porque ese era un modo de intentar quedarse con las tierras y posesiones que tenía la Iglesia en sus tierras, y obviamente el Papa dijo que por los cojones. Como siempre, la razón última de la guerra siempre es el dinero.

Pero volvamos a los cátaros. ¿En que consistía exactamente la herejía albigense? Veamos los puntos más llamativos y estrambóticos de esta creencia:

-Elevaban a Satán a la categoría de dios creador, creando una especie de dualidad dios bueno/dios malo. Yahvé era el dios bueno que había creado el mundo espiritual, es decir, el Cielo y las almas. Mientras que Satán era el creador del mundo físico. Esto de por sí ya es una burrada de proporciones épicas, de ahí que antes me haya referido a esta doctrina como pseudo-satánica: porque, aunque consideren que el demonio es un dios malo, lo elevan a categoría de dios.

-Por consiguiente, todo el mundo físico era malo, con lo cual había que vivir en el ascetismo más riguroso y la castidad más absoluta. Muchos ignorantes han llegado a tomar a los cátaros como ejemplo de ecologismo porque muchos rechazaban el consumo de carne. Pero no lo hacían por respeto o amor hacia los animales, sino porque consideraban la vida física, la propia naturaleza, como creación del diablo, y por lo tanto algo a rechazar. Obviamente el sexo era lo peor de lo peor porque reproducirse implicaba condenar a nuevas almas inocentes al castigo de encarnarse en la creación diabólica, de modo que el sexo era abominable. Esto en concreto me hace mucha gracia: tanto criticar a la Iglesia Católica por demonizar el sexo, y resulta que los cátaros, que no es que lo vieran como algo pecaminoso sino como un acto intrínsecamente satánico, son angelitos ideales. Creo que este es un buen ejemplo de por qué esta herejía era tan peligrosa: ¿cuánto hubiera tardado en quedarse despoblada Europa si las creencias cátaras se hubieran extendido y todo el mundo hubiese aspirado a la perfección según la doctrina albigense?

-Por supuesto, Dios no iba a encarnarse en la obra del demonio, así que creía que Jesús era una especie de espectro happy del buenrollismo y rechazaban la idea de que hubiese sido hombre.

-Como todo lo terrenal era malo, rechazaban todos los placeres de la vida en una suerte de puritanismo extremo. La vida de un cátaro estaba regida por el ascetismo absoluto, la castidad extrema y el vegetarianismo estricto. De hecho, muchos cátaros eran reconocidos por su aspecto pálido y enfermizo, ya que comían lo mínimo y se exponían lo menos posible a la luz de sol. (joder, qué idea se me saba de ocurrir para una partida de Vampiro...)

-Negaban la mayoría de los sacramentos: el bautismo, el matrimonio, la eucaristía...

-Creían que los juramentos eran pecado, porque constituían una ligazón con el mundo material. Teniendo en cuenta que la inmesa mayoría de las relaciones contractuales y de vasallaje en aquella época dependían de juramentos formales y el honor que ataba a las personas para cumplirlos, imaginémonos el caos social que esta creencia podía generar.


Realmente, con estos datos en la mano, el catarismo es una ida de olla como una catedral. No deja de resultarme increíble que ciertas personas que se consideran críticas con el puritanismo protestante y el ascetismo católico por negar los placeres como algo malo per sé, en plan "sufrir es bueno, si algo es agradable a los sentidos significa que es malo", y por ver la vida mundana como una suerte de estado transitorio por el que había que pasar lo antes posible, contemplen con buenos ojos (o al menos con benevolencia tolerante) el catarismo. De hecho, con la ola antieclesiástica que azota Occidente hoy en día, se está llegando al extremo de identificar automáticamente toda secta, herejía o creencia perseguida por la Iglesia como algo bueno, verdadero y mejor, porque la Iglesia es corrupta. Desde luego que ha habido y hay mucha corruptela en la Iglesia que debe ser erradicada, y desde luego que Cristo exaltó valores como la pobreza de espíritu y la humildad y condenó la avaricia. Pero de ahí a torcer la doctrina hasta el punto de elevar al demonio a la categoría e dios creador y llegar a la conclusión de que todo lo que tenga que ver con el mundo físico es malo por naturaleza, creo yo que hay un mundo. Cuanto menos, me parece suficiente como para dejar de ver a los famosos cátaros como una suerte de santos iluminados y comenzar a verlos como lo que realmente eran: personas transtornadas que profesaban una doctrina peligrosa.

domingo, 20 de enero de 2013

¿Santos o pecadores?


Hay muchas figuras del cristianismo que son considerados santos. Ojo, digo del cristianismo porque hay algunas figuras del protestantismo y del anglicanismo que, aunque no son considerados santos al estilo católico u ortodoxo, sí que han sido elevados a los altares como una suerte de ejemplo e inspiración a seguir.
Y de todos estos santos, de todos estos inspiradores, hay unos cuántos que, válgame Dios, a poco que se conoce un poco sobre su vida y sus actos, una no puede dejar de preguntarse cómo es posible que semejantes individuos pudieran ser considerados santos.

Antes de nada,. supongo que tendré que dejar claro lo que yo considero (y se considera en general) que es un santo. Un santo no se convierte en tal porque haya sido muy docto, muy poderoso, muy influyente o muy conocido, o porque le dé la gana a la Iglesia cristiana de turno que no canonice. Un santo (definición de la Delegación Episcopal para las causas de los santos) es "aquel cristiano que ha imitado a Nuestro Señor Jesucristo a través de una vida que se caracteriza por el cumplimiento en su vida del amor a Dios, que se concreta en la práctica de las virtudes o del acto supremo del martirio".
Lo cual viene a decir que hay dos formas de alcanzar la santidad: vivir imitando el ejemplo de Cristo, o morir por la fe cristiana. Sobre lo del martirio, poco más que añadir, aunque personalmente no estoy de acuerdo en eso de atribuir la santidad por el simple hecho del martirio (en todo caso, ser un mártir de la fe te concedería la salvación, el Cielo inmediato, pero no la santidad). Pero, ¿qué pasa con los que no murieron mártires? Se supone que deberían haber alcanzado la santidad por haber imitado a Jesucristo durante sus vidas. ¿Y qué significa imitar a Cristo? Yo creo que eso poca discusión tiene; los valores básicos que nos enseñó Jesús fue el amor a los enemigos, la paz, el perdón, la caridad, la misericordia, la humildad...

Pues bien, hay una serie de santos, venerados por distintas Iglesias cristianas (no me refiero sólo a la católica) de los que se podría decir que estas virtudes escaseaban, cuando no brillaban por su ausencia. Y no estamos hablando de pecadores que luego se arrepintieran (tipo Saulo de Tarso o San Juan de la Cruz), sino de personas que, aún siendo santos, demostraron ser crueles, vengativas, misóginas, prejuiciosas o egoístas. ¿Ejemplos? Seguro que me dejo muchos, pero he aquí unos cuántos:

-San Pedro Damián:

Cardenal católico del siglo XI, muy amiguito del Papa Gregorio VII (supongo que eso sienta ya un precedente, ya que este Papa fue el que tuvo la brillante idea de decretar el celibato obligatorio de todos los sacerdotes y anular por las buenas todos los matrimonios de los que ya estaban casados, pasándose un poco por el forro la indisolubilidad del matrimonio y destrozando miles de familias en el proceso). Este hombre de misericordioso tenía más bien poco, a juzgar por los durísimos juicios de valor a los que sometía a los demás, llegando a alegrarse de las desgracias ajenas cuando el ajeno en cuestión no era de su gusto. Como muestra, la malsana satisfacción que destilaban sus palabras al comentar la muerte de la princesa bizantina María Argyra a causa de la peste, enfermedad que también se llevó a su esposo, hijo del Dogo de Venecia, y al único hijo de ambos. Según Pedro Damián, el trágico destino de la princesa era un merecidísimo castigo por sus horribles pecados... consistentes en ser una mujer limpia y aseada. He aquí sus palabras:

(La princesa) se negaba incluso a lavarse con agua normal, y obligaba a sus sirvientes a recoger el rocío que caía el cielo para bañarse en él. Tampoco se dignaba a tocar los alimentos con las manos, sino que ordenaba a sus eunucos que se los cortaran en pequeño trozos que luego ensartaba con cierto instrumento dorando dotado de dos púas mediante el que se los llevaba a la boca. Sus estancias, asimismo, se hallaban tan impregnadas de incienso y perfumes diversos que me resulta nauseabundo referirme a ellos, y pienso que a mis lectores les costará trabajo creer mis palabras. La vanidad de esta mujer, sin embargo, resultaba odiosa a los ojos de Dios Todopoderoso, e Él, sin duda, ha descargado Su venganza. Alzó sobre ella la espada de Su justicia divina corrompiendo su cuerpo, marchitando sus extremidades y llenando su alcoba de un hedor insoportable (...) Así, tras un lento declinar y unos atroces sufrimientos, exhaló su último suspiro para gozoso alivio de sus amigos.

Lo cual más o menos viene a significa: "¡Es una mujer, y encima osa lavarse con agua limpia, perfumar su habitación y comer con tenedor en lugar de meter los dedos en el plato! ¡Pecado mortal! ¡Merecía morir entre atroces sufrimientos! No como yo, por supuesto, que soy un dechado de virtudes.
Esta evidente falta de compasión, de caridad y de misericordia, muy poco cristiana, demuestra además la nula higiene que se traían los medievales en general, y este señor en particular.

-Santa Helena:

Emperatriz romana, madre el emperador Constantino, su principal gracia consiste en haber convencido a su hijo de convertirse al cristianismo (y hacerla religión oficial del Imperio Romano). Muy buena obra, de no ser porque algunos de los métodos que usó para encontrar la Vera Cruz no fueron, cómo decirlo finalmente, piadosos.
O si alguien que me lea considera que es digno de un santo y una imitación de las virtudes de Cristo irse a Jerusalén, preguntar a los sabios judíos dónde estaba la Vera Cruz (ya me diréis qué iban a saber los pobres hombres, si la crucifixión de Cristo pasó desapercibida en su momento y a los judíos en particular, al no convertirse al cristianismo, la cruz donde fue crucificado se la traía bastante al fresco), y como lógicamente los pobres hombres no supieron qué contestarle, santa Helena no tuvo otra feliz idea que mandarlos torturar a todos hasta que alguno de ellos confesara. Al final se supone que la tortura dio resultado y encontró la Vera Cruz, aunque creo que con todos los fragmentos que hay repartidos por el mundo se podrían recomponer seis leños...

-Martín Lutero:

Ya oigo a quien me acuse de ir en contra de Lutero porque era protestante. Pues no, es más, debo admitir que siento simpatía por muchos de los preceptos de protestantismo, aparte de que en el contexto histórico en que surgió estaba totalmente justificado y era hasta necesario. No; la cuestión por la que Lutero entra en mi lista es , entre otras cosas, por su furibunda misoginia y su desprecio hacia las mujeres, manifestado en perlas como estas:

"Las mujeres estériles son débiles y poco saludables; aquellas bendecidas con muchos hijos son más saludables, limpias y alegres. Pero si eventualmente se agotan y mueren, no importa. Que mueran dando a luz, que para eso están".
Vamos, que las mujeres no son seres humanos, son fábricas de niños. Y si se rompe una, compre usted otra.

"Las niñas empiezan a andar y a hablar antes que los niños porque las malas hierbas crecen siempre más rápido que las buenas semillas".
Para que no parezcan superiores, las compara con un vegetal y se queda más ancho que alto.

-San Agustín de Hipona:

Volvemos al catolicismo, pero seguimos en la misoginia. San Agustín debería ser el santo más odiado por todas las mujeres cristianas del mundo, ya que fue él quien sentó las bases de la feroz misoginia eclesiástica que aún se sigue arrastrando hoy en día en el catolicismo (por ejemplo, en el hecho de que las mujeres tengan prohibido ser sacerdotisas, como si ser mujer nos hiciera indignas de ese sacramento). Este hombre, que sería muy leído pero que tenía de humilde, misericordioso y caritativo lo que yo de portera de fútbol, dejó para la posteridad frases como estas, que encima mucha gente creyó como si hubieran sido predicadas por Cristo en persona (sí, el mismo Cristo que tomaba por discípulas a las mujeres y las consideraba iguales en dignidad a los varones):

"Ya sea esposa o madre, es Eva, la tentadora, de quien debemos cuidarnos en toda mujer. No alcanzo a ver qué de utilidad puede servir la mujer para el hombre, si se excluye la función de concebir niños".
Otro como Lutero, que cree que las mujeres son máquinas de hacer niños. Curioso que a pesar de ello insista en Eva y se olvide de María, por la cual vino la salvación al mundo al dar a luz a Jesús.

"Las mujeres no deben ser iluminadas ni educadas de forma alguna. De hecho, deberían ser segregadas, ya que son causa de involuntarias e insidiosas erecciones en los santos varones".
Y se quedó tan pancho. Me sorprende que no inventara el burka.

"Nada rebaja tanto la mente varonil de su altura como acariciar mujeres".
Este hombre tenía algún tipo de trauma, ¿no?

"La mujer es un ser inferior y no está hecha a imagen y semejanza de Dios".
Y encima, ahora, suelta una herejía en contradicción directa con el Génesis.

"El padre tiene que ser más amado que la madre y merece mayor respeto porque su participación en la concepción es activa y la de la madre simplemente pasiva y material".
Ahora demuestra, además, que desconoce cómo nacen los niños, porque parece no tener ni idea de que era la mujer quien llevaba al niño en la barriga y quien se jugaba la vida dándolo a luz, mientras que el padre se limitaba a meterla cinco minutos y a olvidarse del tema.

Si a estas alturas aún os estáis preguntando cómo es posible que este hombre fuera canonizado, y en qué criterios se basaron para subirlo a los altares, no os preocupéis; no sois los únicos.

Aparte de Lutero y Agustín, en el club de la misoginia también tenemos a muchos otros muchachos, demasiado numerosos para enumerarlos a todos, entre los cuales se cuentan:

-San Pablo: "Las mujeres callen en las iglesias, que no les está permitido hablar durante la reunión. Deben quedarse en silencio, como manda la Ley. Si quieren saber más información, que se la pidan a sus maridos en casa, pues no está bien visto que una mujer hable en una asamblea". "La mujer aprenda en silencio con toda sumisión, pues no permito a la mujer que enseñe, ni que domine al hombre, sino que esté en silencio".
Las palabras de San Pablo son especialmente graves en cuanto se redactaron cuando los cristianos eran mucho más fieles al mensaje de Cristo y las mujeres actuaban en igualdad con los hombres en las iglesias, ocupando algunas de ellas cargos de importancia e incluso de sacerdocio, algo que San Pablo no aprobaba en absoluto. No deja de ser irónico que este hombre haya sido la figura más escuchada e imitada por generaciones sucesivas, cuando a diferencia de los apóstoles NO conoció a Cristo en persona. Entre él y Tertuliano, otro misógino de mierda considerado doctor de la Iglesia, consiguieron cargarse por completo lo que en el paleocristianismo era una realidad: la igualdad entre mujeres y varones a todos los efectos, sacerdocio incluido.

-San Juan Crisóstomo: Otro que odiaba furibundamente a las mujeres, atribuyéndoles con toda tranquilidad la culpabilidad colectiva del pecado en el mundo y de todos los males de la humanidad: "¿No sabéis que cada una de vosotras es una Eva? (...) Vosotras sois la puerta del infierno.Tú eres la que empezaste el árbol prohibido.Tú eres la primera que desertaste de la ley divina.Tú eres la que le corrompió a él, a quien el diablo no se atrevió a atacar. Por causa de tu mérito, que es la muerte, incluso el Hijo de Dios tuvo que morir".
Vale, podríamos decir, este tío odia a Eva porque le echa la culpa de todo (lo de que la serpiente y no ella fuera la primera tentadora, o lo de que Adán también se comiera alegremente la manzana cuando habría podido negarse, parece que se la trae al fresco). Pero, ¿qué tienen que ver en esto la restantes mujeres de la Humanidad? Nuestro simpático amigo nos lo aclara en un instante:
"No sólo Eva sufrió el engaño, sino que "la Mujer" fue engañada. La palabra "Mujer" no debe aplicarse a una, sino a todas las mujeres. Por tanto toda la naturaleza femenina ha caído en el error".
Tócate los huevos con la conclusión a la que llega este hombre. Seguro que me puede explicar cómo todas esas mujeres fueron engañadas si aún no habían nacido. ¿Alguien más piensa que este tío era un gayer reprimido o que la niña mona de su pueblo le dio calabazas cuando intentó sacarla a bailar en las fiestas del pueblo?

-Santo Tomás de Aquino: "La mujer es defectuosa y mal parida, desde el momento en que la fuerza activa de la semilla masculina tiende a la producción de la similitud perfecta en el sexo masculino; mientras que la producción de una mujer deriva de un defecto en la fuerza activa o de alguna indisposición material, o de alguna influencia externa".
Nuestro amigo Tomás me recuerda a una cosa que le dijo mi tío el anestesista a una monja que le puso exceso de anestesia a un paciente por error: "Usted sabrá mucho de Dios, pero de medicina no tiene ni puta idea". Me pregunto si alguien le propuso a Santo Tomás que contara cuánto creía que iba a tardar la humanidad en extinguirse si las semillas dejaban de ser defectuosas y el mundo se llenaba exclusivamente de varones.

Habrá quien me diga que estos señores no hacían más que expresar lo que era una opinión más o menos generalizada en sus tiempos, y que hay que leerles en su contexto. Esto sólo es verdad hasta cierto punto. En primer lugar, tengamos en cuenta que estos señores son los llamados Padres de la Iglesia. Es decir, los que sentaron la doctrina que imperó en los siglos sucesivos. En segundo lugar, recordemos que la santidad viene de seguir a Jesucristo, no las modas o las opiniones imperantes. Jesús no seguía las modas, Jesús fue un innovador, un rabino que escandalizaba por tomar a mujeres como discípulas y tratarlas como iguales. El que dijo "no juzguéis si no queréis ser juzgados". Era el Hijo de Dios, el Mesías, y eligió a tres mujeres para que fueran las primeras que lo vieron resucitado y llevaran la noticia a los demás, las mismas tres mujeres que permanecieron a su lado hasta el final cuando los hombres lo negaban o huían. Que Agustín, Pablo, Tomás de Aquino y Juan Crisóstomo odiaran y despreciaran a las mujeres de ese modo no los hace distintos a la mayoría de hombres de su época, pero por eso precisamente, tampoco los hace santos. Porque su forma de sentir, de hablar y de pensar en este sentido era radicalmente contraria a la forma en que sentía, hablaba y pensaba Cristo.

-San Cirilo de Alejandría:

Este es conocido a raíz de la (lamentable y poco fiel a la Historia) película sobre Hypatia de Alejandría. Sin embargo, películas aparte, es cierto que este hombre tenía poco de santo. Para empezar, era un hombre bastante fanático, que odiaba a los judíos, a los paganos y a las mujeres (no necesariamente en ese orden).
Además de instigar varios pógromos contra judíos que se saldaron con bastantes víctimas, les expropió las sinagogas, las propiedades, y finalmente los expulsó por las buenas de Alejandría, al más puro estilo Adolf Hitler, lo cual cabreó bastante al emperador Teodosio II de Constantinopla porque encima Cirilo ni siquiera tenía derecho legal a tomar semejantes medidas.
También instigó ataques y agresiones contra los paganos. Una de sus víctimas más famosas en este sentido fue la pobre Hypatia, una pagana neoplatónica muy bien relacionada entre las familias pudientes cristianas porque era una famosa preceptora y educadora que tenía amistad incluso con Orestes, el prefecto bizantino en Alejandría. Como además de ser pagana era mujer, inteligente y bien relacionada política y socialmente, Cirilo le tenía un odio que no te cuento, de modo que fue el instigador de un grupo de fanáticos que la asaltaron cuando regresaba a su casa tras una jornada de enseñanza y la violaron en grupo para luego descuartizarla viva. La pobre señora tenía unos 60 años en el momento de su muerte.
Nuevamente, no sé quién tuvo la idea de canonizar a un fanático violento, lleno de odio, que instigó más de un asesinato.


De momento, estos son bastante ejemplos para ilustrar lo que quería decir en esta entrada. Y dicho todo esto, quiero dejar clara otra cuestión: estas personas no eran Dios. No eran un ejemplo. Ni siquiera eran cristianos ejemplares, y nunca debieron ser canonizados. Sus palabras ni son reflejo ni tienen nada que ver con el mensaje de Jesús, por eso me duele tanto que se empleen como supuesta prueba de que el cristianismo es misógino, intolerante o absurdo.
Los que sí eran misóginos, intolerantes y absurdos, fueron los que tuvieron la brillante idea de elevar a los altares a este tipo de gentuza.

viernes, 3 de agosto de 2012

Hablar con Dios

De pequeña, en clase de Religión, me enseñaron que "rezar es hablar con Dios". Acto seguido, a lo largo de ese curso y los siguientes, solían enseñarnos una serie de oraciones que, al parecer, servían cada cual para una ocasión.
Debo reconocer que esas oraciones, que se aprenden de memoria y se recitan de carrerilla, nunca me han gustado demasiado. Casi da la sensación de que son "hechizos", más que
conversaciones con la divinidad, al estilo de la santería haitiana que mezcla el vudú con el cristianismo (en plan "reza tres veces esta oración a la Virgen de Caravaca en luna llena y con una vela blanca encendida y tu enfermedad sanará"). La única excepción es el Padre Nuestro, no sólo porque me parece profunda, natural y bellísima, sino porque es la única (la ÚNICA) oración que Jesús nos enseñó en persona, en los Evangelios.
La inmensa mayoría de oraciones me parecen, por decirlo en palabras claras, grandilocuentes y estereotipadas. No es que no sean bonitas, o que no digan verdades, sino que me parecen demasiado afectadas. Igual, dicho sea de paso, que el lenguaje que mucha gente emplea para hablar de Dios o con Dios: de
inmediato se llenan la boca (o los dedos, al escribir) de palabras rimbombantes, expresiones afectadas, solemnidades y arcaísmos, como si Dios no fuera a escucharnos a no ser que vistamos nuestro léxico de punta en blanco, con chaqué o con polisón.

Veamos un ejemplo, sacado de la
página web Iglesia.org. Una oración por los difuntos:

Oh Jesús, único consuelo en las horas eternas del dolor, único consuelo sostén en el vacío inmenso que la muerte causa entre los seres queridos! Tú, Señor, a quién los cielos, la tierra y los hombres vieron llorar en días tristísimos; Tú, Señor, que has llorado a impulsos del más tierno de los cariños sobre el sepulcro de un amigo predilecto; Tú, oh Jesús! que te compadeciste del luto de un hogar deshecho y de corazones que en él gemían sin consuelo; Tú, Padre amantísimo, compadécete también de nuestras lágrimas. Míralas, Señor, como sangre del alma dolorida, por la perdida de aquel que fue deudo queridísimo, amigo fiel, cristiano fervoroso. Míralas, Señor, como tributo sentido que te ofrecemos por su alma, para que la purifiques en tu sangre preciosísima y la lleves cuanto antes al cielo, si aún no te goza en él! Míralas, Señor, para que nos des fortaleza, paciencia, conformidad con tu divino querer en esta tremenda prueba que tortura el alma! Míralas, oh dulce, oh pidadosísimo Jesús! y por ellas concédenos que los que aquí en la tierra hemos vivido atados con los fortísimos lazos de cariño, y ahora lloramos la ausencia momentánea del ser querido, nos reunamos de nuevo junto a Ti en el Cielo, para vivir eternamente unidos en tu Corazón. Amén.

Creo que aquí se ve lo que quiero decir. La oración es bonita, quién lo duda, y lo que dice es cierto. Pero, ¿acaso es ese el modo en que hablamos a un amigo en un momento de dolor? ¿Acaso es la manera en que alguien, sumido de veras en el dolor que esa oración expresa, habla con su Padre Celestial en intimidad y confianza para pedirle consuelo? Yo creo que no. O, al menos, cuando murieron mis abuelos yo no rezaba así. Mis
conversaciones de Dios siempre han sido más viscerales, más salidas del corazón, más con mis propias palabras. Hablo a Dios como le hablaría a mi familia o a mis amigos. Y lo hago así porque, la verdad, no veo a Dios como una divinidad distante que envuelta en su gloria mira con desdén a los simples mortales esperando a ver qué oración le complace más, como si fuera una deidad pagana cuyos fieles la complacen con un concurso de poesía. Yo veo a Dios como un ser cercano, amigo, que nos consuela y nos quiere infinitamente porque somos sus criaturas, que desea que busquemos refugio en él para no sufrir. En este sentido, llama también la atención que el propio Jesús de Nazaret hablara (de Dios y con Dios) con un lenguaje sencillo y llano, el mismo que usa para dirigirse a sus padres, a sus hermanos, a sus amigos. No hay más que ver, aparte del Padre Nuestro, las bienaventuranzas y las parábolas: Jesús hablaba de pastores, de semillas, de jornaleros, de mujeres que van a buscar agua, en definitiva, de las cosas cotidianas de la gente que le escuchaba.

Otra cosa que tampoco me convence mucho es cómo habla la gente cuando se pone a soltar ripios religiosos. Y no hablo sólo de los curas, sino de cristianos corrientes y molientes. Intentan ponerse tan solemnes que acaban sonando falsos, aunque realmente no lo sean.
Como ejemplo, un mensaje que leí en el
Facebook de otra persona donde alguien pedía oraciones por la salud de un familiar:

Me uno a tus oraciones, ten la firme certeza que tu familiar va ha sanar el señor es misericordioso y con su infinito amor les va ha cubrir.

Hermosas palabras y sin duda hermosas intenciones, pero no es el tono natural con el que hablamos de las cosas que nos importan. Al referirse al Señor, la gente que se expresa así habla como si se estuviera refiriendo a un señor feudal, a un rey o a un noble poderoso, de esos que como no les trates de "vos" o de "majestad" te fulminan de inmediato.
Ojo, no digo que Dios no merezca respeto, por
supuestísimo que merece todo el respeto del mundo; lo que quiero decir es que a Dios creo que le pega más el respeto afectuoso y familiar que le mostramos a nuestros padres o a nuestros abuelos, más que el servilismo afectado y adulador que se emplea para dirigirse a un monarca.

Por eso, me gustaría animar a todos los creyentes que me lean a que se atrevan a hablar con Dios con menos empaque, con más
familiaridad, como corresponde al ser que más íntimamente nos conoce y que más nos quiere. No se trata de olvidarse de las oraciones tradicionales, que son bellísimas, sino de saber dirigirnos a Dios como al mejor amigo que es, y de hablar de él a las demás personas con más familiaridad, sin miedo, para que la gente vea que tratamos a Dios como lo que es (nuestro padre y nuestro amigo) y no como una deidad irascible que nos puede lanzar un rayo si no nos dirigimos a él con el más solemne y servil de los respetos.
Como último detalle, quisiera compartir con vosotros un relato que
Paulo Coelho recoge en su libro Maktub, que creo que ilustra bastante bien el espíritu de cercanía, afecto y humildad con el que yo intento envolver mi relación personal con Dios.

María, con el Niño Jesús en sus brazos, decidió bajar a la Tierra y visitar un monasterio. Orgullosos, todos los sacerdotes formaron una larga fila, y uno a uno se acercaban a la Virgen para rendirle homenaje. Uno recito bellos poemas, otro mostró las iluminaciones que había realizado para la Biblia, un tercero recitó los nombres de todos los Santos. Y así, sucesivamente, monje tras monje, fueron venerando a María y al Niño Jesús.

En el último lugar de la fina había un monje, el más humilde del convento, que nunca había aprendido los sabios textos de la época. Sus padres eran personas humildes, que trabajaban en un viejo circo de los alrededores, y todo lo que le habían enseñado era lanzar bolas al aire haciendo algunos malabarismos.

Cuando llego su turno, los otros monjes quisieron poner fin a los homenajes, pues el antiguo malabarista no tenia nada importante que decir o hacer y podía desacreditar la imagen del convento. Pero en el fondo de su corazón el también sentía una inmensa necesidad de dar algo de sí a Jesús y María.

Avergonzado, sintiendo sobre sí la mirada reprobatoria de sus hermanos, saco algunas naranjas de su bolsa y comenzó a tirarlas al aire haciendo malabarismos, que era lo único que sabia hacer.

Fue en ese instante cuando el Niño Jesús sonrió y comenzó a aplaudir en el regazo de María. Y fue hacia él a quien María extendió los brazos para dejarle que sostuviera un poco al niño.

domingo, 8 de abril de 2012

Pascua de Resurreción

Simplemente, gracias.
Gracias por dar tu vida por nosotros.
Gracias por vencer a la muerte, y darnos el regalo de la vida eterna.
Gracias por traerme luz donde sólo veía tinieblas, gracias por darme esperanza cuando la estaba perdiendo.
Gracias por todo, Señor.
¡Alegrémonos, pues Cristo ha resucitado!




¿Un post más beato de lo habitual? Puede, no digo que no. Pero lo necesitaba. Porque estas Pascuas han sido muy importantes para mí. He pasado momentos muy duros este último año y necesitaba fortalecer mi fe, necesitaba que la esperanza regresara a mi corazón. Afortunadamente, el Señor me ha tendido la mano y lo he conseguido. Hoy soy más fuerte que antes, hoy mi tristeza se ha convertido en esperanza. Hoy, Cristo ha resucitado en mi corazón. Por eso esta entrada es para él: para darle las gracias :-)

martes, 24 de enero de 2012

De las ideologías políticas y religiosas, o cómo confundir churras con merinas

Nunca he entendido muy bien qué tienen que ver la filiación política y las creencias religiosas. De hecho, una de las cosas que más me sorprende del país donde vivo es que se identifique "ser de izquierdas" con ser ateo, y "ser de derechas" con ser creyente. Hasta el punto, y no exagero, que la mayor parte de la gente que conozco me cataloga como "de derechas" en cuanto se entera de que soy creyente, sin haberse tomado la más mínima molestia en averiguar mis opiniones políticas.
Y es que parece que, de un tiempo a esta parte, ser de izquierdas significa principalmente ser pro aborto libre, pro matrimonio homosexual, estar contra las corridas de toros, y estar a favor del ateísmo y contra la religión en general y la Iglesia Católica en particular. Por ende, ser de derechas significa todo lo contrario (es decir, estar en contra del aborto, del matrimonio gay, a favor de los toros, etc).
Supongo que no hace falta pensárselo mucho para fríamente, desde fuera, ver lo rematadamente absurdo que significa esta distinción. Primero, porque no toda la gente está "a favor de" o "en contra de" en bloque, de las cuestiones que he planteado antes (¿qué pasa si, como yo, estás a favor del matrimonio homosexual pero en contra del aborto libre, exceptuando los tres antiguos presupuestos legales?). Y segundo, y mucho más importante, porque esas cuestiones atañen a la moral, a la religión, a la filosofía o a la ecología de cada cual, pero poco o nada tienen que ver con lo que realmente implica ser de izquierdas o de derechas.
¿Y qué es ser de izquierdas o de derechas? Pues, fundamentalmente, define la posición que se tiene acerca de cuestiones relacionadas con los derechos sociales y el sistema económico. Ser de izquierdas implica estar inclinado hacia el socialismo, mientras que ser de derechas implica estar inclinado hacia el liberalismo económico.
¿Que implica el socialismo? Propiedad estatal de los medios de producción (aunque con propiedad privada individual), abolición de las clases sociales (o al menos estas ya no son antagónicas), y un proteccionismo estatal hacia los ciudadanos, garantizando una serie de servicios públicos básicos al alcance de todos los ciudadanos (sanidad, educación, justicia, pensiones, etc.). La cosa varía según se tire más hacia el llamado Estado del Bienestar (la opción más moderada, más de centro), o hacia el comunismo (la opción más radical). El ejemplo clásico son estados como Francia o los países del norte de Europa (Finlandia, Suecia, Dinamarca...).
¿Qué implica el liberalismo económico, o capitalismo? Propiedad privada de los medios de producción, nulo intervencionismo estatal en la enconomía (dejar que el mercado se regule a sí mismo), clases sociales antagónicas (burguesía vs proletariado), y poco o nada de proteccionismo estatal (sanidad privada, educación privada... vamos, que quien quiera un servicio que lo pague). El ejemplo clásico son los EEUU.

Pues bien, de esto, que en teoría es muy sencillo, se han acabado derivando temas que yo, realmente, no entiendo. No sé por qué el hecho de que una persona sea ecologista implica que no puede ser de derechas, o el hecho de que una persona sea religiosa implica que no puede ser de izquierdas. De hecho, curiosamente, si uno lee los Evangelios se da cuenta de que el mundo que propone Cristo tiene muuucho más que ver con un Estado del Bienestar o incluso con un Estado socialista, que con el liberalismo económico.
Y eso que no hemos tenido en cuenta factores importantes como por ejemplo el aislacionismo o el intervencionismo en política internacional, o la tendencia demócrata o totalitaria (que ahí ya entramos en el fascismo, el comunismo, el nacionalsocialismo, y todas esas tendencias totalitarias que tanto daño han hecho en el siglo XX, y que pueden ser tanto de izquierdas como de derechas).
Y, por supuesto, siempre queda el eterno ignorado: el centro, que viene a amalgamar a toda la gente que tiene tendencias políticas tanto de uno como de otro bando. En resumen, que hay tendencias políticas, sociales, económicas, morales, y me parece una estupidez confundir las churras cn las merinas y prejuiciar que quien piensa A en lo referente a la religión, por narices tiene que pensar B respecto a economía, C respecto a ecología y D respecto a derechos sociales. Y si dice lo contrario, o miente o le ignoramos.

Como curiosidad, acabo de hacer tres tests políticos diferentes en plan "¿cuál es su ideología?", y en todos me ha salido que soy de izquierdas (aunque más tirando al centro que al extremo izquierda), y justo en la línea del medio entre autoritarismo y liberalismo, siendo el eje de abcisas (eje X) el que va de izquierda a derecha (estoy en el de la izquierda a medio camino entre el extremo y el centro) y el eje de ordenadas (o eje Y) el que va de autoritarismo a liberalismo (estoy en el centro justo). No puedo poner la imagen aquí porque las webs no me dejan bajarme la imagen en PDF, pero aquí tenéis el enlace a uno de los test que he hecho, La Brújula Política. Curioso, ahora resulta que soy de centro-izquierda. ¿Alguien que me haya prejuzgado exclusivamente por mis creencias religiosas hubiese llegado a semejante conclusión?

martes, 26 de julio de 2011

Sexo y critianismo: una perspectiva histórica (parte II)

Para poder entender el horror al sexo que impregna la moral sexual de la Iglesia, nos tenemos que remontar a antes de la Iglesia. A un tiempo en el que, como hasta hace bien poco, sucedía algo que ha llevado por el camino de la amargura a millones de mujeres a lo largo de los tiempos: no existían las pruebas de paternidad.
Vamos, que se puede demostrar quién es la madre de un niño, pero en última instancia siempre hay una duda razonable acerca de quién es el padre. Por esta regla de tres, lo lógico hubiese sido que los títulos y las propiedades se heredaran por línea materna, pero hace bastantes siglos, en la Prehistoria, ciertos cavernícolas decidieron que quien lucha debe mandar y que a santo de qué iban a dejar que las mujeres, por muy dadoras de vida que fueran, iban a gobernar las tribus cuando ellos eran más fuertes y menos vulnerables al no verse sometidos a los embarazos y los partos. De modo que nació la cultura patriarcal, y dado que las que parían ya no transmitían la herencia, sólo había un modo de asegurarse de que el heredero del hombre era también su hijo biológico: mantener a las mujeres encerradas en casa y someterlas, negándoles derechos y educación, para que nunca pudieran rebelarse.
Esto, que tan "medieval" nos parece, sucedía en casi todas las grandes culturas de la Antigüedad (con la única excepción, tal vez, de la egipcia, una de las poquísimas sociedades donde las mujeres tenían derechos y podían testar y ser herederas; y aún así no tenían igualdad de derechos con los hombres). En Grecia, esa cuna de la democracia, las mujeres estaban peor que en Arabia Saudí. No tenían ningún derecho, eran legalmente incapaces toda su vida, siempre dependientes de un pariente varón por lejano que este fuera. No se las educaba, no podían participar en asuntos sociales y políticos ni salir a la calle sin permiso, no podían divorciarse, no se las consideraba ciudadanas y debían permanecer encerradas en el gineceo toda su vida. En Roma estaban un poco mejor (al menos podían hacer vida social). Además, aunque se encontraban bajo la absoluta autoridad del paterfamilias (el padre o el marido), tenían la posibilidad de divorciarse o enviudar y en ese caso sí que podían disponer de bienes y recibir herencias. Pero, claro, esto únicamente en el caso de que no tuviesen padre ni esposo.

¿Qué tiene que ver esto con el tema que nos ocupa? Pues bastante, porque existe la extraña creencia de que los paganos vivían en Jauja, en una sociedad progresista, libre y maravillosa, hasta que los cristianos llegaron para joder el invento y sumergir al mundo en la oscuridad. Pero curiosamente las tres culturas que asimilaron y expandieron el cristianismo (judía, griega y romana) eran sociedades enormemente machistas, donde la mujer era poco más que una fábrica de hijos propiedad del hombre.
No hay que olvidar nunca que, aunque Cristo era divino, sus seguidores eran humanos, muy humanos. Los primeros grupos cristianos eran bastante igualitarios, pero cuando Constantino el Grande decidió convertir el cristianismo en la religión oficial del Imperio Romano, decidió que la religión debía adaptarse a las costumbres sociales y no a la inversa. Se llevó a cabo el Concilio de Nicea, se recortó y se maquilló todo lo que se pudo, y se creó un bonito organismo: la Iglesia (debemos recordar que hasta el Cisma de Oriente en el siglo XI, la Iglesia era una sola, sin distinciones).

Y ya la tenemos montada: el derecho hereditario se transmite de varón a varón. Las mujeres deben estar controladas para asegurarse de que no se acuestan con otros hombres y conciben hijos de ellos. Para concienciar a los hombres de que deben vigilar a las mujeres, se les pone de ejemplo a Eva, la malvada mujer que traicionó a Adán. Las mujeres son caprichosas, malvadas, volubles y coquetas por naturaleza y por ello deben ser controladas (insisto, esto no es prerrogativa del cristianismo, los que no ponían de ejemplo a Eva por no conocer el Génesis ponían de ejemplo a Afrodita, a Venus, a Circe o a Helena de Troya). Los hombres, en cambio, como no se quedan embarazados y sólo transmiten sus derechos y bienes a sus herederos legítimos, pueden acostarse con quien les plazca.
La transmisión de bienes y derechos se fundamenta en las alianzas matrimoniales. Por lo tanto, el matrimonio es un negocio entre familias. Por lo tanto, se demoniza el amor romántico, no vaya a ser que el nene no se quiera casar con la hija de mi socio porque se ha enamorado de la vecina, o no sea que la nena no se quiera casar con el hijo de mi colega porque se ha fugado con el vecino para casarse con él. Era conveniente, entonces, que las personas no sustentaran el matrimonio en el amor apasionado y romántico, sino en la razón. ¿Y qué pasa si los nenes dicen que están enamorados y que se niegan a obedecer? Pues que ya se encargan los capitostes sociales de que los clérigos eduquen de semejante manera a la gente. Al fin y al cabo, son portavoces de Dios, aunque se pasen por el forro el mensaje de Cristo. ¿Qué importa? Tres cuartas partes de la población no saben leer y los que quedan no saben pensar (y, si lo hacen , se les acusa de herejía, que como sabemos el sistema judicial de la época no tenía precisamente garantías constitucionales). La Iglesia, olvidando las palabras de Cristo acerca de que "no se pueden servir a dos señores: a Dios y al dinero" deciden que, al fin y al cabo, sí que se les puede servir a los dos, y adecuan el mensaje de Cristo a lo que la sociedad quiere que diga.
Por esto mismo, los clérigos empiezan a distinguir entre el dilectio, el afecto, es decir, cariño tranquilo y respetuoso (amistad, podríamos decir en palabras modernas) propio de los matrimonios de conveniencia, contrapuesto al amor, que se entiende como una búsqueda apasionada del placer que conduce naturalmente al desorden.

También, por supuesto, se proclama la indisolubilidad del matrimonio y la prohibición del divorcio, porque por maltratada, cornuda o desgraciada que sea la mujer en el matrimonio, el negocio entre familias está hecho y no queda nada bien la posibilidad de que haya conflictos hereditarios graves si uno de los dos cónyuges se divorcia del otro. Al fin y al cabo, si la mujer es estéril o el marido está realmente harto, siempre puede pagar una cantidad astronómica de dinero a la Iglesia para que declare la nulidad matrimonial. La mujer, como ya no es virgen o no es fértil, no sirve para nada, de modo que patada y al convento de clausura.
Y, claro, después de esta cuestión viene otra: la herencia no debería dividirse, debe pasar toda a UN sólo hijo, el mayor (y a ser posible varón, porque si es mujer se casará con alguien que no es de la familia y las propiedades familiares pasarán a él). Con lo cual, se hace conveniente que los esposos no se aficionen al sexo, no sea que empiecen a tener hijos como conejos y entonces a ver qué hacemos con la herencia. Sin embargo, al mismo tiempo se hacía poco recomendable tener un sólo hijo, ya que siendo la mortalidad infantil tan elevada y medicina tan deficiente en aquella época, existían altas posibilidades de que los hijos murieran antes de alcanzar la edad suficiente para casarse y tener herederos, con lo cual era mejor tener varios para garantizar que al menos uno de ellos sobrevivía ¿Solución? Sexo sí, ma non troppo. El goce amoroso es malo, pero como Dios nos ordenó que nos multiplicásemos, la unión carnal es sólo para procrear. De ese modo, se tienen suficientes hijos como para asegurar la herencia pero no tantos que no se sepa qué hacer con ellos. La cosa llegó al punto de que se consideraba más culpable y pecador al marido si solicitaba con ardor excesivo a su esposa que si fornicaba fuera de casa. Los eclesiásticos aceptaban la prostitución como un mal menor e instaban a que el deseo sexual se desplegara fuera del marco conyugal, ya que el sexo conyugal debía estar encaminado no a mostrar amor, sino a conseguir una descendencia adecuada.

Vaaaale, vale, vale. Un momento. Ahora quiero que rebobinemos y le echemos un vistazo a la entrada anterior. ¿Recordamos lo que dijo Jesús sobre el adulterio y la prostitución? ¡Sí, exacto! Justo lo contrario de lo que están diciendo los eclesiásticos. Y es que Jesús ya lo advirtió bien: "Nadie puede servir a dos señores; porque aborrecerá a uno y amará al otro; o bien se entregará a uno y despreciará al otro. No podéis servir a Dios y al Dinero" (Mateo 6, 24). Efectivamente, la Iglesia trató de servir a los señores... pero se acabó inclinando por el dinero.
Lo cual significa que nos encontramos con el siguiente panorama: se demoniza el amor romántico, se demoniza también a la mujer que hambrienta de amor y cariño reclama las atenciones de su marido (recordemos que ella, como se puede quedar preñada, no puede buscar el amor en otra parte). Se tolera el adulterio y la fornicación, aunque se condenen de boquilla. Y, por supuesto, se toleran en el hombre (que al fin y al cabo engendrará bastardos) pero no en la mujer (cuyos hijos son los que heredan).

Como en una sociedad donde el índice de mortalidad infantil y de muerte en el parto es elevadísimo, se insiste mucho en la necesidad de procreación, sobre todo en los plebeyos, que no tienen bienes que legal (todo lo que tienen es de sus señores) y sin embargo deben parir muchos hijos para que trabajen las tierras y muchas hijas que puedan parir la siguiente generación de niños que trabajarán las tierras. Así pues, se demoniza también la homosexualidad, porque, según dice la Iglesia, va contra natura y no es abierta a la vida. Tal vez a esos clérigos no se les ocurrió que era un poco raro que, bajo esa premisa, se decretase en 1139 no sólo la prohibición de casarse de los sacerdotes, sino la invalidez de los matrimonios de aquellos que no estaban casados. A ver, muchachos, ¿no habíais dicho que lo que unía Dios no iba a poderlo separar el hombre? Ah, vale, que a quien servís es al dinero, no a Dios, siempre se me olvida. Por supuesto, el celibato es tan contra natura y tan cerrado a la vida como la homosexualidad, pero como a estas alturas del curso todo el mundo piensa que el sexo es un vicio horroroso salido de las entrañas del infierno, nadie se plantea demasiado la contradicción que hay en el asunto. La excusa oficial que se dio para prohibir estos matrimonios fue detener el nepotismo (es decir, que los grandes cargos eclesiásticos se transmitieran de padres a hijos). No hace falta ser muy listo para darse cuenta de que, existiendo los sobrinos y los hijos ilegítimos, iba a seguir existiendo nepotismo aunque no hubiera matrimonios, de modo que esta prohibición no fue más que una medida demagógica y claramente insuficiente.

Asimismo, esto tuvo otra consecuencia: los curas seguían siendo seres humanos, susceptibles al amor y al deseo como cualquier otro. Por lo tanto, se fueron volviendo cada vez más misóginos; no tenían apenas contacto con mujeres porque vivían en comunidades exclusivamente masculinas y sólo sabían de ellas lo que las leyendas negras contaban. Por otra parte, sólo conocían de ellas sus pecados, puesto que sólo hablaban con ellas para escucharlas en confesión, y si sentían amor o deseo por ellas lo justificaban ante sí mismos pensando que no era culpa de ellos, sino de ellas, porque eran tentadoras, viles y coquetas por naturaleza. También se fueron volviendo cada vez más sexualmente frustrados, y ya conocemos el pecado de la envidia: si no lo puedo tener yo, que no lo tenga nadie. Era muy fácil, y en cierto modo reconfortante, clamar contra lo que a ellos les estaba negado: el amor.
Alto, me dirán algunos en este punto. Aquí hay algo que no encaja. ¿Acaso estos curas no eran hombres de fe? ¿No leían los Evangelios? ¿Cómo es posible que no se dieran cuenta de que el mensaje que transmitían no casaba con el que Jesús quiso transmitir? Muy sencillo. Como ya hemos dicho, los bienes familiares sólo los heredaba el hijo varón más mayor. Pero también hemos dicho que a los hombres también les interesaba tener varios hijos por si alguno de ellos morían sin descendencia. En el caso de que hubiera más hijos supervivientes aparte del primogénito, esto sólo tenían dos opciones para abrirse camino en la vida: el ejército o la Iglesia. De ahí que gran parte de los que se ordenaban sacerdotes o entraban en un monasterio no lo hicieran por devoción, sino por subsistencia. Para muchos hijos segundones de familias nobles, la Iglesia era una forma de ascender socialmente y de conseguir poder (ya hemos dicho que la prohibición del matrimonio sacerdotal no evitaba el nepotismo). A esta gente le importaba un cuerno el mensaje de Jesús, porque lo que les interesaba era subsistir, si eran plebeyos, o ascender, si eran nobles, y si para ello tenían que proclamar que los cerdos, volaban, entonces los cerdos volarían.
Vale, todo eso está muy bien, insistirán algunos. Pero lo cierto es que también había sacerdotes devotos que se hacían religiosos pro convicción. ¿Acaso ellos no decían nada? Bien, respecto a ellos, tenemos a tres tipos de personas: Los fanáticos (estilo Torquemada) que no se caracterizaban por saber pensar y que se limitaban a repetir como loros lo que sus superiores les habían enseñado. Los inteligentes y prácticos (tipo San Francisco de Asís) que se daban perfecta cuenta de lo que estaba pasando pero también comprendían que no tenían poder para oponerse directamente a los designios de los altos cargos eclesiásticos y optaban por tragar y tener así cierta libertad para hacer todo el bien que pudieran por su cuenta (por cierto que creo que la mayor parte de los curas actuales pertenecen a este grupo). Y por último estaban los inteligentes e idealistas, que intentaban cambiar las cosas. De estos tenemos dos, los que tuvieron mala suerte y acabaron condenados por herejía (estilo Jan Hus), es decir, casi todos, y los que tuvieron potra (estilo Lutero) y lograron algún cambio, aunque a la larga tampoco consiguieron cambiar mucho el panorama porque los intereses creados de las generaciones psoteriores acabaron ahogando su idealismo (y si no, que se lo digan a los protestantes, que crearon el puritanismo). Por desgracia, aunque no hubiese cámaras fotográficas en aquella época, se podría haber aplicado perfectamente el dicho actual tantas veces aplicado a la política de "el que se mueve no sale en la foto".

¿Y que hay de la masturbación? Aparte de desdeñarla por la ya explicada y manida demonización del placer sexual, se desdeñaba también por ser un desperdicio de semilla, lo cual, se creía, debilitaba la calidad del semen del varón y lo hacía más propenso a engendrar niños débiles o enfermizos. Curiosamente, en la Edad Media los clérigos sólo se oponían a la masturbación masculina: muchos creían que la femenina, dentro de la relación sexual conyugal, debía realizarse ya que el orgasmo femenino hacía secretar a la mujer algún tipo de sustancia que, si bien no era necesaria para la concepción (estaba claro que las mujeres eran capaces de concebir sin placer) sí que era necesaria para mejorar la calidad del embrión y dar a luz a un niño más fuerte y sano.

Respecto a la prohibición de anticonceptivos, está claro: ya hemos visto que, para el sistema patriarcal, la sexualidad de la mujer era una amenaza, porque dar rienda suelta al amor apasionado podía hacerla abandonar a su marido o negarse a contraer matrimonio con quien habían elegido para ella. Como los anticonceptivos le otorgan cierta impunidad para escoger a su amante (ya no tiene que temer el embarazo antes del matrimonio o de otro hombre aparte de su esposo), se prohibieron para que de ese modo la mujer debiera seguir reprimiéndose. Y, en cualquier caso, volvemos a lo de siempre: son necesarios muchos niños para trabajar y pagar impuestos al señor del lugar, y como las campesinas digan que están cansadas de parir y empleen anticonceptivos, habrá menos siervos, con lo cual estos estarán en condiciones de exigir mejoras laborales al señor so pena de fugarse a trabajar a otros señoríos donde les traten mejor o a la ciudad (cosa que ocurrió, por cierto, cuando en el siglo XIV hubo un brusco descenso de la población, no a causa de los anticonceptivos sino de la Peste Negra, que mató a un tercio de los europeos).

En fin, creo que no es necesario extenderme más para hacer comprender a mis lectores de que el mensaje de Jesucristo poco tiene que ver con la moral sexual que adoptó la Iglesia en la Alta Edad Media, la cual tiene su origen en causas sociales, culturales y jurídicas ajenas al cristianismo, y de hecho bastante anteriores a él. Lo que se hizo no fue otra cosa que perpetuar modelos sociales y jurídicos que ya existían y que no interesaba cambiar a los que ostentaban el poder. No creo que podamos culpar de ello a Jesús de Nazaret y su mensaje, por otra parte revolucionario y en buena medida opuesto a lo que la Iglesia ha venido diciendo durante siglos.


PD: Lamento haber tardado tanto tiempo en publicar esta entrada, pero este mes he estado hasta arriba de trabajo y de compromisos familiares y realmente he tenido poco tiempo para escribir.
Me gustaría aprovechar, sin embargo, para citar dos magníficos libros que me han resultado fundamentales para documentarme y poder escribir esta entrada con un cierto rigor histórico: Historia de las Mujeres, de Georges Duby y Michelle Perror (Editorial Taurus), y la colección Vida y Costumbres de la Antigüedad (Editorial Edimat), muy especialmente el volumen Los Griegos, de Manuel Albaladejo Vivero (aunque también han sido de interés Los Egipcios, Los Romanos y La Edad Media, de esta misma colección). Los recomiendo, por su rigor e imparcialidad académica, a cualquiera que desee profundizar sobre los temas tratados en esta entrada.