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jueves, 18 de julio de 2013

Por qué me decepcionó "Salvar al Soldado Ryan"


Me consta que a mucha gente le encantó la película Salvar al Soldado Ryan. No puedo decir que a mí no me guste; a pesar de que su crudeza es tremendamente desagradable en algunas escenas, es una película ágil, que no aburre, tiene buenas interpretaciones y los mejores primeros veinte minutos del cine bélico.
¿Entonces, cuál es el problema? Pues todo lo que sigue a esos veinte minutos. Vi la película aconsejada por Tindomion, que es fanático de la historia militar y la tiene entre sus favoritas. Pero cuando le señalé los fallos, hasta él mismo tuvo que darse cuenta y bajarla un poco en su escala de gustos. Porque Salvar al Soldado Ryan es épica, pero "épica" no significa "perfecta", sobre todo cuando para lograr esa epicidad los guionistas recurren a deux ex machina y a incoherencias más o menos cantosas.
He aquí una recopilación de todas ellas, contadas por los mismísimos protagonistas:


Alerta de Spoilers: La gracia que sigue aquí destripa la película. De todos modos creo que todo el mundo debe de haberlo visto ya, y además, será por destripamientos...



-Hola, soy el capitán John Miller. Soy un poco gafe, porque todos los soldados a los que intento ayudar a salir de la playa de Omaha acaban acribillados o reventados. Para tomar una posición de ametralladora en medio del campo que no es un objetivo prioritario y cuyos efectivos NO nos han percibido, en lugar de tomarme el tiempo para tratar de flanquearla, decido que la mejor estrategia es el avance frontal a la voz de YA. Para realizar el flanqueo más peligroso, uso al único sanitario del grupo, que es convertido en un queso gruyere. Al final de la película, me acribillan porque estúpidamente y sin motivo alguno me da por ponerme a tiro. ¡Necesito un sanitario! Uy, espera, mierda, lo mandé a la muerte estúpidamente en aquella ametralladora para poder morir de forma dramática y dar el sorpresón final de la película.

-Hola, soy el sanitario. No sé qué coño hago en este grupo, la verdad, porque en el ejército americano no existen los heridos: todo el que recibe un disparo muere sí o sí. Además, me presento voluntario para un flanqueo peligroso y ni mi capitán ni mi sargento se oponen. Muero, pero, ¿qué más da? Como ya he dicho, al fin y al cabo aquí todo el que recibe un disparo muere seguro.

-Hola, soy el cabo traductor nenaza. Me paso toda la película lloriqueando y al final mato al alemán amable al que yo mismo ayudé a salvar. No me miréis así, es que soy americano. Y en esta película los americanos somos unos cabrones que nos ensañamos con los prisoneros y los heridos del bando contrario. En cambio, los alemanes son mil veces más amables y compasivos, el caso es que casi me da pena matarlos...

-Hola, soy el francotirador. Estoy en un campanario. Los enemigos disponen de carros Tiger y yo me dedico a disparar con mi fusil mientras mi compañero dispara con la ametralladora. Como no he visto "Enemigo a las puertas" porque aún no la han rodado, no sé que la regla básica del francotirador es no disparar jamás más de dos veces desde la misma posición. Así que, aunque a mi compañero ya se le ha terminado la munición de la ametralladora, yo sigo disparando una y otra vez a los alemanes de abajo. Al sexto o séptimo disparo, el Tiger me ha localizado, ha apuntado a la torre del campanario, y como no me ha dado por bajarme de ahí obviamente me acaba volando en pedazos. Pero, eh, maté alemanes.

-Hola, soy el pringado que va a lanzar una bomba casera a uno de los Tiger. Tiene la mecha encendida. Pero como soy retrasado mental, en lugar de echársela al carro de combate me quedo con ella en la mano hasta que exploto. Ja, pero, ¿y lo que les costará a los alemanes recogerme después?

-Hola, soy el soldado Ryan. He decidido que defender un puente vale más que mi vida y la de todos los pringados a los que han mandado a recogerme. Soy tan buen soldado que me paso las órdenes del Jefe de Estado Mayor de los EEUU y los sentimientos de mi madre por el ojete. Se supone que estoy muy emocionado porque gracias a que el capitán Miller dio su vida por mí (que le jodan al resto) he conseguido llegar a ser un vejete adorable con tres nietas chonis, pero dentro de un segundo me va a dar una apoplejía al recordar que el capitán Miller no dio su vida por mí ni por llevarme de vuelta a casa, sino porque yo me empeñé estúpidamente en defender un puto puente que de todos modos, ni podíamos defender solos con los pocos que éramos, ni hizo falta que nos quedáramos porque al final vinieron los cazabombarderos.

-Hola, somos los pilotos de los cazabombarderos del final. Puedes llamarnos "deux ex machina". Llegamos sin ser avisados, dejamos caer cuatro bombas con precisión absoluta, y luego nos vamos dejando una heroica estela de humo. Vale, lo admitimos, nos llamamos Bruce Wayne y Tony Stark.

-Hola, soy el guionista que tuvo la brillante y patriota idea de poner al principio y al final de la película el plano interminable de la bandera americana, para que quede muy claro a todo el mundo quién jodió a los alemanes en Normandía. Al fin y al cabo, los británicos, los canadienses y los polacos en realidad no estaban. Bueno, vale, sí que estaban, pero no le importan a nadie. Venga, cantad conmigo: "Barras y estre-barras y estre-barras y estreeee-llas".

Fin.

domingo, 30 de septiembre de 2012

MIs vacaciones: Primera Parte, Normandía


Llevo más de un mes sin actualizar el blog, lo sé. Es lo que tiene estar preparando una entrada larga y juntar el síndrome post-vacacional con el trabajo y ciertos proyectos personales que no me dejan tiempo para casi nada más. A ver si a partir de Octubre, que estaré (espero) más relajada, me voy poniendo las pilas.

Este verano, mi marido, dos amigos y yo hemos planeado un viaje en coche por Normandía y Bretaña, en la costa noroeste de Francia. A mi esposo y a mí nos hacía especial ilusión poder recorrer el escenario histórico de la Operación Overlord, conocida popularmente como "Desembarco de Normandía". Aparte, hemos visto paisajes preciosos, monumentos bellísimos y hemos comido platos deliciosos. En un restaurante de St Malo, por ejemplo, comimos ostras, foie micuit y confit de pato, todo a veinte euros por persona con la bebida incluida. Otra cosa que nos encantaron fueron los crepes, el plato más emblemático de Bretaña junto con el marisco. Mi crepe favorito fue uno relleno de gruyere, queso de cabra y rataouille; aún se me hace la boca agua cuando me acuerdo de él.
Los bretones y los normandos, además, son muy simpáticos y amables. Hasta ahora, basándome en mis viajes a París, creía que los franceses eran unos bordes prepotentes y arrogantes. Estaba equivocada: bordes son los parisinos, pero no todos los franceses. En Normandía y Bretaña la gente era todo sonrisas y amabilidad, se acercaban por la calle a preguntarnos si necesitábamos ayuda si nos venían despistados o mirando un mapa, y se esforzaban en chapurrear inglés o incluso español para hacerse entender.

Este fue el itinerario de nuestro viaje. Espero que sirva de utilidad si alguien está planeando hacer un viaje por esta zona y no tiene muy claro qué ver o qué hacer. Nosotros nos divertimos mucho.

Día 1: Rennes

El primer lugar donde hicimos escala fue la ciudad de Rennes. No llegamos allí directamente desde España, sino que nos paramos a hacer noche en Burdeos. No la incluyo en el itinerario porque realmente no vimos nada de allí: llegamos por la noche, nos alojamos en un hotel cercano al aeropuerto y salimos por la mañana temprano.
Rennes es una ciudad cuyo principal incoveniente es el aparcamiento: TODAS las calles cercanas al centro tienen aparcamiento de pago. Aunque es gratis por las noches, resulta un engorro tener que volver cada dos horas para pagar (dos horas era el tiempo máximo por el que se podía sacar el tiquet), por lo que lo más practico fue preguntar en el hotel por un parking grande y dejar todo el tiempo el coche ahí.
Solucionado el problema del aparcamiento, fuimos a dar una vuelta por el casco antiguo de Rennes. Es un pasea muy agradable, relativamente corto (se puede ver en una tarde) y precioso, lleno de casas bretonas de fachada medieval. Por la noche, cenamos en una crepería donde nos sirvieron unos deliciosos crepes de trigo sarraceno rellenos de combinaciones deliciosas. El mío fue uno a los cuatro quesos. Una cosa que me sorprendió mucho (y que se fue repitiendo todo el viaje) es que las ensaladas de guarnición de los crepes y otros platos no llevaban aceite o vinagreta, sino mostaza. Tooodas las ensaladas que probamos en esa razona estaban aliñadas con mostaza. A mí me gustó, pero si a vosotros no os gusta la mostaza y vais por allí, os aconsejo que se lo digáis al camarero al hacer el pedido para que no os la sirva.


Día 2: Caen

Al día siguiente, fuimos desde Rennes hasta Caen. La ciudad de Caen tiene pocos edificios antiguos, porque fue salvajemente bombardeada por los aliados en el año 1944. Entre los edificios chulos que pudimos ver allí, está la iglesia de San Juan (con la torre torcida a causa de la desestabilización provocada por las bombas), la iglesia de San Pedro, el castillo de Guillermo el Conquistador, y la Abadía de los Hombres, donde esta la tumba de este rey. También hay una Abadía de las Damas, pero está situada a bastante distancia y no nos dio tiempo a verla.

Otra parte muy bonita para visitar en Caen es el barrio que crece alrededor del Jardín Botánico. Son casas de finales del siglo XIX-principios del siglo XX, a las que afortunadamente los bombarderos no alcanzaron.


Día 3: Las playas del Desembarco

Nos levantamos muy temprano para visitar en primer lugar el pueblo de St Mere Eglise, cerano a la playa de Utah. Este pueblo fue famoso por ser el lugar donde cayeron los paracaidistas de la 82ª Compañía Aerotransportada, muchos de los cuales fueron abatidos por los alemanes antes de poder tomar el pueblo. Uno de ellos se quedó colgado de la torre de la iglesia y salvó la vida haciéndose pasar por muerto hasta que llegó el día y sus compañeros pudieron rescatarle. Como recordatorio, aún hay un muñeco a tamaño natural vestido de paracaidista y colgado de la torre de la iglesia. Aparte de ver el pueblo, también estuvimos en el museo-memorial al aire libre, que recomiendo encarecidamente porque no tarde mucho en verse pero hay piezas interesantísimas, entre ellas varios aviones a tamaño natural (en uno de ellos se puede incluso entrar) o un campamento donde recreacionistas franceses reproducen la vida de campaña en el frente.

Tras visitar St Mere Eglise, fuimos a Pointe-du-Hoc, sobre un acantilado que separa las playas de Utah y Omaha. Esta posición fue tomada por los Rangers de la 116ª División de Infantería de los EEUU, que tuvieron que escalar los acantilados lanzando garfios y escalas. El lugar está muy bien conservado: hay un montón de bunkers en los que se puede entrar (y que te dan la sensación de estar metido dentro del Call of Duty), varias posiciones de cañones antiaéreos, y una ENORME cantidad de cráteres (a los que decidí bautizar como "pepinos de mar", ya que eran pepinazos lanzados desde el mar por los Aliados). Los pepinos de mar en cuestión tenían varios metros de profundidad y otros tantos de anchura, y se podía entrar y salir libremente de ellos. En algunos, crecían árboles y todos. Lo cual hace que uno se pregunte: "Si ahora mismo estos agujeros están así, ¿cómo estaba este sitio hace setenta años?".

De Pointe-du-Hoc fuimos al cementerio de la Cambe, que está situado en medio del campo y al que sólo se puede acceder en coche. Es uno de los cementerios alemanes, al que Tindomion tenía gran interés en ir porque en él está enterrado Michael Wihttman, el mejor cazacarros del ejército alemán (y probablemente de toda la Segunda Guerra Mundial). Además de la tumba de Wihttman, que aún tiene flores y velas, había miles y miles de cruces y placas, y casi todas mostraban fechas de muerte desoladoramente tempranas: la mayoría de los alemanes que estaban enterrados allí eran chavales de diecisiete a veintidós años. Muchos de ellos, sobre todo los más jóvenes, eran de la SS, pero al ver sus tumbas no pude dejar de preguntarme hasta qué punto esos chicos serían nazis y malvados de corazón, o si acaso la mayoría de ellos no habían sido muchachos con el cerebro lavado por las Juventudes Hitlerianas a los que habían puesto un fusil en las manos y habían mandado a morir por el Fhürer. Teniendo en cuenta cómo es la naturaleza humana, me inclino más bien por la segunda opción. Al final, estás en ese cementerio y acabas llorando por los niños que algún día fueron, aunque no puedas llorar a los hombres en los que se convirtieron.

Y, tras la Cambe, el plato fuerte: Omaha Beach. También conocida como "La sangrienta Omaha". Poco puede decirse de esta playa que no se haya escrito ya (o filmado, porque supongo que la mayoría de mis lectores recordarán la primera media hora de Salvar al Soldado Ryan). Debo decir que la playa sorprende por lo tranquila, pacífica y hermosa que es: todo arena blanca y suave, aguas cristalinas, y hermosos paisaje naturales de fondo. Para acceder al terraplén que baja a la playa, hay que subir unas escaleras "rompe-piernas" criminales, de modo que no hay más que imaginarse lo que debió ser escalar ese terraplén sin escaleras, con la ropa mojada, llevando a cuestas todo el equipo militar reglamentario y bajo el fuego de los morteros y las ametralladoras que los alemanes tenían allí, y se entiende perfectamente cómo es posible que en el Desembarco de Omaha hubieran casi 5.000 bajas. Tras pasear por Omaha y mojarnos los pies en el agua, visitamos el famoso cementerio americano, con su hierba tan verde y sus miles de cruces (y alguna estrella de David) de mármol blanco. Ni me imagino el gasto que debe hacer cada año el Gobierno de los EEUU para mantener el memorial y el cementerio tan perfectos e impolutos. Hablando de los EEUU, por cierto, al entrar en el museo-memorial del cementerio americano nos llevamos la sorpresa de que ¡había que pasar por un detector de metales con policías como si estuviéramos en el aeropuerto! Sinceramente, creo que los yanquis se pasan de paranoicos.

Cuando nos marchamos de Omaha Beach, fuimos a Bayeux para comer y también para visitar dos lugares emblemáticos de la ciudad: la catedral y el Tapiz de Bayeux. Este tapiz, al que desgraciadamente no pudimos hacer fotos, viene a ser algo así como la primera novela gráfica de la historia: metros y más metros de tela con escenas magníficamente bordadas que por la parte de arriba tienen, en letras claras y latín sencillo, la historia de Guillermo el Conquistador y la conquista de Inglaterra (por supuesto, desde un punto de vista totalmente normando).

Después de Bayeux, fuimos a ver la batería costera de Longues-sur-le-Mer, famosa pro ser la única que conserva los cañones en su sitio (se puede incluso entrar dentro de los búnkers y posicionarse donde estaban los artilleros que manejaban los cañones). Todo el campo alrededor estaba lleno de bruma, lo que daba al sitio un aire anacrónico y misterioso de lo más adecuado.

Y, ya por último, visitamos el pueblo de Arromanches, cuya playa (nombre en clave "Gold" en la Operación Overlord) fue una en las que desembarcaron los británicos. En ella aún hay restos del Mulberry, el puerto portátil flotante que los Aliados montaron para poder llevar allí sus barcos, ya que los alemanes volaban los puertos antes de dejar que cayeran en manos del enemigo. La verdad es que el momento en que llegamos (al atardecer) fue IDEAL, porque no había ya sol, estaba todo lleno de bruma, y como era el momento de máxima bajamar, las aguas se habían retirado más de seiscientos metros hacia el interior y apenas se veían entre la cortina de bruma, así que lo que teníamos delante eran un montón de estructuras de los años 40 llenas de algas goteantes que reposaban sobre un lecho de arena mojada, con pequeños charcos llenos de algas, y las olas sonando lejanas tras una cortina blanca que las hacía invisibles... Vamos, que aquello parecía un paisaje onírico, o post-apocalíptico, tipo Silent Hill... alucinante. De todo lo que vimos creo que fue lo que más me impresionó.

Día 4: El Memorial de Caen y Etretat

Al día siguiente nos levantamos pronto, tras haber dormido como troncos a causa del palizón que supuso la Ruta del Desembarco del día anterior. Para la mañana, elegimos algo suavecito: el Memorial de Caen. Este memorial, que es ENORME (hace falta mínimo medio día para verlo) no es un museo propiamente dicho, sino una especie de enciclopedia gigante, con imágenes y textos y algunas piezas de muestra (que haberlas, haylas, pero no son lo más importante). Para aprender cómo fue el Día D en particular y la Segunda Guerra Mundial en general es de lo mejorcito que hay, pero se necesita tener conocimientos de inglés, francés o alemán, porque no hay explicaciones en castellano. Si sois fans de la Historia o de la Segunda Guerra Mundial y vais a Caen, es una parada que no os podéis perder. Hay incluso documentales y entrevistas subtitulados al inglés con imágenes de archivo, que son impresionantes.

Por la tarde, después de comer, fuimos a un pueblo precioso llamado Etretat, que sonará a los fans del impresionismo porque Manet pintó allí muchos de sus cuadros, entre los cuales está El Ojo de la Aguja, que es precisamente el acantilado donde estuvimos.
El pueblo es precioso, aunque demasiado turístico. Las playas están llenas de piedras y cuando baja la marea se descubre una especie de estructura muy rara (llegamos a la conclusión de que debían ser mejilloneras, pero si alguien me puede aclarar de verdad qué puñetas era eso le estaré muy agradecida), y también se descubre la entrada a una enorme cueva que parece sacada de un libro de Los Cinco de Enid Blyton; hay una escalera enganchada en la roca para subir a una especie de plataforma natural, de la cual parte un túnel que atraviesa el acantilado y llega hasta el otro lado, donde hay una preciosa cala. Lo alucinante es que en esa cala también encontramos otra escalera, aunque esta estaba ¡en las paredes del acantilado, de la parte de abajo hasta la cima! A juzgar por las telarañas ya estaba en desuso, pero no quiero ni imaginarme quiénes la utilizaban y todavía menos quiénes la instalaron.
Después de estar allí abajo, volvimos sobre nuestros pasos y subimos la cuesta hasta llegar encima de los acantilados, donde el paisaje es precioso. Los prados que los rodean son tan verdes que se usan como campos de golf, y en ellos pudimos ver montones de conejos saltando y jugando. Fue muy chulo.

Día 5 (Mañana): Ruta del Desembarco, Segunda Parte

El día que dejábamos Caen (y Normandía) visitamos por la mañana lo que no nos había dado tiempo de ver dos días antes. El primer lugar al que fuimos fue el Memorial de la Batería de Merville, que fue nuestra espinita clavada del viaje porque llegamos tan pronto que no habían abierto todavía. Me fastidió tanto no poderlo ver que a veces pienso que valdría la pena volver a Normandía sólo para verlo.

Affortunadamente, sí que pudimos ver el famoso Puente Pegaso (que también recordarán los que jueguen al Call of Duty). La zona está casi igual que hace setenta años, aunque el puente actual es una reproducción idéntica del original, que se conserva en el Memorial Pegasus porque tantos coches y camiones pasando por encima comenzaban a deteriorarlo. Junto al puente, está la primera casa que fue liberada en el Día D (o Jour J, como lo llaman los franceses), con su plaquita conmemorativa.

De allí, fuimos a ver la famosa Posición Hillman, un complejo que costó sangre, sudor y lágrimas de conquistar. Además de los búnkers (a los que no se puede entrar por riesgo de derrumbe, a diferencia de lo que sucede en otras partes), pudimos entrar en una posición de ametralladora que aún tenía pintado un croquis con la posición y la distancia de los pueblos y accidentes geográficos más cercanos, lo cual nos llevó a la conclusión de que además de posición de ametralladora era un puesto de observación. También había en pie varias trincheras, que pudimos recorrer.

Por último, hicimos una parada en la playa Sword, que no es un alto imprescindible en la ruta pero era importante para mí porque un personaje mío del juego de rol Comandos de Guerra desembarcó allí (como todos los demás comandos británicos que desembarcaron).

Y, una vez visitada Sword Beach, partimos de Normandía rumbo a Betraña.

(continuará...)

domingo, 11 de julio de 2010

¡385 años más tarde, los Tercios españoles regresan!

Lo hicimos el 5 de Junio de 1625...




... ¡y lo hemos vuelto a hacer el 11 de Julio de 2010!




¡¡¡¡FELICIDADES, CAMPEONES!!!!

lunes, 1 de febrero de 2010

Héroes olvidados (III): Irena Sendler, Ángel Sanz Briz y Giorgio Perlasca


"Entre las historias de dolor y de ruina que nos llegaron de la oscuridad de aquel entonces, hay sin embargo algunas en las que en medio del llanto resplandece la alegría, y a la sombra de la muerte hay una luz que resiste".
J.R.R.Tolkien. "El Silmarillion: De Beren y Lúthien"



Todo el mundo que suele leerme con regularidad sabe la simpatía que tengo por la religión judía y el asco que me dan los totalitarismos (en especial, el nazismo y el comunismo). Es por eso que hoy escribo un nuevo artículo de la sección Héroes olvidados para hablar de tres personas: Irena Sendler, Ángel Sanz Briz y Giorgio Perlasca.
Todo el mundo conoce a Oskar Schindler, ese empresario alemán que salvó la vida de miles de judíos durante la Segunda Guerra Mundial. Sin embargo, hay una mujer polaca y dos hombres (un español y un italiano) que, a pesar de haber salvado aún a más gente que el señor Schlinder, no tienen una figura tan destacada como él en la historia. Desde mi blog, me gustaría daros la oportunidad de conocerlos un poco mejor, y pediros que recéis por ellos de vez en cuando (los tres han fallecido ya), porque fueron auténticos héroes.



Irena Sendler, el ángel de Varsovia


Irena Sendler, a la edad que tenía cuando salvó a los niños judíos del gueto de Varsovia. ¿Verdad que se parece mucho a la actriz Aitana Sánchez Gijón? :-)

En 1939, cuando Alemania invadió Polonia, Irena Sendler era una bella enfermera de 29 años que trabajaba en el Departamento de Bienestar Social de Varsovia. De talante generoso y compasivo, la horrorizaba el sufrimiento ajeno, y durante la Segunda Guerra Mundial trabajó incansablemente para proporcionar atención médica, comida y ropa a todas las víctimas de la guerra que podía. Cuando el 1942 los nazis crearon un gueto en Varsovia (seguro que todos conocéis las lamentables condiciones en la que los pobres judíos vivían allí de películas como "El pianista"), Irena, horrorizada al ver cómo los seres humanos hacinados allí eran tratados, se propuso ayudar. Ella y un grupo de compañeras tan valientes como ella consiguieron identificaciones de la oficina sanitaria según las cuales supuestamente se encargaban de identificar y controlar los brotes de enfermedades contagiosas.
Sin embargo, su verdadero propósito era otro. Presentándose con un nombre falso, Jolanta, Irena se fue poniendo en contacto con varias familias judías para ofrecerles ayuda. No podía sacarlos de allí a todos sin que los nazis se dieran cuenta, pero se ofreció a salvar a sus hijos poniéndolos en lugar seguro para que los nazis no se los llevaran, puesto que, como advirtió a los familiares de los pequeños, corrían serio peligro allí dentro. La oferta era peliaguda; las familias deseaban proteger a sus pequeños, pero la única alternativa que tenían era entregárselos a una desconocida sin saber si volverían a verlos. Por otra parte, los niños, sobre todo los más pequeños, lloraban mucho si intentaban separarlos de sus padres. Las despedidas de los niños más mayorcitos y sus familiares eran angustiosas. No era una decisión fácil, y muchos dudaron. Algunos padres y madres no deseaban separarse de sus hijos y declinaron la oferta. Otros, desesperados y dispuestos a todo con tal de salvarlos, los entregaron a Irena y a sus amigas. Estos fueron los únicos que sobrevivieron.
A aquellos que le fueron confiados, Irena los sacó del gueto por cualquier medio que estuviera a su alcance; en bolsas de basura, sacos y cargamentos de mercancías (desde herramientas hasta hortalizas), e incluso en ataúdes, haciéndolos pasar por víctimas del tifus. Les daba un nombre falso y los llevaba a un lugar seguro. Como pocas familias polacas estaban dispuestas a correr el riesgo de cobijar y esconder a un judío, los niños encontraron asilo mayormente en establecimientos religiosos cristianos: conventos, monasterios, orfanatos católicos e incluso casas particulares de religiosos. ¿Sorprendente? Tal vez, pero sobre todo conmovedor. Los mismos curas que siglos antes incitaban a los pógromos ahora se jugaban la vida acogiendo con cariño a los niños judíos que les enviaban Irena y sus amigas, con gran riesgo para sus vidas, pero confiando en la cierta inmunidad que poseían al pertenecer a la Iglesia.
Para asegurarse de que pudieran volver con sus familias si los nazis perdían la guerra y la paz volvía a Polonia, Irena escribió el nombre falso de cada niño junto con su nombre verdadero y todos sus datos familiares para poder econtrarlos, informarles de sus orígenes (algunos eran demasiado pequeños para ser conscientes de lo que sucedía, y los religiosos que los recibían no conocían sus nombre verdaderos) y poderlos devolver a sus padres si estos sobrevivían. Luego, metió las listas en frascos de cristal que enterró en el jardín de su vecina.

No obstante, Irena se estaba jugando la vida al ayudar a los pequeños, y pronto llegó el momento en que la desventurada heroína lo sintió en sus propias carnes. La Gestapo averiguó sus actividades y la detuvo, llevándola a la prisión de Pawiak, un sórdido y tenebroso lugar del que pocos salían si no era para ir a un campo de concentración. Los que no morían ejecutados acababan suicidándose. Allí, la pobre Irena fue interrogada duramente y torturada con brutalidad, ya que ella era la única que conocía la verdadera identidad y el escondite de los niños, así como el nombre de las amigas que la habían ayudado.
Pero ella no confesó. Soportó con la enterza propia de un mártir los tormentos de los nazis, cuyos métodos para quebrantar la voluntad de aquellos a los que atrapaban eran atrozmente eficaces. No delató ni a los niños ni a ninguno de sus colaboradores. Un pequeño milagro la sostuvo y le dio fuerzas cuando todo parecía venirse abajo: en un colchón de paja de su celda, después de una de las sesiones de tortura, encontró una estampa de Jesús Misericordioso con la leyenda: “Jesús, en vos confío”. Irena tomó aquel hallazgo como una señal de esperanza y se aferró a él, sin quebrantarse, sin confesar.
Sin embargo, el futuro no se presentaba muy esperanzador para ella. Los nazis, al darse cuenta de que no podían sonsacarle nada, la condenaron a muerte. Irena se resignó a sufrir el mismo destino que muchos prisioneros de Pawiak habían sufrido ya y que miles más iban a sufrir después de ella. Tal vez la estampa que había encontrado no significaba nada. Tal vez estaba condenada irremisiblemente por el único crimen de haber salvado la vida de niños inocentes...
Pero incluso en las horas más oscuras, los milagros son posibles. Mientras esperaba la ejecución, un soldado alemán entró en la celda de Irena y se la llevó para un "interrogatorio adicional". Al salir, gritó en polaco "¡Corra!". Irena no pensó, no tuvo tiempo de sorprenderse ni de darle las gracias a ese inusitado ángel exterminador que acababa de convertirse en ángel salvador. Al día siguiente, la joven halló su nombre en la lista de los polacos ejecutados. Los miembros de la Resistencia polaca habían logrado sobornar a algunos soldados alemanes, gracias a lo cual estos dejaron escapar a Irena, la cual continuó trabajando con una identidad falsa.

Al finalizar la guerra y caer el gobierno nazi, Irena desenterró los frascos y le entregó las notas al doctor Adolfo Berman, el presidente del Comité de Salvamento de los Judíos Supervivientes. Se intentó localizar a las familias de los niños, pero tristemente se descubrió que la mayoría eran huérfanos y estaban solos en el mundo: todas sus familias habían sido exterminadas en los campos de concentración. Unos pocos, los más afortunados, pudieron volver con algún familiar que se hizo cargo de ellos. El resto fueron adoptados o enviados a orfanatos. Vivos, en todo caso. Una generación superviviente. Gracias al sacrificio y al valor de Irena.


Irena a los 97 años, un año antes de su muerte

Más de 2.500 niños fueron salvados por la bella y valiente mujer que años más tarde comenzó a ser conocida como "el ángel de Varsovia". Recibió reconocimiento honorífico por sua acciones: la organización Yad Vashem de Jerusalén le otorgó el título de "Justa entre las naciones" y la nombró ciudadana honorífica de Israel. El presidente de Polonia Aleksander Kwasniewski le otorgó la más alta distinción civil de Polonia: la Órden del Águila Blanca. Sin embargo, el premio que más se merecía, aquel del que era más digna, nunca llegó a recibirlo. Aunque fue candidata al premio Nobel de la Paz (apoyada no sólo por el gobierno de su país, sino por el gobierno israelí y el alemán), no lo ganó. Aunque parezca inceíble, en lugar de dárselo a Irena se lo concedieron a Al Gore.
Irena, privada del Premio Nobel del que debería haber sido justa ganadora, pasó sus últimos años postrada en una silla de ruedas debido a las secuelas de las torturas sufridas a manos de la Gestapo. No le gustaba que la calificaran de heroína, pues, igual que Oskar Schlinder, siempre se lamentó de que podría haber hecho más y haber salvado aún a más niños. Murió en Varsovia en el año 2008 a los 98 años de edad.


Ángel Sanz-Briz y Giorgio Perlasca, amigos unidos contra el nazismo


Ángel Sanz Briz, diplomático español, natural de Zaragoza, y un auténtico héroe

Ángel Sanz Briz era un diplomático aragonés que en 1942 entró a trabajar en la embajada española de Hungría. Al igual que Irena Sendler, era de talante justo y compasivo, y pronto se sintió indignado al comprobar cómo las autoridades nazis trataban a los pobre judíos. Como estaba en buena situación debido a pertenecer al cuerpo diplomático y a ser miembro de un país no beligerante que tenía buenas relaciones con Alemania, decidió actuar.
En 1924, Miguel Primo de Rivera había aprobado la Ley de Derecho a la Ciudadanía Española, que posibilitaba la adquisición de la misma para los judíos de origen sefardí. Haciendo uso de sus habilidades como diplomático, logró que el gobierno español le concediera permiso para proporcionar documentación española a los judíos sefardíes que pudiese encontrar y negociar su traslado a lugar seguro con con las autoridades húngaras, que estaban sometidas a los designios de los nazis.
Sin embargo, pronto comenzó a actuar por cuenta propia: del mismo modo que los nazis estampaban el sello de aprobación como arisch a todo aquel que les convenía, aunque su sangre fuera dudosa, Ángel Sanz, ayudado por su amigo Giorgio Perlasca (veterano italiano de la Guerra Civil Española, por cierto, para que luego digan que todos los que lucharon en el bando nacional eran psicópatas monstruosos), comezó a hacer pasar por sefardíes a todos los judíos que pudo, tuvieran o no realmente este origen. Las documentaciones que no pudo otorgar valiéndose de su estatus como diplomático las consiguió sobornando a las personas adecuadas con su propio dinero. Su celo por proteger a los judíos era tal, que llego a acudir a la estación de tres para hacer bajar de los vagones a varios judíos que iban a ser trasladados a campos de concentración y ya tenían los pasaportes españoles. Entre Giorgio y él, juntaron dinero para alquilar pisos en nombre de la embajada española que ponían bajo protección diplomática y en los cuales ocultaban a los judíos a los que conseguían dar documentación española.
Ángel sabía que corría peligro si los nazis destapaban el asunto y se daban cuenta de que estaba ayudando a escapar a todos los judíos posibles de sus garras, pero decidió arriesgarse. Confiaba en que la codicia de aas autoridades húngaras sería más fuerte que su odio por los judíos, y no se equivocó. Ángel, haciendo honor a su nombre, logró salvar a unos 5.200 judíos, de los cuales sólo unos 200 eran realmente de origen sefardí.


Giorgio Perlasca, el empresario italiano que se hizo pasar por cónsul español

A finales de noviembre de 1944, el gobierno español, ante la inminente caída de Budapest en manos del Ejército Rojo, ordenó al valiente diplomático abandonar su puesto en la embajada húngara y trasladarse a Suiza. Su amigo y ayudante Giorgio continuó su labor utilizando documentos de identidad españoles falsificados por él mismo, en los que declaraba ser el cónsul español en Budapest. Se dedico a brindar alimento, refugio y protección a aquellos a los que salvaba. Su heroísmo llegó al extremo de acudir a las casas donde se iban a llevar a cabo registros para encontrar y detener a judíos y ordenar a los mismísimos nazis que suspendieran los registros, clamando que Sanz Briz estaba de viaje en Madrid, que le había nombrado cónsul en su ausencia, y que podían comprobarlo en la embajada. La mente cuadriculada de los alemanes jugó a su favor: estos le creyeron y, cumpliendo sus órdenes, suspendieron los registros.
La verdad es que el italiano fue afortunado; tras pasar meses escondiendo, dando cobertura y alimentando a miles de judíos en Budapest, sin parar de expedir salvoconductos para ellos, se las vio en serios apuros cuando en enero de 1945 los soviéticos tomaron Budapest. Estos tampoco tenían simaptía alguna por los judíos (de hecho, los judíos morían igual en los gulags que en los campos de concentración nazis, acusados de capitalistas), y tampoco iban a tratar muy bien a un italiano, ciudadano de un estado fascista. Perlasca consiguió huír por los pelos y se las arregló para regresar a Italia tras un azaroso viaje durante el cual estuvo cerca en varias ocasiones de ser atrapado.

Tanto Ángel como Giorgio consiguieron reconocimientos internacionales por su ayuda a los judíos. La organización Yad Vashem de Jerusalén les otorgó a ambos el título de "Justo entre las naciones" y la ciudadanía honorífica de Israel, el mismo reconocimiento que concedieron a Irena Sendler. El gobierno húngaro también concedió a Ángel a título póstumo la Cruz de la Orden del Mérito de la República Húngara.
Los dos fueron hombre valientes y justos que no quedaron impasibles ante el sufrimiento de sus semejantes y se jugaron la vida por ayudarles. Los dos, al igual que Irena, no contaron a nadie lo que habían hecho, ni alardearon de ellos, ni siquiera ante sus familias. Ninguno buscó recompensa, pues estaban convencido de haber cumplido con su deber como seres humanos y lamentaban no haber hecho más. A pesar de todo, son aún menos conocidos que Irena Sendler y muchísimo menos que Oskar Schindler.
Lástima que en las sociedades española e italiana actuales, al parecer, sea más conocida gentuza como Belén Esteban, los chicos de Gran Hermano, Cicciolina, Berlusconi y su cohorte de putas, que héroes como estos dos hombres que sin otra recompensa que la satisfacción por haber realizado una buena acción dejaron muy alto el nombre de sus patrias jugánose el pellejo por ayudar a los demás.


Y, como colofón, os dejo esta tira ilustrada (no la voy a llamar cómica, porque de comedia tiene poco, pero sí tiene una interesante reflexión que todos deberíamos recordar). Pinchad en la imagen para poderla leer:



martes, 17 de noviembre de 2009

Héroes olvidados (II): Santa Tamar, la reina guerrera

A veces, aún en épocas de machismo exacerbado como la Alta Edad Media, la Historia nos proporciona ejemplos de mujeres inteligente y valientes que demuestran que son capaces de gobernar, guerrerar y vivir igual o mejor que los hombres. Es el caso de una figura histórica muy reverenciada en los países ortodoxos del este de Europa, pero poco conocida en el sur y el occidente: la reina Tamar de Georgia, una de las pocas santas laicas que hay (y además casada, independiente y guerrera, para mayor gloria). A los que habéis leído Canción de hielo y fuego, seguramente os recordará un poco, por su personalidad, a Daenerys Targaryen (al menos a mí me la recuerda).

Tamar de Georgia, Por la gracia de Dios, Rey de Reyes, Reina de las Reinas de los abjacios, armenios, kakhetios y kartalios, Autocráta de todo el Este y el Oeste, Gloria del Mundo y de la Fe, Campeona del Señor


Tamar, de la Casa Real de los Bagrationi, nació en 1159. En pleno siglo XII, vamos, cuando por lo común las mujeres no eran más que objetos que servían para procear niños, dar placer a sus maridos y servir de floreros en sus casas. Se nota, en cualquier caso, la influencia bizantina en su país y su estirpe, ya que sin duda lo habría tenido mucho más difícil de haber nacido en Europa occidental.
Hija del rey Jorge III de Georgia, desde muy pequeña fue educada en las artes del gobierno y la guerra, igual que si fuera un hombre, ya que estaba destinada a reinar a la muerte de su padre. Desde muy joven destacó por su belleza, astucia, valor e inteligencia, siendo también una joven piadosa, austera y disciplinada, dueña de una férrea voluntad. El rey estaba tan orgulloso de su hija, que la nombró co-regente a los 19 años.

En 1184, Jorge III murió y su hija ascendió al trono, siendo coronada por el arzobispo de Kutaisi. Su familia le había elegido como esposo a Yuri Boboliusky, hijo del Príncipe de Kiev. El joven era guapo, pendenciero y bastante machista (al uso de la época), de modo que despreciaba a su esposa y pasaba el tiempo emborrachándose y organizando orgías. Despreciaba a Tamar como mujer y pocas veces acudía a su lecho, pero después le recriminaba que no se quedaba embarazada porque era "demasiado mayor" (tenía 25 años cuando se casó con él), y seguramente eso la hacía infértil.

Tamar, mujer orgullosa que no estaba dispuesta a tolerar semejantes desmanes, consiguió que se anulara el matrimonio tras acusarle de adicción al alcohol y sodomía. Acto seguido, lo envió a Constatinopla y escogió un nuevo esposo, esta vez elegido por ella: David Sosland, un príncipe osetio. Cuando Yuri supo esto, se sintió ultrajado y trató de compincharse con los nobles que estaban en contra de Tamar para derrocarla y hacerse con el trono (una de las principales razones que ostentaban como excusa, por supuesto, es que era mujer y por ello no estaba capacitada para el gobierno). Pero Tamar, que además de gobernante era una buena guerrera, sofocó las rebeliones, capturó a Yuri y lo exilió permanentemente del reino bajo pena de muerte si osaba regresar. Por lo que se sabe, Yuri terminó sus días en Bizancio, sin pena ni gloria, haciendo lo que mejor sabía hacer: emborracharse y participar en orgías.

Tamar gobernó el reino con mano firme junto a David, con el cual tuvo dos hijos: Gregorio y Rusudani (lo cual demuestra, además, que no era infértil como Yuri decía). Consiguió aplacar a los nobles que murmuraban contra ella otorgándoles honrosos títulos
como gobernadores de provincias, y se dedicó a hacer una política de conquista y expansión. En multitud de ocasiones, Tamar demostró su valor y habilidad en combate, cabalgando a la guerra al frente de sus tropas en diversas ocasiones. Hacia el año 1190, la reina comenzó a intervenir en los gobiernos limítrofes, consiguiendo una victoria total contra los ejércitos del Atabeg de Azerbaiyán, Abu Bakar. En 1199, el ejército georgiano de los hermanos Mkhargrdzeli, sojuzgó a los musulmanes armenios. Alarmado por estos éxitos georgianos, Suleimán II, Sultán de Rumi, coaligado con varios Emires vasallos, atacó Georgia. Ante este ataque, Tamar cabalgó junto a su esposo comandando el ejército que derrotó a Suleimán II en la batalla de Basiani. Más tarde, cuando Bizancio fue atacada 1204 por medio de la infame Cuarta Cruzada, Tamar mandó tropas a Trebizond y Kerasund en apoyo de su pariente, el emperador Alejo III Angelo. En 1209 el emir de Ardabil atacó Georgia, matando a 12.000 georgianos y llevándose de escalvos a muchos más. Un año más tarde, Tamar contraatacó, matando al propio emir y a más de 12.000 musulmanes súbditos suyos como venganza por lo sucedido con los georgianos.
Además de ser una reina guerrera, también fue una mujer piadosa, protectora de la cristiandad, y auspició y mantuvo iglesias y monasterios de lugares tan lejanos como Egipto y Chipre. Era respetada y querida por su pueblo. Bajo su mandado, Georgia se convirtió en un imperio rico, culto y poderoso, lo que se conoce como la Edad de Oro del Imperio Georgiano.
Tamar murió en 1213, siendo sepultada en Gelati, en el panteón familiar de los Bargationi. A pesar de que dejó un imperio sólido y poderoso, su hija la reina Rusudani no pudo evitar la invasión mogola de Gengis-Khan, al cual tuvo que rendir tributo con oro y apoyo militar para que no arrasara Georgia.
La reina Tamar, que fue proclamada en vida Campeona de la Cristiandad, fue canonizada por la Iglesia Ortodoxa, celebrándose su onomástica el día 14 de Mayo.
Aunque la Iglesia proclama como sus principales virtudes "la humildad, mansedumbre, sabiduría, religiosidad, amor al prójimo y belleza", en realidad sólo las cuatro últimas pueden serle adjudicadas en justicia, puesto que Tamar, a la vista de lo que la Historia nos muestra, de humilde y mansa tenía más bien poco. Sin embargo, esto no debe considerarse una falta de virtud, puesto que sin su ambición, orgullo y valor nunca habría sido capaz de conseguir la expansión y la gloria que consiguió para su reino y para toda la cristiandad.

martes, 10 de noviembre de 2009

La mujer y el soldado

Hace 20 años, cuando yo era una niña pequeña que cursaba segundo de Preescolar y acababa de aprender a leer, vi en la televisión una escena que me impactó mucho y se me quedó grabada en la mente hasta el día de hoy.
Había mucha gente congregada en torno a un muro que estaban derribando. Yo no sabía quién era esa gente, qué hacían allí, dónde estaba el muro o por qué lo estaban demoliendo, pero recuerdo que miraba interesada la televisión porque en los telediarios no hablan de otra cosa desde hacía días. Y, entonces, en la pantalla, junto al muro, apareció una mujer. En la televisión subtitularon lo que dijo, por eso pude entenderla. La mujer, una señora que pasaba de los 50 años, se dirigió a un soldado que estaba junto al muro.
"Entonces", dijo, con una expresión entre incrédula e ilusionada. "¿Puedo pasar al otro lado? ¿Puedo ir a ver a mis hermanos, a los que no veo desde hace 30 años?".
"Sí, claro" contestó el soldado, un hombre joven. "Adelante".
Y la mujer, eufórica de alegría al escuchar la respuesta, abrazó al soldado.
Como ya he dicho, yo, una niña de 6 años, no entendía lo que estaba pasando, pero recuerdo que la imagen me regocijó el corazón. Era lo bastante mayor como para saber lo que es una guerra y un soldado, y me gustó el hecho de que la mujer abrazara al soldado y este la dejara pasar, en lugar de hacerle daño.
Ahora, mucho tiempo después, sé perfectamente que ese muro era el Muro de Berlín, también llamado el Muro de la Vergüenza. Sé lo que significaba, por qué se construyó y cómo consiguió seer derribado. Y, en el 20 aniversario de su demolición, no he uerido ponerme grave hablando de los muros que aún quedan por derribar (el que separa México de EEUU, el que separa las dos Coreas, el de Cisjordania, etc), sino que he preferido compartir con vosotros una anécdota acerca de cómo viví yo aquel momento. Aún hoy pienso a veces en la mujer y en el sodlado, y me pregunto qué sería de sus vidas, qué estarán haciendo ahora, si será felices y cómo recordarán ese momento. Pero de una cosa estoy segura: de que volver a ver a sus amigos y a sus seres queridos, después de tantos años de separación, fue el mejor regalo que pudieron tener en las Navidades de 1989.

miércoles, 1 de abril de 2009

Héroes olvidados: Blas de Lezo y la derrota de la Armada Invencible inglesa

Me gustaría inaugurar el recién llegado mes de Abril (¡el mes de mi cumpleaños! ^^) con una entrada histórica.
A estas alturas, todo el mundo conoce la historia de la Armada Invencible española. Una flota de 137 barcos que, debido a las malas condiciones climatológicas y la mala organización, acabó fracasando estrepitosamente en su batalla naval contra la flota inglesa (que para más inri contaba con más de 200 barcos, siendo superior en número a la española aún cuando estaba intacta). La conocemos de sobra, no sólo por nuestras propias clases de Historia, sino por la cantidad de veces que los propios ingleses se han encargado de airearlo como un glorioso triunfo y restregárnoslo por la cara.
Lo que poca gente sabe es que los ingleses, en el siglo XVIII, tuvieron su propia versión de la Armada Invencible contra España, que fracasó de forma mucho más vergonzosa y estrepitosa. ¿Ah, no lo sabíais? Pues dejadme que os cuente la historia, que es interesante.

En el año 1739, Inglaterra decidió hacerle la guerra a España a causa de la rivalidad comercial que tenía con ella, y el objetivo que se fijó fue tomar la ciudad de Cartagena de Indias (actualmente, la ciudad colombiana de Cartagena). Eligieron ese objetivo porque en dicha ciudad se guardaba en Tesoro Real, que planeaban rapiñar.
Dos años más tarde, en 1741, Inglaterra envió al mando del almirante Vernon una flota compuesta por 186 barcos y 30000 hombres (bastante superior, como puede verse, a la Armada Invencible española, y de hecho nunca una flota tan grande volvió a atacar unida un mismo punto hasta el Desembarco de Normandía). En Cartagena de Indias, los españoles, para defenderse, contaban sólo con 3000 soldados y 6 naves. Chungo, ¿eh? Estaban en una proporción de 10 a 1 a favor de los ingleses y sólo tenían 6 naves de mierda frente a la inmensa flota de casi 200 naves inglesas. Lo normal es que Cartagena de Indias hubiera sido tomada a una velocidad fulminante por los ingleses, ¿verdad?
Pues no.
Resulta que al mando de la guarnición de Cartagena de Indias estaba el almirante Blas de Lezo, nacido en una familia marinera de un pueblo de Guipúzcoa y veterano de la marina española, al que muchos apodaban Patapalo o Mediohombre, ya que había perdido en batalla una pierna, un brazo y un ojo). Cuando los ingleses llegaron, Vernon cañoneó la primera fortaleza que defendía el puerto, San Luis de Bocachica, durante dieciséis días. Bocachica estaba defendida por 500 hombres que finalmente tuvieron que replegarse ante la superioridad ofensiva. Tras esta fortaleza solo quedaba la Fortaleza de Bocanegra como entrada a la bahía. A pesar de que Blas de Lezo trató de bloquearla a costa de la destrucción de algunos barcos, no pudo detener el avance de los ingleses y tuvieron que abandonar la fortaleza para replegarse.
Tras esto Vernon entró triunfante en la bahía y a su vez, todos los defensores españoles se atrincheraron en la fortaleza de San Felipe de Barajas, que defendía la ciudad. Vernon, creyendo que la victoria era cuestión de tiempo, despachó un correo a Inglaterra dando la noticia de la victoria. A continuación ordenó un incesante cañoneo al castillo de San Felipe por mar y tierra para ablandar a las fuerzas guarnecidas en la fortaleza. En ella solo quedaba 600 hombres bajo el mando de Lezo y Dex Naus (líder de la guarnición de Bocanegra).
Entonces, a Vernon se le ocurrió la idea de rodear la fortaleza y así atacarla por la retaguardia. Pero para eso no había más huevos que adentrarse en la selva, lo que provocó que muchos ingleses contrajeran la malaria y murieran a cientos. Sin embargo, al final los chicos de Vernon llegaron a las puertas de la fortaleza y este ordenó atacar con infantería. Pero da la casualidad de que aquí entró lo que yo llamo "factor Termópilas": la entrada a la fortaleza era una estrecha rampa que de Lezo rápidamente mandó taponar con trescientos hombres armados con tan sólo armas blancas. Lograron contener el ataque y causaron 1500 bajas a los asaltantes.
Naturalmente, después de ser rechazados de esa manera, la moral de los ingleses, que ya se veían saqueando Cartagena, bajó considerablemente. Y la cosa aún fue a peor a causa de la cantidad de muertes que empezó a haber entre ellos por enfermedades tropicales (malaria, disentería, escorbuto... ya os imagináis). Vernon se puso muy nervioso en aquel momento ya que la resistencia a ultranza de los españoles superaba con creces sus expectativas, pero finalmente decidieron entrar construyendo escalas y subiendo por el muro.
Pero ahí, Vernon tuvo otro problema: el avance de sus huestes era lento debido al gran peso de artillería que transportaban , y además estaban expuestos en una gran explanada cuesta arriba mientras avanzaban, con lo cual los españoles podían dispararles cómodamente desde las trincheras, tras la muralla de la fortaleza, causando muchas bajas. Y, encima, cuando finalmente los ingleses lograron alcanzar las murallas, se dieron cuenta de que habían hecho las escalas demasiado cortas como para cruzar también el foso.
(Hace falta ser idiota, ¿eh? Se me ocurre que la cosa debió ser tal que así:
Almirante Vernon: ¡Fucking spanish! ¡No hay manera de tomar el fuerte!
Sargento Perkins: ¡Señor, señor! ¿Qué le parece si escalamos el muro con escalas de cuerda?
Almirante Vernon: ¡Buena idea, Perkins! Le asciendo a sargento.
Sargento Perkins: Eh... ya soy sargento, señor O_o
Días más tarde...
Almirante Vernon: ¡Perkins, eres un inútil! ¡Has hecho las escalas demasiado cortas! ¡Te degrado a sargento!
Sargento Perkins: Sí, señor... ¬¬UU)
Así que ahí se quedaron los ingleses, con cara de gilipollas, desprotegidos y sin saber qué hacer mientras los españoles seguían disparándole desde las trincheras y causando una masacre. Y entonces, al ver que los enemigos vacilaban y su moral caía, Blas de Lezo dio un golpe maestro: ordenó abrir las puertas de la ciudad y que todos los que fueran capaces de empuñar un arma salieran en plan berserker. Así se hizo, y los españoles cargaron contra los ingleses bayoneta en mano con el propio Blas de Lezo a la cabeza al grito de: "¡Al degüello!". Algunos españoles (entre ellos el propio de Lezo) fueron gravemente heridos en la carga, pero se llevaron por delante a muchos ingleses, y los que quedaron huyeron despavoridos.
Vernon, furioso y desesperado, se retiró a los barcos y ordenó durante treinta días más un continuo cañoneo contra la fortaleza, pero fue inútil; los muros resistieron y los ingleses no dejaban de caer como moscas a causa de las enfermedades tropicales y la falta de provisiones (ya que no habían venido pertechados para un asedio sino para un ataque fulminante). Finalmente el Alto Mando inglés ordena la retirada, habiendo perdido 10000 hombres y 50 barcos (algunos de ellos tuvieron que ser quemados por los propios ingleses dado que habían perdido a tanta gente que no quedaban hombres para tripularlos de vuelta a Inglaterra).
Los españoles, que salieron victoriosos, sólo perdieron 800 hombres y 3 naves. Desgraciadamente, entre las 800 bajas se contaba al valiente y sagaz almirante Blas de Lezo, que no se recuperó de las heridas sufridas en la carga.

Este vergonzoso episodio (para los ingleses, claro) se ha silenciado durante siglos en Inglaterra. Fijáos si la arrogancia inglesa llegaba a tal punto, que antes de mandar la flota a la batalla ya habían mandado imprimir monedas conmemorativas con imágenes de Blas de Lezo (totalmente entero y con todos sus miembros en el sitio, por cierto) rindiendo la ciudad a los ingleses y la inscripción: "El orgullo español humillado por Vernon". Las monedas fueron destruidas, los artesanos que las fabricaron perdieron el favor real, y el rey Jorge II, abochornado, prohibió a sus cronistas mencionar el suceso.
Y ahora viene la cuestión principal: es comprensible que lo ingleses ignoraran este suceso, ya que les dejó a la altura del betún, pero, ¿y los españoles? ¿Por qué hoy en día en los colegios no se habla del almirante Blas de Lezo, un héroe español comparable al almirante Nelson de los ingleses? ¿Cómo es posible que todo el mundo conozca a Nelson y de Lezo sea un desconocido? La respuesta fácil sería decir que porque era vasco, ya que a los intereses partidistas de este país de mierda no les interesa demasiado que se sepa que hace trescientos años los vascos se consideraban españoles y eran profundamente patriotas, como todos los demás en aquella época, lo cual significa que las ínfulas independentistas del PNV, la ETA y sus colegas no son más que un montón de mierda de la que el almirante de Lezo, el mayor héroe vasco y español, se avergonzaría si pudiera contemplarla.
Pero la cosa me parece que va más allá, porque ni siquiera en los libros de Historia de las épocas franquista y las anteriores se hablaba demasiado de Blas de Lezo. Así que sólo se me ocurre una respuesta: que los españoles somos una panda de imbéciles desagradecidos sin más memoria histórica que la que se usa para acordarse de la Guerra Civil, que babeamos frente a héroes extranjeros e ignoramos a los que tenemos en casa. Es una vergüenza y una infamia para la memoria de este grandísimo almirante que sus compatriotas no le rindan la memoria y los honores que le deben.
Así que, aparte de dar a conocer su historia en este humilde blog, querría hacer algo más. Os animo a todos a que firméis en la campaña para que Blas de Lezo tenga una calle en Madrid (increíble que haya calles con su nombre en Valencia, Málaga y San Sebastián, y no se hayan dignado a honrarle con una en la capital del país). A ver si entre todos conseguimos que la memoria de este héroe sea respetada como se merece.

miércoles, 4 de febrero de 2009

Mártir: héroe con mala suerte

Hoy he ido al cine a ver Valkiria, el film que narra el atentado fallido que estuvo a punto de acabar con la vida de Adolf Hitler. Hacía mucho tiempo que no lloraba tanto viendo una película.
Es curioso que, cada vez que pensamos en los militares alemanes de la Segunda Guerra Mundial, siempre nos imaginamos a un malvado y depravado nazi sin compasión al que le encanta matar judíos. Esta película enseña a todo el mundo lo que algunos interesados por la Historia ya sabíamos: que no todos los alemanes eran malos. Que algunos no eran malas personas sino simplemente soldados que amaban a su país, y se dieron cuenta de que Hitler y el nazismo estaban desvirtuando todo aquello por lo que luchaban.
Estas personas arriesgaron su vida por sus convicciones, por su patria y por la justicia, pero fracasaron. Y murieron por ello. Hoy, esos hombres valientes son considerados héroes nacionales en Alemania, y sesenta años depués de sus muertes yo he llorado por la funesta suerte que tuvieron y por lo injusto de sus ejecuciones. Sabía que probablemente viendo esa película me pondría triste, pero fui a verla de todas maneras. No sólo porque era, como esperaba, una película estupenda, interesantísima y tan emocionante que aunque sepas de antemano lo que les va a pasar te pases todo el visionado sentada al borde de la butaca, sino porque, si alguien merece mis lágrimas, son ellos. Los que se arriesgaron por el bien y la justicia y perdieron.
Pero, al menos, tengo un consuelo. Ellos en este momento son considerados héroes, conservan su honor, y, aunque sin duda no eran perfectos y cometieron errores como otros tantos de ambos bandos en medio de una guerra, por su martirio seguramente están en el Cielo. Hitler, Göring, Goebbels, Himmler y toda esa panda de psicópatas racistas deben estar en un lugar muy diferente, y la Historia ha tendido una eterna capa de ignominia sobre ellos.

Así que, desde este humilde blog, me gustaría pedir una oración por las almas de estos hombres a los creyentes, y al menos un momento de recuerdo y de homenaje silencioso a su memoria a los no creyentes. Estos son sus nombres:

Claus von Stauffenberg

Ludwig Beck

Erwin von Witzleben

Henning von Tresckow

Friedrich Olbricht

Wilhelm Canaris

Carl Goeldeler

Werner von Haeften

Hans Oster

Ulrich von Hassel

Johannes Popitz

Josef Wirmer

Berthold von Stauffenberg

Peter York von Wartenburg

Erich Höepner

Hans Günther von Kluge

Carl-Heinrich von Stülpnagel


Los que he escrito aquí son sólo una escogidísima lista de conspiradores, los más conocidos, todos ellos decisivos. Hay una lista más extensa que ennumera a todos los participantes, para el que le interese, aquí.

Por último, una reflexión personal. ¿No es lamentable que estos hombres murieran por un mundo mejor, y las generaciones posteriores hayan convertido ese mundo en un lugar donde reinan el relativismo, la crisis de valores y lo único que importa es consumir, divertise y ganar dinero? ¿Es este el mundo que ellos imaginaban cuando llego su hora de morir? ¿No están aquellos que hoy viven en libertad insultando a su memoria con su comportamiento, al rechazar valores como el honor, la justicia, el valor, la responsabilidad e incluso la fe (Stauffenberg era un devoto cristiano, y eso fue decisivo para que su conciencia no le permitiera seguir dejando que Hitler y su camarilla controlasen Alemania), cuando precisamente gracias a que hubo hombres como Stauffenberg y sus compañeros que actuaron conforme a esos valores hoy podemos vivir en una Europa en paz?
Que cada cual, os lo ruego, se haga estas preguntas.