lunes, 19 de agosto de 2013

Grandes descubrimientos del verano


Como muchos de los lectores que siguen este blog habrán deducido, estoy de vacaciones. Razón principal por la cual en las últimas semanas no he publicado mucho (bueno, vale, no he publicado nada en absoluto). La verdad es que tengo montones de entradas que quiero escribir, pero por culpa de (o debería decir gracias a) mis vacaciones -¡weee!- no tengo tiempo material para escribirlas. Prometo ponerme las pilas en Septiembre (odiado, odiado Septiembre).
No quiero, sin embargo, dejar de hacer un pequeño recopilatorio de las cosas que más me están gustando de mis vacaciones, por si acaso alguna persona de las que me lee está de vacaciones también, o las va a coger en breve, y quiere alguna idea.
¡Allá vamos con mi top veraniego!


Helado de nubes con nubecitas, de Hacendado:

Mi nueva tentación dulce. Yo en esto de las golosinas soy bastante clásica: por regla general, detesto el exceso de azúcar, no me gusta la bollería, odio la nata, me empalagan las chuches, y no suelo salirme del chocolate negro y sus derivados (mousse, helado, bavaresa, flan, etc). El chocolate con leche y el blanco tampoco me hacen especial gracia; los encuentro demasiado empalagosos. Por lo general, fuera del helado de chocolate, mis sabores favoritos son los de fruta (mora, cereza, higos, manzana verde) o frutos secos (pistacho, almendra, avellanas).
Compré el helado de nubes por pura curiosidad (en plan "lalala, no sé qué comprar... uy, mira, un helado azul con nubecitas rosas, a ver a qué sabe"), y en cuanto me lo metí en la boca, tuve una especie de epifanía: un sabor cremoso, dulce pero no en exceso, refrescante, mezcla de chicle y malvavisco, con esos deliciosos cachitos de nube que se deshacen en la boca... y me acabé la tarrina en tres días, yo sola.
Desde entonces, sólo lo he comprado una vez más, pero no porque no me guste, sino por todo lo contrario: no puedo contenerme cuando lo tengo delante, y por eso precisamente tengo que comprarlo con mesura. A mi índice de masa corporal no le vendría nada bien eso de hincarme dos tarrinas de un litro por semana.
Ah, y el muy cabrito te deja la lengua azul, pero con lo bueno que está no se lo vamos a echar en cara...


Orvieto:

Pueblo medieval de la Toscana. Sí, he estado en la Toscana. No, no lo pongo para darle envidia a nadie (juasjuasjuas). Y prometo entrada más detallada acerca de mi viaje con sugerencias, restaurantes, hoteles, rutas, observaciones, fotos... porque hemos estado en muchos sitios (no sólo de Florencia vive la Toscana). Sin embargo, quiero reseñar ya este lugar como uno de mis grandes descubrimientos porque, a diferencia de destinos más clásicos, Orvieto no suele estar en las rutas turísticas. De hecho, para ser exactos, Orvieto ni siquiera está en la Toscana, sino en una región vecina llamada Umbría, menos turística pero igual o más hermosa que su vecina famosa, según mi opinión.
Sea como sea, si vais al centro de Italia estas vacaciones, os aconsejo que no dejéis pasar Orvieto. Está muy accesible en coche, autobús y tren tanto desde Roma como desde Florencia, y la verdad es que vale mucho, mucho la pena visitarlo. El trazado de las calles y las casas son completamente medievales, la catedral es espectacular, y las vistas de la región desde lo alto del pueblo sencillamente magníficas. Pero además, existe la posibilidad de hacer una visita guiada por las grutas subterráneas (toda la parte alta del pueblo está llena de grutas artificiales y pasadizos secretos, como si fuera un queso gruyere) y descender al espectral Pozo de San Patricio, que parece una mezcla rara entre las escaleras de Lothlórien y las Minas de Moria y es ni más ni menos que un pozo renacentista con doble escalera helicoidal y ventanales, perfectamente conservado, de más 60 metros de profundidad. Además, durante este año y parte del que viene hay un Jubileo conmemorativo del Milagro de Bolsena y la institución de la festividad del Corpus Christi, que permite a los creyentes no sólo entrar por la Puerta Santa de la catedral, sino hacerlo como peregrinos, sin que te cobren nada por la visita (y esto, teniendo en cuenta las mega clavadas que te pegan en Italia en general y en la Toscana en particular, no es ninguna tontería).
En definitiva, gente, que Roma, Florencia, Pisa y San Gimignano son muy chulas, pero si podéis, ¡id a Orvieto! Si no os gusta, pizza gratis ;-)


Expediente Warren (The Conjuring):

Supongamos que el presupuesto no da para irse a Italia, y toca quedarse en la ciudad. Una buena ocasión para ir al cine. Y si dudáis qué película ir a ver, y no os espanta mucho el terror, os aconsejo que veáis esta mientras aún podáis. No, en serio, vedla ya. No es otra de esas típicas películas de posesión/casa encantada/chica estúpida que baja las escaleras en ropa interior preguntando "¿quién está ahí?".
Esta es, sencillamente, la mejor película de terror que he visto en años. No recuerdo ninguna película con guión, dirección e interpretaciones tan excelentes desde que se estrenó Los Otros, y con eso creo que ya está dicho todo. Me encantó además que la película no tire de efectos facilones para dar miedo (como el viejo truco de bajar el sonido durante varios segundos y luego subirlo de repente con un grito o con un "'¡tachán!", que puede que asuste, pero le resta todo el mérito a la película, porque eso te lo hacen viendo Heidi y te asustas igual), sino que tire de sustos chungos, bien elaborados, de terror psicológico puro y duro. Que sin gore alguno, ni trucos de sonido, consiga ponerte los pelos de punta, con algo tan sencillo como por ejemplo... un par de palmadas.
Para colmo, resulta que la película está basada en hechos reales. Sí, reales y documentados. Por ejemplo, la puñetera muñeca existe, y está de verdad encerrada en una vitrina. Aunque me resisto a poner una imagen en mi blog porque me da mal rollo, hay que decir que la muñeca real no tiene ni de coña la pinta chunga que tiene la versión peliculera. De hecho, es de lo más inofensiva, y eso hace que la versión real (documental disponible en inglés, animáos a verlo si sois valientes) sea aún más aterradora. Sobre todo porque es una muñeca muy común, que aún hoy se comercializa. De hecho, creo recordar que mi hermana tenía una igualita de pequeña (honestamente, no sé dónde la dejó, pero espero no encontrármela jamás o mi grito se oirá en Pernambuco).
Ah, otra cosa, si vais a ver la película, abstenéos de ver el trailer: te revienta los mejores sustos.


Libros varios:

Si no hay pasta para irse de viaje, y tampoco hay redaños para ver una película de terror, paso a comentar los libros que me he leído este verano.


Las Horas Oscuras, de Juan Francisco Ferrándiz:

Este fue el típico libro que me llamó la atención cuando salió, pero era tan caro que preferí esperar a leerlo de bolsillo. Me alegro de haber esperado. La historia es entretenida, se lee rápido, y se nota que el autor se ha esforzado en documentarse acerca de la mitología irlandesa. Sin embargo, a pesar de haberme gustado, no está entre mis favoritos veraniegos por dos motivos: el primero, que a pesar de que la redacción y el estilo son muy correctos a veces el autor peca de novato al repetir varias veces las mismas cosas, como si tuviera miedo de que el lector no se acordase. El segundo, que a veces se ven fallos gordos de documentación histórica (por ejemplo, que estando en el siglo X se presente a Dana, la protagonista, como "una joven muchacha de 25 años", cuando en la Edad Media (donde la esperanza de vida, sobre todo si eras un plebeyo, no superaba los 40 años) a las 25 años Dana sería ya una mujer madura. A esa edad se podría haber dicho que "era todavía bella y de aspecto juvenil", pero, ¿llamarla "muchacha"? Ni de coña. También el hecho de que se hable del matrimonio eclesiástico como un tabú, cuando hasta el siglo XI no se instituyó el celibato sacerdotal. Por último, algunos avatares de la historia se resuelven de un modo algo simplón (SPOILER, aunque no revelo nada demasiado importante: Me cuesta creer que unas imágenes religiosas sean taaaan bonitas que su mera visión baste para redimir a alguien malvado, así por las buenas FIN SPOILER).
Eso sí, a los amantes de las tradiciones celtas y druídicas, les recomiendo la novela: creo que les encantará.
Aunque las tramas principales del libro se cierran, da la impresión de que tiene continuación. Me gustaría leerla, pero pienso esperar a que salga en bolsillo.


La Huida, de Emma Pass:

Novela juvenil distópica. Como la mayor parte de novelas juveniles del momento, no se puede esperar un estilo refinado ni una pluma muy cuidada: la redacción es correcta, ágil, y la novela está hecha para ser devorada. Aún así, La Huida está por encima de la media de las novelas distópicas del momento; no llega al nivel de la mítica Los Juegos del Hambre, pero tampoco es tan simplona como otras sagas menos afortunadas como Juntos o Traición, donde el universo distópico no te lo crees ni borracho (vaya, nota mental: esto me recuerda que tengo pendiente hacer un ranking de sagas distópicas). Cuenta la historia de Jenna Strong, una adolescente presa en una cárcel de alta seguridad que consigue huir durante un motín y vive un sinfín de aventuras.
Sin ser una obra maestra (tampoco pretende serlo), La Huida es un buen bocado para todos los amantes de las distopías, que deja un buen sabor de boca. En teoría en una novela autonconclusiva, pero en el último capítulo deja abierta una cuestión que me hace preguntarme si la autora no estará pensando en escribir una continuación. Yo preferiría que no, pero si el libro se vende, lo más probable es que quieran exprimir el filón.


Un Palazzo en la Umbría, de Marlena de Blasi:

Con Marlena de Blasi me pasa como con el helado de nubes de Hacendado: no es un bocado gourmet, y a diario empalaga, pero de vez en cuando te entra un antojo lujurioso y te das un atracón. Marlena de Blasi es una mujer estadounidense que se enamoró ya madura de un veneciano de su edad y lo dejó todo para irse a vivir con él a su tierra. De aquella experiencia, además de un exitoso matrimonio que ya dura quince años, sacó tres libros autobiográficos que la han hecho de oro: Mil Días en Venecia (mola mucho), Mil Días en la Toscana (no está mal), y Un Palazzo en la Umbría (mola bastante). Ha sido este último el que me ha acompañado en mis vacaciones, porque da la casualidad de que está ambientado en Orvieto, donde está afincada actualmente la escritora con su esposo. Estas novelitas, escritas con un estilo sencillo, entrañable y algo (pero muy poco) pedante en ocasiones, no sólo te presenta sus experiencias y a la gente real que ella conoce, sino también deliciosas recetas de la región y anécdotas gastronómicas, que a mí con mi notoria debilidad por la cocina me parecen irresistibles. Si os gustan Italia, la cocina y las novelas autobiográficas de crecimiento y reflexiones personales, no os la podéis perder. Aconsejo seguir el orden cronológico de los libros (Venecia-Toscana-Umbría), pero si no lo queréis seguir tampoco pasa nada.


Las Horas Distantes, de Kate Morton:

Kate Morton ha sido, sin dudas, mi gran descubrimiento de este año. Me leí El Jardín Olvidado igual que hice con Las Horas Oscuras (esperando a que saliera en bolsillo porque mi economía no está para gastarme veintipico euros en una novela que no sé si me va a gustar). Y debo decir que fue un pleno al quince. Tras El Jardín Olvidado (buena), me leí La Casa de Riverton (que no está mal), y por último Las Horas Distantes, que amenizó la última parte de mi viaje por la Toscana y que es el que más me ha gustado de los tres. Hasta ahora, todas las novelas de Kate Morton van más o menos de lo mismo (misterios e intrigas familiares del pasado que una persona del presente debe resolver), pero los argumentos no se copian unos a otros. Todo lo contrario: cada novela es original, única y muy hermosa, a pesar de compartir la misma autora y el mismo género. Y lo considero muy meritorio, porque en estos casos es muy fácil que la autora caiga en la tentación de copiarse a sí misma, pero de momento no ha sido así y lo celebro. Si os gustan este tipo de historias y queréis una sugerencia de lectura, Kate Morton es vuestra nueva mujer de año, sin dudarlo.


El verano no ha terminado, y aún me quedan libros pendientes de leer. Ya lo comentaré cuando los haya terminado, si considero que merece el esfuerzo. Son los siguientes:


Shirley, de Charlotte Brontë: De lo poco que me queda por leer de las hermanas Brönte. No creo (es más, sé que es imposible) que sea tan bueno como mi adorado Jane Eyre, pero siendo de la misma autora, espero que no me decepcione.

Prometidos, de Caragh M. O'Brien: Última entrega de la trilogía juvenil distópica Marca de Nacimiento. Estoy esperando a terminarme la trilogía para hacer la reseña.

El Pozo de la Ascensión, de Brandon Sanderson: Otra última entrega de una trilogía, esta vez fantástica, llamada Nacidos de la Bruma. No está mal, pero de momento es lo menos bueno (que no malo) que he leído de Sanderson.

Las Chicas de Septiembre, de Maureen Lee: Me lo dejó una amiga hace ya tiempo, y tiene muy buena pinta, pero por una u otra razón lo he ido dejando aparcado en pro de otras lecturas. A ver si lo termino ya y se lo puedo devolver.

3 comentarios:

Malena dijo...

Sorry pero que envidia. Yo preferiría ir a Orvieto que a Florencia. ¿De qué está hecho el helado de nubes?

Estelwen Ancálimë dijo...

Para entendernos, tiene sabor mezcla entre chicle y crema de malvavisco, y lleva mini-malvaviscos pequeños, que aquí en España los llamamos "nubes" :-)

Laura Sánchez Méndez dijo...

Buaaaa!!! Yo quería ir a Italiaaa!!! Qué envidia me das! Pero me alegro de que lo pasaras bien y que te haya gustado Orvieto. A ver si algún año me decido a viajar yo también un poco, que falta me hace...

¡Yo también me vicié este año al helado de nubes! Lo probé una tarde, cuando hacía de canguro de mi primo pequeño. Fuimos a comprar helados y yo me pedí, por probar, el azul con nubes. Y lo primero que pensé al probar la primera cucharada fue: Ostras, cómo me recuerda esto al chicle Boomer!! Total, que me zampé la tarrina en dos minutos. Ains, qué hambre me está entrando ahora...

No he ido a ver The Conjuring porque yo soy de las que se caga literalmente con las películas de miedo o con esas que te trastornan la mente, aunque no sean de terror. Me quedo con los especiales de Halloween de los Simpson.

En cuanto a los libros, pues reconozco que no he leído ninguno. Sobre el tema de las distopías, me he leído este año Battle Royale y me ha gustado mucho, más incluso que Los Juegos del Hambre. Y sí, espero con ansia ese ranking de distopías!!