miércoles, 9 de junio de 2010

Ubi sunt? Libros descatalogados que marcaron mi infancia

Todos nosotros tenemos libros que, por una u otra razón, nos marcaron la infancia. La mayor parte de ellos, recuerdo haberlos leído en verano, cuando llenaba de libros una maletita rosa antes de irme al apartamento de Puerto de Sagunto donde pasaba el mes de Julio con mis abuelos. En la maletita había dos tipos de libros: los nuevos, ya que mi madre siempre me regalaba un libro por asignatura como premio por haber aprobado todo el curso, y mis favoritos, los que ya había leído pero me gustaban tanto que no me cansaba de leer y releer.
No tengo recuerdo más feliz de mi infancia que mis días en aquellos apartamentos, cuando por la mañana temprano mis abuelos me daban de desayunar y me llevaban a la playa, luego a la piscina, y, después de comer uno de los sabrosos platos de mi abuela, ellos dos se ponían a dormir la siesta y yo me quedaba toda la tarde leyendo, con un refresco en una mano y un bocadillo de atún o un helado para merendar en la otra, tirada en el sofá, leyendo. Feliz, absorta, despreocupada, con esa sensación infantil de que el verano va a durar para siempre y cada día traerá una nueva y luminosa aventura, sintiendo el sonido y el olor del mar a mis espaldas. Una sensación mágica que hoy, de adulta, sólo puedo añorar, pues, al igual que mi infancia, se marchó para siempre.
Nunca podré volver a aquellos días dorados, del mismo modo que la segunda señora De Winter nunca pudo volver a Manderley, pero, cada vez que abro uno de esos libros mágicos que me acompañaron en mis vacaciones infantiles, por un momento me siento volver allí, y una emoción disfrazada de nostalgia me llena el corazón al recordarme aquellas vacaciones.
Por desgracia, muchos de esos libros especiales de mi infancia ya no pueden encontrarse en librerías. Por alguna razón que me entristece y que no alcanzo a comprender, han sido descatalogados. Y me duele mucho que sea así, al pensar en la cantidad de niños que se están perdiendo las aventuras maravillosas que viví yo a través de sus páginas. Algunos de los títulos que me acompañaron esos días aún pueden encontrarse en las tiendas (El león, la bruja y el armario de C.S.Lewis, Las colecciones de Los Cinco y Torres de Mallory de Enid Blyton (recuerdo que en una librería de Puerto de Sagunto, uno de esos veranos, encontré y compré su autobiografía y fui la más feliz de mundo), Matilda, de Roal Dahl, Entrevista con el vampiro, de Anne Rice...). Pero muchos otros están desaparecidos en combate. Aquí os los dejo, para que, si alguna vez ocurre el milagro y los encontráis, no dejéis pasar la ocasión de comprarlos o regalarlos a algún hermano o sobrino pequeño a quien le guste leer (y, de paso, para que me aviséis a mí y me alegréis el día):

-El verano de la sirena, de Mollie Hunter:
Esta historia me fascinó durante años. Trata de dos hermanos, Jon y Anna, que viven en una aldea de pescadores. Por el pueblo circula una leyenda acerca de una sirena que tiene poderes mágicos y es capaz de hacer naufragar a los marinos hechizándolos con su canto. El abuelo de los niños, Eric, se burla de la historia, y por ello es castigado por la sirena. Tras perder su embarcación, se marcha del pueblo para no atraer las iras de la sirena sobre él mismo y su familia. Pero Jon y Anna también deberán enfrentarse a la sirena...
Aunque no me gustaba demasiado que la sirena fuese la mala de esta historia, ya que me fascinan estos seres, lo cierto es que la historia me atrapó desde el primer momento. La recomendaría incluso para adultos. No hay nadie que cuente leyendas fascinantes como Mollie Hunter.

-Ha llegado un extraño, de Mollie Hunter: La señora Hunter vuelve a la carga con otra de las leyendas clásicas de tu tierra. En esta ocasión, el protagonista es un niño llamado Robbie Henderson que vive en Black Ness, un pequeño pueblo costero de las islas Shetland. En su pueblo se cuentan leyendas acerca del Gran Selkie, un mago marino que tiene cuerpo de foca pero que es capaz de desprenderse de su piel para convertirse en un atractivo joven que se dedica a seducir jovencitas para llevárselas a su palacio bajo las aguas y ahogarlas. Y, un día, a Black Ness llega un extranjero que posa su mirada en Elspeth, la bella hermana mayor de Robbie...
Una novela escalofriante, emocionante y adictiva hasta el extremo, que no pude soltar hasta que leí la última página.

-La Rosa del Kilimanjaro, La Rosa del Desierto, La Rosa de la Pradera y La Rosa de los Hielos, de Carlos Puerto: Estas cuatro novelas (no sé si hay más) cuentan las aventuras de una niña canaria llamada Rosa que es capaz de hablar con lo animales y que junto con su padre, Hugo, recorre el mundo y vive miles de aventuras. Todos los libros me gustaron muchísimo, y, aunque no son tan adultos como los dos anteriores, los recomiendo para cualquier niño entre 8 y 13 años.

-Colección de Ulises Cabal (El Misterio del León de Piedra, El Misterio del Colegio Embrujado, El Misterio de la Ratonera Asesina, El Misterio de la Ciudad Submarina, El Misterio del Teatro del Crimen), de Ulises Cabal: Cualquiera quie haya leído esta colección recordará con cariño a Ulises Cabal, el librero y detective granadino adicto al agua de Litines, y a su simpática prima Charito, enamorada platónicamente de él. No sé quién es el autor, dado que el que escribió los libros tomó como pesudónimo el nombre del protagonista. Lo que sí sé es que estos libros, llenos de misterio e intriga, me encantaron. Todos sucedían en alguna ciudad española (Granada, Salamanca, Logroño, Cádiz y Valladolid), y, de forma muy amena, en el libro aparecían anécdotas acerca de su historia y su cultura. Si los encontráis, no os los podéis perder.

-Mi hermana Gabriela y El secreto de Gabriela, de José Luis Olaizola: Estos dos libros son partes de una misma historia: la de Antonio, un joven universitario de Soria, que es huérfano y vive solo con su abuelo. Un día, reciben una noticia sorprendente: El padre de Antonio, que era militar, se casó en segundas nupcias con una noble africana durante la guerra. Todos fueron asesinados por los esbirros del dictador Macías, pero en un islote, sin que nadie lo supiera, sobrevivió Gabriela, hija del padre de Antonio y de la noble negra, que ha permanecido catorce años completamente sola, viviendo como una salavje, hasta que ha sido encontrada por un grupo de misioneros... La historia, que es tan conmovedora como fascinante, cuenta la historia del encuentro y la adaptación a la civilización de Gabriela vista a través de los ojos de Antonio. Tan estupenda, que no sé por qué puñetas no hicieron nunca
una película basada en estos libros.

-Hasta el verano que viene, de Tormod Haugen: Este es un libro muy melancólico y triste. Habla de la historia de Britt, una niña de doce años que no tiene amigos, sus padres se llevan mal y no quiere hacerse mayor. Dado que yo a su edad sufría la misma soledad y desprecio que sentía ella, fue para mí terapéutico leer este libro, porque me hizo sentir que no estaba sola. Me dio fuerzas para aguantar una situación insoportable. Sólo por eso le tengo un cariño enorme. Y, además, era muy bonito.

-La señora Frisby y las ratas de Nimh, de Robert C. O'Brien: Este es otro de esos libros que, aunque haya sido escrito para niños, puede y debería ser leído también por adultos. La protagonista es la señora Frisby, una ratona viuda madre de cuatro hijos que se siente aterrada porque el granjero pronto va a arar el campo donde vive y su hijo Timothy, enfermo de pulmonía, está demasiado débil como pasa salir al exterior y escapar junto con el resto de la familia. Desesperada, decide pedir ayuda a unos seres extraños de los que todos los animales desconfían: las ratas del gran rosal, que poseen una longevidad y una inteligencia anormalmente altas...
Escrito en un lenguaje bastante adulto y con un argumento realista (a pesar de que haya algunos elementos de ciencia-ficción en la explicación de las cualidades casi humanas de las ratas), lo leí tras ver la versión de dibujos animados en el cine, y la verdad es que no tiene ni punto de comparación: la película no estaba mal, pero el libro es mil veces mejor. No dejéis de leerlo si podéis encontrarlo.

-Colección La Calle del Terror, de R.L.Stine: Seguro que muchos recordáis esta serie de novelas de terror para adolescentes, hermana mayor de la colección Pesadillas, que era más para niños. Me dio mucha rabia que la descatalogaran, porque sé que en EEUU hay muchos libros más de esta serie que no llegaron a traducirse al español (y, además, no lo entiendo, porque se vendían como rosquillas). Hay casi 30 títulos de esta colección, pero los tres primeros que leí (Pánico en la nieve, Un verano diabólico, El bisturí y Quemada por el sol) fueron los que más honda impresión me causaron.

-Volveremos a encontrarnos, de Annelies Schwarz: Esta es una novela basada en hechos reales (la autora cuenta su propia experiencia al relatarnos sus recuerdos de niña) y narra la historia de Liese, una niña checo-alemana que es expulsada de Checoslovaquia junto con el resto de su familia tras la Segunda Guerra Mundial debido a su origen alemán. Liese cuenta el viaje, lleno de penalidades, que hizo desde que salió de su casa prácticamente con lo puesto hasta que ella y su familia consiguieron encontrar algo parecido a un hogar en Alemania. El verano pasado, cuando estuve de vacaciones en Praga (capital de la República Checa), me acordé de ella. El epílogo de esta historia, un alegato a favor del envío de ayuda humanitaria a los refugiados, siempre consigue que las lágrimas me piquen en los ojos.

-Los ojos de Ana Marta, de Alice Vieira: Esta es una de las novelas más perturbadoras que leí durante mi infancia, y quizás por eso mismo se me grabó en la memoria para siempre. La historia versa sobre Marta, una niña portuguesa que vive en un enorme caserón lleno de habitaciones cerradas, con un padre distante y una madre transtornada que no permite que la llamen "mamá". La única que la cuida es Leonor, la fiel criada que lleva muchos años sirviendo a la familia. Y Marta tiene la sensación de que está ocupando el lugar de la Otra Persona, un ser misterioso cuyos ojos invisibles parecen observar su vida... No puedo dar más detalles de argumento, porque la gracia de la novel está, precisamente, en ir descubriendo poco a poco cuál es el misterio que se cierne como una sombra de infortunio sobre la familia.


Bueno, esta es mi lista. Igual me dejo alguno, pero puedo asegurar que, aunque no sé si están todos los que son, sí son todos los que están. ¿Y vosotros? ¿Habéis leído alguno de restos libros? ¿Hay algún libro especial de vuestra infancia que recordáis con cariño y hoy ya no podéis encontrar?

2 comentarios:

Rodrigo dijo...

Me alegra poder decirte que tengo localizados cuatro de los libros que listas, y están a un tiro de piedra. Yo leí de pequeño El Misterio de la Ciudad Submarina, de Ulises Cabal, y me encantó. Tiene su gracia, me acordé hace poco de él, y ahora lo mencionas aquí...

Pues bien, ése en particular no figura, pero los otros cuatro los tienen en Fnac (posiblemente no si te pasas por allí, pero si los encargas, en pocos días los tendrías en la tienda). E imagino que en la Casa del Libro, que a pesar de hacerse oír menos, a mi juicio tiene un fondo más interesante, también podrás encontrar al menos esos.

Lo que me ha extrañado es que esté descatalogado La Señora Frisby... pero bueno, es como todo: los hay que desaparecen, para reaparecer más adelante de las formas más sorprendentes (los de Enyd Blyton desaparecieron del mapa en su momento, o eso me pareció, y luego resurgieron a raíz de una colección de fascículos).

¡Suerte con la búsqueda! ;)

Estelwen Ancálimë dijo...

La gran mayoría de ellos aún los tengo, dado que son libros que me regalaron o me compré de pequeña y aún conservo. De hecho, de la lista de este post el único que me falta es "Ha llegado un extraño", que también lo tenía pero un buen día desapareció misteriosamente y no he vuelto a saber de él. No sé si alguien se lo llevó, si lo tirarían por accidente, o si algún día aparecerá en un rincón polvoriento y olvidado...

Sea como sea, muchas gracias por responderme. La verdad es que me gustaría que volvieran a venderlos, pero no por mí, sino por la cantidad de niños que se están perdiendo hoy en día novelas fabulosas.

Un saludo :-)