sábado, 25 de febrero de 2012

De zorras a heroínas

Hace un par de noches vi en la tele una película, Doctor Zhivago, recomendadísima por mi tía y por gran cantidad de cinéfilos, que la califican de "bellísima historia de amor". Aprovechando que la emitían por la TV1, me senté a verla. El comienzo era impecable: una música bellísima, una caracterización del lugar y la época tremendamente bien conseguida (y eso que luego me enteré de que había sido rodada en España), y una fotografía maravillosa, impecable. En esos primeros minutos me sentí maravillada.
Por desgracia, esa sensación de maravilla se fue al garete cuando apareció la protagonista, y desapareció por completo a medida que avanzaba la película. La supuesta "bellísima historia de amor" me acabó asqueando, así como sus dos protagonistas: un sinvergüenza y una golfa.
Bien, examinemos la situación: tenemos una chica (Lara) con novio formal que le pone los cuernos liándose con el amante de su madre, la cual al darse cuenta de que su hija tiene una aventura con su pareja intenta suicidarse. Muy bien, qué encanto de chica. Tenemos por otra parte a un médico (el doctor Zhivago, Yuri para los amigos), casado con la mujer perfecta: una chica guapa y encantadora que lo ama incondicionalmente desde la infancia (Tonya, magistralmente interpretada por Geraldine Chaplin). Tonya es bondadosa, inteligente, trabajadora, fuerte y valiente; apoya a su marido en todo, acepta el bolchevismo a pesar de ser burguesa para salvar a su familia, es buena madre, cariñosa con su esposo y le echa un par de ovarios a todas las adversidades. Cualquier hombre que tuviese al menos una neurona daría gracias al Cielo (o a Papá Stalin) por haberse casado con una mujer tan fantástica y la adoraría por el resto de su vida. Pero Yuri no. Va a ser que no. El bueno del doctor Zhivago se enamora apasionadamente de Lara, la golfa (que por cierto está casada con el novio cornudo que la perdonó), y la deja embarazada. ¿Razones para traicionar y abandonar a Tonya, la esposa perfecta, por Lara? Pues que Lara es muy guapa, con una maravillosa melena rubia y unos ojazos azules... y ya está. Fin de los motivos. Lara es una guarra mediocre que no le llega a Tonya ni a la suela del zapato, pero es que es taaan guapa, tiene los ojos taaan azules... que eso justifica que Yuri traicione a su esposa, se enamore de ella y la deje preñada, comportándose como un sinvergüenza desagradecido y estúpido que no se merece la esposa que tiene. Pero no pasa nada, hombre; son guapos, son los protagonistas, y se lo perdonamos todo, y su historia de sexo, traición y mentiras es una de las historias de amor más bellas del mundo. Toma ya.
Curiosamente, Yuri ama a Lara lo suficiente como para pasar de su familia, pero no tanto como para abandonar Moscú cuando ella decide huir de allí. Lo cual demuestra que Yuri, además de sinvergüenza y traidor, es gilipollas.

No hay más que ver el cartel de la película. En él, aparecen Yuri y Lara juntitos y la pobre Tonya en segundo plano, sola, como el segundo plato que siempre fue a pesar de ser la más íntegra, honesta, valiente, fuerte y bondadosa de las dos mujeres de la historia. La vieja historia de siempre: la del hombre estúpido que, teniendo el amor de la mujer buena, la abandona por la zorra guapa.
Lo triste del asunto es que todo esto no es un hecho aislado. Me vino a la cabeza inmediatamente una de las óperas más famosas de Puccini, Turandot, que presume de tener otra "gran historia de amor verdadero". La historia tiene lugar en Pekín, donde la princesa Turandot (que no merece otro calificativo que el de psicópata) establece que cualquiera que quiera casarse con ella deberá responder tres enigmas suyos y en caso de que no los acierte, morirá. Sólo por eso, la hija de puta de Turandot merecería quedarse soltera para el resto de su vida (anda que no hay princesas menos letales a las que elegir por esposas, ni que fuera la última hembra del mundo...), pero el caso es que la obra comienza con la ejecución de un príncipe Persa que falló a la hora de acertar los enigmas. En esos momentos es cuando llega a Pekín el protagonista de la ópera, el príncipe Calaf, que va acompañado por su anciano padre (Timur) y por la joven sirvienta Liu, la única persona que se ha mantenido fiel al rey y a su familia cuando este fue derrocado, ya que está enamorada de Calaf.
Desoyendo las peticiones de clemencia de su pueblo, Turandot manda ejecutar al príncipe persa con frialdad absoluta. Calaf critica severamente su actitud... hasta que ve a Turandot. Es tan bella que Calaf, automáticamente, se enamora de ella y decide pedirla como esposa. El hecho de que sea una zorra psicópata, cruel y sanguinaria, totalmente carente de empatía y compasión, no parece ser relevante si se compara con su belleza. Naturalmente, la pobre Liu, que ama sinceramente a Calaf, ha salvado la vida de su padre, y está llena de bondad, honor y valentía, es totalmente olvidada. A pesar de que Calaf, contra todo pronóstico, acierta los tres acertijos de Turandot, la ve tan fastidiada por tenerse que casar con él que le dice que, si es capaz de adivinar el nombre de él antes del siguiente amanecer, renunciará a ella y se dejará ejecutar a pesar de haber superado los acertijos.
A estas alturas, creo que está claro que Calaf es un retrasado mental, no sólo por hacer ese ofrecimiento sino por no darse cuenta de lo obvio: de que Turandot va a torturar a su padre y a Liu para que revelen el nombre del príncipe. Liu, sin embargo, como sigue amando a Calaf, convence a Turandot de que sólo ella sabe ese nombre, y es torturada tan salvajemente que le roba la daga a un guardia y se suicida para no seguir sufriendo. Después de eso, sorprendentemente, Turandot decide que si la sierva ha muerto por el príncipe algo bueno ha de tener el muchacho, y decide hacer de tripas corazón y casarse con él.
No es por nada, pero MENUDA MIERDA. Tenemos a Turandot, una psicópata frígida que a) manada ejectuar a sus pretendientes, b) está mostrando a las claras que NO quiere casarse con Calaf porque no le ama, y b) está dispuesta a torturar a los seres queridos de él con tal de no casarse con él y poderle ejecutar como a los demás. Por otra parte, tenemos a Liu, una chica que a) es lo bastante fiel a Calaf y a su padre como para estar al lado de ellos cuando todo el mundo los ha abandonado, b) ama a Calaf sinceramente, a pesar de todas las estupideces que comete, c) salva la vida de Timur dos veces (una de ellas, del intento de tortura de Turandot), d) está dispuesta a morir (y de hecho muere) para salvar la vida de Calaf.
Y entre esas dos mujeres, ¿a quién elige el protagonista? A Turandot, porque es más guapa. Tócate los cojones.

Luego, tenemos casos igual de sonrojantes en los cuentos clásicos, como la historia (muy parecida a Turandot) del muchacho enamorado de la princesa que mata a sus pretendientes si no acuertan tres preguntas, aunque esta vez no hay ninguna sirvienta buena del protagonista de por medio, o como la historia de "Riquete del Copete", en la que el protagonista se enamora de una princesa bella pero tan tonta que roza el retraso mental, y rechaza a su hermana, que aunque es más fea es una de las personas más inteligentes del reino.
Yo no sé qué atractivo le encontrarán las personas a este tipo de historias, pero en lo que a mí respecta, DETESTO las historias en las que un chico imbécil rechaza a una mujer buena para irse con una hija de puta o una zorra cuya única virtud es la hermosura. ¿Cómo puede haber alguien que las llame historias de amor? Eso no es amor. Es lujuria, es una vana superficialidad que implica elegir fijándose sólo en lo físico y desdeñando por completo la personalidad, como si lo único que un hombre debiera tener en cuenta al elegir a una mujer fueran sus atributos físicos. Da igual que sea tonta, traicionera, inmoral o malvada; si es bella, se le perdona todo automáticamente y una historia que debería hacer a la gente con sentido común tener ganas de apedrear a los protagonistas, se convierte automáticamente en una bellísima historia de amor.

¿Vosotros qué opináis del tema? ¿Os parecen bien ese tipo de historias? ¿Conocéis alguna otra de semejantes características?

13 comentarios:

Anónimo dijo...

Tu problema es que te gustan demasiado las santas y te parece que a los tíos también deberían encantarles, pero no es así. Claro que hay hombres cabales que se enamoran de chicas igual de cabales y tienen un amor y una vida estupenda, pero no todo el monte es orégano.

Por otra parte, lo siento, pero la libido hace mucho, y no se enciende por tener lista la cena todas las noches. Vamos, a mí los tíos que me han interesado me han conquistado más con una personalidad explosiva y atractiva que por ser unos santurrones entregados al trabajo/estudios/lo que sea. Y a ellos les pone una chica con las cosas bien puestas. Al menos a una aplastante mayoría y para una cosa concreta. El doctor Zhivago es un putón y el príncipe Calaf es tonto sin más.

También te digo que ese modelo de mujer estupenda que pintas no es tal: en ambos ejemplos, tanto la esposa del doctor Zhivago como Liu me parecen gilipollas. Así de claro. Amar a alguien desinteresadamente está muy bien, pero llega un punto en el que ya está bien de tragar quina. Si la persona por la que te bebes los vientos pasa de ti y se va con otra, joder, divórciate! Dime tú a mí qué necesidad hay de seguir humillándose de esa manera para nada. En cuanto a Liu... Interpretaré su sacrificio como entrega a su trabajo y lealtad a la familia por no decir que es casi tan psicópata como Turandot. Ese amor basado en la obsesión por una persona y esa dependencia tan absoluta no es sana.

El cuento al que te refieres es El Compañero de Viaje, de Andersen. Pero esa princesa tenía sus motivos, ya que había un demonio en forma de Cuervo amenazándola. Cuando mataban a sus pretendientes, ella le llevaba los ojos al cuervo para que comiera. Al final el prota rescata a la princesa matando al cuervo (todo con la ayuda de un extraño Compañero de Viaje, que es un espíritu bondadoso mandado por el padre difunto del prota para que lo proteja) y todos son felices.

Y para dejarte con buen sabor de boca, te contaré la historia del Porquerizo. Un príncipe se enamora de una princesa y le regala sus más preciados presentes: un ruiseñor y una rosa que solo crecía cada 20 años. Pero la princesa, superficial y gilipollas, desprecia al príncipe y a los regalos. Entonces el príncipe llega a la corte y se hace pasar por porquerizo. Un día la princesa le escucha tocar una flauta y se encapricha de ella. Al preguntarle al porquerizo qué quiere por ella, él le pide un beso. Ella al principio se niega, pero al final accede. Le da un beso, ella obtiene la flauta. Entonces él revela su identidad y le dice que es una egoísta engreída que rechaza el amor de un príncipe que la ama, pero que no duda en besar a un extraño para conseguir un capricho. Y se va. Así que ya ves, este al final espabila y pasa de la pava.

Anónimo dijo...

He encontrado el cuento del Porquerizo. También de Andersen, por cierto. Me había olvidado de la mitad de la historia, pero la esencia es la misma: http://www.hadaluna.com/andersen/a-porquerizo.htm

Desconecta los altavoces cuando lo veas porque la página tiene musiquita. Disfrútalo. Un abrazo!

Estelwen Ancálimë dijo...

De ningún modo estoy defendiendo que las "santas", como tú las llamas, tengan que aguantarle carros y carretas a os hombres que prefieren a las zorras, ni siquiera que eso esté bien. En el caso de Tonya, por cierto, esto no sucede: cuando Zhivago vuelve a casa de su mujer dos años más tarde del inicio de su aventura con Lara, descubre que su esposa ha liado los bártulos y se ha marchado a Francia para huir de la represión y rehacer su vida. Lo cual hace, por cierto, que el personaje me guste todavía más.

Cada uno tiene sus criterios para escoger una pareja, pero tu comentario me hace suponer que confundes la líbido con el amor. Evidentemente para fijarte en alguien tienes que sentirte atraído físicamente, pero eso es más una cuestión de compatibilidad, de chispa o de química (como se quiera llamarlo) que de que la persona en la que te fijas tenga pinta de santa o de pecadora. Lo que pasa es que esa atracción inicial, para convertirse en amor profundo y en una relación estable y fuerte, se tiene que apoyar en cosas que van mucho más allá de la líbido: en la confianza, en el respeto, en el cariño, en la lealtad, en disfrutar haciendo cosas juntos, en formar equipo. Yo llevo casi seis años de relación con mi marido y te puedo asegurar que los períodos de pasión física sufren altibajos (hay temporadas más tranquilas y temporadas en las que se vuelve a la pasión de los inicios), pero el amor, el cariño, la confianza y la complicidad siempre están ahí. Y para poder construír algo así con una persona, es esencial que esa persona sea alguien sincero, bueno, cariñoso, fiel, de quien te puedas fiar y con el que puedas contar siempre. Algo que no se consigue con los chicos malotes ni con las chicas ligeras de cascos, por muy excitantes que puedan parecer a algunas personas (a mí no, por cierto).
Lo de que la líbido no se enciende por tener la cena lista todas las noches, me hace pensar que relaciones estables con convivencias en pareja no debes haber tenido todavía. El afecto, el cariño, la dedicación y el esfuerzo que supone que alguien que te quiere cocine para ti y cenar esa comida juntos en un ambiente de intimidad, charlando de cosas agradables, puede ser mucho más afrodisíaco que bailar en una fiesta rodeado por docenas de cuerpos sudorosos y con una música a todo volúmen que impide conversar, por poner un ejemplo.

Dices que "los tíos que me han interesado me han conquistado más con una personalidad explosiva y atractiva que por ser unos santurrones entregados al trabajo/estudios/lo que sea". No sé por qué presupones que ser un "santurrón" (supongo que con santurrón te refieres a ser una buena persona, honesta y digna de confianza) está reñido con tener una personalidad explosiva y atractiva. Como si sólo pudieran tener personalidad fuerte y atrayente las personas inmorales, o como si ser buena persona significara automáticamente ser una persona sosa o aburrida. Me parece algo tan prejuicioso como alejado de la realidad. Conozco a personas buenísimas y dignísimas de confianza que son divertidas, encantadoras y magnéticas, y conozco a malas personas que además son cargantes y sosas. Lo ideal, a la hora de buscar pareja, es buscar a alguien tan interesante como bondadoso, no creer que una de las dos cualidades implica necesariamente la ausencia de la otra.
Para más inri, resulta que este caso ni siquiera se da en Zhivago, en Turandot, Riquete del Copete o en el Compañero de Viaje. Ninguna de las mujeres "fatales" de esas historias tienen una personalidad chispeante o deslumbrante que las haga competir con las demás. No sone specialmente inteligentes, ni fuertes, ni divertidas, ni atrayentes. Su única virtud es que son bellas, y nada de lo demás importa. Pueden ser malvadas, sosas o estúpidas, no importa; el caso es que son bellas y automáticamente eso las convierte en las heroínas del cuento "romántico" y el chico se enamora de ellas.

Estelwen Ancálimë dijo...

Por último, en "El comapñero de viaje" (¡gracias por recordarme el título!) sé que al final la princesa estaba embrujada por un brujo malvado. Pero eso el protagonista no lo sabía al conocer a la princesa. A igual que Calaf en "Turandot", el muchacho la critica duramente por su crueldad y maldad antes de conocerla, pero en cuanto la ve, es tan hermosa que cambia por completo de opinión y se enamora de ella. ¿No la estaban criticando diez segundos antes? Ah, no, es que resulta que si son bellas se les perdona todo y son dignas del amor más absoluto. Eso a mí me chirría por todos los lados.

Anónimo dijo...

Pues yo estoy de acuerdo contigo, Estelwen.
Las petardas tienen demasiado éxito en la literatura...
Es una autentica desvalorización del amor verdadero. Y del cerebro humano, ya sea masculino o femenino. xDDDDD
Y a mí, personalmente, la libido me importa un comino si no hay "algo" más.
No es por resultar "santurrona" en lo más absoluto, pero la lujuria, el sexo sin amor... Acaba quedándose pequeño, y ya no es suficiente.
¡Cómo poder comparar el sexo sin sentimientos a "hacer el amor"!. Llevar una carga de sentimientos tan abrumadora en la pasión es lo que hace mágico el momento... A mi modo de ver.
Porque sexo lo puedes tener con cualquiera, claro que sí. Pero son meras sensaciones físicas, o una euforia del tipo: "¡Qué bueno está este tío!". Pero repito: eso se acaba, realmente. Y es efímero.
Además, está sobrevalorada la opinión de que a los tíos "les ponen" las chicas "explosivas". Por propia experiencia, a infinidad, infinidad de hombres lo que les encandila es una mujer con sentimientos. Que no esté dispuesta todo el tiempo a hacerse la "durota" con todos.
Es lo mismo que decir que a los hombres les molan siempre las tías sin cerebro, toda tetas. ¬¬ Oh, habrá una gran cantidad de mujeres a las que les guste, incluso, que piensen eso de ellas...
Pero el raciocinio algo más elevado clasifica (simplificado y esquemático, no se vayan a marear): TETAS - OK pero 0, CEREBRO - ¡¡10!!.
Bueno, Estelwen. Una gran entrada.

Estelwen Ancálimë dijo...

Muchas gracias :-)

Alguna vez le he preguntado a mis amigos del sexo masculino hasta qué punto es cierto eso de que los tíos se dejan llevar más por el físico que por la personalidad a la hora de escoger a una chica. Las respuestas, unánimemente, se resumían en:

a) Cuando un chico es adolescente suele ir más caliente que la cabeza de una cerilla, de modo que cualquier tía medianamente guapa que se les ponga a tiro los pone palotes de inmediato, y es raro que digan que no. No discriminan mucho; lo que quieren es enrollarse todas las veces que puedan con todas las que puedan.

b) A medida que dejan la adolescencia y van madurando, la mayoría se hacen más selectivos (aunque una minoría se quedan de playboys para siempre).

c) A partir de los 25-30, cuando empiezan a querer estabilidad, lo que les importa es la personalidad de la chica (aunque cuando más guapa esté mejor, claro, pero el físico no es una prioridad, sino un extra).

d) Para un polvo de una noche vale cualquier chica guapa, pero para una relación estable son muy selectivos, y nunca podrían enamorarse de una chica a la que encontraran tonta, incompatible con ellos o un zorrón.

Y es curioso, pero creo que a las chicas que les gustan los "malotes" es porque, en el fondo, creen que ellas pueden "redimirlos" y hacer que sienten la cabeza. Ninguna chica saldría con un malote si estuviese convencida al 100% de que es un cabrón y que la va a tratar igual de mal que a todas las demás. Lástima que todas las chicas que piensan así pecan de ingenuidad o se engañan a sí mismas, porque el día que un chico malote siente la cabeza, si es que lo hace, lo hará por él mismo y por su propia voluntad, no porque le cambie ninguna chica. No es posible cambiar a nadie en contra de su voluntad.

Narwen dijo...

Yo creo que hoy por hoy, seguimos igual que antaño, vendiendo el amor verdadero en salsa de vanidad. El amor verdadero es la consolidación de la unión espiritual de dos personas. Porque si no entonces, sólo los más bellos y las más bellas podrían ser amados...los que nos consideramos "gente normal" o nos morimos de pena en esa soledad, o tendríamos que resignarnos a vivir una vida totalmente "mental". Yo suscribo lo que apunta Estelwen, una cosa es el deseo y otra muy distinta el amor. El deseo puede existir por sí solo, pero el amor de verdad es tan satisfactorio que te saca de ti más placeres que el sexo. Cualquiera que tenga pareja estable, lo sabe. El resto buscan millones de excusas e intentan desmitificarlo porque no quieren ni intentar exponerse o porque no lo entienden. No se dan cuenta de que en el fondo desean más eso que millones noches de pasión con sus objetos de deseo.

Espero que algún dia podáis entender las cosas que dice Estelwen respecto a eso.

Sawako dijo...

Entiendo perfectamente a Estelwen ^^
Lo cuál no significa que no me puedan gustar estos cuentos, óperas o películas: pueden gustarme, pero eso no implica necesariamente que cuándo los disfrute los sienta como historias de amor. Yo pensaré que es una historia de lujuria, de personajes estúpidos; y aun así me seguirá gustando, pero eso no es amor.
Por otro lado, la belleza está muy sobrevalorada; y, por otro lado, está erróneamente unida a la idea de un 'zorrón'. Mejor dicho, se da por hecho que la chica 'zorrón' será guapa o despampanante.
Pues no. Quizás despampanante, sí, un poco; pero sigue sin ser necesario. Yo no tengo nada en contra del prototipo de chica 'zorrón' (quizás si fuera un tío y las tuviera a mi alrededor todo el tiempo pensaría diferente, pero como mujer heterosexual que soy no le veo ningún inconveniente de tener una amiga guarra); pero la 'zorrón' a menudo es más bien fea y lo único que la hace 'diferente' es que está dispuesta a acostarse con cualquiera sin exigirle nada, como amor, comprensión o sencillamente respeto. Y luego están las chicas guapas, que pueden ser o no 'zorrón' (pero normalmente no necesitan arrastrar su dignidad, algo que les suele ocurrir a las guarras de turno); mientras que la 'zorrón' no suele ser especialmente guapa. ¿Que necesita unas buenas tetas?, a menudo, pero, repito, tampoco. Ninguna delantera tiene el poder que el relleno, la raya de ojos y, sobretodo, una acertada proyección de la imagen de una misma que se desea....
Por otro lado, yo también pienso que el amor verdadero es mucho más que libido. Y si no que se lo digan a todas las familias cuyos progenitores se aman incondicionalmente: ¿de verdad esa profunda relación que ha dado lugar a hijos, casa, vacaciones juntos y muchísimos años de fidelidad... se sustenta en la atracción física?, no es que lo dude, es que sé que no es así. Lo que sí es cierto es que a la hora de encontrar pareja, sobre todo cuando es una para pasar el rato pero también cuando buscas a 'esa' persona con la que compartir todo; a la hora de encontrar esa pareja, te decantarás antes por la chica inteligente y profunda con impresionantes curvas que por la que parece un palo de escoba. Pero eso no significa que el palo de escoba no tenga oportunidades; es perfectamente capaz de enamorarte con su pragmatismo e inteligencia, con su apoyo y con algún que otro truquillo de los de toda la vida... ¿que tendrá que echarle más morro que la lista despampanante?, pues probablemente, pero nadie dijo que la vida fuera justa.
Me he enrollado mucho, pero lo que quería decir es que esta es una entrada muy buena y que estoy de acuerdo contigo ^^

Sawako dijo...

Y sí, conozco otra historia de este estilo (no tanto de zorras tratadas como las heroínas de la historia, sino más de libido reconvertida en amor verdadero): Esplendor en la hierba, una película antigua. A mí me encantó y me pareció bonita e inteligente, y está muy bien considerada; pero desde luego creo que lo que trata no es el amor verdadero. Porque si eso es amor verdadero no quiero conocerlo.
Wilma Dean, más conocida como Deanie, es una chica estadounidense enamorada profunda y locamente de un chico cuyo nombre no recuerdo. Ambas familias están razonablemente de acuerdo con que se amen y besuqueen discretamente (para la época, quiero decir); y se casen pronto... si olvidamos que la madre de Deanie la tortura, recordándole noche tras noche que 'una chica desflorada es una chica a la que nadie respeta', y que 'no de demasiados pasos con ese chico'.
Os puede parecer que exagero, pero creo que es razonable que su insana obsesión por contentar a su novio (el cual, en una escena, está a punto de ponerla en la situación de cualquier esclava sexual que se precie; y luego se disculpa comentando entre risas que era una broma mientras ella se horroriza al percatarse de que de ir el amado en serio no habría sabido negarse a entregárselo todo), el menosprecio que a menudo le demuestra este y su inconformismo coronado por una necesidad sexual terriblemente acentuada que desemboca en la infidelidad que en Deanie sería imperdonable, y la voz de su madre susurrándole a escondidas que debe ser una chica decente mientras su resistencia a los impulsos del novio se va minando lentamente... teniendo en cuenta todo esto, encuentro perfectamente justificable que Deanie atraviese semanas en las que no puede más que llorar y ni tan siquiera come, trate de suicidarse en las cascadas donde su amado se tiró a la fresca de la clase e incluso sucumba a las exigencias del chico que ya ni finge quererla para disponerse a rendir su cuerpo al primero que pase. Y todo esto acaba provocando que su madre, tan exigente y cegada por la necesidad de que la hija siga sus pasos y nunca sea desflorada, admita por fin que Deanie ha enloquecido y la envíe a una clínica psiquiátrica.
El final es de lo más bonito de la película, que es enervante, excitante y profunda... pero ello no quita que el novio sea el mayor cretino, la madre un ser digno de encarcelamiento y Deanie la chica más tonta y a la que más compadezco de toda la historia del cine.
Saw :3

Estelwen Ancálimë dijo...

¡¡Qué horror de película!! Ciertamente útil para criticar la hipocresía moral (y su distinta aplicación a hombres y a mujeres) y el exceso de puritanismo, pero el argumento me parece enormemente desagradable. Creo que nunca la veré :-/

Lalachan dijo...

Interesante el aspecto del "amor verdadero" que nos muestra el cine. Parece que lo que más engancha al público es el amor concebido como una fuerza devastadora e irracional que hace caer en desgracia al o a la protagonista de turno. Es un poco duro para mí ver que la hipocresía en el amor esté tan arraigada, dando a entender que es amor verdadero si dejas a una buena chica por un pibón despampanante que asegura que te lo dará "todo". Y lo mismo ocurre en el caso contrario: chicas que dejan a tíos tranquilos y reflexivos por machotes sin nada en el cerebro que se desharán de ellas después del tercer polvo.

Nada que ver con mi concepción del amor, desde luego. Por eso quiero dejar aquí el ejemplo de cómo soy yo en este aspecto, porque me he sentido identificada con Tonya.

Siempre les digo a mis amigas que mi gran problema con los chicos es que me enamoro de ellos. No he tenido ninguna relación, ni pasajera ni estable, con ningún chico. Y eso es así porque soy incapaz de estar con alguien por quien no siento nada (me refiero al amor en toda su extensión, desde el cariño hasta la atracción física). Y lo que es peor: si por algún casual me gusta un chico, soy incapaz de mirar a otros porque no paro de pensar en él y siento que sería capaz de todo por estar a su lado... aunque él no me corresponda. Me da igual si él no me quiere, porque mi mayor deseo es que él sea feliz. Me gustaría que fuera feliz conmigo, pero si no es así yo no puedo obligarlo a nada.

Por eso Tonya me gusta tanto y por eso siento empatía con ella. Es muy duro ver cómo lo das todo por un hombre al que amas y que él te vea sólo como una amiga o una hermana, ya que el gran amor de su vida es otra mujer que no vale la pena y a la que sus sentimientos le dan más bien igual. Tonya no es una santa: Ha tenido la mala suerte de amar demasiado y no recibir nada a cambio. Y lo mismo ocurre con Liu, que padece lo indecible por proteger a la única persona que ama. Aunque esa persona nunca se fije en ella.

El amor es una experiencia muy triste para aquellos que no tienen la suerte de encontrarlo donde creían que estaba.

Laura Sánchez Méndez dijo...

Ahora que me acuerdo, otra historia donde pasaba algo parecido era el mito de Atalanta e Hipómenes. Atalanta retaba a todos sus pretendientes a una carrera y, si perdían, los mataba. Hipómenes critica esta actitud, hasta que ve a Atalanta y lo hermosa que es (a alguien le suena?). Hipómenes reta a Atalanta y ella, al ver que es un mozalbete muy bien plantado, al principio le dice que se retire del reto, que no quiere matarlo, pero él insiste y tiene que aceptar. Por supuesto, si Hipómenes gana es por la ayuda de Afrodita y sus manzanas doradas, pues al tirarlas, Atalanta siente la atracción irrefrenable de ir a por ellas. Al final gana Hipómenes y se casa con Atalanta, y todos tan contentos.

Estelwen Ancálimë dijo...

¡Buen ejemplo, Laura! Efectivamente, esa es otra de las historias que ejemplifican lo que quiero decir en mi artículo. Mujer sanguinaria, caprichosa y codiciosa, pero como es tan guapa, el héroe se enamora de ella. Me pregunto qué entendían las gentes de aquel entonces por "amor"; más bien creo yo que querían decir "calentón", porque tal y como lo cuentan ellos se trata de un sentimiento totalmente basado en la atracción física.