martes, 14 de abril de 2009

Crítica de "Cuentos de Bereth: Encantamiento de luna"

Ya he leído Cuentos de Bereth: Encatamiento de Luna. Este es el primer libro de la trilogía Cuentos de Bereth, la opera prima del jovencísimo pero talentoso escritor Javier Ruescas. Aquí os dejo mi crítica:

CRÍTICA SIN SPOILERS: Mucha gente ha criticado esta novela sin haberla leído sólo porque su autor es joven. Sin embargo, yo quiero invitar a todo el mundo a darle una oportunidad a los Cuentos de Bereth. ¿Que en algunas cosas se nota que es la obra de un principiante? Sí, sin duda. ¿Que eso significa que la novela es mala o que no merece la pena leerla? Ni mucho menos. Al contrario; en cada una de sus páginas se puede ver el talento, esfuerzo y cariño que hay detrás de esta novela.
Para empezar, diré que lo primero que me sorprendió fue el estilo con el que está escrita: una prosa ágil y sencilla, muy bien llevada. Se nota que, aunque esta sea su primera novela escrita, Javier Ruescas ya lleva tiempo practicando la escritura en plan amateur, porque la historia fluye de un modo muy natural y está bien escrita. Y, algo muy importante: los diálogos suenan realistas. Cuando los lees, no ves las palabras de un escritor plasmadas en una hoja, sino a gente hablando de verdad.
En cuanto a los personajes, hay una diferencia abismal entre los buenos y los malos: los buenos están bien desarrollados, son complejos y reales, con los que cualquier lector se puede sentir identificado, que evolucionan y cambian con la historia (unos más que otros, claro). En cambio, los malos son mucho menos profundos: son malos y ya está. No tienen gran profundidad psicológica y en la mayor parte de los casos son sencillamente psicópatas.
En cuanto a la historia que cuenta el libro, me ha gustado mucho. Destaco la primera parte de libro como mi favorita (lo que no significa que me desagrade la segunda). Me encanta el mundo fantástico en el que está ambientada la novela, con toques del más puro estilo de la fantasía épica tradicional, pero también con elemntos novedosos y originales (el asunto de la electricidad y los sentomentalistas, por ejemplo).
En definitiva, un cuento de hadas tradicional e innovador al mismo tiempo y un relato delicioso que, aunque tenga cosas por pulir, hará pasar un buen rato a aquellos que lo lean.

A PARTIR DE AQUÍ, SPOILERS (marcar para leer): Una de las cosas que más me llama la atención del mundo de Bereth es que parece tener más miga y trasfondo de lo que parece a simple vista. Bereth es el único reino que todavía tiene electricidad, una energía que se da a entender que es cosa del pasado y que se está agotando porque los habitantes de este mundo no saben cómo crear más. ¿Es eso una insinuación de que en realidad estamos ante una novela futurista y el mundo de Bereth no es otro que el actual, después de un cataclismo que nos ha hecho retornar a la Edad Media? Ya veremos; me da que se podría saber más de esto en los próximos libros.
En cuanto a los personajes, hablemos más profundamente de ellos: Duna y Adhárel son bastante típicos (la joven rebelde y el príncipe virtuoso). Están hechos para gustar, y lo cierto es que inevitablemente te caen bien; es imposible no sentir simpatía por ellos. Cinthia y Sírgeric también son simpáticos, pero me gustan más que los anteriores, por una razón: son mucho más complejos, y evolucionan y cambian durante la historia. La evolución de Sírgeric también es bastante típica: el truhán que en el fondo tiene un corazón de oro y se vuelve idealista, aunque sin perder ese punto picarón que le hace tan adorable. Cinthia es la que me pareció el personaje estrella: al principio es la típica niña buena: guapa, obediente, conformista, que acepta el lugar en el que la sociedad le dice que tiene que estar (como florero y sirviente de su futuro esposo, vamos). Sin embargo, a medida que va descubriendo sus sentimientos por Sírgeric y la situación tan inestable y peligrosa en la que está su país, despierta y se da cuenta de que debe actuar. No pierde su feminidad ni su dulzura, pero se revela capaz de arriesgar su vida para salvar a su amado y tiene la sangre fría suficiente como para matar para defender a sus amigos, si es necesario. Y esa evolución no queda nada forzada, sino muy natural. Por eso me gusta tanto este personaje. También apruebo el arma que elige en un momento dado: el arco y las flechas. Me parece muy coherente, porque es un arma que requiere más destreza que fuerza y encima tampoco hace falta demasiado entrenamiento para manejarla; es el arma perfecta para una chica sin entrenamiento militar.
Cuestión aparte es el arma de Duna, que no me parece tan creíble; es una espada corta, y por experiencia sé que son mucho más pesadas de lo que parecen y difíciles de manejar. No es creíble que una campesina de diecisiete años fuera capaz de blandirla con la suficiente habilidad como para batirse con un guardia profesional adulto y fornido, que tendría que haberla desarmado de un sólo golpe y partido por la mitad al siguiente.
Otra cosa que me pareció incoherente fue la actitud de Aya: ¿por qué si es tan bondadosa y conoce tan bien a Duna comete el inexplicable error de prometerla sin su consentimiento con un tipo que no conoce? Y, ¿cómo es que un lord acepta casarse con una plebeya?
En cuanto a los malos, también creo que a veces el autor se pasa un poco con las burradas que hacen. Por ejemplo, en el caso de Dimitri: me dejó helada una escena en la que se cuenta cómo remató a patadas a un diplomático moribundo que suplicaba protección en su castillo cuando sólo contaba siete años, dejando en pañales al Joffrey Baratheon de Canción de Hielo y Fuego. Ya sabemos que Dimitri es un traidor egoísta y sin escrúpulos ni empatía por los demás; ¿de verdad hacía falta sacarle esa vena psicópata infantil? Y, ¿cómo es que nadie le impidió hacer esa burrada, si no era más que un crío? No creo que la cabal y sensata reina Ariadne hubiera censurado a ningún criado por detenerle, más bien creo que le habría dado las gracias.
Otro que tal es Teodragos; por supuesto que es malvado y autocrático, pero hay veces que me recordaba a Calígula o a Nerón: su perversidad demencial era tal que mataba por capricho, a veces en contra de sus propios intereses (por ejemplo, cuando muere electrocutado porque en su sádica estupidez mató al único que sabía manejar la máquina de la electricidad).
No puedo terminar el comentario sin hablar de la SORPRESA con mayúsculas del libro: el asunto del dragón. A mí me pilló completamente por sorpresa que el dragón fuera Adhárel, y creo que es uno de los putnos magistrales del libro: cómo el autor te despista sobre esta cuestión para luego hacer que todas las piezas encajen perfectamente. Tengo muchas ganas de saber si Adhárel y Duna conseguirán encontrar al sentomentalista que encantó al príncipe y convencerle de que deshaga el hechizo (aunque, si soy sincera, ¿realmente hace falta deshacerlo? Debo reconocer que me encanta la idea de la creación de una dinastía de príncipes dragones, así al estilo Targaryen ^^UUU ).
Se pueden notar con bastante claridad las influencias literarias que ha recibido el autor. Algunas, como los cuentos clásicos "La Cenicienta" y "Rapunzel" aparecen de forma expresa en el libro. Otras no, aunque yo al menos las he visto bastante claras (por ejemplo, de Memorias de Idhún, con el asunto del chico protagonista que sin saberlo es el dragón que se pasa buscando toda la novela, o de Crepúsculo, ya que los dones de los sentomentalistas guardan cierto parecido con el de los vampiros: cada cual tiene un don único, exclusivo e intrínseco en él que nadie más tiene, y tampoco puede aprender los dones de sus compañeros. Y, rascando un poco (aunque esto ya es más discutible) se pueden encontrar más (por ejemplo, a mí los tres bandidos que atacan a Duna en el bosque me recordaron mucho a los tres trolls que atacan a Bilbo en El hobbit, y lord Gunthern me recuerda bastante al también guapo pero bajito y desagradable lord Farquad de Shreck, pero puede perfectamente ser una impresión mía y una coincidencia casual).
En cualquier caso, aparte de estas influencias, la originalidad de la obra es innegable, y eso es lo que la hace tan especial, creo yo: la mezcla armónica y equilibrada que hay en ella entre tradición e innovación, entre influencias y originalidad, entre lo clásico y lo nuevo.
¡Ahora, a esperar a leer el segundo libro! ^^

5 comentarios:

Arcángel Gabriel dijo...
Este comentario ha sido eliminado por un administrador del blog.
Dios dijo...
Este comentario ha sido eliminado por un administrador del blog.
Tu neurona dijo...
Este comentario ha sido eliminado por un administrador del blog.
Luthien Black dijo...

Es muy triste la envidia y resentimiento que tienen algunas personas mezquinas ante los que consiguen publicar jóvenes, hasta le punto de ir spameando en blogs como este. Borraré cualquier otro comentario insultante contra el libro o contra mí.

Anónimo dijo...

La verdad es que tienes razón respecto a los que se pasan de la raya con los comentarios. A ver, a mí este libro en concreto no me atrajo tanto como esperaba al principio, y casi me da miedo comentar, XD!
Bueno, a lo que voy. A mí el libro me pareció un poco simple de más. Cierto que es la obra de un principiante, y cierto que tampoco he leído el resto de la trilogía, donde se dice que mejora mucho. Pero es que no me han quedado muchas ganas después de este. Me pareció el típico libro de buenos muy buenos y malos muy malos. Aquí no hay medias tintas; se ve a la legua que Duna y Adhárel son los mejores de su generación y se enamorarán perdidamente. Y lo mismo puede pasar con Cinthia y Sírgeric (aunque este personaje sí me gusta).
Puntos a favor? La narración es fluida y buena. Las descripciones son muy ilustrativas y muestran el lado más imaginativo de Ruescas. Las aventuras, sin ser nada del otro mundo, están llenas de acción.
A mí, que me encanta el género de fantasía, más que hacer una crítica me gustaría dejar una pequeña aportación para el autor por si se anima (espero que sí) a seguir escribiendo, y es que creo que todos ya estamos un poco mayorcitos para las historias de buenos y malos. Ahora queremos más politiqueo, más traiciones, personajes que hagan cosas inesperadas, como la gente de verdad. Que un bueno sea capaz de cometer atrocidades no es algo fuera de lo común. Y no todos los malvados se hunden en su propia miseria; normalmente son los que triunfan, y eso es algo que no tiene por qué molestar a los lectores.