lunes, 4 de mayo de 2009

El deporte universal de los mediocres

Me llama mucho la atención una cosa que tenemos en común, si no todos, la mayoría de la gente a la que he conocido en la Sociedad Tolkien Española: que no teníamos amigos en el colegio (o teníamos muy pocos) porque los demás niños nos tachaban de frikis/raros/chiflados porque nos gustaba leer, imaginar, jugar a rol... porque nos gustaba la fantasía y la literatura, sencillamente.
Ignoro cuáles fueron las experiencias de los demás, pero yo puedo decir que pasé por cosas muy duras. Peor que en la actualidad, debo añadir, porque al menos ahora el bullying y el mobbing (¿por qué coño no les pondrán nombres en castellano?) aparecen en el telediario y la gente los toma en serio, pero en mi época no eran más que "cosas de niños". Asistí al mismo colegio desde segundo de Preescolar hasta COU, y no recuerdo un sólo año en el que que no me mortificaran. Yo era una niña bastante habladora, fantasiosa, gran lectora y dibujante y estaba todo el día en las nubes; en los recreos, me encantaba jugar a que era cualquier otra persona y corría aventuras, imaginar nuevos mundos... y siempre solía llevar un libro encima. Además, debido a mi afición a la palabra escrita, tenía un vocabulario mucho más amplio y complejo del que tenían los chiquillos de mi edad. Por estos delitos fui condenada a ser escarnecida, burlada, ignorada e incluso cruelmente maltratada, tanto física como psíquicamente.
Mis compañeros de clase se dividían en dos grupos: los que me odiaban y hostigaban, y los que me tenían pena e ignoraban. Para mí era una tortura levantarme cada día sabiendo que tendría que enfrentarme con ellos. A todos los niños les encanta el recreo, pero yo lo odiaba, porque suponía media hora en medio del patio, desprotegida y sin adultos a la vista que pudieran protegerme de los abusos más bestias. Entre las lindezas que me hicieron ( y que, con catorce años escolares, se pueden contar por centenares) puedo relatar la ocasión en la que los tres gamberros de la clase (un años mayores que yo) me tiraron al suelo y comenzaron a darme patadas, las diversas ocasiones en que mis compañeros me escondían, robaban o estropeaban el material escolar, cuando les dio por ponerme chichetas en el asiento, o aquella vez en la que me mandaron una carta de amor falsa haciéndome creer que tenía un admirador inexistente (por suerte, en esta última no piqué; tenía la autoestima demasiado baja como para creerme que alguien pudiera estar interesado en mí). Las secuelas psicológicas de todo aquello aún las arrastro, y probablemente las arrastraré toda la vida.

Por fortuna, este infierno se acabó al entrar en la universidad; la gente que allí conocí, a pesar de ser diferente a mí, valoraba mis cualidades y me apreciaba por las cosas buenas que yo tenía, igual que yo a ellos. De hecho, a mi mejor amiga la conocí allí, y a pesar de que no es friki y tenemos aficiones diferentes, nos respetamos y nos queremos muchísimo, sin que fruslerías como esas condicionen nuestra amistad.
Con todo, me siento especialmente feliz en la STE, porque aquí por fin he podido encontrar a gente que ve el mundo como yo y tiene las mismas aficiones que yo. Gente con la que puedo hablar de rol, de literatura fantástica y de elfos, magos y vampiros sin que me miren con cara de "esta tía está zumbada".
Aún hoy, sin embargo, en diversos ámbitos de mi vida, me he encontrado con gente (en su mayoría adolescentes o jóvenes que no superan los 20 años) a la que le parece sumamente gracioso o entretenido fustigar, molestar, fastidiar y zaherir con burlas y comentarios irónicos a los demás, incluso aunque estos no se metan con ellos, sólo porque el objeto de sus chanzas es diferente a ellos o piensa y vive de forma distinta. Igual que mis antiguos compañeros de colegio. Y es descorazonador comporbar que este miserable comportamiento se repite en todos los países y en todas las culturas, como si dar por culo al personal fuese el deporte universal de los mediocres.
No dejo de preguntarme cuál puede ser el motivo de este comportamiento. Yo puedo tener mis defectos, como cualquier otra persona, pero nunca me ha producido placer ni diversión burlarme o ridiculizar a otras personas. Me parece repugnante que haya gente que no tenga nada mejor que hacer con su tiempo y con su vida que meterse con los demás, buscando la forma de meterles puyas que les duelan. Y lo peor es que son insistentes como moscas carroñeras; persisten una y otra vez, incluso aunque les ignores y no hagas caso alguno de sus comentarios. A mí me pasó en el colegio que muchas veces me acababa enfadando con mis acosadores no porque me doliera lo que decían o porque me lo tomara en serio, sino por pesados. Por volver a la carga una y otra vez por mucho que pasase de ellos y demostrara que no me importaba lo que dijeran de mí. Los profesores (especialistas en lavarse las manos como Pilatos y mirar silbando hacia otro lado en casos como estos) lo solucionaban todo con un "no les hagas caso, y te dejarán en paz". Es mentira. Eso no funciona. Si pasaba de ellos y les ignoraba, recrudecían la intensidad de sus burlas y bromas pesadas para hacerme reaccionar. Nunca se conmovieron con mi ira o mis lágrimas, y nunca, en catorce años, dejaron de molestarme.

Por mucho que le de vueltas, no lo entiendo. No entiendo qué puede mover a una persona a burlarse de otra y a meterse con ella una y otra vez. Hay quien dice que los que son maltratadores es porque antes, de una forma u otra, han sido maltratados. Pero yo no lo creo. Hay mucha gente que no ha tenido problemas en su vida y que a pesar de todo ocupa su tiempo en meterse con los demás. Y también hay otra (como yo) que ha sido maltratada y no por ello ha desarrollado gusto por maltratar; todo lo contrario. Así pues, la pregunta sigue en pie. ¿Cómo es posible que exista tamaña cantidad de hijos de puta por metro cuadrado? Yo no soy capaz de comprenderlo. ¿Lo encuentran divertido, acaso? ¿Son malvados entonces, sádicos en potencia que disfrutan cuando hacen padecer a los demás? ¿Les gusta ver a los demás fastidiados por su causa? ¿Se creen graciosos? ¿Se aburren? ¿O es que en el fondo se dan asco a sí mismos y se dedican a joder a los demás ridiculizando lo que ellos consideran defectos para no tener que mirarse al espejo y ver los suyos?

26 comentarios:

Alberto Zeal dijo...

Un par de apuntes a tu 'post', si me lo permites:

- Ignoro en qué colegio estuviste, pero ha de ser poco más que la escuela del infierno, porque me sorprende la cantidad de hijos de puta por metro cuadrado que tenías. Supongo que no te servirá de consuelo, pero no es así en todas partes. Obviamente, gente de esa calaña te las encuentras en cualquier sitio, pero lo tuyo, me temo, fue algo considerablemente extraordinario (ni que decir tiene que lo de pegar patadas a una chica menor que tú e indefensa es algo que jamás había oído o visto, amén de un gesto cobarde y despreciable).

- Hay gente que es cruel porque sí. Sin más. Y disfrutan haciendo daño a la gente. Es su mayor divertimento. En mi antiguo trabajo, por ejemplo, yo me encontré con un tipo de ese estilo. Una auténtica joya. ¿Solución? Ignorarlo. Y sí, funciona. A estas edades, claro. En la adolescencia, mucho me temo que solo hay una opción: esperar tiempos mejores. Y lo sé por experiencia (que no es igual a la tuya, pero es bastante parecida).

- Dado que esa época ya pasó por fortuna para todos, no deberías pensar que la solución de ignorar no te va a funcionar. Lo primero que has de pensar es que, si necesitan hacer eso, es que tienen el coeficiente mental de una ameba, así que, ¿para qué perder el tiempo preocupándose por ellos?

Segundo, si, aun así, siguen dando caña, quizá deberías contratacar. Todos tenemos nuestras armas, y todas las personas son "destrozables". Solo hay que saber dónde dar. Esa gente, por lo general, suelen pecar de orgullo. Por ahí se les puede hacer muchísimo daño ¿La mejor arma? REIR. Es lo que más les jode.

Ignoro si has escrito esto porque lo estás sufriendo de nuevo ahora, o por cualquier otra razón. Sea como fuere, debes saber que muchos comprendemos bien estas líneas, porque en algún momento hemos padecido casi todo lo que describes. Aunque, afortunadamente, son solo cosas del pasado.

Un saludo, y discúlpame si me he tomado alguna libertad inapropiada en esta respuesta.

Estelwen Ancálimë dijo...

No tengo nada que disculpar, Alberto, sino todo lo contrario, ¡muchas gracais por pasarte por mi blog y comentar! Eres bienvenido siempre que quieras ^^

Gracias a Dios, hoy en día ya no tengo que soportar lo que soporté entonces. Estoy rodeada de gente buena que me trata bien, y espero que siga siendo así mucho tiempo. He seguido conociendo a gente que me trata de forma reprobable, pero afortunadamente ha sido de forma puntual y no son personas a las que tenga que ver habitualmente ni que formen parte de mi vida. He hecho este post porque es algo en lo que estaba reflexionando cuando me dio por escribirlo. Como ya he dicho, aún arrastro las secuelas psicológicas que me dejó todo aquello, (como la ansiedad crónica que tengo y lo extraordinariamente mal que reacciono a cualquier broma por inocente que sea). Y, concretamente, estaba reflexionando sobre la rabia que me da que tenga que arrastrar esto de por vida cuando es probable que muchos de los que me fastidiaron ni se acuerden de mí.

Te agradezco mucho tus palabras. Y espero de verdad que nadie que lea este foro esté pasando ahora por los mismos problemas que yo, porque es bastante chungo.

Un saludo:

Estelwen.

Izhak dijo...

Gracias a Dios yo no tuve que soportar esas cosas en la escuela, aunque mis compañeros me tenían por el "nerd" de la clase. No es que fuera de los nerds que muestran las películas, pero como siempre tenía excelentes notas, ya había una cierta distancia con el resto de mis compañeros, pero eso no me impidió tener montones de amigos, tanto en la primaria, en la secundaria, en la universidad o en el barrio. También estaban los otros, claro, los que, no importa con quién se crucen, son insoportables. Éstos no sólo arremetían contra mí en ciertas ocasiones, sino que lo hacían con el 80% de mis compañeros por cualquier razón por más pequeña que sea. En cambio, a medida que fui creciendo, si bien mis buenas notas no decayeron (sino que se intensificaron XD) también me integré más a los grupos, y las cargadas entre nosotros fueron desapareciendo.

Es muy feo eso de hacer diferencias sólo por esa serie de cosas que enumeraste. Yo tuve varios amigos a los que les encantaba (y todavía encanta) el manga, dibujar (no tanto leer ni jugar al rol...), y nadie los cargaba por eso, más bien al contrario, todos nos enganchábamos con esas cosas.

Es lamentable cuando uno crece y recién ahí se da cuenta de lo mal que le hace al otro con una simple palabra, y eso que no entro en el campo de las piñas, las patadas y la violencia. Pero más lamentable aún es cuando uno crece y NO se da cuenta del poder que puede tener una palabra. Cuántas veces habré visto padres diciéndoles barbaridades a sus propios hijos, o sino escuchando cómo sus hijos arremeten contra otros sin siquiera llamarles la atención.

De lo que puedo estar seguro es que voy a tener bien vigiladitos a mis hijos en cuanto a lo que dicen o hacen con el resto de sus amigos. Si los padres no son ejemplo, ¿quiénes entonces?

Alberto Zeal dijo...

Pues es una auténtica pena que esas cosas todavía te dejen huella, aunque supongo que es inevitable. Hasta hace no demasiados años, yo también arrastraba ciertos lastres. ¿Pero sabes qué? Un día dije que se acabó, que mi pasado no marcaría más mi presente ni mi futuro, corté de raíz determinadas historias y creencias, y salí al mundo con muchísimo orgullo de quién soy, y cómo soy. Unos cuantos imbéciles de mi pasado no iban a decidir por mí cómo iría mi vida, ni en el detalle más nimio.

Confío en que, con el tiempo, tú también te des cuenta de estas cosas, y que destierres al olvido esas lacras tan jodidas.

Un nuevo saludo desde Pelargir.

Kaoru Himura-Takarai dijo...

Bueno, coincido en que, por suerte, lo que te ocurrió a ti no pasa en todas partes, aunque la violencia es algo cada vez más presente en la sociedad.
Te comprendo en gran parte porque yo me sentí en muchas ocasiones maltratada psicológicamente por mis compañeros en el colegio. Siempre me llamaban gorda, fea, chapona, friki y demás cosas bonitas, y en esas edades todo te afecta. Me desmoralizaron mucho, me hicieron llorar y odiarme a mí misma, y aún hoy soy una persona con autoestima más bien baja, aunque la cosa haya mejorado.
Por suerte, cuando empecé Bachiller y me fui al instituto, me di cuenta de que no hay peor desprecio que no dar aprecio, y empecé a hacer oídos sordos y también a valorarme más. Y creo que la clave es ésa: si dejas que se salgan con la suya y te crees lo que te dicen, ellos ganan; si te sientes feliz contigo mismo y no dejas que te alcancen sus palabras, la victoria es tuya. Mi madre siempre me decía que llorara al llegar a casa, pero nunca delante de ellos.

Todo esto nos moldea como personas. A unos los vuelve fríos, ariscos y ávidos de causar dolor; a otros, nos enseña a avanzar como personas. Alégrate de estar en este bando ^^

Izhak dijo...

Acabo de llegar de mi encuentro semanal de No Más Violencia(para los que no sepan qué es:

www.nomasviolencia.org
http://lalomadelosquinotos.blogspot.com/2009/02/no-mas-violencia-un-mensaje-de-dios.html

), y creo que va muy bien con esta entrada de blog.

Una de las cosas en las que hacemos hincapié en NMV es que la violencia no es sólo física. Las actitudes y las palabras pueden llegar a dejar heridas más profundas, por lo que tratamos de crear conciencia entre los estudiantes para que tengan en cuenta los sentimientos de los demás, en tratarnos mejor los unos a los otros, en prevenir la violencia.

Estelwen Ancálimë dijo...

Completamente de acuerdo contigo, Izhak. Mucha gente piensa que la violencia sólo es física, pero muchas veces la psicológica hace aún más daño, porque las heridas del cuerpo se curan más rápido que las del alma.

A Alberto y a Kaoru, os puedo decir que yo, personalmente, me siento cien mil veces mejor ahora que cuando era adolescente. No hay ni punto de comparación, vamos. Yo cuando era adolescente llegué a creer que los que me insultaban tenían razón, de tan baja que tenía la autoestima. Pasé por una depresión clínica. Jodido, vamos. Para mí, llegar a la Universidad fue lo que para Kaoru llegar al instituto: me valoré más a mí msima, encontré buenos amigos y al cabo del tiempo logré salir del pozo. Hoy en día me valoro a mí misma y estoy orgullosa de ser como soy (y tengo amigos que son igual que yo, lo cual es estupendo). Las secuelas a las que me refiero son sobre todo la ansiedad crónica que tengo, y el terror que me da sentirme en ridículo.
Lo que sí es bueno es que las experiencias por las que pasé, en lugar de volverme más insensible o vengativa, me hicieron desarrollar una fuerte empatía por el sufrimiento ajeno. No soporto ver sufrir (y mucho menos hacer sufrir) a otra persona. Algo bueno tenía que salir de todo aquello, ¿no? :-)

fraileen dijo...

La ESO, para mi, fue el peor periodo de mi vida. Es cierto que no sufrí tanto como tú, si bien tuve que soportar insultos casi a diario y una traición que me dolió mucho.

Sin embargo, no vi en declive mi autoestima. Es más: me sentía superior a todos aquellos que se reían de mí. Los encontrava tan malas personas que los veía inferiores a mí, es algo que no podía evitar. Eso sí: me sentía vacía y a la vez de hielo. Y así, muchas veces y sin proponérmelo, les dirigí miradas tan inexpresivas que me miraban todavía aún más extrañados.

Llegué a pensar que en el mundo la gente o bien era una falsa y cotilla o era mala porque sí, con contadas excepciones.

De ello me han quedado algunas secuelas (tampoco muy graves). Por ejemplo, a veces, cuando alguien va a torcar-me amistosamente el ombro interpongo el brazo.

Hoy día, aún hay gente que se burla de mí (pero no se puede considerar acoso ni nada por el estilo, por suerte), pero de forma más sofisticada: a la espalda, difamando a la propia persona o con indirectas y palabras falsas con un buen maquillaje de amabilidad. Depende de cómo me pille me hago la sueca o hago uso de mi lengua afilada (de forma también sofisticada, claro).
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Tampoco yo estoy de acuerdo con eso de "si eres violento es porque has recibido violencia". Conocí a una mujer que me contó su hipótesis (con la cual estoy totalmente de acuerdo pero no caí hasta que ella me lo contó): eso es un desagravante para el agresor. La hipócrita sociedad lo consiente pues "¿cómo quieres que haya tanta gente mala porque sí?". Sino, ya me dirás tu: muchos de los que cometen crímenes lo hacen porque "sus padres le habían pegado de pequeño", "estaba borracho" o "era un enfermo mental". Y como a los escolares no se les puede considerar borrachos ni mucho menos subnormales pues los meten en la categoría de traumatizados.
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En cuanto a tus preguntas finales, la conclusión a la que he llegado y, aunque pueda parecer penosa, es porque se aburren. Siempre que lo he comentado con alguien ha sido esa la razón que me han dado de por qué se persigue o se insulta a alguien sin motivo aparente.

Estelwen Ancálimë dijo...

Hola, fraileen, y bienvenida a mi blog ^^

Me dejas de piedra con lo último que comentas. ¿Así que porque se aburrían? Yo no creo que eso sea razón suficiente, porque cuando yo me aburro me dedico a leer un buen libro, o a escribir, dibujar, ver una película, pinta figuritas de Warhammer (que buena falta le hace a mi ejército de Hermanas de Batalla), hablar con mi novio o con mis amigos... pero no me dedico a buscar gente diferente a mí para chotearme de ella. Creo que, aunque el aburrimientos ea el detonante, en esa gente tiene que haber una crueldad, un resentimiento o una maldad implícita, porque (gracias a Dios) no todos los que se aburren optan por ir a joder al de al lado.

Un saludo:

Estelwen Ancálimë

fraileen dijo...

Gracias por la bienvenida.

Me temo que con lo último no me he sabido expresar bien.
El hecho de que se aburran no justifica nada, como tu dices es el detonante. Y son gente con una maldad interior porque molestar por el simple hecho de molestar no lo hace la gente decente. Es algo que no he acabado nunca de comprender, pues uno de mis lemas es: "No molesto, que no me molesten", aunque claro está, no siempre funciona.

Saludos y perdón por la confusión

Findûriel dijo...

Hello guapa (cómo os echo de menos, canallas)

A mí me encantaba el colegio. Me apasionaba aprender. Siempre he sido una devoradora de libros empedernida. Aún guardo mi primer carnet de la biblioteca.

Durante los años que fueron de sexto de EGB a octavo, mi vida fue un auténtico infierno. No podía disfrutar de una de las cosas que más amaba: la escuela. La gente que me rodeó esos años eran auténticos cabrones con pintas. Desde los maltratos físicos (dejarme encerrada en el baño más de cuatro horas pidiendo ayuda, empujarme en las clases de educación física para que fallara los ejercicios, hacerme el pasillo al entrar en clase, romperme el material escolar, insultarme a centímetros de mi cara sin parar) se sumaron los maltratos psicológicos. A veces me rompían los trabajos de manualidades, como aquella vez que, justo antes del estreno de la obra del taller de títeres, le hundieron la cara al cabezudo en el que había estado trabajando más de seis meses de una patada. Otras veces mis manualidades eran expuestas en clase y no duraban más de dos horas intactas. Me tiraban papeles. Me amenazaban continuamente con cortarme el pelo (¿nunca os habíais preguntado por qué siempre lo llevaba taaan largo? Era un símbolo para mí). Me mandaron como a ti una carta de amor. Me llegaron a crear una asamblea en clase porque se me ocurrió resolver una duda llamando a la RAE y la profesora me felicitó. Imagínate a toda una clase con las sillas y mesas en círculo, y yo en el centro... y todo el mundo gritando, y yo alzando la mano para hablar, y la profesora llorando.
No podía salir a la calle. El colegio pertenecía a mi barrio y todos vivían alrededor mío. Me pegaban chicles en el pelo. Me excluían en los juegos de educación físca. Se mofaban del cuerpo que me estaba cambiando, me golpeaban en los pechos que me estaban creciendo hasta ponérmelos morados más de una vez. Se reían de que yo no tuviese tanta ropa como ellas. Se reían porque ellos eran más fuertes.
Mi profesor, que aún sigue ejerciendo en el mismo colegio, decía que era culpa mía. Que yo misma no me quería integrar. La líder de la manada me arinconaba para decirme que no valía para nada, que como las cosas se hacían entre todos siempre ellos iban a ser mayoría.
Hoy en día estoy convencida de que no los perdonaré jamás. Sé que crees en el perdón de todas las cosas, pero en este caso mi propia ética me impide perdonarlos. No es a mí a quien deberían pedir perdón, sino a aquella niña a la que anularon hasta convertirla en una ermitaña. Una vez esta 'líder' llegó a decirle a mi madre 'ya, es que le teníamos envidia porque era la más lista'

Eso ya no me vale.

Así que entre los salvajes de mis compañeros y los inútiles de mis profesores, le cogí miedo a la escuela y muchas veces mi madre me permitía quedarme en casa alegando que estaba enferma, para no verme llegar deshecha en lágrimas a casa y, cuando menos, con un puñado de mis cabellos en la mano. Lo que luchó mi madre contra aquello no lo sabe nadie. Pero sólo podía llegar hasta cierto punto.
Al llegar al instituto, todo cambió. Ellos se fueron a otro del que muy pocos, casi ninguno, salieron graduados. Yo me fui al que iban mis hermanos, y encontré amigos, amigas, colegas, compañeros. Algunos aún me miraban con extrañeza por ser como soy, pero al menos las agresiones cesaron. A lo mejor es que los profesores sabían cómo enseñar.

Estelwen Ancálimë dijo...

¡Joder, Findúriel, qué panda de hijos de puta tus compañeros!
Me reconozco a mí misma, y reconozco a mis agresores, en muchas de las cosas que te hicieron. Yo también conozco esa sesación de rabia, impotencia, humillación y desesperación que siente una al ser víctima de injusticias y crueldades semejantes. Menuda panda de mezquinos envidiosos, despiadados y cabrones tenías por compañeros de clase. Entiendo que te cueste tanto perdonarles (sobre todo si tenemos en cuenta que no te han pedido disculpas).
Hubiera sido mejor que te cambiaras de colegio. Supongo que no lo hiciste por la misma razón que no lo hice yo: porque me sentía tan anulada como persona que ya me daba igual, que pensaba que en todas partes me iban a tratar de la misma forma, y porque me sentía tan psicológicamente hundida que no me sentía capaz de sobreponerme a un cambio tan radical.

Por cierto, tus profesores fueron igual de hijos de puta que los míos. ¡Cuántas veces no oí yo eso de "es culpa de la niña, que no quiere integrarse"! ¡No te jode! Si cada vez que tratas de integrarte te acribillan a comentarios crueles y te gastan cien mil putadas, al final lo que hay que hacer para sobrevivir y que te dejen lo más tranquila posible es apartarte del grupo, no quedarte entre ellos para que puedan joderte todo lo que quieran. Además, ¿qué se supone que hay que hacer para que te acepten? ¿Suspender adrede y convertirte en un burro como ellos? ¿Dejar de leer y de frikear y hacer lo que hacen todos? ¿Desprenderte de todas las cosas que te gustan y que te hacen ser tú misma para fundirte con el rebaño? Menuda mierda, entonces. La integración en un grupo debe pasar por el respeto y la comprensión de los demás hacia las cosas que te hacen diferente, no por la anulación de la propia personalidad.
Lo que pasa es que para esos educadores mediocres e irresponsables es mucho más fácil decir que "la culpa es de la niña que no se integra" que apechugar con el hecho de que ellos no saben, ni pueden, ni quieren controlar a esa marabunta de pequeños monstruos que supuestamente están a su cargo.

Yami dijo...

Hola Estelwen ^^ Nírmen al habla

Comprendo perfectamente lo que comentáis, pues yo también lo he sufrido en mis carnes :( Desde maltrato psíquico y psicológico, hasta marginación total. Yo me convertí en el "patito de feria" de mi colegio, no sólo mis compañeros de clase se metían conmigo, sino gente (chicos y chicas por igual) de todas las clases, desde parvulario hasta 8º de EGB. La verdad es que duele que un niño de 5 años te insulte, aunque tú tengas 14, y lo peor, que no puedas hacer nada porque te bloqueas totalmente.

La tortura (porque no se le puede llamar otra cosa) me duró desde los 4 años que entré a ese colegio hasta los 16, que me largué a Madrid. Aún me duele tremendamente cuando recuerdo aquello. Me daba verdadero terror salir al patio durante el recreo, porque no había un sólo día (y no exagero) que no me dieran un balonazo en la cabeza, y bien fuerte. Veía cómo se reían de mí porque me puse a mirar a una avispa que se posó a mi lado. No había momento en el que no me insultaran, me dijeran cosas muy feas, me golpearan o cortaban algún mechón de pelo, me robaran cosas, me miraban mal sólo porque estaba ahí. Me hacían rabiar para que llorara, al parecer eso era divertido, ver como una niña llora de dolor e impotencia.

Recuerdo que tuve un amigo invisible. Mi madre me cuenta que sólo suelen tener amigo invisible los hijos únicos. Yo tengo 5 hermanos. Imaginaos lo sola que me sentía. Y para colmo, una chica que pensé que era mi amiga, un día me traicionó, porque le dio la gana. Fui a saludarla cordialmente como todos los días, me dijo "eres tonta, ya no soy tu amiga" y se largó. Todavía tengo la imagen en la cabeza, de cómo me quedé totalmente paralizada, no me lo acababa de creer.

Y cuando me empezaron a gustar las cosas "frikis" como el anime o el rol, pues la cosa fue a peor. Creo que casi todos los días acababa llorando, en el colegio o ya en casa. Y lo peor de todo, nunca supe por qué a mí me trataban peor que a todos los demás. Porque esa gente se mete con todo el mundo, pero jamás vi a nadie, ni siquiera con los que se metían también bastante, sin al menos un amigo, salvo yo.

Perdón por la charla, supongo que necesitaba desahogarme.

Por lo menos, sé que no soy de la misma calaña que esa basura, yo no soporto hacer daño ni ver cómo otros hacen daño. Sé que la gente tiene defectos, y no por eso me río de ellos. Sé quien soy, y que no es que yo esté por encima de ellos, sino que ellos están infinitamente por debajo de mí. Igual que dijo Findûriel, no creo que les pueda perdonar.

Aún así, al final tengo gente a mi alrededor que sí merece la pena, y es lo que importa :)

Estelwen Ancálimë dijo...

Me gusta mucho la actitud que tomaste, Yami, quizás porque yo tomé exactamente la misma y te entiendo bien: "ellos pueden torturarme", pensé, "pero nunca pdorán cambiarme ni hacer que me convierta en una mala persona". Y desde entonces soy muy empática con el sufrimiento ajeno, porque al conocer bien lo que es sufrir lo siento casi como propio. Y he aprendido a no burlarme de nadie, porque sé lo cruel que es y lo que duele. Eso es lo único bueno de lo que nos ha pasado, ¿no te parece? Que fuimos sometidas a una prueba de fuego y salimos purificadas y convertidas en mejores personas de lo que éramos. Ahí está la auténtica grandeza de espíritu, que tú tienes y los idiotas que te maltrataron no.

Por cierto, ver vuestros comentarios aquí me ha hecho reflexionar. Estoy empezando a pensar que lo que hace tan especial a la Sociedad Tolkien es que no es sólo una asociación literaria de fans de la fantasía en general y Tolkien en particular, sino que también es un refugio. Un refuegio para todos los que aman la literatura, la fantasía, el rol, el anime y las cosas frikis en general, donde, tras vivir una infancia y una adolescencia de amarga marginación, hemos podido encontrar bunos amigos, e incluso amor verdadero (como me ha pasado a mí, por ejemplo) con gente que no sólo nos comprende, sino que comparte aficiones con nosotros ^^

Saludos:

Estelwen.

Yami dijo...

Ya lo dijo el mismísimo Tolkien: "No es lo mismo la huída del prisionero que la evasión del desertor". Nosotras fuimos prisioneras, y por fin nos hemos liberado :)

Alberto Zeal dijo...

La verdad es que veo vuestras historias, y me quedo a cuadros. A mí me hicieron bastante la puñeta en el instituto, pero no fue nada comparable a lo vuestro. Realmente alucino con lo cruel que puede llegar a ser la gente... No me sorprende que no podáis ni perdonar ni olvidar.

Lo que no entiendo es por qué vuestros padres no os cambiaron de colegio. Si la situación era tan radical, habría sido lo mejor... Aunque supongo que sus motivos tendrían.

Estelwen Ancálimë dijo...

La verdad es que muchas de estas cosas no se las cuentas a tus padres, porque te amenazan para que te calles o porque te da vergüenza. Por ejemplo, yo siendo pequeña me quejé de que los niños de la clase se reían de mí, me ignoraban y me gastaban bromas pesadas, y mis padres me llevaron al psicólogo del colegio, donde ese supuesto profesional les dijo que yo era una niña introvertida que no se quería integrar (vuelta a lo de antes; si la única actitud de tus compañeros hacia tí es la idniferencia, la burla y el desprecio, ¿cómo coño te vas a querer acercar a ellos?). Y mis padres se tragaron el cuento de que "la niña no se quería integrar" y que "el asunto no era para tanto, eran cosas de niños", y yo sentí tanto dolor por ello que durante mucho tiempo no hablé del tema con mis padres. Me sentí traicionada.
En séptimo o en octavo de EGB, no recuerdo bien el curso, tres niños repetidores que eran los gamberros de la clase me estuvieron pegando golpes y codazos y acosándome todo el curso, y me amenzaban para que no dijera nada. Cuando un día me desparramaron el contenido de la bolsa de gimnasia por el suelo, me tiraron al suelo y comenzaron a darme patadas, no pude más y se lo conté todo a mis padres. La primera reacción de ellos fue preguntarme si me lo inventaba, porque claro, como siempre estaba leyendo fantasía e inventándome historias para escribirlas, igual me estaba inventando también eso. Al final, enseñándoles los moratones, conseguí que me creyeran y valorasen la gravedad de lo que había sucedido. Me ofrecieron cambiarme de colegio. Pero entonces yo tenía la autoestima tan hecha mierda que pensaba que realmente era una tía rara y chiflada y que, por lo tanto, me iban a tratar igual en todas partes. Así que pensé que, puestos a sufrir, mejor malo concoido que bueno por conocer. Increíble, pero estaba tan convencida de que yo era una mierda y de que nadie que querría ni tendría amigos jamás, que ni siquiera intenté escapar porque pensaba que no podía. Y la actitud de mis padres (que hoy por hoy reconocen que se equivocaron y que por lo demás siempre se han portado estupendamente conmigo), aunque sé que no fue su intención, contribuyó a que yo acabara pensando así.

Por cierto, ¿sabéis qué es lo más fuerte? Hace pocos meses un ex compañero de octavo me localizó en el Facebook y me dijo que si quería asistir a la cena de reunión de los compañeros de curso. Así, como si no hubiera pasado nada. le contesté educadamente diciéndole que le agradecía la invitación pero que tenía muy mal recuerdo de la gente por lo mal que me habían tratado y que por eso no iba a asistir, y sólo entonces el chaval me contestó diciéndome que lo entendía y disculpándose por haber sido él también uno de los que me maltrataron.
Resulta increíble cómo esas personas parecen no ser conscientes del daño que nos hicieron y que actúen como si no hubiera pasado nada. Es lo que tienen el cinismo y la hipocresía.

Altáriel of Shalott dijo...

Aiya Estelwen!

He llegado a tu blog a través de los enlaces de Findûriel, espero no ser demasiado indiscreta.

Siento mucho lo que tuvisteis que pasar, es una verdadera lástima que por ser diferentes hayáis tenido que sufrir tanto. Afortunadamente, en mi curso no había gente tan mala. Yo era diferente, y todos lo sabíamos, pero creo que lo importante era lo que nos unía, y como con 10 años jugábamos todas juntas a las barbies (aunque mi cuarto estara lleno de libros), con 13 al balontiro (pese a mis buenas notas), con 15 a leer la Bravo y la SuperPop (y El Buscón, y La Odisea, y Luces de Bohemia) y con 17 a salir de fiesta (pese a hacer preguntas extravagantes en Física, Química, Matemáticas, Biología y Dibujo Técnico), pues éramos amigos y era suficiente. Si mis mejores amigas actuales son del cole xD.

Pero lo importante es el ahora, y chica, no puedes estar mejor.

Felicidades por estar ahora así de bien, te lo has peleado y ganado a pulso. Sigue así, y a ver si nos vemos pronto.

¡Besazos!

Estelwen Ancálimë dijo...

¡De indiscreta nada! te doy la bienvenida y me alegro mucho de verte por aquí ;-)

¡Qué suerte tuviste de tener unos compañeros tolerantes y buenas personas que sabían ver tus cualidades y no se dejaban llevar por las apariencias ni las envidias! Espero que conserves a esas amigas muchos años, que se lo merecen. Ojalá todos hubiésemos tenido compañeros así.

Un abrazo y vuelve cuando quieras ^^

Estelwen

Narwen dijo...

Cada dia me entristece más ver a gente que ha pasado por lo mismo que yo. Pero al menos ahora, ya no estamos solos como antes, ni somos palomitas blancas faciles de torturar psicologica y fisicamente.

Me sumo a esta lista de "mutantes", y os brindo mi cariño y mi apoyo. Yo también tengo mucho lastre que soltar y aun no he terminado de hacerlo, pero me he prometido a mi misma ser mas fuerte y ayudar a la gente que me encuentre con el mismo problema que yo.
¿Por que lo hicieron? Porque lo diferente para ellos es incomprensible, y de no entenderlo pasan a ridiculizarlo porque creen que está mal que o os guste el puto ocio de esta sociedad, que consiste en hacerte el mas chulo , el mas guay, el/la mas follador/a y el más cabrón. En cuanto se les cruza alguien que no sigue ese arquetipo de loco, lo ridiculizan y lo torturan porque ni entienden ni hacen el esfuerzo de entender.

No son más que orcos dirigidos por el señor oscuro llamado "envidia", "miedo", "codicia","ambicion" y demás cosas. Y ahora se oye tanto lo del acoso escolar porque al gobierno le ha dado por solucinoar una cosa que no puede cambiarse desde una escuela, sino desde sus casas con una cosa llamada EDUCACION. Son orcos, por eso, porque son maleducados y la mala educación es la puerta al odio y a la violencia.

Como mensaje esperanzador diré que quien a hierro mata a hierro muere, y estos imprensentables acabarán demacrados por ellos mismos. Como orcos luchando por un trozo de carne.

Estelwen Ancálimë dijo...

Te doy toda la razón en lo que dices de que es un problema que no se puede solcuinar desde el Gobierno, sino desde casa. El Gobierno en todo caso puede legislar para castigar a los culpables, pero no por ello va a evitar que esas conductas sigan ocurriendo. La labor de prevención debe hacerse desde casa, pero esto es un poco difícil cuando los padres de niños maltratadores:

a) Se niegan a creer que su adorado hijito sea un cabrón maltratador y se ponen de su parte, excusándolo o acusando de mentirosas y/o exageradas a las víctimas.

b) No pueden controlar al crío (o tal vez incluso se sienten intimidados por él) porque no han sabido ponerle límites y ahora el nene se cree el rey de la casa y con derecho a molestar y martirizar a todo aquel que le plazca.

En definitiva, que legislar y debatir sobre el problema está muy bien, pero no va a servir de nada si luego se retira autoridad a los padres y se pretende tratar a mocosos de 10 años como si fueran adultos responsables.

Lalachan dijo...

Hace algunos meses que me paso por tu blog y repaso las entradas anteriores. He descubierto que tenemos bastantes cosas en común por eso de la literatura, opiniones, frikadas y demás. Pero al leer esta entrada he descubierto, a mi pesar, que tenemos otra cosa más en común.

Crecí como una niña a la que todos consideraban rara. No tenía nada que pudiera mover a otros a burlarse de mí como podría ser estar gordita, tener aparato o una deficiencia del habla (ninguno es motivo para burlarse de otra persona, pero se podría entender). Una amiga de mi madre llegó a decir de mí que "parece que va más atrasada que los demás niños".

No sé en qué se basaron para pensar que yo era mala. Yo no me metía con nadie, pero todos se metían conmigo. Me lanzaban insultos que hoy en día sigo sin entender. Se reían de mí por cualquier cosa que dijera o hiciera. De tal manera que un día no aguanté más y me lancé a la pelea contra una chica que llevaba todo el día acosándome por el terrible delito de no querer secundar una huelga de estudiantes (tenía 13 años y no entendía de qué iba la cosa).

Los años siguientes los recuerdo como algo confuso. Sé que hubo insultos y ofensas, pero es como si mi cerebro se hubiera bloqueado. No puedo o no quiero rememorar todo lo que me pasó. No me pegaron nunca, pero era una marginada porque nadie me quería a su lado. Me pasaba los recreos en la biblioteca porque entre los libros era feliz y nadie venía a molestarme. Cuando llegué a la universidad y vi que no era yo la equivocada por pensar como pensaba o hacer lo que hice, me sentí aliviada y creí que por fin se hacía justicia. Sigo sin poder mirar a la cara a los que me hostigaban de niña, pero no me considero inferior a ellos como me pasaba antes. Tengo muy buenos amigos que entienden mis peculiaridades y respetan mis opiniones; no quiero ser como los otros, que se creían más guays que nadie porque tenían un grupito de la hostia y todos querían ser sus amigos. Que con su pan se los coman.

Por eso, creo que comprendo cómo te sientes y quizá por eso simpatice contigo. Nunca fuimos mejores ni peores que el resto; sólo fuimos nosotras mismas. Aunque eso pueda resultar una ofensa para algunos estúpidos que ignoran lo que es el respeto, es maravilloso descubrir que no todo el mundo es así y que se pueden encontrar perlas preciosas en mitad de la mierda.

Un saludo y buena suerte!

Estelwen Ancálimë dijo...

"Nunca fuimos mejores ni peores que el resto; sólo fuimos nosotras mismas".

¡Qué gran verdad!

Nunca entenderé por qué en esta sociedad el rebaño tiene tanto gusto por acribillar a los que no se funden con la masa y son ellos mismos. Mientras la gente siga odiando al diferente en lugar de respetarlo (y quizás, incluso, aprender de él), seguiremos lejos de lograr la paz en este mundo, por mucho que la gente se llene la boca de buenas intenciones.

¿Sabes? A mí también me pasa algo parecido a lo que comentas: yo también tengo una especie de "bloqueo cerebral" respecto a esos años. Me acuerdo muy pocas cosas y lo que recuerdo es de forma nebulosa, y creo que en el fondo es algo que agradeccer; supongo que nuestra mentense protege a sí misma enterrando los recuerdos malos y resaltando los agradables. Lástima que los peores, aquellos que son traumáticos y se graban a fuego en la mente, muchas veces se vuelven inolvidables.

Un saludo y muy buena suerte para ti también :-)

Sawako dijo...

He leído vuestros comentarios y se me saltan las lágrimas. Esos hijos de puta, porque son hijos de puta, independientemente del significado del insulto y utilizándolo simplemente como una crítica... no tienen perdón.

Serían niños, pero nosotros también y nunca disfrutamos hiriendo con la mano o la lengua. Y aunque este argumento no sirviera, a partir de los doce ya no se es tan niño.
Tendrían sus problemas, pero nosotros también discutíamos en casa, o a veces nos sentíamos mal y jamás torturamos a los demás por ser más osados o guapos como ellos nos hacían por ser más tímidos o inteligentes.
Y que cambien con los años no importa, porque los que nos herían eran ellos de niños, no los maduros adultos de ahora.

Jamás me han lanzado al suelo y dado de patadas, o pegado en las tetas (cómo se puede hacer algo así jamás dejaré de preguntármelo; una apología de la violencia, del acoso, que no comprendo cómo ningún profesor podría pasar por alto)... afortunadamente, porque vosotras lo habréis superado, pero yo creo que habría acabado por tirarme por una ventana. O auto-lesionarme o algo por el estilo. Si ya el maltrato psicológico, que vosotras mismas afirmáis es el peor y estoy de acuerdo, me ha hecho tanto daño.

Y yo también hablo por experiencia. Las agresiones sufridas fueron más bien psicológicas (aunque no faltaba que cada día una de mis mejores amigas me pellizcara con crueldad y entre risas, que la mimada de la clase me diera unos cachetes de Dios nos pille confesados o que un día me tiraran tierra en el cabello por no insultar al 'friki' de la clase). Pero me dolía de igual forma.

Se reían de mí, me rallaban las libretas y trabajos, me daban órdenes, me hacían recoger sus cosas del suelo, se burlaban de mi ropa, y de mis gustos no porque aprendí pronto a esconderlos de sus crueles y discriminatorias miradas. Así estuve des de tercero hasta sexto de primaria, y doy gracias porque no fue tanto tiempo como vosotras.

Pero para mí, de lo peor de todo fue que quienes me trataban así se las daban de amigas y yo misma las aceptaba como tales. No era ciega, y me daba cuenta de que eran malas, y las llegué a odiar como nunca he odiado (no bromeo, en los tres años posteriores nunca he detestado con tanta fuerza a nadie)… pero en otras ocasiones las quería, muchas me caían simpáticas y jamás las delaté salvo cuando le lloraba a mi madre. Y sí, eran solo chicas, las chicas de mi clase.

Jugábamos, a veces estuve tan a gusto con ellas que reía sin cesar y me sentía otra niña feliz… y al momento siguiente ya volvía a ser la misma criada, a la que insultaban y sobre todo humillaban. Porque los insultos no se daban tan a menudo, aunque me dolieran tanto a causa de provenir de una de mis mejores amigas (a la que, como no podía ser de otra forma, profesaba una mezcla de temor visceral e idolatría que ella aprovechaba para jactarse y para salvarme a veces de los ataques con condescendencia); pero la humillación era obligatoria. Me humillaban continuamente, de todas las formas citadas dos párrafos atrás.
Y, repito, eran mis amigas. Nos contábamos secretos, jugábamos, nos apoyábamos; pero toda la sección femenina de la clase participaba en mi humillación. Porque me humillaban, pero nunca me discriminaron (ojalá lo hubieran hecho y quizás se me habrían abierto los ojos). A ellas lo que les gustaba era maltratarme con naturalidad, como si fuera un juego entre amigas, y de haberme dejado de lado habrían debido enfrentarse a la líder (aquella mejor amiga que con tanta saña me trataba a ratos y luego me comprendía y contaba secretos y jugaba conmigo con todo el encanto). Pero además, de discriminarme me habrían borrado de su grupo, y yo les caía bien, muy bien… igual de bien que mi inocencia e indefensión, que dieron pie a tantas diversiones crueles cuyo motor nunca comprenderé.

Sawako dijo...

Antes he dicho que ninguna se salvaba de humillarme, y no era del todo cierto. Mi actual mejor amiga estaba cortada con el mismo patrón que yo y sufrió exactamente lo mismo; nunca ninguna defendió a la otra (normalmente nos humillaban conjuntamente, como por casualidad), pero tampoco la atacó. Era un pacto que puede parecer desleal, por no ayudar a la amiga, pero éramos incapaces de enfrentarnos a ellas.
Y esto lo digo a pesar de ser actualmente íntima de quien más me humillaba, pero ya lo era cuando me maltrataba, y nunca se me ha dado bien el rencor. Además, que sea amiga suya no significa que le haya perdonado lo que hizo.
Me he enrollado mucho y lo lamento, pero leer vuestros testimonios (me refiero sobre todo a los de Estelwen, que la conozco al ir leyendo su grandísimo blog; y Finduriel, a quien he visto comentar con cabeza y simpatía muy a menudo)… me ha hecho llorar como una histérica, que mis padres se han asustado. Por la tristeza y la ira, y porque me han despertado recuerdos en los que nunca pienso.
Y sigo siendo insegura, y tampoco me gustan las bromas; siempre me he culpado por ser una aburrida, pero ahora que veo que sentís lo mismo ya no me siento mal: estoy en pleno derecho, porque cada mañana de esos años de mi infancia tenía un terrible miedo de empezar el día y cada tarde lloraba en mi cama y gritaba a mi madre para desahogarme, y por cariño que le tenga al patio del colegio que abandonamos todos para pasar a Secundaria, siempre me siento bien cuando lo piso para recoger a mi hermana y soy consciente de que no volveré a ser su prisionera.

Natalia dijo...

Yo he sido toda mi vida friki, pero nunca he sufrido acoso escolar ni nade de eso, lo que me parece raro.
Vivo en un barrio de Madrid donde abultan gente... "mala". Mi colegio no es que esté lleno de esa gente, pero llega a haber dos o tres en la clases.
He ido desde los tres años a el colegio al que sigo yendo y siempre he tenido amigas ¿por? Puede que sea por la amistad que se formó hace muchas primaveras atrás, pero ahora que es cuando me muestro más "friki" me aceptan como soy.
De pequeña siempre he tenido rivalidades con otras, y eso si que eran "Cosas de niños" pero en la vida he oído yo a nadie de mi clase que haya pegado a alguien por ser friki o que le hayan pegado. Es una amistad entre los 20 extraña, pero es amistad. Algunas más que menos, pero somos maduros y aceptamos todo tal y como es.
Es una pena lo que sucede en lqa sociedad, pero en años no quedará rastro de ello. O eso queremos

Besos desde http://lobodelasnieves.blogspot.com.es/